Kibera mon amour

No hay final, no hay principio, es sólo la infinita pasión de la vida. – Federico Fellini

La pasión mueve el mundo. Y esto es así, amigos. Y hace falta pasión para cambiar las cosas, para ayudar a los demás, para hacer que el mundo sea un poquito mejor.

¿Te imaginas que esa pasión es la que decora un coche que, con las mismas, te va a llevar a Kibera (Kenia)?

Esto es lo que han montado los amigos de Renault con el propósito de mejorar una escuela en la ciudad keniata gracias a la recaudación de la subasta de un Renault Clio convertido en obra de arte gracias al talento y al buen hacer del colectivo artístico Boa Mistura.

Os contamos así, brevemente, de qué va todo esto.

Tenemos un coche. Lo ponemos precioso llenándolo de pasión y de pintura. Bueno, los Boa Mistura lo ponen precioso llenándolo de pasión y de pintura. Se van de tour con él por toda España a pintar murales en distintas ciudades (Barcelona, Santander, Valladolid, Granada, Zaragoza y Madrid). Subastamos el coche. Nos vamos a Kenia.

Renault Clio Boa Mistura - BFace Magazine

En este trayecto, va a ser necesaria mucha pasión desde el principio hasta el final. Desde las manos creativas de Boa Mistura hasta la pasión que tiene que apretar el acelerador para llegar a Kibera.

¿Y qué hacemos en Kibera? os preguntaréis.

Pues, como ya os contaba antes, ayudaremos a mejorar un espacio urbano, concretamente una escuela. Esta iniciativa surge con la colaboración de Más por ellos, una organización sin ánimo de lucro española que nace en 2013 con el firme propósito de fomentar un desarrollo sostenible en comunidades vulnerables y así contribuir a la mejora de la vida de miles de personas en una apuesta por la educación y el emprendimiento como factores que llevan al cambio.

Para que veáis que cambiar el mundo es posible y que hay mil maneras de hacerlo.

Si os ha gustado esta idea (si no te ha gustado, ¿quién eres? ¿el Grinch? ¿un alien?), haz click aquí y participa en la subasta. Para redes sociales, puedes utilizar el hashtag #DejaQueLaPasionTeLleve.

Pensadlo un poquito: ¿Os coméis dos horas de cola en las inmediaciones de Doña Manolita para que luego el premio toque en una administración de la calle Zurbano o en La Bruixa d’Or y os parece coherente y no vais a participar de esta iniciativa? Venga, no me seáis.

¡Dale una nueva vida a tu hogar!

Se acerca septiembre y, con él, los consabidos quebraderos de cabeza para encontrar el piso de tus sueños o uno que se ajuste a tus necesidades y no te deje tiritando la cuenta corriente nada más pagar el alquiler. A fin de cuentas, aún somos muy jóvenes para vivir en la casa de nuestros sueños, así es que adaptémonos a la situación.

Bueno, pues ante todo, mucha calma. Te voy a guiar lo mejor que sepa por este intrincado camino de desquicio al que te vas a enfrentar, teniendo en cuenta que yo no sé guiar ni mi propia vida, pero tengo muy buena voluntad, eso sí.

Pongamos que has hecho la parte más difícil: encontrar el piso que se ajusta a algunos requisitos. Pero, una vez entras a vivir, te encuentras con una cama que chirría, unos muebles que podrías vender a un anticuario y pagarte el alquiler de dos meses y una cocina que se cae a pedacitos. Bueno, pues no pasa nada. Vamos a recordaros o a descubriros algunas opciones de decoración para que esa nueva casa tenga justo el estilo que buscabas y se convierta en un hogar estupendo.

1- Amigos del bricolaje. No me valen las excusas porque somos la generación que ha crecido viendo Bricomanía, así es que nos convalidan los ciclos formativos en jardinería y bricolaje. Saca al manitas que llevas dentro, ponte un tutorial, recurre al archivo de estos programas de bricolaje y, sobre todo, respira muy profundo, porque para el bricolaje la paciencia es la clave.

Decoración - BFace Magazine

Mira ese palet tan bonico. Parece que no sirve para nada, pero con una lija, una manita de pintura y un poquito de paciencia puede servirte de somier, de cabecero, de mesita auxiliar. Tus amigos gays, colmados siempre de buen gusto, de minimalismo y de una creatividad ilimitada, estarán encantados de convertir tu casa en un agradable rinconcito de donde no va a ser fácil sacarte.

2- Todo lo que no puedas hacer con tus manos lo puedes comprar. Y aquí, amigas, mis sugerencias.

a) IKEA. Sí, amigos. Que me estoy pasando de original, diréis. Pues qué diablos, si es la mar de asequible y esto es de agradecer. Los suecos lo han dispuesto todo para que entremos y digamos oh, y la otra persona diga ah, y luego los dos digáis ugh siguiendo el camino de baldosas amarillas las malditas flechas. Y vengo a advertiros, por si nunca lo habéis sufrido en vuestras pieles, de que Ikea y la beca Erasmus son los dos inventos contemporáneos del ser humano para destruir las parejas. Así es que cargad con diazepanes antes de entrar en la gran superficie o de hacer el pedido online y ordenar que te lo traigan a casa y te lo monten ellos.

Si estáis solteros, disgusto que os ahorráis. Para que luego digan que no son todo ventajas.

Flechas Ikea - BFace Magazine

b) Westwing. Lo descubrí hace poco indagando sobre otras cosas, como se descubren los grandes asuntos de la vida, mientras sonaba en mi reproductor La cabra mecánica, así es que yo estaba de un buen humor exultante y entonces terminé por enamorarme. Qué cuqui todo, qué precios, qué descuentos, qué organización. Esta página te organiza los artículos según la inspiración de éstos, y ya te digo que vayas muy concienciada de lo que quieres, amiga, porque tu voluntad va a flaquear conforme vayas viendo productos y categorías. Que vas a comprar algo es seguro y que vas a poner la página en marcadores también. Entra y verás.

c) Muy mucho, Hema, Tiger, Høsten, Natura, Muji, Zara Home y amigos. Para los pequeños detalles, no hay que dudarlo. Te atraen por sus colores y terminas comprando 3 jaboneras de cerámica, dos floreros de cristal y cemento y botecitos para las galletas y la pasta.

d) Las tiendecitas de barrio. Cosas la mar de bonitas, apañadas y a un precio razonable. Será que siempre caigo o será que me habéis llenado Chamberí de tiendecitas cuquis y de hamburgueserías y así no hay economía que se reactive.

3- Y un poquito de verde. Unas macetitas, que se alegre tu abuela y que se entere tu madre de que eres capaz de cuidar de otro ser vivo que no llore por las noches. Podéis llenar la casa de cactus, o poner unos geranios, o un aloe vera que es bien sano. O unas siemprevivas, que no son bien económicas y longevas como una goma Milan.

