¡Sámbame! Recordando a UPA Dance

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Parece ser que este 2016, a pesar de terrible en muchos aspectos, se va a salvar por los temazos sacados (Into You, no te olvidamos) y por los reencuentros. Sobra decir que daba el pistoletazo de salida el reencuentro de OT1 quince años más tarde, y ha sido tal el boom que otros programas icónicos se han querido sumar a la moda de las Isabel Gemiadas, habiéndose anunciado un reencuentro de los concursantes de Gran Hermano 1 y, una pequeña sorpresa que nos tumbó (de pies y manos) -habrá mini reencuentro de los chicos de Un Paso Adelante-.

La icónica Escuela de Artes Escénicas Carmen Arranz abrió hace 14 años

Será algo a menor escala; la mejor persona de España, con permiso de Chenoa, Beatriz Luengo (Lola), Miguel Ángel Muñoz (Rober), que se ha bajado el cuello de la camisa para ponerse el delantal de Celebrity Masterchef, Pablo Puyol (Pedro) y la hermanísima Mónica Cruz (Sílvia) volverán a bailar así de nuevo esta danza de fuego en (suspiro) El Hormiguero 3.0 (señor, danos paciencia), para acabar de demostrarnos que este 2016 es the year of realizing stuff el año de la nostalgia, y de darnos cuenta lo puñeteramente viejos que estamos.

¡Uno, due, tre, quattro!

Y, claro, como comprenderéis, somos unos frikis nos apasiona la cultura, así que ha sido enterarnos de la noticia y caernos de la estantería durante tres capítulos como Carmen Arranz sacar corriendo el discazo para refrescarlo.

No sé si es redundante poneros un poco en contexto acerca de qué fue Un Paso Adelante, pero como nos lee gente de todas las edades, hasta gente que jamás se puso unos calentadores con unas Buffalo y yo, ante todo, soy profesional, os resumo. Un Paso Adelante fue una maravilla serie emitida en Antena 3 entre 2002 y 2005, acerca de los dramas y éxitos de un grupo de jóvenes estudiantes de una escuela de artes de Madrid. Bailaban, actuaban, cantaban, escribían poemas, todo lo hacían bien, es decir, una suerte de Fama (la serie original, no el reality, que también) de los dosmiles. Y, claro, fue un boom.

Ante todo, era una serie de gran profundidad en sus tramas

Junto al baile, la música fue uno de los pilares de la serie, y con la excusa de que los personajes también eran cantantes, formaron un grupo de música que cobró vida fuera de las pantallas; nació UPA Dance. Formado por los ya mencionados Beatriz, Pablo y Miguel Ángel, en teoría el grupo también contaba con Mónica (que aportaba pues… que ella bailaba muy bonico) y la pobre Silvia Marty (Ingrid en la serie), mayor sufridora de mobbing y ninguneo por parte, no solo de los productores del grupo, sino del país, al salir, literalmente, sólo 1/4 de su cara en la portada del álbum. ¿Por ser pelirroja? No lo sabemos. Desde aquí pedimos justicia para Ingrid.

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La muchacha de la esquinita es Silvia. No te olvidamos, ni perdonamos a los culpables

Muchas series han sido cuna de grupos de música de mayor o menor relevancia, pero la cosa de UPA Dance, a parte de tener un éxito abrumador, que les llevó a irse de gira en riguroso playback por la península, es que nos dio temazos indudables que marcaron a toda una generación, así que vamos a darle un repasito a esas canciones que marcaron un hito.

– Sámbame


No nos vamos a andar con tonterías, esto es un señor pepino histórico, atemporal, contundente y necesario. O sea, no hay persona que viviera su pubertad en los dosmiles, para quien esto no sea un himno. Esa manera de rimar, conjugar, e inventar verbos; «sámbame», «túmbame», «sálsame», «sálvame», «muévete», «suéltate», ¡qué de cosas! Ya lo dice bien la letra. «Nunca podrás olvidarte, ni lo intentes jamás, de cada caricia mía (subidón)».


– Morenita


Ni Malumas ni J Balvins, por allá 2002 Miguel Ángel Muñoz inventó el rapear con acento latino a base de susurros. El Dos Hombres y un Destino de Antena 3, el estribillo sigue siendo una sanguijuela musical que se te mete en el cerebro y no lo abandona, y el puente partido entre el rap de M.A.M y Pablo Puyol haciendo un agudo de esos de ganar el X Factor son, genuinamente, uno de los mejores momentos del pop manufacturado español de la época.

 

Morenita, muchachita, seré yo siempre el papichulo que te quiso amar

 

– Once Again


Un pepino que bebía del pop R&Bero de los dosmiles, muy Destiny’s Child, muy N’Sync, muy Britney -pero a la española (con lo que eso supone, tampoco vamos a exagerar)-, con su coreo y su inglés guayominí, de haber acabado de sacarse el First Certificate.

 

– Por que me faltas tú


El dueto serio por la música entre las voces del grupo; Pablo Puyol y la verdadera protagonista, Beatriz Luengo. Este fue genuinamente el momento en el que empezamos a valorar a Beatriz (junto a su cover de ‘Out Here On My Own’ -momento meta ‘Fama’-) como la absoluta estrella que empezó a deslumbrar. La vida tiene cosas curiosas, y otra cosa no, pero podemos agradecer a Tu Cara Me Suena por habérnosla devuelto, puesto que es de lejos una de las artistas más completas e interesantes de nuestro país, y se merece muchísima más atención.

 

– Contigo (My Baby)


Durante 2004, los miembros de UPA fueron dejando, algunos el grupo, otros también la serie, quedando solamente M.A.M como miembro original, como si fuera una Sugababe. Decidieron no rendirse con el grupo con sangre nueva; la ex-Bellepop, ganadora de Popstars y, actualmente desaparecida del planeta Elisabeth Jordán (Tania) y el guapísimo a rabiar Edu del Prado (César) acabaron de completar la formación, ahora como trío, sin demasiado éxito. Aún así nos dejaron un nuevo disco, y un single bilingüe bastante irritante, pero, bueno, debíamos recordarlo.

 


Madre mía, menudo viaje por el paseo de los recuerdos, ¿eh? Hace catorce años de Un Paso Adelante, una serie que, ni era la mejor serie, ni tenía los mejores guiones, ni las mejores tramas, ni las mejores actuaciones, pero fue capaz de marcar a toda una generación al saber darle lo que querían de la mejor manera posible, con mucha música y con muchísima frescura.

Y si bien este boom de los reencuentros ha sido breve, pero corre riesgo de implosionar, si es que no lo ha hecho ya (lo bueno, si breve,… ya sabéis), nos ha hecho mirar hacia atrás con una sonrisa, y poder decir que ser un adolescente a principio de los dosmiles no estuvo nada mal.

¿Merecemos un Reencuentro de Operación Triunfo 2?

