Manifiesto de una ‘hater’ declarada

Me dicen que soy una hater. Que no hay comentario sarcástico que me sepa callar. Que a veces sólo con mi presencia y mi gesto ya hago un manifiesto hater. Que sólo me salen las sonrisas que llevan un 50% de ironía y un 50% de gracia. Pero esa gracia que hace ver un programa de vídeos de gente que se cae. Aunque yo no le veo la gracia a esos programas. Porque soy una hater.

¿Pero cómo no voy a ser una hater si la vida moderna está llena de experiencias traumáticas consecuencia de la ineptitud ? Por favor… que entre Vueling, la oficina de Correos, ir al banco y las salas de espera de los médicos voy a perder mi juventud. ¿Nadie se da cuenta de la gravedad del asunto?

Pero, sin duda, hay algo que despierta a todos mis demonios (y a la vez me encanta): la televisión. ¿Por qué hay tantos anuncios de buscadores de hoteles? ¿Por qué un erizo me recomienda un seguro? Señora, no me importa si usted ha conseguido quitar las manchas de tomate en menos de 10 minutos. ¿De verdad otra vez este capítulo de Los Simpson? ¿Qué rinoceronte ciego ha elegido a Mario Vaquerizo y Rebeca para anunciar ruedas de coche? No es necesario que volváis a emitir la película Twister por tercera vez este año, gracias.

Ya me he desahogado. No penséis que todo me da igual en esta vida y que me dedico a criticar. Simplemente tengo claro lo que me gusta y lo que no. ¿Y qué me gusta? El pan de ajo con queso de Domino’s Pizza, el olor a hierba mojada (así, para parecer emocional y romántica), la música (pero la de verdad, no esos gustos musicales raros que tenéis ahora todos), y mi afición: poner sonrisas sarcásticas.

Pero yo no soy una de esas haters que creen que por escribir con mayúsculas van a conseguir tener más razón. NO SEÑOR. No soy de esas que se esconden detrás de una red social. Yo soy hater de las de antes, de las que entra en la sala acompañada por un viento helado de indiferencia y actitud crítica. De las que dice frases típicas y vacías con un tono de voz monótono y sonrisa de teletienda.

¿Te estoy dando envidia? ¿Quieres ser un hater de manual? Tres consejitos:

Entrénate en el cine

Cada vez que alguien cerca de ti coja el móvil e ilumine un 5% la sala fulmínalo con la mirada. Si la gente de tu alrededor ha montado una orquesta comiendo palomitas, fulmínalos con la mirada. Si alguien aplaude al final de la película, fulmínalo con la mirada. La clave, sí, está en fulminar, pero siempre justificado. Un hater nunca se mete en peleas ni le dice a la gente que sus decisiones son propias de un mono. Pero lo piensa. Así, con cariño.

Un hater sabe cuándo serlo

La situación óptima es cuando estás con esos amigos que ya te quieren por cómo eres y les haces hasta gracia. No mola hacer comentarios sarcásticos sin que nadie los aprecie, ni mola acabar siendo un ermitaño porque te has cargado todas las relaciones vitales a golpe de aplausos irónicos.

Utiliza diminutivos y palabras como ‘cuqui’, pero no muevas ni un milímetro tu cara

Que sea súper desconcertante todo. Y luego déjate llevar y ríete un poco si eso. Es como usar gifs todo el rato, o decir “jajaja” con una cara de haber comido un pepinillo caducado. ¿Tu objetivo vital? Tener el ingenio de Matías Prats y poner los ojos en blanco infinitamente.

Pero tú quéjate. Quéjate sin fin. Que no te frene nada, que hace falta ironía crítica en esta vida. Quéjate de que las 100 pesetas han pasado a ser 1 euro, aunque tú tuvieses 12 años cuando se hizo el cambio de moneda. Quéjate de que los Sugus de antes eran más cuadrados y tenían papelito blanco, y los de ahora son un fraude. Quéjate del calor. Quéjate del frío. Quéjate de que en tu clase de Body Combat hay una chica que se maquilla más que tú en fin de año. Quéjate de la gente que habla por teléfono gritando en el tren. Quéjate de la gente que habla. Quéjate de la gente.

Aunque, pensándolo mejor, todos estos temas son míos. Búscate tus propios temas para quejarte, que son gratis y me ha costado muchos años construirme mi reputación. Y no tengo tiempo para pensar unos nuevos. (←Esto de que no tengo tiempo es quejarse también, sí)

Yo he sobrevivido al voto por correo

Todo ha acabado. Adiós, elecciones. Ya se han terminado las campañas electorales, los himnos versionados y las largas colas para tramitar el voto por correo. Que vaya colas. En algunos momentos llegué a pensar que cuando sonaba tu número en la maquinita de Correos no llegaba tu turno, sino que te daban un premio. O así lo he vivido yo al menos.