Plantas de interior-BFace Magazine

4- Iconoclastia. Ponle tu toque. Vamos, estás deseando poner ese póster de tu ídolo, de tu película preferida, dejar esa lata de sopa de tomate Campbell’s de recipiente para los clips, ese cuadro intensito que reza ‘Love, laugh, live’. Nadie va a juzgarte, estás en tu casa y estas son tus reglas, así es que ponle tu toque personal, saca los libros de las cajas, los discos, los vinilos, las moleskine y todo lo que se pueda apilar para que en Navidad puedas hacer ese árbol con libros que en tantos sitios has visto y tan bien queda. ¿Aún no tienes preparados tus propósitos de Año Nuevo? ¡Pero si está a la vuelta de la esquina!

Posters intensitos - BFace Magazine

¿Lo ves? Si has seguido todos estos pasos, ahora tienes una casa preciosa que te convence mucho más que cuando firmaste el contrato.

Bigott en diez pasos

Ya me conocéis. Me extiendo muchísimo explicando matices irrelevantes de algunas circunstancias porque soy una persona que ha estudiado Comunicación para darse cuenta de que su modo de comunicar deja mucho que desear. Bueno, pero sé subordinar frases bastante bien. ¿Lo veis? Ya estoy otra vez.

Hoy seré muy breve porque tengo muchísimas cosas que hacer y muy pocos minutos en mi bolsillo. Mi temporizador va a descarrilar en unos días y será mejor que la explosión os pille lejos.

El tema está en que es mayo, es primavera, las alergias están más activas que nunca y mi agenda a rebosar de obligaciones, pero me he permitido el lujazo de perder, qué se yo, tres horas de mi día, para ver a uno de mis descubrimientos preferidos del último lustro. Y qué bien que la chavalada de Sound Isidro, con la inestimable ayuda de Mahou 5*, se haya acordado de ellos.

Recién aterrizados desde París y con un acento francés que nada tiene que ver con su naturaleza zaragozana (como Bunbury <333), nos saluda el vocalista de Bigott, Borja Laudo, que no deja de bromear con el público durante todo el concierto.

Bigott Luna

A continuación, y para no dilatarme más, que me está esperando un análisis fílmico precioso, os contaré el concierto en unos pasos muy sencillos:


1. La importancia de llamarse Ernesto estarse calladito

Asistimos a uno de esos públicos insufribles que no paran de hablar, no sólo en los intervalos entre canciones, sino también durante las mismas. Suerte que el grupo tienda al ánimo festivo, pero quien no corrió la misma suerte fue Xisco Rojo, el telonero, que no paró de quejarse -no sin razón- del murmullo del público que se elevaba por encima de su voz. Tengo un mensaje destinado a ese público: para el siguiente truco, necesitaré que os muráis todos.


2. La presencia de DILFs en este tipo de conciertos

JEJE.


3. La presencia de las esposas de los DILFs en este tipo de conciertos

Ya me contaréis el truco.

Don Draper


4. Que te reciban con un bonjour en un concierto a las 23h

Francia one more time. Menos mal que hay heridas más que cicatrizadas y que los cantantes a menudo tienen un sentido del humor formidable.


5. Festival de barbas

Os he hablado de la presencia de DILFs, que es algo en lo que sólo mi amiga y yo reparamos porque estamos bastante mal de nuestras cabezas y para compensar también nos gustan mucho algunas personas de poco menos de treinta años. Pero otra cosa genial fue que el cantante reparase en la cantidad de barbas pobladas en la primera fila y exclamase «¡Oh, festival de barbas! ¡Una foto aquí!», y posase encantado con el resto de barbas. Maravilla.


6. Momento merchandising

«He traído algunos discos, pero si no los vais a comprar no los saco», decía Borja ahogado casi entre las risas del público, que además de hablador era muy risueño.


7. Las voces femeninas SIEMPRE

Que la voz de Clara Carnicer no suene más en los temas del grupo es lo único que me llena de tristeza. Nos sorprendió con un solo que fue lo único que fue capaz de callar al público en toda la noche.


8. Momento hit

Sabes que el personal ha escuchado poco el disco nuevo cuando Cannibal dinner es la canción que más lo peta. Bueno, puede que también el último disco resulte bastante menos bailable. Sea como sea, subidón de energía colectivo cuando sonaron temas antiguos.

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9. Entrar y salir del escenario muchas veces en poco tiempo

Me gusta pensar que, cuando eso pasa, es porque los cantantes van a tomar un té con pastas y luego esnifan un poco de cocaína. Pero, claro, estas cosas sólo están en mi mente; un día os invito a entrar a la salita, la he decorado monísima.


10. Que te enciendan las luces para animarte a salir y te pongan cumbias

Si queréis invitarnos a salir, no nos pongáis ritmos tropicales porque no nos sacáis de allí ni con agua caliente. Pero seguid apostando por los ritmos tropicales todo el rato, no paréis de hacerlo POR FAVOR, aunque sea para echarnos.


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Y esto es todo, amigos. Echadle un vistacito a la programación del festival porque hay grupos que os harán llorar de la emoción.

Yo ya tengo reservada la fecha para Elvis Perkins, y aquí estaré para contaros cómo mi corazón se descongeló del amor contenido durante años tras verlo en directo. Bueno, es que últimamente estoy tan dramática.

Montage of Heck, los demonios de Kurt Cobain

Voy a (intentar) ser breve, muy breve. Voy a intentarlo y, si lo consigo, besadme la frente.

Ayer asistimos, agradecidas y emocionadas, al preestreno de Cobain: Montage of Heck, el documental sobre la vida de Kurt Cobain (para los despistados, el lí­der de Nirvana) dirigido por Brett Morgen que lo ha petado en Sundance.

Tras una espectacular cola, un preámbulo llevado a cabo por Arturo J. Paniagua con el timbre y el estilo de un presentador de Club Disney, una presentación breve de su director -que nos recordó dónde estaban las salidas de emergencia por si nos horrorizaba su obra- y una interpretación de dos o tres canciones de Nirvana llevada a cabo por una banda madrileña, empezó la proyección con mi estómago rugiendo ya tras el largo preámbulo.

Montage of Heck viene a ser un paseo por la vida de Kurt Cobain visto desde fuera pero casi experimentado desde sus entrañas. Elaborado a partir de entrevistas con familiares, novias, esposas y compañeros de banda; ví­deos y fotografí­as de su vida; extractos de sus diarios y grabaciones, y animaciones para esa parte de su vida que no se pudo cubrir con material audiovisual grabado.

Esta amalgama de material documental que, a mis ojos, se me revela como un proceso fascinante, nos deja ver de un modo más o menos cristalino el tormentoso trayecto que fue la vida de Kurt Cobain; pero, del mismo modo que esto queda patente, tampoco se nos escapa su lado más tierno, que resulta realmente conmovedor.

A lo largo de los 130 minutos que componen el documental, se nos muestran las diversas etapas de su vida, desde la infancia hasta sus últimos años, pasando por su difí­cil adolescencia. Y, del mismo modo que encontramos material enternecedor -esa imagen de Kurt de bebé disfrazado de Batman que <3-, encontramos declaraciones realmente sórdidas, como es el caso de la grabación en la que narra cómo perdió la virginidad.