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Que sí, que entiendo que todavía seguimos todos con la resaca de esta maravillosa explosión de nostalgia, emoción y euforia que ha sido el Reencuentro de Operación Triunfo. Pero somos seres avariciosos y, una vez acabó, no pudimos sino preguntarnos: ¿y si repetimos el año que viene?

La absoluta protagonista del Reencuentro, y actual reina de España; Maria Laura «Chenoa» Corradini

Evidentemente no hubo nunca una edición como la primera. Por su magia, su naiveté, su impacto cultural o su absoluto y perfecto casting (demostrado con creces quince años más tarde), pero podríamos argumentar que, su sucesora, mantuvo e, incluso elevó en algunos aspectos, el listón.

Quedaríamos más que satisfechos si este Reencuentro tan sólo se hiciera de la edición original, pero creemos que la edición de 2002 (junto a la edición «resurrección» de 2005 -la de Soraya y Edurne-, y la «edición Sálvame» de 2008 -la de Virginia vs la chupipandi-) tienen la suficiente miga y magia como para suscitar un interés acerca del qué fue de ellos quince años más tarde, y os vamos a contar por qué.

Esos píxeles son los 16 concursantes de OT2

OT2 fue la hermana moderna de su predecesora. La nostalgia y el sincero cariño que le tenemos a el programa original, nos hace obviar ese cierto toque cutre que tiene, sobre todo en lo que a contenido musical se refiere. Las primeras galas, sobre todo, estuvieron plagadas de latinadas y performances de orquesta Expresiones más que respetables (y que no cambiaríamos por nada), pero con cierta entrañable caspita que, si bien también hicieron acto de presencia en esta segunda generación, se solventaron en gran parte a un elenco de concursantes de estilos mucho más amplios, y a un catálogo de canciones que incluyó desde a Lauryn Hill, a The Police, Alanis Morrissette o Jimi Hendrix o en lenguas como el italiano o el catalán. Había que evolucionar, y eso les dio manga ancha y seguridad en la experimentación, y el programa ganó enteros en calidad y variedad.

Catorce años más tarde, nos damos cuenta que OT2 además es la edición con el ratio mayor de concursantes con éxito comercial y crítico, con Manuel Carrasco, Vega, Elena Gadel, Beth, Nika y, la gran sorpresa, Mai Meneses, siendo nombres importantes en la actualidad, pero hay otros muchos alicientes para un posible Reencuentro.

 

El caso Mai Meneses

En caso de darse el Reencuentro, nos interesaría mucho la entrevista a la primera expulsada de la edición (sin contar los candidatos a entrar, que vamos a obviarlos porque no creemos ni que lo tengan apuntado en su LinkedIn). Mai es una completa rara avis, que, quizás no encajó en su edición -o no tuvo un Risto que pudiera guiar un perfil distinto como el suyo- y que, como todos sabemos, cuatro años más tarde dio el campanazo con Nena Daconte, convirtiéndose en uno de los grupos referentes del pop español.


 

Mujer Contra Mujer

Si el mayor aliciente de este Reencuentro ha sido, sin duda, el Escondidos de David Bisbal y Chenoa, en el de OT2 sería el Mujer Contra Mujer de Ainhoa y Vega. Las dos concursantes no se llevaban bien y fueron protagonistas de la mayor rivalidad de la historia del reality -de la que el mismo programa exprimió, haciéndolas cantar dos veces juntas, siendo la más icónica, e irónica, el tema de Mecano. ¿Cómo de fuerte puede ser esta actuación quince años más tarde?


 

Vega, la de OT

Y, siguiendo con Vega, su relación con el reality años después no ha sido la mejor. Su generación fue la que verdaderamente vivió el lado oscuro de ser un triunfito, el «lastre» o la mancha en su «autenticidad» como artistas. Porque el cinismo, el prejuicio y las cejas fruncidas entorno a la música comercial siempre fue el verdadero problema. Vega se quiso desligar rápido de la etiqueta, razonable por un lado, pero por otro suponiendo dar la imagen de avergonzarse de dónde venía, y darle cierto aire de superioridad, de estar «por encima de». Ante todo, está siempre en todo su derecho, más cuando ha demostrado con creces ser una de las artistas más interesantes, complejas y de más calidad de toda la cantera de triunfitos. Vega es una joya, pero su relación con el programa es, como poco, complicada, así que no nos podríamos perder cómo sería su implicación en un Reencuentro.


 

Tony Santos, OT y la maldición de los canarios

Tony Santos fue otra anomalía del programa musical. Encantador, muy canario, con una sonrisa que te derretía, una voz particular, pero que con los nervios fallaba mucho, y que se ganó el favor del público, siendo favorito cinco veces, cuatro de ellas consecutivas, para a continuación quedarse a las puertas de la final¿Os suena la historia?

Fue algo muy sonado, las acusaciones de tongo ensombrecieron la final, muchos juraron no volver a ver el programa,… lo de siempre, vaya. Pero es curioso que la historia se repitiera dos ediciones más tarde, y sería muy interesante saber su opinión tras tantos años. Además, le agradecemos el que se creyera el Usher canario, por ser la oportunidad de introducir el R&B al programa.


 

Hugo y Nika – la historia de amor

No podría ser un Operación Triunfo sin una pareja de tortolitos oficial. Esta edición también hubo otra, la de los jovencísimos Danni Úbeda y Marey, pero que se vio eclipsada por la versión Física o Química del Sensación de Vivir que fueron Chenoa y Bisbal. Hugo y Nika eran jóvenes, eran edgy, eran guapos a rabiar, ella rockera con los ojos siempre pintados, él un galán sevillano que tenía a media España chorreandito. Su relación fue contenido de carpetas durante meses, siendo una pareja omnipresente, e incluso imagen de Fórmula Joven (la marca de ropa). A pesar de que la intensidad de su relación no llegó a cotas de la de sus antecesores, y sin rupturas en chándal de por medio, puede ser un reencuentro precioso, porque nos dejó momentazos para el recuerdo.


 

La escalera

Y teniendo aún a Nika presente, la segunda generación del programa se vio marcada por los accidentes. El cólico nefrítico de Enrique Anaut que aplazó la primera expulsión ya fue más heavy que la gripe de Mireia, pero como en las secuelas todo tiene que ser más aparatoso, en los ensayos de la cuarta gala hubo un accidente, viniéndose abajo unas escaleras en las que estaban los concursantes. Y el susto nos dejó una imagen icónica; Nika postrada en collarín. Nika y Tessa no pudieron asistir a la gala, así que el jurado tuvo que juzgar sus ensayos generales, algo único en toda la historia del programa.