Como ya se lo he contado a todo mi vecindario, pero todavía no me he quedado tranquila: aquí va mi proceso de voto con algunos de los momentos críticos vividos. Una odisea. (Spoiler: al final he votado. No han dicho “Ana Picado, vota”, que me habría hecho una ilusión tremenda porque me encantan ese tipo de detalles; pero bueno, el hombre de Correos me regaló un “todo listo, toma el recibo”. Y me fui a mi casa cansada, confundida y sin sentir que estuviese votando de forma decisiva. Pero con un tiquet de Correos para sentirme una ciudadana de bien.)

El antes (así en puntitos para que quede mejor explicado):
  • Resulta que primero tienes que pedir unos papeles para enviar tu solicitud. Esta es la cola número 1 y una vez que los tienes huyes para no hacer más colas.
  • Cubro estos papeles (no sin dudar hasta de cómo me llamo) y vuelvo a la oficina a hacer la cola número 2 para entregarlos. Enhorabuena, he solicitado que un cartero venga a traerme la papeleta para hacer la cola número 3.
  • Me llegó la papeleta a la oficina (porque yo no engaño a Correos y cuando me preguntan que dónde vivo, pues digo que en la oficina).
  • Aquí las dudas llegaron a abrumarme. “¿Qué es el Senado?” Me recuerdo a mí misma en cada domingo de elecciones preguntándole a mi padre que cuál es exactamente la función del Senado. Lo que no recuerdo nunca es su respuesta. Vaya por dios.

  • Se terminan los días para votar por correo y yo sin entregar mi voto. Y claro, me va el riesgo y me voy a un Correos de Diagonal con Balmes (llenito de oficinas, vamos) y parece que habíamos quedado todos allí al salir de trabajar para votar juntos. Qué ejercicio de asimilación-paciencia-frustración-lloro-risa nerviosa al ver que quedan 60 números por delante de mi.
El durante
  • Estoy en Correos. Todo preparado. Llevo más de una hora de cola. Ya no hay vuelta atrás. Sólo quedan 30 números. El DNI lo tengo listo para lanzárselo al funcionario en cuanto me toque. Quedan 5 números. Significa que quedan unos 6-7 minutos (con mucha suerte) pero escucho el tictac del reloj como si fuese en mi corazón. “Ve calentando, Ana, que sales al ruedo. Y deja de hiperventilar, coño.”

  • Ya dudo mientras hago la cola. Me replanteo mi existencia por completo. “¿Soy falangista? ¿Qué papeleta he metido? Dios mío, ¿he votado bien para el Senado?” Me doy una bofetada imaginaria para espabilarme, porque en la pantalla pone mi número. A un lado, mundo, que es mi momento.
  • Vale. Alto. ¿Por qué están pesando mi sobre? Yo ya sé que mi criterio pesa mucho más que el de muchos. No hay más que ver que no protagonizo ningún reality, no he lanzado ninguna «canción» del verano, ni me he comprado la cazadora amarilla de Zara. “Súmele ahí un par de gramos, señor de Correos, que mi voto tiene que valer más.”
  • Papelitos por aquí, papelitos por allá, y he votado. Hasta sé cuánto pesa mi papeleta. Llevo tanto tiempo dentro de Correos haciendo cola que me siento emocionada y el cuerpo me pide dar un discurso de agradecimiento. Pero miro para atrás y veo como las venas de la gente están a punto de explotar porque sí, ellos obviamente también llevan más de una hora esperando.
El después

Desde que me he desprendido de ese voto a manos de un hombre que me dice “musha grasiah, ale, que ya ehtá”, siento una extraña duda. Es falta de confianza, creo. Nadie me podía asegurar que no fuesen a aparecer unos bandidos a mitad de camino a saquear el camión que lleva mi voto. O que el voto por correo sea tanta jauja como dicen que es y el mío lo usen para calzar la mesa. Y me puse a pensar que qué disgusto como la diferencia hubiese sido de 1 voto, ¿eh? ACTUALIZACIÓN (27/06): ahora viendo el resultado… me da que mi voto, con su peso en gramos y su sobre perfectamente cerrado, no debe haber llegado. Igual se les ha colado por alguna rendija.

Yo solo digo que seguro que más de uno se ha replanteado en el último momento su voto. En el último, en el primero y en cualquier momento, que fue un rato largo de espera. ¿Deberíamos repetir las elecciones? Avisadme con tiempo, que me cojo un avión y voy a Galicia. Que el suelo de la oficina de Correos está frío, la alfombra pica en las piernas, y me fío menos de la eficiencia/eficacia de este proceso que de que el Senado realmente exista.

Conclusiones

Varias horas de vida perdidas, un nuevo tic en el ojo, y un triunfo personal por no haberme puesto a coordinar la oficina de Correos como si fuese un guardia de tráfico. Por momentos llegué a pensar que no iba a poder. Casi saco el silbato y todo.

¿Mandar un papelito no es fácil? Creo que toda la gente que se va a las sedes cuando salen los resultados de las elecciones a gritar «sí se puede» se refiere a votar por correo.

Pero, como dijo un tal Rajoy y que describe a la perfección mi experiencia de voto por correo:

No ha sido esta, como sabéis, una etapa fácil, dicho de otra forma, ha sido una etapa muy difícil.