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A ratos contado en primera persona gracias a los ví­deos y grabaciones, y a veces visto desde fuera gracias a las entrevistas, tenemos desmenuzada la vida del genio que nunca se tomó en serio sus entrevistas y del que existe una visión más mitificada que real. En este sentido, el documental se nos presenta como la visión más clara que se ha ofrecido jamás sobre su vida.

No quiero entrar en detalles para que vayáis a ver el documental como hay que ir siempre, con una venda en los ojos que sólo nos tenemos que quitar una vez sentados en la butaca, pero os recomiendo poner los ojos muy fuerte en la última parte cuando vayáis a verlo. Los ví­deos con su hija Frances son de lo mejor que os vais a encontrar a lo largo de la cinta.

En este sentido, no deja de sorprenderme el final (a mis ojos, abrupto) que el director da al documental. No estoy dinamitando nada con estos, seres susceptibles al spoiler. Todos sabemos que Kurt Cobain murió de un tiro en la sien a sus 27 años, y todos lamentamos muy fuerte este trágico hecho. En el documental, el director salta por completo la parte en la que el protagonista ingresa en una clí­nica, se escapa de la clí­nica y, en el último tramo de su descenso a los infiernos, termina en su casa pegándose un tiro.

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Todo termina tras explicar el momento en que se atiborra de pastillas -creemos que enloquecido por la idea de que la loca de Courtney le era infiel-, entra en coma y es ingresado en una clí­nica en Roma. Tras explicar esto, se sobreimpresiona un tí­tulo pulcro sobre un fondo negro donde se nos explica que, al poco tiempo de salir de la clí­nica en Roma y llegar a Estados Unidos, Kurt se suicidó. Chas.

El motivo de este final, que en el momento en que me levanté de la butaca me parecí­a inexplicable tras el minucioso relato que habí­a tras él, sigue sin quedarme demasiado claro. Quizás el director no haya querido meterse en el morbo que pueda suscitar un relato pormenorizado del suicidio, o quizás haya querido mostrar la parte en la que Kurt Cobain era más dueño de sí­ mismo (esto es algo que, con seguridad, me quedarí­a claro si me hubiese quedado al coloquio final con el director, pero ya era tarde, muy tarde, y estaba a punto de convertirme en calabaza). Sea como sea, respeto y aclamo la pieza. Y os insto a verla, a que vengáis y me pongáis verde,  y a que me expliquéis vuestras conclusiones.

Y a su director, que es una especie de Nacho Vegas venido a más, le doy la enhorabuena y le digo que, si quiere quedar un dí­a para tomar un café con tortitas y comentar cosas conmigo, puede preguntar por mí­ aquí­.

Podéis ver el tráiler precioso y correr despavoridos a las salas de cine el próximo 23 de abril.

¡Nos dimos el chuletón!

Todos los dí­as agradezco enormemente estar soltera y recuerdo con satisfacción aquel momento mágico del Skype con mi ex, el erasmus, en el que dejé – dejamos (¿?) – la preciosa relación que tení­amos y que nos habí­a llevado a Parí­s y – casi me lleva – a Estrasburgo. Agradezco tanto la solterí­a como que mis padres y mis familiares más cercanos sigan vivos. Pero no he venido aquí­ a hablar de todas las ventajas que tiene la solterí­a. He venido a hablar de una en concreto.

Hace semanas, los amigos de La Vaca Argentina, nos invitaron a una cena que consistirí­a en una especie de speed-dating con solteros. Y bueno. Casi nos lo perdemos gracias a la cantidad de correo-spam que nos llega de diversas agencias de comunicación con notas de prensa que aburren a cualquiera. Gracias, agencias, por quemar contactos de esta manera. Pero un golpe de suerte hizo que abriésemos el correo de invitación a la cena el mismo dí­a de la celebración, y voilí . Nos vimos compartiendo un chuletón de un kilo con un desconocido la mar de majo que se situaba justo enfrente de nosotros.

Amigas, qué cena. Qué cena.

Todo aquello consistí­a en una maravillosa venganza para con el dí­a de San Valentí­n. Un elevado número de solteros – prensa y participantes del concurso que se organizó – quedaba dos dí­as antes de esta entrañable fecha de corazoncitos horteras para poner en común experiencias y con una premisa 2.0. bastante clara: #dateelchuletón. Que darse el filete es tan de los 80 que echa pá tras.

Este ritual, que forma parte del culto a la vaca (qué maravilla la humanidad, de veras), coincidí­a con que, en el calendario que el restaurante dedica a la vaca, febrero es el mes del chuletón. Febrero también es el mes de San Valentí­n, para los despistados. Y el mes en que corté con mi ex, el erasmus de Usera. También es el mes donde todo se comparte. Y qué mejor que celebrar la solterí­a compartiendo un chuletón, amigas.

Y allí­ estábamos todos, en el restaurante de Castellana 214, donde desde las paredes nos miraban retratos de celebridades históricas argentinas y la decoración en tonos plata y rojos que Luis Garcí­a Fraile habí­a diseñado especí­ficamente para ellos. Esta cita gastronómica, regada con vinazo desde antes de sentarnos a la mesa, comenzó con un distendido ambiente en el que todos (bueno, al menos esa sensación me daba) charlábamos animadamente y cada vez nos faltaba más vino, por mucho que trajesen. Mencionamos los memes de Pablo Iglesias, de Tinder y de adoptauntio, tranquilos. Los temas mainstream no faltaron. Pero también hablamos de Tesla (que se noten las carreras). Entretanto, iban llegando los platos.

El primero, la ensalada César. Que no falte el verde previo a la carnaza para hacernos sentir bien. Pero mirad, qué ensalada César, por Dios bendito.

La vaca argentina  ensalada - BFace Magazine

El segundo, choricitos y provoleta a la parrilla. El queso maravilloso, señoras. De los choricitos poco puedo decir porque no los probé.

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El tercero, las setas empanadas con alioli. Señor. Señor. Señor. Por poco dejo de ser atea.

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El cuarto entrante, el queso de cabra con cebolla caramelizada de rigor.

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Antes de llegar el plato fuerte, la idea era que nos moviésemos para hablar con otra gente con quienes no hubiésemos compartido experiencias. Pero bueno, hicimos un-poco-de-trampa porque en el grupito se estaba llegando al momento interesante y estaba feo dejar el tema a medias. Así­ es que, nos movimos, nos pusimos en situaciones parecidas, pero con gente a nuestros lados con quienes también interactuamos. Qué majos todos. Y llegó lo que todos esperábamos. No lo voy a describir teniendo fotos.

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De verdad, ¿habrá algo más poético que este chuletón? Gastronómicamente, lo dudo. Nos lo terminamos enterito porque no habí­a que hacerle el feo a ese pedazo de carne que nos miraba sonriente.

Y el postre, qué ricura. Tiramisú de maravilla.

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También nos dieron champagne y café (descafeinado para todos, que era tarde y a las seis tení­amos que estar en pie).

Tenemos que dar las gracias a los amigos de La Vaca Argentina por tan suculentos manjares. Y a la solterí­a. Y a los comensales que nos acompañaron, con quienes compartimos una experiencia maravillosa.