 

Los singles

Otra de las novedades de la edición, bastante interesante en su formato, fue el que, a parte del contrato discográfico automático de los tres finalistas, todos los concursantes tendrían la oportunidad de sacar un single (con su videoclip lowcost respectivo), con la promesa de poder grabar un disco si lograban vender 200,000 copias. Ventas falseadas de por medio o no, esta novedad desmontaba la idea de que a los concursantes que no fueran finalistas se les dejaba a su suerte -su destino se dejaba en manos del público y del interés que suscitaran-. Así, Miguel Nández, Hugo, Tony Santos, Nika, Vega, Joan Tena y Danni Úbeda consiguieron la meta y su disco prometido. Pero los verdaderos ganadores en la vida, y de estos singles, fueron dos concursantes.


Tessa por sacar un absoluto pepino pop superinfravalorado, y que fue versionado por una artista chilena, causando tremendos conflictos internacionales en los comentarios de YouTube no vistos desde los dramas sobre el doblaje de los Simpson.


Y, por otro lado, el incomparable, el único, el legendario Enrique Anaut. Enrique era un poco un remedo de Àlex Casademunt, un bocas, completamente excesivo. Y cómo no, su single se convirtió en icónico, y un must en un Reencuentro. María José, María José, a un paso de ti y tú no me ves.

 

Las reinas del verano

Si el verano anterior, la vida nos bendijo con las coreografías de Fórmula Abierta, el verano de 2003, los astros y el universo se alinearon para traernos a la vida a una de las mejores cosas que le ha podido pasar al pop de este país; Lunae. Marey, Tessa, y Elena Gadel se juntaron para convertirse en una girlband de muy corta duración, pero legendaria en su impacto, gracias a un pepino producido por los mismísimos Xenomanía, que estuvo en todas partes, sobre todo gracias a un anuncio de Pringles. Y pese a que se separaron rápido, y ahora, sobre todo Elena disfruta de una maravillosa carrera en solitario, un remember de Hipnotizadas podría solventar los problemas políticos del país.


 

Y Ainhoa sobrevivió

En cada edición hay actuaciones icónicas. Noches de Bohemia, Sueña, el Lorenazo, Las de la Intuición,… pero en esta generación sucedió algo que cambió el curso y el palmarés del reality. Ainhoa, la pobre, pasaba semana tras semana por las puntas de su flequillo abertzale. Tenía una de esas voces peculiares, con cierto descontrol que la llevó a estar nominada cuatro veces. Remontó a mitad del concurso, llegó a la final, pero aún así todo el mundo daba por hecho que el premio estaba entre Manuel Carrasco y Miguel Nández. Hasta que llegó la Gala 13, y los Reyes Magos reencarnados en Noemí Galera le dieron el regalo de su vida: «Esta semana te toca Sobreviviré, de Mónica Naranjo». Y, desgarrándose, algo en su vida cambió. Se marcó una actuación absolutamente icónica que, ya históricamente, le dejó el premio en bandeja a sólo una semana de la final. Un jaque mate como nunca se había visto en un programa.

Volvieron a haber, incluso, acusaciones de tongo, de supuestos hilos con el gobierno vasco, teléfonos gratuitos y votaciones en masa, sobre todo ante la sorpresa de ver a un gran favorito como fue Miguel Nández quedar cuarto, (marcándose un nuevo «Bustamante deja a Chenoa cuarta»), pero lo que es indudable es que Ainhoa se marcó una de las mejores actuaciones de la historia del programa, que merecerían ser resucitadas quince años más tarde.

https://youtube.com/watch?v=8NJ0K7Wd2-8


 

Beth a Eurovisión

Y la otra gran sorpresa que nos dejó OT2 fue la elección del representante a Eurovisión. En la predecesora, coincidió que tanto la ganadora del programa como de la elección a representar a España fueron nuestra Rosa de España, pero en la secuela, mientras que Ainhoa se alzaba con el triunfo, Beth, la tercera finalista fue la escogida para representarnos en el festival, con ese icónico temazo que es Dime, con el cual Beth inventó la Sagrada Familia, el combinar su pelo, su tono de piel y su ropa, y los gallos en Eurovisión.

Beth fue una magnífica concursante que aportó un soplo de aire fresquísimo al programa con su perroflautismo y su curiosa voz, y también nos dejó ese recuerdo agridulce de cuando la dirección del programa no le permitió hablar en catalán con su familia, promoviendo esa campaña en la que una mosca de Freedom for Catalonia acompañaba las emisiones del programa.

https://youtube.com/watch?v=6T3XhQXHgSc


 

Generación OT

¿Y qué mejor manera de enlazar un supuesto segundo reencuentro con el original, que de la misma manera que enlazaron las primeras ediciones? Se sacaron de la manga una Gala Generación OT con el único objetivo de sacar más cuartos juntar a los concursantes de las dos ediciones, y supuso un verdadero orgasmo extático del fan de OT. Todos los concursantes juntos de nuevo, los viejos y los de ahora, cantando juntos, LOCUROTE. Si ya fue un sueño hecho realidad entonces, ¿qué os parecería un nuevo concierto de Generación OT? Ambas ediciones históricas, unidas de nuevo años más tarde. Aunque sea sólo como excusa para recordar una de las actuaciones más icónicas, históricas y transgeneracionales del programa.


En resumidas cuentas, está claro que no es que sea estrictamente necesario un segundo Reencuentro, pero OT2 fue una edición suficientemente mágica como para suscitarnos interés en volver a verles juntos.

En saber qué ha sido de las vidas de sus concursantes, en hacer ese ejercicio de «vuelta a casa» a músicos de éxito en este país como son Manuel Carrasco o Vega, en volver a ver a Hugo y Nika juntos (cualquier excusa para ver a Nika es válida), al salero de Cristie, a Mai Meneses post-Nena Daconte, a Miguel Ángel Silva hablando de su relación con Mireia de OT1, en devolver a la palestra a ese galán y magnífico artista que es Miguel Nández,… pero, sobre todo, a volverles a ver juntos, y cantando. Porque en esas dos primeras ediciones consiguieron magia.

Por fin vais a conocer a la auténtica Lady Gaga. ¿O no?

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Supongo que a estas alturas ya tenemos todos más o menos digerido «Joanne», ¿no? Y ha sido una digestión un tanto extraña, anodina, de no saber si necesitas un Almax o quizás te has quedado con hambre. El pasado viernes salió oficialmente, tras la tradicional filtración previa, el quinto álbum de Lady ‘No me llames Dolores, llámame Juana’ Gaga y, si algo es cierto, es que no nos ha dejado fríos.

Las reacciones desde que escucháramos por primera vez el frenético Perfect Illusion el pasado septiembre no tardaron en llegar; «qué decepción», «¡qué falsa!», «ahora va de auténtica», «Gaga en chándal llorando porque lo ha dejado con Taylor Bisbal«. Y no son opiniones faltas de razón.