Crónica de un Room Escape anunciado

“Bienvenidas. Tenéis una hora para salir de esta habitación. Cada pista os llevará hasta la siguiente, y recordad que algo que puede no servir para nada, es posible que tenga sentido después. Suerte”. Y se cierra la puerta detrás de nosotras, metidas en una habitación de 4 x 4. En ese momento las seis empezamos a separarnos y a buscar por la habitación cualquier cosa que pueda encajar con la historia que nos han contado. No voy a hacer spoiler, cada uno que haga su Room Escape; pero sólo os diré que la temática de este Room Escape era un 30% creepy. Lo que significa que para mí, que si alguien estornuda cuando estoy muy concentrada me da un microinfarto, era un 70% de miedo.

Ahora es cuando hago un inciso para dar contexto: en la oficina queríamos hacer un Room Escape. La idea inicial era ir a uno tipo Saw que al parecer está muy bien hecho, allí a temer por nuestras vidas “y pasárnoslo bien” intentando no morir (ni de miedo ni de verdad). Y yo era pensarlo y notar cómo me daba el tick del ojo. Menos mal que al final nos dividimos en dos grupos: los valientes/masoquistas, y las que van a hacer un Room Escape “así más de ingenio” al lado de la oficina.

Y allí estamos. Seis chicas pensando en alto, diciendo “esto tiene que servir para algo”, y haciendo cálculos. Cinco chicas buscando de forma productiva, y yo disimulando mis sustos cada vez que se apagaba la luz. Y ahí es cuando el instinto despierta y nos metemos cada vez más en el juego. Primera pista superada y satisfacción colectiva. Nos venimos arriba y sale el Sherlock Holmes que tenemos dentro. Ahí, en esos momentos tensos, es donde se ve cómo es realmente cada una: la que analiza todo, todo y todo buscando coherencia en la historia; la que se aferra a que una pieza en concreto tiene que ser la clave de todo y no la suelta ni p’atrás, que casi se la lleva a casa y todo; la que cree que todo es el Código Da Vinci y se monta una película tremenda; o la que sigue cagada cada vez que se apagan las luces y piensa “es sólo parte de la ambientación, en realidad hay una persona controlando todo y viéndote por esa cámara. Hola señora”.

Primera media hora superada, primeras pistas descifradas, y primer ataque de risa nerviosa en un momento de susto (me cago en el payaso). Qué tensión. “Ya te suelto el brazo, sí”. Vamos siguiendo las pistas y buscando por la segunda habitación. Es como estar en Gran Hermano y ser ladrón a la vez: sé que me están observando por una cámara, y estoy revolviendo toda la habitación en busca de algo que no sé qué es. Y mientras tanto mis compañeras se ponen en las posturas más insospechadas para ver si una nueva perspectiva les da pistas. Eso sí que es dedicación, oiga.

Cuenta atrás. Estamos a punto de descifrar el último código para abrir la puerta y salir. Quedan 3 minutos y estamos muy onfire probando combinaciones. 6 mentes en paralelo, corazones a tope, productividad al 200%. Momento Squirtle de “vamos a calmarno” para frenar pulsaciones y abrir la maldita puerta, por dios.

Y ahí vamos, y ahí salimos. Eh, pero íbamos sobradas. Aquí ya ni miedo ni nada, de la adrenalina que llevaba encima. En cuanto se abrió la puerta lo celebramos como si hubiésemos representado a España en Eurovisión y hubiésemos quedado entre los 10 primeros. Un éxito, vaya. ¿He dicho que íbamos sobradas? Sobradas por 18 segundos que quedaban hasta que se cumpliese la hora. ¿Y qué fue lo primero que preguntamos? Que si había mucha gente que no lo conseguía. Y sí, que más o menos la mitad de la gente no abría la puerta a tiempo. Y entonces fue cuando sentimos un orgullo como el de, directamente, haber ganado Eurovisión.

¿Qué he aprendido de esta experiencia? Que me hago adulta como para hablar de declaración de la renta, irpf y el sistema electoral, pero es aparecer un payaso maligno y me agarro al primer brazo que encuentre. Que los de Gran Hermano tienen que flipar, porque yo después de una hora ahí metida ya no sabía ni qué día era en el mundo exterior. Que o tienes mucha suerte con tu compañía (como tuve yo) o cualquier momento sacas al primitivo que llevas dentro y puedes acabar agrediendo a un mal compañero de Room Escape. Y que en ese día, todo te parecerán pistas y códigos ocultos para salir del taxi, o para llegar a casa. Que empiece el juego.

5 ideas malísimas que puedes tener en verano en Barcelona

Se acerca el verano. Se nota en que los pies se liberan con sandalias, hay batallas campales para encontrar sillas en las terrazas, y Barcelona se llena de gente rubia que se quema tras 30 minutos al sol. ¿Vienes de visita unos días? ¿Vives aquí? ¿Te acabas de mudar? Da igual cuál sea tu caso: estas son 5 ideas malísimas que puedes tener.