Y a la carne por existir, ¡qué diablos!

Por cierto, amigas, La Vaca Argentina rinde el #cultoalavaca durante todo el año, donde cada mes irá desentrañando una parte para que el cliente la conozca y pueda disfrutar de esta experiencia gastronómica e implantar la filosofí­a del amor por la carne.

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DILF, te necesito

Qué es un DILF, dices mientras clavas / en mi pupila tu pupila azul. / ¿Qué es un DILF? ¿Y tú me lo preguntas? / Un DILF eres tú.

Qué guapos todos esos hombres. Con sus esposas, sus carritos de bebés y sus abrigos 3/4. Joder. Quién os manda a casaros y procrear -con otras, claro-, y quién me manda a mi a escribir después de beberme media botella de mistela como si de una bebida isotónica se tratase. Esto es lo que la vida -y mis ex, y la gente que votó a Aznar, y Florentino Pérez- quiere(n) de mi. Aceptemos soledad como animal de compañí­a y tiremos.

El DILF (Dad I’d Like to Fuck) (Padre con el que me gustarí­a follar). Cristo, qué cosas. Lo mucho que se han puesto de moda desde que la humanidad asumió que Beckam y Brad Pitt podrí­an repoblar la tierra sin nuestra ayuda (menos mal), y lo ancestral que es la pasión por los señores mayores en personas como yo, con nuestros desequilibrios mentales.

No me vais a creer, pero ya con TRES AÑOS me enamoré perdidamente de Sergio Dalma y del tí­o de mi mejor amiga -gracias al parecido que guardaba con el primero-, cuyas edades estaban en el mismo punto que la de mi padre y en un año menos, respectivamente. Ay. Supongo que ya, desde el embrión, estaba más interesada en hombres que tení­an, como poco, un calcetí­n de las pajas, y que se habí­an emborrachado un centenar de veces. Y todos ellos me han ido haciendo muy feliz, por unas cosas o por otras. Al principio me inquietaba la idea de sentirme fuertemente atraí­da por estos señores, de entre los cuales, mientras yo entraba en el colegio, el más joven de todos ya se estaba graduando en la universidad y habí­a comprado tres pildoritas del dí­a después. ¿O eso en los 90 no existí­a? Anacroní­as aparte, recuerdo haber sentido un inmenso alivio cuando, al llegar a la universidad, me busqué unas amigas que estaban en las mismas; y de ese modo hemos sobrevivido.

Y así­, poco a poco, me he ido dando cuenta de que moriré sola -esto ya estaba asumido, gracias por las palmadas en la espalda pero no me asusta y, es más, me relamo del gusto- y que a los cincuenta cesará mi actividad sexual (insertemos risas aquí­) por la defunción de todos estos señores que a continuación citaré. Como es una lista personal (recordad MUY FUERTE esto), he metido dentro a señores que muy probablemente horripilarí­an a cualquiera, pero ES MI LISTA Y HE VENIDO A JUGAR.

Aquí­ mi lista de padres -he escogido padres porque, si escogí­a a señores en general, corrí­amos el riesgo de que escribiese el Antiguo Testamento- con los que no me importarí­a romper dos, tres, o diecisiete somieres, según se tercie. (El criterio va por edades, de menor a mayor) (Abróchense los cinturones, disfruten del viaje y tengan cuidado de no vomitarse los zapatitos). También os digo que me ha costado MUCHO no poner en esta lista a gente que ha fallecido ya.

1 – Xabi Alonso, 33 años

Aquí­ coincidiremos todos. Elegancia, porte, sonrisa preciosa, coherencia, sentido y sensibilidad. Olvidemos la indumentaria tirolesa con la que nos deleitó nada más llegar a Múnich, y centrémonos en lo importante: lo bien que nos vendrí­a un acompañante así­ en eventos familiares.

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2- Gonzo, 38 años

Sé que deambulas por mi barrio con tu mujer y tus dos hijos. Mi casa seguro que no te pilla tan lejos y conmigo muy mal lo tienes que hacer para terminar en el sofá. Y mira si te quiero que sólo me gustan las diademas de penes cuando las llevas tú. ¿Esto es lo que tú -y los guionistas de El Intermedio- queréis de mi? ¿Es esto? Que alguien venga a decirme que siente lo mismo que yo.

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3- Juan Diego Botto, 39 años

Ay, Juandi. Qué guapo estabas aquella tarde en el Picnic conversando al otro lado de la barra (qué guapos son todos los hombres en la barra del Picnic, ¿no?) con tu esposa Olga. Hablarí­ais de conflictos internacionales mientras te mirábamos con ojos de cordero. Ay.

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4- Eduardo Noriega, 41 años

Miope, DILF y melenitas. Qué maravilla de hombre. No es el mejor actor que ha dado nuestro cine patrio, pero es que, amigas, todo no se puede.

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5- Jon Hamm, 43 años

Vais a ver. Es que no se puede ser más guapo ni más elegante que él. No se puede. Miradlo. ¿No es, acaso, el ser más bello sobre la Tierra? Por él podrí­a leer a Sánchez Dragó.

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6- Louis C.K., 47 años

Pelirrojo. Con sus gafitas, su café limpiamente derramado, su escaso pelo (aprended a apreciar las calvas y lo vais a flipar del gustico), y su talento. El mejor cómico que hay ahora mismo en escena, y eso ya es mucho decir estando Larry David, Miguel Noguera y Raúl Cimas vivos.

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7- Fito Páez, 51 años

Es la única persona del planeta a quien le sientan bien las gafas redondas. Bueno, a él y a su ex-cuñado Ariel Rot, pero no adelantemos acontecimientos. Ha mejorado con los años de un modo espectacular. Tampoco era difí­cil porque qué melenas nos llevaba en los tiempos de ámbar violeta. Pero hay que reconocerle el mérito. Los méritos. Gracias, Fito, grasias, Panamá.

Fito Páez - BFace

 8- Ariel Rot, 54 años

¿Qué pensábais? ¿Que no iba a estar? Ná que no. Cada vez que me lo he cruzado por Malasaña he deseado muy fuerte cosas. Pero las-cosas-se quedan-en-cosas, especialmente cuando las deseas con señores que han decidido formar una familia al margen de tu existencia.

Ariel Rot - BFace Mag

9- Colin Firth, 54 años

Sé que aquí­ no estoy sola. Sé que hasta la misma Esperanza Aguirre, si tuviese algo dentro, se sentirí­a atraí­da por este hombre. Esto es universal, todos hemos de estar de acuerdo en que esta criatura es el bien supremo. Alabemos al señor.

ca. 2009 --- Colin Firth --- Image by © Dan Busta/Corbis Outline

10- Dermot Mulroney, 54 años

Someday, when I’m awfully low / when the world is cold / I will feel a glow just thinking of you / and the way you look tonight.

Dermot. Fin. No voy a decir nada al respecto porque tampoco necesita justificación.