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Vaya por delante que, para el que escribe, «Joanne» es un buen disco al que ha sorprendido para bien –quizás por lo bajas de mis expectativas-. Pero entiendo las críticas, siendo la principal la repentina alergia al pop excesivo y avant-garde que la habían definido hasta ahora. No me malinterpretéis; Gaga es transformación, y una era «limpia», en camiseta y tejanos, casi «normcore» era un paso natural en su progreso, una era que tenía que llegar sí o sí, pero el renegar de esa Lady Gaga que jugó, ganó y rediseñó las reglas del juego bajo el lema «pop music will never be low brow» resulta un tanto triste.

Está claro que todos cambiamos, progresamos, y con nosotros nuestros intereses y la manera en que expresamos, en mayor o menor medida, nuestra creatividad. Pero quizás el tirar piedras a un pasado como el que borra, cagaíto de vergüenza, su Fotolog, queriendo sabotear y alejar una fanbase con la que ya no se siente identificada, junto a su constante manía de «redecorar» su realidad y su historia («soy fan de ______ desde los 4 años»), nos hacen vivir en un estado constante de «Sure, Jan Joanne«.


«It’s not that I’ve been dishonest, it’s just that I loathe reality»

También es cierto que eso es Lady Gaga. Gaga es artificio y realidad. Gaga es autodiseño, Gaga es personaje y persona, Gaga es hipocresía y evasión –Gaga es un lienzo en blanco en el que Stefani Germanotta plasma todo lo que le pasa por dentro, y si mañana se arrepiente, pinta encima-.

Está de más comentar que el principal cambio que trae Joanne más allá del estético, es en su música. «Joanne» suena a Americana, es country-light, es un álbum conceptual que funciona como cápsula del tiempo que nos traslada a los años sesenta y setenta, momento en el que su tía Joanne Germanotta, corazón y alma de este disco, vivía una vida corta (murió a los diecinueve años por lupus) que impactaría al resto de su familia para siempre.

Gaga nos traslada a esa época para cantarle directamente a aquella tía que jamás conoció pero que está impregnada en su ADN, y la trae al presente para darle una continuación a esa vida interrumpida, quizás con mejores intenciones que factura. Producido junto a Mark Ronson, si algo destaca (y sorprende), es que la producción no es todo lo innovadora o personal como se esperaría, más cuando otros artistas como el presente en el disco Father John Misty, J. Tillman o incluso Lana del Rey han sabido conceptualizar ese mismo sonido, traerlo a la actualidad, y darles vida y sonido propio.

Y aunque parezca que sólo hago que verle defectos, que los tiene, reitero que «Joanne» es buen disco. Porque Gaga ha aprendido algo de todo el desastre de ARTPOP, y se ha deshecho del exceso para volver a la fórmula de melodías pop indudables a partir de las cuales montar canciones. Y, de eso, Lady Gaga sabe.


Representación gráfica de la era de ARTPOP

Quitando lo extremadamente obvia y poco inspirada introducción al disco que es Diamond Heart y lo anodina, «Hairspray meets Cosas de Casa«, sí-pero-no-pero-sí que es Come to Mama, nos encontramos con una Gaga que retoza en lo analógico con mucho gusto, que juega con nuevos registros de su voz post-Cheek To Cheek, sin caer en cantar como desde la chocha como en Till It Happens To You, y con algunas frases de quitarse el sombrero.

«And I don’t wanna break the heart of any other man but you»
— Sinner’s Prayer

Si bien sí que repite, de alguna forma, un error que cometió en ARTPOP; Gaga se muere de ganas de cantarlas en directo, que es donde cobran vida, y no sabe traducirlas bien. En ARTPOP pecó de intentar meter una rave en un álbum que, si te pillaba mal, te dejaba bizca y sorda. Y en «Joanne» se queda corta. La fuerza que tiene A-Yo, o el magnético riff de guitarra de Sinner’s Prayer (colaboración con el antes mencionado Father John Misty) se quedan un tanto descafeinados en la versión estudio.


Acondicionador Fructis patrocina este espacio.

Que «Joanne» está hecho para y por la familia Germanotta es evidente (salvo por la oda a la masturbación que es Dancin’ in Circles), y que Gaga sigue sabiendo tocarnos el corazoncito, también. La fantástica Joanne, que podría ser un tema de Joan Baez mismo, el Million Reasons que bebe tanto de Fleetwood Mac, o esa fantasía Burtoniana sobre el asesinato de Trayvon Martin que es Angel Down (pese a lo autoindulgente de su letra), son pequeñas perlitas con las que Gaga nos da abracitos en el alma.

Si bien no hay pepinos como nos ha tenido siempre (mal)acostumbrados, no podemos obviar el ya viejo conocido Perfect Illusion (que hasta nos aventuramos a decir suena un poquito fuera de lugar en el contexto del disco, por lo exaltado que es) y la maravillosa y mejor heredera y continuación del sonido Gaga  que es John Wayne.

Por lo que respecta a las tan cacareadas colaboraciones, el Hey Girl junto a Florence sin su Machine suena dos amis una noche de campamento de verano frente a la hoguera tostando nubes – empalagosa, pero cuqui, bañada en una producción que casi toca el soul que nos recuerda a lo más nuevo de Solange o a Frank Ocean-. Y, finalmente, el Dancin’ in Circles co-escrito junto a Beck, que pese a estar producida como una entrada de Turquía para Eurovisión 2003 (y ahora, los tambores), tiene unos matices y unos juegos vocales directos del «The Fame».

Un álbum cortito, cohesivo sónica y líricamente, autoindulgente por una parte y, por otra, una invitación al altillo donde se guardan los álbumes de fotos, abrigos viejos y juguetes rotos de la metafórica casa que es la discografía de Lady Gaga. No es ningún punto de inflexión, su producción a duras penas llega al notable, ni encontramos a una Gaga queriendo retomar las riendas del pop que una vez le pertenecieron. Al contrario, es un ejercicio de dejarlas, huir del carril, coger una guitarra y una cabra y creerse El Arrebato en su huerto de alcachofas, pero porque es lo que le apetece.

Y a lo mejor mañana se le pasa y vuelve a querer comerse el mundo, y a lo mejor de aquí dos años nos vuelve con el cuento de «ahora vais a conocer mi verdadero yo» con un álbum de cantos gregorianos, pero por lo pronto, éste es el cuadro que Stefani ha pintado. Y con esos colores pasteles, no está nada mal.

TRIVIAL | ¿Te sabes todas las canciones de La Oreja de Van Gogh?

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¡Los chicuelos que quedaban a las cinco en el Astoria están de vuelta! Dieciocho años después de que le dijeran cositas al sol, La Oreja de Van Gogh por fin regresa con nuevo disco, El planeta imaginario a la vuelta de la esquina. Sí, dieciocho años. Sois tan viejos. De nada.