Por la tarde: “Voy a dar un paseo por Las Ramblas”

Vaya, parece que estos cientos de personas también han pensado lo mismo que tú. Y nunca he escuchado a nadie decir “Vamos a compartir el metro cuadrado y el oxígeno para batir Record Guinnes, que es agradable”. Pero lo que sí que escucharás en Las Ramblas es ese sonidito del artilugio que “venden” para tener voz de pito. Súper catalán y auténtico todo (no). Y tú mientras dudas de si estás en el centro de Barcelona, o en las rebajas en Estados Unidos. Error de guiri.

 

De noche: “Con este calor necesito una cerveza, y esa que me venden a grito de ‘ServesaBiir’ está fresquita”

Son las 2 am (por ejemplo). Sales del pub porque hace calor, y en la calle hace más calor. Dentro las copas valen oro y estás totalmente deshidratado por la humedad de la ciudad condal. Y entonces tu ángel de la guarda (normalmente de origen pakistaní) te saluda diciendo “servesa-biir” y te enseña una lata de Estrella Damm fresquita. “¿1 euro? ¡Dame dos, ángel de la guarda!”, dices. Y me parece muy bien, pero tienes que saber que están fresquitas porque las guardan en las alcantarillas. ¿Te siguen apeteciendo?

 

Para comer: «Por la zona de la Catedral hay sitios, algo encontraremos»

Y aquí es cuando te encuentras a toda la gente con la que “quedaste” el otro día para pasear por Las Ramblas. Ahora la plaza de la Catedral parece la ONU, y no hay ni un solo sitio con precio decente ni con mesas vacías. En ese momento es cuando dices “quiero algo catalán para comer”, y ves La Baguetina Catalana: pizzas y paninis. Lo menos catalán del mundo, a precio de oro y calidad dudosa. Qué majo el que le puso el nombre para despistar. (Error de guiri 2)

 

En la playa: “Mira, vamos a ponernos aquí, que está el chiringuito al lado”

Después de ir con la riada de gente que va hacia la Barceloneta, llegas a una parte de la playa que está a rebosar pero que tiene algún hueco. Hay chiringuitos y locales a pie de playa y piensas “qué animado con la música, y así luego puedo ir a pedir algo”. Error. La música va a ir subiendo hasta que no seas capaz de escuchar tus pensamientos, y a golpe de 5 de la tarde te van a taladrar con pachangueo electrónico. Por no decir de toda la venta ambulante de mojitos, tatuajes temporales, masajes y bollos de crema (¡¿a 30 grados?!)… suena poco zen para un día de playa. Aunque parece que el grupo de extranjeros guiris de al lado está pasándoselo bien de botellón al solete.

 

En general: “Voy en metro”

Y entras en el metro, muerto de calor. La humedad ha decidido convertirse en sudor en todo tu cuerpo. Te sudan hasta las pestañas. En el andén huele rarito. Entonces subes al metro y… SIBERIA. Le han dado bien al aire acondicionado, que ni ‘arrejuntándote’ al de al lado (porque no tenéis espacio vital) entras en calor. Tómate un actimel o te vas a pillar un catarro, hijo.

¿Que cuál es la mejor opción para moverse por la ciudad en verano? Pues a pie igual pierdes un pie en el asfalto ardiendo; en bici te puede dar un golpe de calor; en coche vas a vivir de atasco en atasco; y en transporte público descubrirás olores nuevos. Sólo tienes que decidir qué parte de ti mismo estás dispuesto a arriesgar.

Nada es perfecto, y Barcelona lleno de turistas de cruceros a 30º y con una humedad del 80%, menos. Juega bien tus cartas en la ciudad o te vas a querer marchar con ellos en el barco.

Que no todo sean críticas destructivas, que también hay buenas ideas: las playas que rodean la ciudad, los parques, Gràcia a la sombra, los atardeceres en los búnkers del Carmel, los festivales y mercadillos… Pero si quieres venir a visitar Barcelona ven el año que viene, te dejamos la reserva hecha. Que este año ya está lleno.

Todas las excusas que puedes poner para no quedar con alguien, de la A a la Z

El abecedario definitivo de las excusas para que vayas variando y dejes de usar el clásico de “me llama mi madre para que vaya a merendar, que me ha hecho el bocadillo”. Pero ten cuidado: si las usas sin precaución y sin protección, puede que te veas solo en la vida porque nadie quiera quedar contigo nunca más. Y en 2016 no se lleva lo de ser hermitaño.

Quien dice excusas dice “cómo ser un genio de la creatividad excusística”. Todo un arte. O… “cómo ser medio capullo, medio imbécil, por utilizar excusas cutres, pero que han tenido gracia”.

Amnesia. “Lo he olvidado todo. Mi memoria se ha borrado y claro, no tenía anotado en la agenda que hubiésemos quedado. Una pena.”

Bingo. Resulta que el otro día fuiste al bingo y te olvidaste la bufanda allá. (Bufanda es otra excusa con “b”, porque puedes decir que te la habías olvidado y has tenido que volver a casa).