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11-12- Joel y Ethan Coen, 60 y 57 años

‘Los sesenta, qué buena edad para ir rompiendo matrimonios ahora que sus hijos son mayores y saben hacer sudokus y masturbar a gente’, pensé cuando Joel Coen pasó a contar seis décadas. Pensaré más o menos lo mismo dentro de veinte años. Estos dos hermanos, con sus narices (metafóricas y literales), sus gafas, su seriedad, su retorcido sentido del humor y su filmografí­a a la espalda me han hecho perder la cabeza (espero no ser la única). No sé, puede que los últimos diez años los haya pasado pensando en cómo resultarles ingeniosa, seducirlos y llevarlos conmigo a una casita de celuloide (o de bits, adaptándonos a los tiempos que corren; amor a 4K). También he notado que se me reseca mucho la piel en invierno. Una agudiza su percepción como puede.

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13- Bill Murray, 64 añitos, fiera

Dejad de buscar en las pasarelas, en los partidos polí­ticos y en el panorama deportivo. El ser más maravilloso sobre el planeta es Bill Murray. No es mí­o, tampoco es vuestro, no es de nadie y es de todos. Nadie nos hace reí­r en las pelí­culas mejor que él, nadie mezcla mal estampados tan bien como él, y nadie es más genial que él. Aquí­ no admito discusiones. Estamos tardando en montar una religión a su alrededor.

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14- Bruce Springsteen, 65 años; la niña bonita

Va a ser mejor que no te jubiles, Bruce. Por favor, no lo hagas. Y, puestos a hacerme caso, te podí­as casar conmigo, que a lo mejor eres el único ser sobre la faz de la Tierra que mi padre aceptarí­a como yerno. Nos prestarí­a su cama, seguro. Léeme y haznos felices, quiero ver a mi padre en esa tesitura.

Bruce Springsteen

15- Mención especial a todos esos profesores, de edades dispares, que han alimentado mis fantasí­as y mis conocimientos durante toda mi etapa académica

He hecho un cálculo medio y salen más de 20. Gracias a todos. Divorciáos cuando esté en vuestra mano y buscad mi número de teléfono en el listí­n de antiguos alumnos. Probablemente me encontréis soltera y con lencerí­a fina moviendo los hombritos y las caderas desacompasadamente.

Y aquí­ se acaba, amigas. Si habéis continuado leyendo hasta aquí­, os debo un besito en la frente y una disculpa.

He olvidado mencionar a mi señor (mayor dice él, pero en esta lista estarí­a entre los más jóvenes) preferido around the world, pero es que él no tiene planes de ser padre, y mejor. También duerme acompañado todas las noches (creo) por la misma mujer, vive muy lejos de mi -es algo que, ahora mismo, me viene bien, porque enero es un mes de horas bajas para provocar adulterios- y tiene una nariz fabulosa. Pero preferimos dejar esto en el anonimato, como tantas otras cosas.

Amad a vuestros padres, dejadlos fuera de mi alcance y amad a los padres ajenos. Y, siempre que podáis, dormid con gente, mí­nimo, diez años mayor que vosotros.

¿Por qué cosmética original?

Hola, os vengo a hablar del consumo de cosmética yo. «Tú que no te maquillas», pensaréis. Yo, que no me maquillo, pero que, como todo el mundo, uso cremas hidratantes, champú, jabón, acondicionador corporal, acondicionador capilar, exfoliantes y un sinfí­n de productos (cosméticos) para no convertirme en cartón de aquí­ a veinte años.

La cosmética va más allá del maquillaje, el rí­mel y la sombra de ojos. Entendí­ esto cuando empecé a trabajar en una tienda de cosmética y empecé a cobrar más que en otros trabajos relacionados con mi carrera. Entendí­ la importancia que estos productos tienen en nuestras rutinas diarias, por poco que nos queramos cuidar.

Entendí­ también que es importante, a la hora de consumir estos productos, es importante que tengan su sello de autenticidad. Algo que nos verifique que tienen los controles de sanidad y seguridad necesarios. Algo que te indique que no estás poniendo veneno en tu piel, que es una cosa que en las letras de Radio Futura queda genial, pero ya.

No sé, yo que tú miraba la autenticidad antes de comprar cosméticos las próximas veces.

Aquí­ un ví­deo que lo explica todo más y mejor que yo, que desde lo de Sabina del martes no sé explicar nada.

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Darí­o Adanti: «Hay que seguir haciendo proyectos propios sin esperar que te llamen»

Darí­o Adanti es una pluma, un papel, un bigote y una mente loca que le lleva a hacer musicales sin canciones. Miembro de la Alta Conducción de Revista Mongolia, de momento aprovecha su tiempo para hacer millones de cosas hasta que alguna de las portadas de Mongolia lo lleve, junto con sus compañeros, a una celda. Este dibujante, editor, cómico, argentino y muchas cosas más se paró a hablar con nosotros en noviembre, pero somos las tí­picas personas a las que no se les puede poner cerveza de por medio porque se pierden. Y como más vale tarde que nunca, os dejamos un esbozo de lo que es este ‘hacedor de cosas’.

Antes de empezar, os cuento lo que pasó en noviembre cuando hicimos la entrevista. Estábamos en una terraza de Malasaña dispuestos a empezar la entrevista, pero apareció Raúl Cimas con su 1,80 de estatura y su fiel Stewart. Pasaban por allí­ porque estaban grabando su programa y se unieron a la fiesta. Unas cervezas después, Darí­o argumentó: «ya sabéis, a los argentinos nos encanta contar historias», a lo que Cimas añadió: «un poco largas, eso también». No se me ocurre mejor frase para explicar las parrafadas de Darí­o, pero os prometo que vais a disfrutar más de lo que vais a leer, que ya es.

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¿Cuándo surge la vocación de dibujante?

La vocación, en mi caso, surge cuando iba al parbulario que en Argentina se llama Jardí­n de Infantes. Y surge por obligación. Resulta que me negaba a dibujar y cuando nos hací­an dibujar letras como paso previo a la lectoescritura, las dibujaba invertidas. Me mandan a la logopeda y me diagnostican como disgráfico, que es dislexia escrita: inviertes letras, escribes al revés, y eres incapaz de aplicar las reglas ortográficas.

Por darte un ejemplo: confundo visualmente las palabras haber y abrir, calavera y carabela, valla y vaya. No importa que sepa perfectamente que abrir va sin H, cuando la escribo escribo «habrir». Si me preguntas cómo se escribe te diré que sin H, pero visualmente la veo como «haber» que va con H… Y escribo de derecha a izquierda, con lo que el número 3 y la letra E son todo un lí­o para mí­. Soy incapaz de recordar el orden de una cifra que tenga más de 3 números, y un largo etcétera.

La logopeda me hací­a copiar historietas con papel de calcar, para que fijara el orden de la imagen real y el movimiento de la mano, para poder pasar a la primaria y poder iniciar la educación en la lectoescritura.

Fui toda mi primaria a la logopeda y de calcar los cómics pasé a dibujar los propios, pero a mí­ me cuesta muchí­simo dibujar y escribir a mano, para que lo entiendan, es como nacer diestro pero con dos manos izquierdas o a la inversa. Sólo que los que somos fans de los cómics no podemos hacer otra cosa que dibujar cómics.