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Y claro, dieciocho años dan para mucho. Ya pueden votar, emborracharse legalmente e ir a la cárcel. Y han sido casi dos décadas de influenciar la cultura pop de este país a niveles desorbitados – ¿si os digo que cerréis la puerta, vengáis y os sentéis cerca a que sabéis a qué me refiero?. Toda una generación de Amaiers y Leirers que ha crecido junto a ellos lo sabe.

Y como tenemos muchas ganas de escuchar el nuevo álbum, porque ya sabéis que nos encantan estas cosas, que no importa si es muy tonto, somos así, os invitamos a poner a prueba vuestra memoria y ver si sois unas reinas del pop y os sabéis todas las canciones de La Oreja de Van Gogh.

¿Quién quiere ser una Spice Girl?

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Hace justo veinte años que la risa diabólica de Geri Halliwell daba comienzo a un absoluto huracán pop que revolucionaría, literalmente, el mundo de la música, del márketing, de los zapatos de plataforma, de los chándales Umbro y, básicamente, del universo.

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Wannabe era el disparo al aire de algo que no se ha vuelto a repetir; una girlband en la que cinco personalidades como torbellinos se valían las unas de las otras para crear un verdadero monstruo, un Megazord pop en el que cada una de sus piernas se convirtió en imprescindible.


(Literalmente, uno de los videoclips más guays de la historia)

Y es que la magia, ese suceso que se dio con las Spice Girls es que cada una personificó un estereotipo con el que identificarse; la pija, la inocente, la localcoño, la myfitnesspal y la de Huesca. Se dejaba de denostar o de reírse de la feminidad, el «Girl power!» era (y es) toda una celebración de todos aquellos rasgos que a lo largo de siglos se han intentado menospreciar de las mujeres («¡es demasiado vanidosa!», «¡viste como una zorra!», «¡grita demasiado!»). Pero quitando la tesis sociológica, que no os quiero aburrir, hicieron que cualquier mujer (y hombres) del planeta se sintiera representada.

Pero, si bien, ahora cualquiera podía ser la Spice Bebé de su grupo, ¿puede cualquiera ser… Emma? Estamos de acuerdo que son estereotipos, que son «conceptos» abstractos para que cualquier persona pueda vestirlos, pero si bien cualquiera puede comprárselo todo en Adidas y tatuarse cruces en los brazos, creo que Sporty siempre será Mel C.

Ya desde el año pasado se vino rumoreando el querer celebrar el 20 aniversario de Wannabe de alguna manera, pero dos chicas picantes se bajaron del carro. De manera respetable. Victoria hace tiempo que dejó de querer ser cantante y le va fenomenal como diseñadora de moda (y es de alabar lo lejos que ha llegado tras ser considerada, al principio, una broma), pero la sorpresa la daba Mel C, que prefería cerrar el libro de Sporty y así no estropear el recuerdo, y centrarse en su carrera en solitario.

Y razón no le falta a la muchacha. Ya cuando Geri históricamente dejó a las Spice Girls, sufrieron un gran golpe y se notó la diferencia en la pérdida de rumbo del grupo. Y cuando Mel B, Emma y la oscense se presentaron como ‘GEM’ para anunciar que tramaban algo — bueno. Ew.

Justo hoy saltaba la noticia de que podrían estar preparando un reality show en la BBC para buscar a las nuevas Sporty y Posh. Y aunque creemos que Victoria y Melanie C son, francamente, irremplazables (to the left, to the left), no queremos pecar de aguafiestas y os hemos traído nuestras propuestas para suplir a las ex-picantes. ¡Zig-a-zig-ah!


Sporty Spice

Características: Ser un poco machorra. En el mejor sentido de la palabra. ¡Vivan las chicas «masculinas»! Fanática de los chándals, de saltar mucho, de los coleteros y de subir fotos de #instarunner. Como dato extra, Mel C fue indiscutiblemente la mejor voz de las Spice Girls, así que cuidadito.

Candidatas:


01. Rita Orabf_spice_sporty_01_rita

No nos andemos con chiquitas; odio a Rita Ora. Es un odio bastante irracional, porque tampoco es que la muchacha haya hecho nada como para ello. Tiene el mejor equipo de managers de la historia, eso sí, gracias a los cuales está en absolutamente todos los fregaos sin, realmente, haber hecho demasiado en la música. Pero tiene vozarrón y es aficionada a los chándales.


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02. Cher Lloyd

¿Dónde está esta chica? Ha sido una de las concursantes más guay del X Factor británico, y sacó un par de discos bastante decentes. Hace poco sacó un single comeback que, sin más, la verdad. Y Cher se merece más, mucho más que el que la vendan como Demi Lovato Deliplus. Además, sus raíces chonis chandaleras nunca la abandonarán y son las que la hacen maravillosa.


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03. La Pelopony

Ahora que ha acabado con su álbum/sucesión mágico-fantástica-interminable de singles, la diva de la coleta y el zumba fitness cañí podría tener un hueco en la agenda que rellenar supliendo a Mel y su diente dorado.


Posh Spice

Características: Ser pijísima. En serio. Muchísimo. Fascinantemente pija. Que le encante la moda, ser un poco señora y sonreír lo mínimo. Tradicionalmente se ha dicho que no cantes, Victoria, de cantar, poco, pero yo soy defensor de su voz (a sabiendas que es una voz débil, pero cuyo timbre es necesario para las armonías) y de toda ella, porque la quiero mucho.

Candidatas:


01. Nicola Robertsbf_spice_posh_01_nicola_roberts

Ex-miembra de la otra mejor girlband de la historia Sugababes The Saturdays Girls Aloud, reina de la miseria, de cantar con cara de triste, de la moda, de cantar con voz de cabra y de ser bastante miserias y Calimero «nadie-me-quiere» en general. Es fantástica. Y si aún no habéis escuchado su álbum en solitario, ya podéis espabilar.


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02. Adele

BOOM. ¿Qué sería más irónico que suplir a alguien con infames dotes vocales que Adele? Ella es más señora que nadie, muy de vestir de funeral para bajar a por el pan y de cardarse el pelo como si fuera una Campos más. Y es bien conocido lo fan que es de las Spice Girls, ¿a que ya no es tan descabellado?


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03. Kim Kardashian

Y si nos vamos justo al otro extremo de Adele y nos centramos en su faceta de «ser famosa sin más»/fashionista, quién mejor que la magnate de las selfies y las apps de móvil Kim Kardashian. Además, que Kim no es extraña al mundo de la música, pero si le diera cosita cantar en directo, siempre podría hacer como Victoria en el tour de 2007 y simplemente modelar por una pasarela.


¡Si es que no es tan difícil, BBC! Pero imagino que apetece más sacar tajada todo lo posible, aunque se lleve por delante o encutrezca un maravilloso recuerdo. ¡Dejad en paz la memoria de las Spice Girls!

Oh, gloriosa Britney Spears

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It’s Britney, bitch.