Curling. “Hay un torneo de curling que NO ME PUEDO PERDER”. Entre que la otra persona busca qué es el curling (si no lo conoce), o decide si estás de broma o en serio, ya se habrá pasado tiempo suficiente para que ya no os dé tiempo a quedar.

Dermatólogo. Al momento en el que digas “tengo cita en el dermatólogo” la otra persona se imaginará un herpes o una erupción y las ganas de quedar se le irán rápidamente.

Examen sorpresa. Tienes la corazonada de que mañana toca examen sorpresa. ¿Que no estudias? Pues… te acabas de apuntar a clases de portugués, por ejemplo.

Fútbol. La excusa universal para todo. ¿Hay que estudiar? No si hay partido de fútbol. ¿Has quedado? No creo, había partido de fútbol así que seguro que tú no habías propuesto ese día y esa hora. Y si no te gusta el fútbol, disimula. Aquí tienes palabras que puedes soltar para que cuele: penalti, golazo, roja, partido de ida, fuera de juego. De nada.

Golf. ¿Qué es eso de que el fútbol es el único deporte válido para ser el máximo forofo? Di que es el British Open de Golf y tienes que verlo. Dudo que la otra persona sepa cuándo es. Y dudo que quiera ir a verlo contigo.

Hueso: te has roto un hueso. Aquí va una lista de nombres de huesos que puedes decir para que parezca que te lo ha dicho un médico: hueso pisiforme, tercer metacarpiano, vómer, y escápula. Pero acuérdate de mirar donde están y aunque sea hazte una foto con esa zona envuelta en papel higiénico y di que es la escayola pero tu móvil no hace buenas fotos.

Indefinición. Imprecisión. Im…presentable. Hazte el indeciso y márcate un momento de duda que le confunda más a la otra persona que a ti. No falla.

Joroba. Te ha salido una joroba rarísima. No sabes muy bien si es tipo camello o tipo dromedario. Y ya está, nunca más verás a esa persona.

Karate. Eres cinturón negro. Y tienes un mal día. Sayonara, baby.

Lunes. Es que los lunes… voy mal los lunes, y estoy agotada del fin de semana. Es un día horrible los lunes, ¿a que sí? Mejor nos vemos otro día.

Martes. Miércoles. Que no sólo los lunes son días jodidos, y tú puedes poner de excusa que los martes no te inspiran y prefieres hibernar. Malditos martes. Malditos miércoles.

No habíamos quedado. Aplica una negación así rotunda y juega al despiste. Que se te note seguro, y listo.

Ortodoncia. Acabas de ir al dentista y te han puesto ortodoncia al nivel de “Lisa necesita un aparato, seguro dental”. Poco glamouroso.

Pez. Tienes que bañar al pez, que le acabas de comprar un gel de algas y hay que probarlo. Ante esto… la persona que recibe plantón no te dirá nada. Pero igual no te dice nada nunca más.

Queso Roquefort. Di que te acabas de comprar una colonia que huele a queso roquefort así fuerte. Cero ganas de verte.

Restaurante. Siempre puedes hacer que te has confundido de restaurante y que llevas esperando un buen rato. Qué pena.

Setas. Vas mal de setas. Y con esto o quedas de drogodependiente, de descentrado o de experto en micología (que viene siendo el estudio de los hongos. Todo un hobby).

Tatuaje. Tienes que ir a retocarte el tatuaje de Pikachu que tienes en la nalga. Cosa menos sexy…difícil. Ya te has ‘librao’.

Uy. Ups. Uala. Y todas esas cosas que no dicen nada realmente, pero que quedan expresivas y que si las acompañas de emojis no quedas tan mal. “Bueno, ha dicho ‘ups’, no me puedo enfadar”. Ojalá.

Vieiras. Estabas haciendo una comida sencillita: vieiras rellenas. Le ibas a invitar, pero se te ha complicado la bechamel y te has liado en la cocina. Has quedado de masterchef, y de cutre por no invitar a vieiras.

Wingardium leviosa. Algo así como que es la convención de Harry Potter. Y si se te ocurre alguna excusa mejor que empiece por W, coméntame.

Xilófono. Tienes ensayo y es un arte que se está perdiendo. No podemos dejar que la música del xilófono se apague… luchemos por los xilófonos. Y si es por no quedar, aprendes a tocar una de Beethoven incluso.

Ya si eso… en otra vida. Ya si eso… te llamo. Ya si eso… puedes olvidarte de mi nombre, mi cara mi casa, y pegar la vuelta.

Zimbabue. Había ofertaza y te has ido de safari. Que al volver le avisas.

Caminante Adicto al móvil, no hay camino

Caminante no hay camino, porque te vas a chocar contra una farola si sigues mirando para el móvil. Que seguro que eres un temerario de esos que hasta cruza la calle respondiendo whatsapps. Y a este paso de los que mirarán a través de la cámara del móvil a ver si vienen coches.