¿Qué te inspira más de lo que ves y lo que experimentas a la hora de dibujar?

Me inspira cierto tipo de inadaptados involuntarios. Yo siempre fui muy social y no tuve problemas sociales en toda mi vida, pero tengo una gran empatí­a con aquellos que tienen algo que los hace inadaptados socialmente, cuando, en realidad, pretenden todo lo contrario. Por eso mis personajes suelen ser personas bastante solitarias, que intentan quedar bien o ser queridos y consiguen todo lo contrario. En el fondo es un prototipo clásico, Buster Keaton, Krazy Kat, Laurel y Hardy.

Me gustan también el pí­caro, el que transgrede con pequeñas maldades en el sentido más Tom Sayer y Huckelberry Finn, que, en el plano de la contracultura podrí­a ser perfectamente Hunter Thompson y su abogado…

Hay algo en esos dos prototipos: el ingenuo inadaptado involuntario, y el pí­caro inadaptado por vitalidad de vida, que encajan algo mí­o y me producen gran simpatí­a.

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¿Cuál es la base de tu estilo y qué es lo que ha ido cambiando en tu forma de expresar gráficamente lo que piensas?

Creo que mi estilo es lo que queda sin que ni siquiera me de cuenta yo, tras probar un sinfí­n de caminos en los que me meto continuamente. Hay autores que tienen un estilo marcadí­simo desde el comienzo y eso les permite contar todo lo que quieren contar, lo que me produce mucha envidia, porque yo cada vez que arranco un dibujo, lo que quiero contar me pide que cambie porque lo que tengo, como estilo, me limita lo que quiero contar. Por eso he transitado y transito un montón de variaciones de estilo, muchas fallidas, otras no, pero que algo queda en todas que se reconoce como estilo.

Supongo que el estilo es más deudor de mis limitaciones que de mis capacidades, así­ que le estoy muy agradecido a mis deficiencias.

¿Cuáles han sido y cuáles son tus principales influencias?

Tengo varias y muy variadas, yo no dibujo por una fascinación con el dibujo per se, yo dibujo porque primero se me ocurre algo que contar. En Argentina tenemos el término Historietista, que ya incluye el hecho de que cuentas y escribes una historia para luego dibujarla. En España no hay una palabra similar. Me rebela cuando me dicen «Dibujante de cómics o dibujante de tebeos», no porque yo no sea dibujante, que lo soy, si no porque se anula en el término lo que para mí­, en el cómic, es mucho más importante que la capacidad de dibujar, y es la capacidad de contar algo.

Así­ que mis influencias son de autores que son importante por lo que cuentan y cómo lo cuentan, más que porque sean grandes dibujantes, que muchos, además, lo son.

Puedo decirte: Krazy Kat de Herryman, el Popeye de Segar, Polly and Her Pals de Sterret, Pelopincho y Cachirula del Uruguayo Fola, otro uruguayo, Kalondi, Vazquez, Vazquez de Sola, Gallardo, Max, Langer, Crumb, Spiegelman, Clowes y mis compañeros de la vieja revista Suélteme de Argentina. Y mucha literatura: Macedonio Fernández, Gomes de la Serna, Twain, Ambroce Bierce, Vonnegut, Calvino, el cine de Wilder, los Cohen, Argento, Fellini, Leone, el stand up americano, Larry David, y un largo largo etcétera

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Foto: El crí­tico de la tele

 

¿Te resultó complicado hacerte un hueco en el mundo de la ilustración?

La verdad es que no. Me fue muy natural. Tení­a 19 años, empecé a llamar y a enviar chistes y dibujos a prensa y me empezaron a llamar. Lo difí­cil es mantenerse y llegar a vivir de hacer tebeos, humor o ilustración. Parte importante del trabajo es no quedarte quieto, seguir mandando, seguir haciendo entrevistas y, sobre todo, seguir haciendo proyectos propios sin esperar a que te llame nadie.

En el año 1994/95 hubo una crisis en el sector en Argentina, cerraron medios de comunicación, se redujeron gastos… No fue la primera ni la última, pero esa me pilló de lleno porque ya viví­a sólo de la prensa. Varios de los mejores historietistas argentinos y de los que yo más admiraba. Fayó, Podetti, Sapia, Parés, Dani The O y Migliardo se habí­an quedado también sin lugar en los medios para publicar sus historietas, nos juntamos y sacamos nuestra propia revista de cómics de humor en quioscos, la Revista Suélteme. Y ahora, ya en España y 20 años después, en una situación similar, sacamos Mongolia…

De hecho Rapa Carballo, mi amigo y socio Mongol, en aquellas épocas, en Argentina, se juntó con Langer, Bianchi, Elenio Pico y Sergio Kern, he hicieron también una gran revista independiente de Cómics, Diseño y Arte que se llamó El Lapiz Japonés y que también es un referente. Nos publicábamos mutuamente entre El Lápiz Japonés y la Suélteme, y ahora hacemos algo similar en España con los demás medios independientes a los que consideramos de nuestra familia.

Creo que la situación en la que vivimos hoy, hay que tener muy presente que los proyectos propios son mucho más viables que la posibilidad de que te publiquen otros.

¿Qué es lo más enriquecedor de tu trabajo?

El tiempo de soledad que conlleva el hacer historietas: estás sólo primero con tu idea, luego estás solo con el boceto de cómo contarla, luego estás sólo cuando la dibujas, y por último estás sólo cuando pasas a tinta y cuando le das color… Es un artefacto narrativo tan artesanal y arduo, por lo menos para mí­, que te permite reflexionar sobre lo que estás haciendo mientras lo estás haciendo. Esa soledad y ese pensar y repensar y reflexionar me parece lo más enriquecedor de mi oficio. Con la velocidad de la vida moderna, la gente ya no tiene tiempo para estar callados consigo mismo pensando en cosas que no son sus problemas inmediatos y la desesperación de su dí­a a dí­a. Los que tenemos este oficio tenemos este privilegio.

¿En tu biografí­a de Twitter aparece un sinfí­n de trabajos, a veces muy diferentes entre sí­, que has realizado. En cambio, tú únicamente dices que «haces cosas». Esto nos lleva a pensar que eres bastante inquieto ¿Cómo es hacer (tantas) cosas?

Los historietistas somos inquietos por defunción. Si ves a otros grandes a los que admiro, que son Entrialgo, Nuñez, Alcázar, Kubala o Brieva, son también culos inquietos. Esto tiene una explicación, a los historietistas nadie nos encarga: «hazme un tebeo», nosotros lo hacemos y luego lo colocamos. Es rara la vez que te piden un tebeo… Solemos buscar un espacio donde publicar los tebeos que hacemos, que es algo bien diferente. Los ilustradores, en cambio, a nivel profesional, funcionan de otra forma, a ellos les piden: ilustra tal o cuál texto, o artí­culo, dibuja tal o cuál libro. Nosotros hacemos el libro, y luego intentamos venderlo a alguna editorial.