Hay cosas en la vida que van y vienen constantemente. Al fin y al cabo, todo es cíclico; la vuelta el cole, la primavera en el Corte Inglés, las llamadas de atención de Aramis Fuster, los anuncios de Ferrero Rocher o los comebacks de Britney Spears.

Podríamos preguntarnos por qué a partir de cierta edad, cuando una artista mujer saca disco se le considera «comeback», que viene a traducirse como retorno, regreso. Lo cual implica haberse ido a algún sitio. Eso nos daría para un artículo diferente, si no fuera curioso que la última vez que Britney no estuvo fuera en 2007. Todos sabemos por qué.

Desde aquel annus horribilis, han sido ya cinco álbumes los que han funcionado como testigo del estado mental, físico y anímico de Britney, una especie de UCI radiotelevisada que nos ha mantenido a todos en vilo, el mejor reality imaginable. Un magnetismo único, que nos recuerda que Britney Spears es el mayor ejemplo de «factor X» (llámalo «duende», llámalo como quieras) viviente a día de hoy -junto a Rihanna-.

«All eyes on me on the center of the ring, just like a circus»

Y es que, pase lo que pase, jamás hemos podido dejar de mirar. Tanto en las caídas como en los buenos momentos. Si nos remontamos a su debut, Britney era la personificación del sueño americano, de unos ideales de pureza, virginidad y chica-de-al-ladismo propios de los mejores anuncios de Norit. Hasta que creció ante los ojos de todo el mundo, y se hizo, no un chica, pero tampoco una mujer.

Si hay algo que, lamentablemente, nos ha gustado a todos más que idealizar estrellas, es verlas caer. Ahí empezó el machaque, avivado por empezar a tomar agencia de su libertad sexual («¡La inocente Britney Spears se corrompe!»), su villanización tras la ruptura con el «pobrecito» Justin Timberlake, y por ser un ideal de todo lo femenino en su máxima expresión; la chica de los pompones, el brilli brilli y el color rosa que le canta al amor.

La machacamos hasta romperla, y quizás por eso vivimos con un cargo de conciencia que, nueve años más tarde, nos hace hinchar por ella, querer verla superarse como a Forrest Gump corriendo desprendiéndose de los hierros de sus piernas, verla triunfar tras haber convertido a una humilde chica de lo más profundo de Estados Unidos en un reflejo de nosotros mismos y nuestra parte más terrible. Y porque aún mantenemos cierto morbo de volver a verle tropezar.

Y es por eso que nueve años más tarde la vemos hacer playback en unos VMA (bastante tibios, por cierto) y decepciona, pero nos conformamos con la seguridad que ha ganado en sí misma. Porque la vemos en el Carpool Karaoke cantando un poquitito, tímida, como si durante toda su carrera hubiese escuchado de todos que no sabe cantar (cosa que siendo o no cierta, estoy seguro de que afecta a la autoestima de cualquiera), y nos alegramos como si nos hubieran dicho que vuelven las Bellepop.


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Por lo que respecta a la música, esta anomalía del pop llamada Britney Spears se encuentra en una posición especial por la que siempre va a tener un hueco en el pop, porque siempre tendremos interés en ver qué ofrece y cómo suena esa niña de las coletas a la que convertimos en calva rompiendo cristales con un paraguas en 2016, en 2020, o en 2030.

A partir de ese punto de inflexión que supone «Blackout», quienes colaboran con ella saben que pueden hacer de Britney una vasija, un recipiente con el que experimentar, llevar el pop a extremos inimaginables jugando con su magnetismo, con el doble juego que da ver una figura tan femenina jugando con sonidos más estrambóticos (algo como lo que elevó a las Girls Aloud a una de las girlbands más interesantes de la historia), o simplemente jugando a cómo va a sonar hoy su voz, siendo un instrumento más.

«Britney Jean», sin embargo, su cacareado proyecto más personal hasta la fecha («¡ahora me vais a conocer de verdad!») fue un álbum incoherente, hecho mal y rápido, y una muestra de que a Will.I.Am se le acabó el mojo. Nos lo jugábamos todo con este B9, y vaya si levantaron cabeza.

En «Glory», Britney vuelve a hacer lo que hace mejor; remodelar cómo suena el pop en 2016 a su gusto (Just Luv Me o Better beben directamente de este pop tropical post-Bieber bajo el prisma que supone el distintivo sonido de la «voz» de Britney), experimentar más allá del dibujo (ese magnífico Coupure Electrique, o esa sanguijuela musical que es If I’m Dancing que no se te va a despegar jamás), realizar un monográfico  en primera persona sobre la figura del colonizador español de México Hernán Cortés (Change Your Mind [No Seas Cortés]) o revitalizar su propio sonido (Do You Wanna Come Over?). La única pega podría ser ese interesante pero fallido Private Show, un tema bastante interesante en su composición, pero en el que su voz suena francamente desagradable.

El que estando en 2016 se puedan escribir artículos tan largos (un abrazo y un Aquarius a todos los que hayáis aguantado hasta aquí) sobre Britney Spears es bastante indicador de que queda mucha princesa para rato. Y será interesante ver si seguiremos perdonando condescendientemente actuaciones mediocres («¡Qué bien lo has hecho, Britney! ¡Toma! ¡Una pegatina!»), abuso del playback o falta de rigor en sus campañas de promoción, a cambio de seguir teniendo en nuestras vidas a alguien que ha trascendido la figura de «performer» para ser algo más allá. Porque resulta que cuando Britney alcanza la gloria, nosotros lo hacemos con ella, joder.

¿Dónde está Rocío de las Sweet California?

Estamos en un momento social en el que están pasando muchísimas cosas en el mundo del pop: Kim Kardashian ha hecho estallar una nueva guerra mundial tras desenmascarar a Taylor Swift, que, a su vez, ha tenido dramón con su ex Calvin Harris después de que él revelara un secreto a voces; que co-escribió el This Is What You Came For de Rihanna, Britney Spears ha vuelto -y, cuando parecía que lo tenía todo para ser #1, Katy Perry resurge de su hibernación, Frank Ocean está a puntito de sacar disco, Lady Gaga ha roto con Taylor Kinney, y yo me he puesto bastante moreno.

Una lectora de BFace intentando procesar todas las novedades

Una ciclogénesis imperfecta de acontecimientos que nos está volviendo loquitos de los nervios a todos. Pero por mucho caos a nuestro alrededor y muchas bolsas de palomitas por comer, seguimos con una duda que nos asalta, nos inquieta y nos perturba: dónde está Rocío Cabrera.

Desde que la cantante abandonara la girlband referente nacional por allá febrero (y nos hiciéramos eco de ello), no hemos vuelto a saber nada de ella, y estamos preocupados. Así que nos hemos planteado diez opciones de qué está haciendo Rocío.