A ver, zombiewalker… seguro que tu whatsapp no se descompondrá si esperas un ratito a contestar. O, por lo menos, intenta no comerte a todos los viandantes con los que te cruces. Por cierto… ¿te ha sorprendido alguna palabra de este último párrafo? (Si es ‘viandantes’, descárgate un diccionario ya) No me la he inventado. El “zombiewalking” ya se le ocurrió a otro, y viene siendo esa postura de brazos encogidos sosteniendo un móvil, ojos clavados en la pantalla y caminar firme, se choque contra quien se choque. Deambulando ajenos a la vida exterior a su móvil, con paso decidido y lento. Siendo un incordio como peatones, vamos.

La realidad ha muerto. Al menos toda la que no quepa en un móvil. Ya no se lleva eso de caminar viendo los edificios, cruzando miradas con la gente o intentando no colisionar contra todo ser o elemento que se cruce en el camino. Se lleva el retransmitir cada paso para tu comunidad de followers, ir haciendo un like en Instagram cada dos pasos, y gestionar conversaciones de whatsapp nivel experto. Que total, la calle va a estar ahí mañana igual que hoy, y es necesario comentar que ‘el capítulo de ayer fue bastante flojo, a ver qué tal la semana que viene’.

Se lleva el móvil en el gimnasio. Y por aquí no, señores. Por aquí no paso. No me vale la excusa de que tienes la tabla de ejercicio en el móvil, ni de que vas cambiando de canción en la lista “motivación en el gym”. Que los pulgares los mueves a velocidad de rayo, pero le puedes dar un poquito más de caña a la elíptica si tal. Hecho real: recientemente en una clase de spinning del gimnasio el profesor ha pedido que los asistentes estén menos pendientes del móvil. Y mientras tanto, 15 fotos de la bici desde arriba se subían a Instagram. Calorías quemadas < likes logrados.

Lo que tienes pegado a la mano es un teléfono móvil. Nació para comunicarse y va camino de fusionarse con tu ser. No vaya a ser que cuando vayas al baño encuentres una revista y te cortes con el papel. O que si no lo miras cada 100 metros, te pierdas un anuncio de vital importancia de un amigo. Como que se acaba de comprar una funda para su móvil por 4 euros. Qué se yo.

Estas chicas parecen felices y no tienen un smartphone

Hay algo que me divierte de todo esto. Allá donde haya un zombiewalker, estaré yo jugando a caminar en línea recta mirándolo fijamente.  No se enterará (a no ser que tenga una de estas apps -¿hacia dónde se dirige la humanidad?- que te permiten ver lo que hay detrás de tu móvil). Y ahí es donde actúo yo con mi superpoder: caminar a propósito hacia ese ser, sin apartarme hasta el momento final. A ver si reacciona y microinfarta. Y a ver quién se aparta primero. Que se atreva a mirarme mal, que descargaré toda mi ira en un post.

¿Sabéis cómo se le llama también a los zombiewalkers? Dumbwalkers. Que, dumb, para los que no seguíais Magic English, es ‘tonto’ en inglés.

Nota: es posible que la autora de este artículo haya sufrido en un mismo día dos choques inesperados contra estos seres. Ella no tenía la culpa. Ella sólo quería caminar por la calle, porque no le quedaba batería en el móvil. (Pero lo del gimnasio sí que no se justifica)

Los Simpson, luego existo

Los Simpson, luego existo

Estás buscándole el sentido a la vida, y te haces preguntas sustanciales. Sólo hay dos opciones: que lo estés haciendo bien, o que lo estés haciendo mal. Y la única diferencia es si basas tu vida en aprendizajes hechos con Los Simpson o no. Punto.

La buena gente es esa que en el momento menos esperado te suelta un “como en Los Simpson cuando…” o contesta con frases de los capítulos de las temporadas buenas. (Por cierto: todos sabemos que el algoritmo que mide lo buena que es una temporada no tiene nada que ver con el número de veces que la repiten en Antena 3, que la cosa va más por las veces que memoramos los momentos y frases).

Esto no va de la serie, ni de repetir “Yo me llamo Ralph” mientras te pintas la cara con un boli. Va mucho más allá. Va de aprender a vivir y darte cuenta de que has tenido una referencia moral y un ejemplo a seguir de color amarillo. 

Que suene bien fuerte la música de Los Simpson, que aquí van las lecciones vitales

Por todos es sabido que si resumes algo en un número de puntos tiene más sentido. “Las 3 claves de”, “top 5” o “top 10”. Pero no pega un “top 8”, porque suena a “topocho” o a “topeight” y es confuso. A lo que iba. Tres frases cortas para salir adelante, por Homer Simpson.

La primera: “no digas que he sido yo”. Busca aliados, que alguien te tiene que cubrir cuando se te cae el cubata en la alfombra del piso de tu colega.

La segunda: “Oh, ¡buena idea, jefe!”. Esto se llama sentido común, pero no caigas en el peloteo. A nadie le gustan los pelotas.

Y la tercera: “Estaba así cuando llegué”. Que unida a la primera es muy útil para que tu colega no descubra que el culpable de la mancha de ron-cola en su alfombra eres tú.