No es una cosa mejor que la otra, son dos dinámicas diferentes de los respectivos oficios. Y esto hace que luego digamos: ¿y si hago cine?, como en el caso en su momento de Alex de la Iglesia, que vení­a del cómic, o ahora de Carlos Vermut o Manuel Bartual. Somos freaks, nos gusta los tebeos igual que el cine, la literatura o la música… Y de ahí­ que si generamos nosotros nuestros propios tebeos viniendo, en realidad, de ser lectores de tebeos, ¿por qué no hacer lo mismo con las demás cosas que nos gustan? Después de todo son otras formas de narrar estéticamente una idea.

Sólo hago lo que me permite vivir monetariamente hablando, que con lo mal que está el mercado esto sólo ya implica trabajar mucho, y, por otro lado, todo lo que me haga vivir en el sentido entusiasmo y placer, y que si no lo hago me amargo. Hoy por hoy he logrado combinar ambas cosas con Mongolia: un proyecto que me permite escribir, dibujar, hacer collage y todo lo que se me ocurra y que me permite vivir modestamente pero realizando todo lo que quiero a nivel placer y entusiasmo y, como si fuera poco, con amigos.

De hecho, con Mongolia, de pronto se nos ocurre un show de comedia como es El Musical, y salimos a hacerlo por teatros cuando nunca lo habí­amos hecho. Y tengo 43 años y un oficio reconocido. Hay noches que me digo: ¿Qué hacés haciendo el ridí­culo cuando vos ya tenés los tebeos? Pero luego llega la mañana y me digo: ¿Por qué no?

Con Mongolia nos planteamos algo muy concreto: contar con las dos herramientas más potentes de nuestro oficio, aquello que nos han dicho que no se puede contar. Esas dos herramientas son el humor y el periodismo.

En El Musical, hacemos lo mismo: hacemos humor bestia sobre la actualidad, hacemos ese tipo de humor que siempre nos dicen que no deberí­amos hacer. Pero la realidad que nos toca vivir no da lugar ni a la sutileza ni a la metáfora. Nos subimos a un escenario para hacer aquello que nos planteamos en Mongolia: un humor salvaje y agresivo contra todos los farsantes que nos están jodiendo vivos. Estamos más hermanados con el Punk que con la música progresiva…

Sólo hace falta no tener miedo, querer aprender, respetar el oficio y a los maestros y ser honesto con lo que se cuenta y haces.

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Mongolia es una publicación que levanta muchas ampollas ¿Crees que la situación actual hará que el lector aprenda a deglutir vuestro tipo de humor?

No lo sé, te soy sincero. Yo hago humor porque el ser humano me horroriza porque todo lo que tiene de bueno, que es maravilloso, no llega ni a los talones a lo perverso y enfermizo que es. Como decí­a Mark Twain: «No se puede decir de alguien nada peor que el decir que es un ser humano».

Lo que sé es que es mi obligación como narrador el ser libre más allá de las opiniones, pero también el ser consciente y el ser ético en lo que hago. Y esto lo tenemos claro con los demás miembros de la Alta Conducción Mongola. Y claro que nos equivocamos, pero intentamos reflexionar y no repetir errores, pero lo que no vamos a aceptar jamás es la moralina, o la tonterí­a del «buen gusto».

Hasta el más realista de nuestros chistes o guiones no deja de ser una ficción, y, como tal, es una creación de la mente. Si no ya entramos en el mundo, muy Phillp K. Dick, de que eres culpable de un delito antes de haberlo cometido.

A veces se confunde, por educación moral, el acto con la ficción del acto. Por eso los faccismos prohiben tanto las expresiones culturales y cualquier humor que no sea blanco. Matar a otro ser humano es delito, escribir un cuento, una novela, o un tebeo sobre un asesino o un asesinato, no convierte al autor en asesino ni en instigador del crimen.

Cuando un criminal de la SS o un neonazi cuenta un chiste sobre las ví­ctimas del campo de concentración, no está contando un chiste, lo que está es acrecentando el sadismo del acto asesino que él mismo perpetra o considera que hay que perpetrar. No es el hecho de hacer un chiste sobre un drama lo que lo convierte en un cabrón asqueroso, es su ideologí­a y la ideologí­a que demuestra el chiste.

Mientras se siga con la mojigaterí­a de que hay temas que no se tocan, la auto censura seguirá llevándonos al pasado, que es lo mismo que están haciendo desde el gobierno con nuestros derechos como trabajadores, con el aborto, el matrimonio gay, y tantos otros temas.

¿Cómo crees que contribuye la ilustración a cambiar las cosas?

No sé, no tengo ni idea… Creo más que tanto los narradores, sean escritores, historietistas o humoristas gráficos, como los ilustradores, los artistas o los fotógrafos, no generamos el cambio social, y si lo generamos lo hacemos en cuanto a individuos, como el resto de ciudadanos y vecinos. Nosotros lo que hacemos desde nuestro oficio es, en todo caso, dar testimonio desde la realidad misma, como hace Enrique Flores, o desde la imaginación como podemos hacer otros. Pero no creo que seamos nosotros ni responsables ni importantes a la hora de generar un cambio social.

En ese sentido la labor de los periodistas puede tener más relevancia, pero tampoco les meterí­a yo en semejante responsabilidad. Los cambios sociales se dan o bien por el buen hacer de polí­ticos honestos que cumplen lo que su electorado quiere, o bien por los ciudadanos y su acción. Los que trabajamos en los medios podemos participar de esto como individuos, pero nuestro trabajo en los medios es, en todo caso, y creo que no obligatoriamente, testimonial.

¿Y tu estilo en particular?

El mí­o ninguno. De verdad, el mundo puede seguir girando sin mí­, sin mis cómics, sin mis chistes. Al único que le conviene que yo siga haciendo lo que hago es a mí­ mismo, porque es un auténtico privilegio. Macedonio Fernández decí­a que sin el YO no existe un haber mundo. El mundo tal cual yo lo conozco, me necesita para existir. Si yo no estoy, el mundo para mí­, no es. Ya con eso tengo la responsabilidad de ser el protagonista de mi propia historia, porque serí­a muy frustrante llegar al lecho de muerte y que la pelí­cula de mi vida que proyecte mi mente, la protagonice otro tipo que no soy yo. Y sobre todo porque después de muerto nadie te devuelve la entrada de la pelí­cula. Pero, la realidad es que el mundo sigue girando sin nosotros. Como el tí­tulo de esa maravillosa novela de George W. Stewart : «Los hombres pasan pero la Tierra permanece».

Es muy liberador saberlo, aunque tenemos un compromiso ético con lo que nos rodea por el sólo hecho de habernos tocado compartir espacio y tiempo, no hay que tomarse a uno mismo muy en serio ni creerse nunca fundamental para el devenir de las cosas.

 

Y esto fue lo que nos contó Adanti. Si quieres verlo, tienes la oportunidad de hacerlo mientras haces la compra en el Carrefour de Quevedo o, si lo prefieres, en Mongolia, el Musical. Este fin de semana, si estás por Barcelona, tienes una oportunidad fantástica.

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Así­ fue nuestro taller con Lush

La semana pasada, colaboramos por primera vez con Lush, la marca de cosmética fresca hecha a mano, y salimos todos encantadí­simos.