 

 

1. De retiro espiritual en una cabaña perdida en Sierra Nevada

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2. Enfadada por la cancelación de la mejor serie española reciente Vis A Vis

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3. Perdida por Alcobendas cazando Pokémon

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4. Escondida junto a Esperanza Aguirre

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5. Paseando con Michelle Obama

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«¿Tú cómo llevaste cuando tu marido dijo que se iba de Presidente? A mí se me echaron encima…»

 

6. …para luego plagiarle el discurso

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 7. Siendo una Zahara en el vídeo de ‘Caída Libre

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«Yo no tenía ninguna duda de que Tammy mola mil»

 

8. Supliendo a Mel C y Victoria en el comeback de las Spice Girls

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9. Supliendo a Juan Camus en el reencuentro de OT

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10. Siendo bloqueada por Juan Camus

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🙁


Que vuelvas, Rocío. Que te echamos de menos. Da señales de vida, que esperamos con los brazos abiertos tu vuelta a la música.

TEST | Dime qué pides en McDonald’s y te diré qué cantante eres

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Si sois como el que suscribe, llegamos muy pero que muy tarde a la operación bikini de este verano. Te lo habías planteado, este año sí que sí, venga, a la playa con tipazo, con una espalda pa cargar sacos y abdominales hasta en las pestañas. Pero es que, oye, nos encanta comer.

Y hemos pasado las siete etapas de duelo para llegar a una sola conclusión: nos flipa el McDonald’s. Nos da igual la carne de rata, los conservantes infinitos, de qué está hecho un nugget o nuestra presión arterial; nada nos arruinará el rito de comer en McDonald’s.

Si te sientes identificado con esta descripción, si el consumismo se ha apoderado de tu vida, si finges tener una dieta equilibrada porque el Big Mac lleva lechuga y si tu adicción a la comida rápida es el peor enemigo de tu médico de cabecera, hemos creado un complejo test de personalidad para saber qué cantante eres en base a tus hábitos en McDonald’s.

Porque sí, amigos, hay una estrecha relación entre lo que McComes y las constelaciones del pop. ¿Quieres saber qué cantante eres según lo que pides en McDonald’s? ¡Vamos allá!

 

Nota del autor: este artículo no hace apología ninguna del comer como un mojón ni de los malos estilos de vida. Cómete una manzana de tanto en tanto, amigui. Unas alcachofitas. Unos brotes de césped. Y anda, camina, baila como en clase de Marbelys, móntate un medio tiempo de la Super Bowl en tu habitación. Y luego cómete un Cuarto de Libra, anda.

El verano del desamor – la maldición de Joe Jonas

Hola, corazones, bienvenidos de nuevo a corazón de verano. ¿Cómo estáis, pequeñas medusitas del amor? Pues vosotros estaréis bien, pero el universo del pop está tirando a pichí-pichí -parece que cuando llega el calor, las parejas sudan demasiado ¿es la brisa y el sol?-.

Ha sido una semana trágica, de verdad, unos dramas que nos tienen a todos el corazón compungido, el mundo unido por una sola causa: la maldición de las exes de Joe Jonas.


¡Paradlo! ¡Que lo detengan! ¡Que es una mentirosa!

No sabemos qué ha pasado, pero están acabando las relaciones de todas las que fueron alguna vez novia del ex-hermano Joe (y carapán), y han saltado todas las alarmas. Nosotros, como medio puntero que somos, vamos a analizar estas rupturas como si nos sobrara tiempo libre, qué van a suponer para el mundo del pop y, sobre todo, cuánto han hecho llorar a su hermano pequeño Nick.


¿Vosotros querríais hacerle llorar? No llores, Nick.


1. Zayn Malik y Gigi Hadid

Datos: han roto después de 7 meses

El factor Jonas: Nos fliparía que Joe hubiera sido ex de nuestro Zaín, es una bonita imagen, al fin y al cabo. La modelo y el de los pasteles en el océano salieron cinco meses juntos el año pasado -y Gigi sólo tardó dos semanas en empezar con eL cAnTaNtE dE lOs sUbNiCKs dEl mSn-. Su romance quedará por siempre en los archivos del tiempo al salir Gigi en el videoclip de Pillowtalk.

Nivel de drama:
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Consecuencias para el pop: Muy dramático no nos parece que Zaín esté soltero porque somos unas cuervas. Zaín vuelve a convertirse en soltero de oro revalorizado, listo para sacar un segundo álbum de amores y desamores. Con suerte, esta vez si lo promocionará.

Una canción:

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2. Demi Lovato y Wilmer Valderrama

Datos: la ambulancia cantante y el actor de Aquellos Maravillosos Años 70 estuvieron juntos… ¡seis años!

El factor Jonas: por todos es conocida la historia de amor entre las dos estrellas Disney. Salieron juntos en Camp Rock y secuela, en teoría fueron el primer amor del uno del otro, blablá. Los problemas emocionales de la cantante se llevaron por delante la relación, pero una vez recuperada, conoció a Wilmer y se alzó como un rascacielo.

Nivel de drama:
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Consecuencias para el pop: quizás esto pueda significar un punto de inflexión importante en la música de Demi. La pobre anda un poco sin rumbo dando palos de ciego y re-buscando su identidad musical tras querer desprenderse de su identidad de víctima. Lo cual nos parece genial si el resultado es Cool for the Summer, pero terrible si es el resto de su último álbum Confident. Que se arriesgue a ser vulnerable, honesta y a cantar desde el corazón, y lo mismo le sienta bien al pop que Demi vuelva a sentir fuerte. Y que deje de querer chillarlo todo.

Una canción:

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3. Taylor Swift y Calvin Harris

Datos: Taylor y Calvin llevaban juntos algo más de un año. La ex-granjera llegó a decir de él que era «the one» y que tenía planes de casarse.

El factor Jonas: la relación con Joe ha sido una de las más significativas en la vida y carrera de Taylor, sobre todo por cómo acabó; una llamada de 28 segundos tras tres meses de relación. Icónico. Una relación que se vería reflejada en canciones como Last Kiss o Forever and Always.

Nivel de drama:
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Consecuencias para el pop: parad un momento el carro. Todos sabemos que Taylor tiene una larga lista de Starbucks ex-lovers que te dirán que está locatis. Y todos tenemos mucha fascinación en reírnos de su vida sentimental, de la cantidad de chicos con los que ha salido una chica de 26 años (no como vosotros, que los findes sois unos santos) y en especular sobre las letras de su próximo disco. ¡Qué graciosas somos! ¡Qué creativas! 

No es como si el antes mencionado Zayn hubiera formado parte de un grupo cuyo 95% de letras hablaran de relaciones amorosas. Los temas vengativos de P!nk. El desamor de Sam Smith. Pero es que es más fácil reírse de la niña que está creciendo ante nosotros y que, simplemente, es sensible. Y que conste que para quien habla, la ex-granjera no es nada santo de mi devoción por otros temas que no vienen a cuento. Pero es 2016.