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Ahorra

El tiempo es oro y no podemos perderlo explicando detalles sin importancia. Por eso también es importante rodearte de gente que te entienda, y que te ayude a optimizar hasta la merienda. Necesitas una cuchara pero, por dios, ¿cómo vas a gastar tanta saliva pidiendo algo tan básico?

– Marge, ¿dónde está esa cosa… eso que se usa… ‘taca’ y a comer?

– ¿Una cuchara?

– Eso eso eso!

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Sé único

No hace falta que sea al estilo Mr Wonderful. O sí, la verdad es que nos da igual. Pero lo gracioso está en perder un poco la cabeza de vez en cuando, y si alguien te confía una responsabilidad aprovecha el momento al máximo. Es posible que no te lo vuelvan a pedir.

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Be eco, my friend

Que planeta sólo tenemos uno (por ahora, hasta que Kang y Kodos decidan montar un vuelo intergaláctico). Ponte el poncho en modo Homer Jay Simpson y aprende a tocar la harmónica. Sé un poco Lisa, pero no mucho, que tener como amigos a todos los seres vivos del planeta menos a los humanos tampoco compensa. Tu mantra: “la patata no se puede poseer”.

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Ten opciones y recursos

Piensa en un plan B, just in case, que nunca se sabe. Y si te surge una oportunidad única (que puede ser por ejemplo dejar que se te vayan de las manos las cañas a golpe de martes y acabar en un karaoke a las 6 de la mañana) ten a alguien o algo que te remplace. Puede que hasta lo haga mejor que tú.

Doy el callo por dinero. Yo trabajo por dinero, no se qué y no se cuantos, pero a mí dadme dinero.

– Así me gustan los empleados, Smithers. Una sonrisa en los labios y una canción en el corazón. Asciéndalo.

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Sé creativo

Pero no creativo como de grabar un corto sobre ti mismo desayunando vestido de romano. No hace falta. Gracias.

Ser creativo es buscar soluciones nuevas a problemas, es mezclar cosas que ya tenemos y mejorar, y es inventar nuevos nombres. Toma nota, esto es ser creativo:

– Pero ahora yo te aseguro que voy a seguir tu ejemplo.

– En vez de Bart quieres llamarte Homer Junior? Tus amigos podrían llamarte HoJu.

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Utiliza la lógica

No dejes que la lógica te utilice a ti. Equivocarse está bien porque así, cuando aciertes, será más impactante. Es estadística clara: si fallas dos veces, y a la tercera todos creen que vas a hacerlo igual de mal pero tú les das una lección magistral, el efecto es el triple de potente. Ló-gi-ca.

Bueno, tendrá todo el dinero del mundo. Pero hay algo que nunca podrá comprar Marge. Un dinosaurio.

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Y siempre, siempre, SIEMPRE anima al plátano. Corre, plátano.

Y entonces llegó la procrastinación

procrastinar

Las rosas son rojas, las violetas azules… y tú eres un maestro procrastinando. ¿Que qué es procrastinar? Pues básicamente evitar hacer lo que tienes que hacer, porque has encontrado una tarea que “es más urgente”. Autoengañarse, vaya.

Tienes un examen importante en dos días; o tienes una reunión clave en el trabajo y quieres llegar ‘like a boss’ dominando; o… “TFG, ¿qué tal estás? Cuánto tiempo sin vernos”. El caso es que tienes que ser productivo: te sientas en la silla, colocas los bolígrafos, ajustas la iluminación de la sala, te pones con el ordenador… y claro, aparece un duende que te invita a acompañarle a Narnia con Harry Potter y no puedes decirle que no. ¡Hala! Ya has perdido 2 minutos pensando en tu amigo el duende y en vuestro próximo viaje a Torrelodones. Esto es procrastinación nivel 1.

“No pasa nada”, te dices engañas, “si ahora me distraigo 5 minutos luego ya me pongo a tope”. Aquí va otra serie de cosas que seguro que te dices engañas.

«Es necesario ver otro capítulo de esta serie (o programa. O documental de La 2). Me está aportando valores culturales que necesito para vivir… ¡Calla! que empieza “Tu casa a juicio” y quiero ver si se mudan o no.»

«Oh, abrigo de la semana pasada, ¿sigues ahí en la silla? Espera, ha llegado el momento de poner orden.» Tu madre estaría muy orgullosa de ti por organizar tu habitación… pero se puede ordenar y limpiar fuera de la época de exámenes.

«Mi abuela siempre me dice que dibujo muy bien. No debería perder la práctica. Voy a buscar en youtube tutoriales para dominar el dibujo a carboncillo, sí. Esto es tener la creatividad a tope y el cerebro activo. Convalida. …Un 6 y un 4, la cara de tu retrato. ¡Y con matemáticas y todo!»

«¿Por qué hacerme un café rápido de sobre cuando puedo mejorar mi técnica artesanal moliendo grano? Después estaré productivo a tope, la media hora de hacerme la taza es una inversión a futuro. Uy, ¡qué rápido me he tomado el café! Me voy a hacer otro.»

«¿Cómo hará esta gente para dominar los castillos de naipes? Wait, no tengo naipes. ¿Valdrán post-its? Voy a probar. …No, no valen. ¿Y si los doblo a la mitad rollo pirámide? Bravo, artista, siempre he confiado en ti. De aquí a los Guinness. Pirámide dominada… ¿qué más puedo hacer con los postits?»

Y así sucesivamente. Las posibilidades son ilimitadas: desde creer que es el momento oportuno para componer una canción country, hasta quedarte inmóvil en pausa vital pensando en las vacaciones de verano de hace tres años. Todo para no ponerte manos a la obra. …¿os acordáis de la serie de ‘Manos a la obra’?

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¿Habrá capítulos online? Hala, éste lo tengo que ver. Ya acabo el post en otro momento si eso.

¿Eres un vago 2.0?

pereza, pereza 2.0

Hay una nueva pereza en el mundo, señores. Dicen (alguien lo dirá, que la gente habla mucho) que la tecnología nos hace más vagos: no tenemos que hacer tantos esfuerzos físicos y nos facilita muchas tareas diarias. Hacemos la compra por Internet, tenemos toda la información que necesitamos en el móvil y ni hacemos cola para entrar en el cine. Tanto que nos da la tecnología, y tan poco que le devuelven algunos, con sus bandejas de entrada con 1.075 mails sin leer, la versión del sistema operativo del móvil de cuando los móviles tenían tapita, y sin salir de grupos de Whatsapp para cumpleaños de hace 5 meses.

Pereza20

Debe ser que hay un obstáculo ideológico que impide a algunas personas leer los mails para que no se acumulen. Eso, o que se ven incapaces de darse de baja de tantas newsletters porque les recuerdan a algo especial. Y claro, es imposible parar la ola de mails de depilación láser en Teruel, porque darle al botón “Darse de baja” es una traición.

Gestionad vuestros buzones. Actualizad las versiones de las apps. Por favor. Hacedlo por esos amigos y familia que cada vez que ven que tenéis 2.734 whatsapps sin leer piensan que estáis enfadados con el mundo. Que tu ordenador no tiene la culpa de que te guste guardar la “versión final” de un documento, la “versión definitiva”, la “finalísima”, la “finaaaaal” y por si acaso, la “versión finalfinal”…

Venga, sácate la venda de los ojos. No sé a qué estás esperando.

El sufrimiento oculto de ser un viejoven

ser viejoven, viejoven, viojoven a los 20

“Venga, que juventud sólo hay una”. ¿Te ha temblado el nervio del ojo porque estás harto de que te lo digan? Eres el viejoven de tu grupo de amigos. Y lo sabes sufres.

Sufres porque las 3 am no es hora de estar cerrando bares. Es hora de… llevar unas cuantas horas durmiendo. Pero tus amigos están muy on fire y no quieres cortarles el rollo diciendo que te vas a casa. Así que haces una bomba de humo (sabiendo que van a dedicar 5 minutos de su noche hablando de lo viejoven que eres).

Sufres cada vez que un camarero se acerca y quieres pedir un poleo menta en vez de una caña. Tienes menos de 30 años, sí, pero el poleo menta entra mejor que una cerveza y a ti el thai que habéis comido no te ha dejado muy fino. Pero está de moda cenar en cualquier tipo de asiático, y aunque quieres unas croquetas, cedes.

¿Ron cola? Donde esté un vino tinto o un vermut con hielo… pero acabas pidiendo un “lo mismo para mí”, porque todavía es pronto y no estás con ánimo de aguantar el peso de las miradas de tus amigos. (Después en casa te tomarás un poleo menta, seguro).

“Prefiero comprar un pantalón bueno, que me dure más tiempo… ¿y qué son esos cortes en los vaqueros y eso de enseñar tobillos?”. Y miradas de juicio final otra vez. Tú sigues sin entender las modas de hoy en día. Porque donde estén unos vaqueros de los de antes (antes de que tú hayas nacido, sí), no hay nada. Esos sí que duraban. Y seguro que no causaban hipotermia por el frío en los maxi agujeros de las rodillas, ni por los tobillos al aire en pleno enero.

No entiendes por qué la gente de tu edad joven grita. No entiendes por qué llevan hamburguesas al cine. Ni por qué empiezan a comentar la película en cuanto salen los títulos, porque tú quieres leer quién compuso la banda sonora. No entiendes por qué la gente es tan feliz cuando suenan dos notas de una canción de Justin Bieber. O de reggaetón. No entiendes el reggaetón.

Sufres mucho, amigo viejoven. Pero, mientras disfrutas en silencio del sabor de un caramelo Wherter’s Original, puedes plantearte que tendrás muchos años por delante para tener 50. Intenta tener por lo menos 40 durante unas horas al día. Porque después, puede que quieras tener 20.

Y será demasiado tarde.

Serás un joviejo.

Pero, oye, que lo importante es ser feliz (con poleo menta o sin poleo menta).

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