Así que lo mismo Taylor le dedica un par de canciones o todo un disco a alguien que ha formado parte de su vida durante un año. Pues ole ella por expresarse creativamente mediante la música, y ole ella por hablar de su propio corazón.

Una canción:

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Pero, oye, no todo es pena. El verano está para desconectar, para airearse, para bañarse, tostarse y estar eufórico. Porque el cambio es algo constante y algo a lo que no hay que temer, y porque cuando algo acaba, deja paso a un mundo nuevo por empezar. Pues que estas rupturas no sean más que el comienzo de algo más, por lo pronto, de un genial verano.

Mamá, papá: soy talifán

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Tú imagínate; una vida de esfuerzo y dedicación, de partirte pecho y espalda, sudar, sacar de donde no hay para poner un plato sobre tu mesa. Has decidido (o se ha dado la casualidad) formar una familia, te desvives criando un pequeño tú que heredará el mundo que estás cultivando. Tanto sufrimiento, tantos llantos y tantos «niño, acábate la merluza» para que, de repente, un día cualquiera, estando tú tranquilito mirando Qué Tiempo Tan Feliz, te diga aquello de «mamá, papá; soy talifán».

Claro, tú te asustas. Se te para el corazón. «¿Qué dirá la gente? ¿Cómo se lo digo a sus abuelos?». Te asaltan multitud de preguntas. En realidad, al crío le has acabado cogiendo cariño después de tantos años doblándole los calzoncillos, y te apena que lo vaya a pasar mal, que le ataquen por ser quién es. «Esto es tu culpa, Elena, por ponerle los casés de los Baquestrit Boys cuando íbamos al Pryca».

Pero que no cunda el pánico, amigos. Es algo que ha existido siempre, desde tiempos inmemoriales, ¿u os creéis que San Judas Tadeo no tuvo que decirle a sus viejos que ahora se juntaba con once chicos que seguían a un muchacho barbudito con aversión a las camisetas? Pues imagínate su padre, el disgusto.

Si eres un joven adolescente que te has armado de valor para decirle a tus padres que te has comprado el CD de las Little Mix no porque estén «mazo buenas», sino porque lo das todo con Black Magic, pásale este artículo a tus padres para que te comprendan mejor. Y si eres un padre cuyo hijo se acaba de declarar directioner, primero respira. No estás solo. Este artículo es para ti.


Ante todo, es importante que tu hijo sepa que le quieres. Comprar merchandising de 5 Seconds of Summer sin que te enteres es algo difícil -y gestionar el dinero para ir a todos los conciertos posibles, una ardua tarea que se debería alabar. Lo mismo el niño te sale gestor-.

1. Habla con él

El niño ha sufrido una barbaridad, tú piensa en lo que debe ser tener tanta confusión dentro de ti. Sobre todo, sácate la cabeza del culo y acuérdate en todo momento que 1) no es un problema y 2) no tiene nada que ver contigo. Esto va sobre tu hijo, y lo que importa es que se sienta querido, escuchado y valorado. Y que llorar tres semanas porque aún no ha superado que Rocío se fuera de las Sweet California es algo normal; no le juzgues.

 

2. Respeta que tu hijo es así

Olvídate de intentar que tu hijo sea un reflejo de tus frustraciones o sueños truncados. Es una persona, con sus sentimientos, sus inquietudes, y su factura telefónica infinita. Nos parece maravilloso que tú te hayas criado con Nirvana y los Red Hot Chilli Peppers, y que para ti eso sea música de verdad™, pero si al niño le gusta Lady Gaga, pues le gusta Lady Gaga y punto. Préstale un vinilo tú y que él te deje «The Fame Monster», que lo vas a flipar.

 

3. Intenta interesarte por sus gustos

No te estamos diciendo que tampoco te nos vuelvas talifán de Auryn y te los pongas de fondo de pantalla en el trabajo, pero un poquito de interés hará que tengas algo en común con tu hijo, que aumente la comunicación, y que sepa que te puede hablar de Larry, o de la conspiración sobre si el hijo de Louis Tomlinson existe o no, y tú decirle lo mucho que echas de menos a las Sábadas.

 

4. Normaliza la situación

Deja de avergonzarte de los pósters de Zayn, o de ponerte nervioso si tu hija se presenta a la cena de fin de año con una camiseta de Amelie. No hay ningún problema, y no tienes por qué imaginarte uno. Y si tu tía de Cuenca tiene un problema con «las pintas que lleva la niña», le recuerdas tú que qué tal su tercer marido.

 

5. Calma tus pechos, amigo

En serio. Los dramas, por la tarde en La 1. Recuerda que los estereotipos asociados a los talifanes no tienen por qué ser ciertos, y si lo son, ¿y qué? Si a tu hijo le gusta hacer twerk bailando Work From Home, ¿qué problema hay? ¿A quién hace daño? Replantéate tus prejuicios, en caso de tenerlos, y encáuzalos en darte cuenta que, si eso, el problema lo tienes tú.

 

6. Educa a tu entorno

Si te encuentras en situaciones en las que se hacen comentarios despectivos, aunque sea tú tomándote unas cañas y alguien diciendo «lo pasivas que son los Little Monsters», aprovecha para decir «acho, hmm, no te cueles». Si queremos dejarles un mundo mejor a nuestros hijos, empecemos por poner nosotros los cimientos. Que venimos de una sociedad muy prejuiciosa y juzgante, pero podemos empezar. La felicidad de tu hijo está por encima de que tu amigo «el Guille» entienda que sus bromas no hacen gracia y huelen a Brummel y a Bertín Osborne.

 

7. No te rías

Puede que todo sea una fase. Puede que no. Puede que de aquí cincuenta años sigan yendo a conciertos de Halsey. Como si de aquí cincuenta años Halsey fuera a seguir teniendo una carrera. Pero no es tu sitio para opinar, minimizar, o siquiera aportar nada. Es normal, sobre todo, que en la adolescencia los cantantes sean una influencia enorme y que les vaya la vida en ello. Como a ti se te fue la vida decidiendo con qué Pokemon empezar, o llegar a las manos con tu amiga Julia porque queríais ser las dos Baby Spice.


Y punto. No parece tan difícil, ¿verdad? Es como si se tratara sólo de respetar y aceptar al otro, y dejar de pensar que tu rabo es el más grande. Bébete una agüita, y deja de tomarte la vida tan en serio, que suficientemente dura es.

¿Ves que tu hijo podría ser talifán? ¿Que está comprando muchos pósters? ¿Que se está dejando el pelo como Harry Styles? Plantéaselo de forma sutil, déjale caer pistas de que no pasa nada, y que está bien. Que puede confiar en ti. Si luego resulta que es que sólo le daba pereza cortarse el pelo, pues mira. Como mínimo habrás entendido que he was born this way, baby.

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