Se trataba de un taller de elaboración de la limpiadora facial superventas Piel de ángel. Al llegar, vimos que nos habí­an preparado una merienda genial a base de fruta, zumos y palmeras de hojaldre. Posteriormente, con todos los ingredientes para elaborar la limpiadora facial, Juanjo nos explicó qué era cada uno de ellos y qué función tení­a sobre la piel. Además, nos explicó brevemente la filosofí­a de la empresa, su lucha contra el testado de productos en animales, su apoyo a los productos nacionales (toda la almendra que utilizan la obtienen de Palma de Mallorca, ya que está considerada una de las mejores del mundo) o su apuesta por productos sólidos con el fin de evitar gastar plástico en empaquetado y embotellado.

BFace Magazine - Lush Fuencarral

A continuación, mezclamos el caolí­n con las almendras molidas y añadimos los aceites esenciales, la glicerina y el agua. Removiendo todo, obtuvimos una pasta que tuvimos que alisar posteriormente, añadiendo la lavanda, para luego enrollarlo y obtener nuestra limpiadora facial. Una vez todo el mundo tuvo su limpiadora, nos estuvieron enseñando otros productos como sus barritas de masajes o sus bombas de baño con resultados espectaculares.

¡Nuestros participantes quedaron encantados y nosotros también! ¡Esperamos que esta sea la primera de otras muchas colaboraciones con Lush!

A continuación os dejamos el ví­deo que nos hicieron nuestros compañeros de Latina54, esperamos que os guste y que os animéis a participar en nuestros próximos concursos.

Una de nuestras participantes, Raquel Núñez, nos envió las fotos que aparecen al final de la galerí­a. Podéis ver más trabajos suyos aquí­ y aquí­. ¡Son geniales!

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Fotos Taller Lush BFace

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Descubre cómo es según su helado preferido

Llega el buen tiempo, las alergias, las copas al aire libre, las terrazas atestadas de gente y, por supuesto, los helados. No hay que dejar de comer helados por mucho frí­o que haga, del mismo modo que nadie deja de beber copazos de gintonic con bien de hielo sólo porque sea invierno.

Pero sea como sea, el sol es la excusa perfecta para tomarse un helado y enfrentarte a la mayor diatriba de todos los tiempos: ¿tarrina o cucurucho? Y es que, amigos, la temporada primavera-verano es la mejor por razones obvias, la más evidente de todas es porque puedes disfrutar de ver una barba poblada manchada de espuma de cerveza y de helado en la misma tarde. Nada puede ser mejor que esto.

En BFace, además de amar los helados por encima de muchas cosas, hemos querido aprovechar para analizar al personal según el tipo de helados que come. Sin ser psicólogos nosotros ni nada de eso. Así­ es que, si estás pensando en una cita que incluya paseí­to y por casualidad decidí­s tomar un helado, esto es lo que puedes esperarte de la persona en cuestión según el que pida.

Nata: le falta un neón fluorescente en la frente que rece soseras. Es así­. Podrás contar anécdotas divertidas, recrear aquella vez que metiste el pie en un charco prácticamente congelado o descuartizarle el final de la serie que esté viendo. No se va a inmutar. Se tocará el pelo discretamente, moverá los dedos de forma arrí­tmica y en algún momento afortunado verás que esboza una tí­mida sonrisa que terminará siendo lo que disimule un bostezo. Estás ante ese tipo de gente cuyo director de cabecera podrí­a ser José Luis Garci.

Fresa: probablemente se trate de alguien adorable que no ha conseguido salir de su propia infancia. Repetimos: se trata de alguien adorable en cualquier caso, amará Pixar y llevará calcetines con dibujos geniales, pero lo mismo te cansas pronto de alguien que tiene como primera opción el helado que tú elegirí­as cuando no queda ningún otro.

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Limón: es el indie de los helados. Un poco ácido, un poco dulce y con un frí­o que se derrite pronto. Puede encerrar cualquier tipo de misterio. Puede ser el mismo Satán con una mirada irresistible o puede ser una especie de Hagrid, alquien que a simple vista podrí­a hostiarte con un solo dedo pero con un corazón tremendo. Está ahí­, en tierra de nadie. Atreverte a descubrirlo puede conducirte a dos polos opuestos, aunque quizás sólo te quedes en el medio porque resulte ser poco sorprendente.

Chocolate: a todo el mundo le gusta el chocolate en mayor o menor medida. Es un criterio por el que es difí­cil juzgar. Asústate mejor si, a la hora de decidir, no se plantea elegir el chocolate, aunque sea como complemento de otro sabor. Entonces estarí­as ante un caso excepcional. Para bien o para mal, la primera sorpresa que te lleves no será la de que haya obviado el sabor del chocolate. Como te lo quieras tomar luego y los problemas que eso arrastre es ya cosa tuya. Yo sólo te advierto de que Esperanza Aguirre tiene pinta de ser la tí­pica persona que no toma chocolate.

Vainilla: otra buena persona. El mundo, aunque a menudo pensemos que no, está lleno de ellas. De esas y de las convencionales, como la vainilla. Puede que dentro lleve al espí­ritu de la Beat Generation, puede que lleve al mismí­simo Ronald Reagan, eso qué más da. Lo que te conviene (y cuanto antes) es descubrir si también en la cama es también poco amante del riesgo. Si eso es así­ y decides quedarte con esa persona, la única explicación coherente es que quieras explicárselo a tus amigos para que te den palmaditas en el hombro mientras te lamentas. No será que no te lo dijimos.

Dulce de leche: es de Argentina o lleva a un argentino o argentina dentro. No sé quién es ni a quién reza, pero te va a empalagar.

Stracciatella: fí­jate muy bien en que no pida uno de estratachela. Si eso sucede, regálale un volumen actualizado del Marí­a Moliner, unas clases de dicción y luego ya plantéate si quieres darle una segunda oportunidad tomando un café. Plantéate bien lo de salir con esa persona porque es más que probable que si no tomas medidas termines desarrollando una pedanterí­a extrema corrigiendo cada una de las palabras que dirá mal. Un simple helado de stracciatella te convertirá en una persona detestable, tus familiares te mirarán raro en las comidas de Navidad y en el trabajo estarán esperando a que te saltes una coma para avasallarte. Ojo con estas cosas.

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Menta-chocolate: Los After Eight desencadenaron esta catástrofe y nadie ha hecho nada por frenarla. Es desesperanzador que nadie impidiese que Juan Rulfo dejase de publicar novelas y que este helado sea algo socialmente aceptado. Si tiene la osadí­a de pedir este helado, la única certeza que vas a tener va a ser que muy probablemente el aliento le huela bien si os besáis. Y cuando digo la única es la única. Bueno, esa y que si decidí­s iros a vivir juntos, cuando vayáis a Ikea va a montar en cólera, tu paciencia se va a desmoronar y adiós relación. Estás ante la tí­pica persona fabricada para desestabilizarte y llegarás a creer que sin ella no puedes vivir, por muy mal que estéis, rollo la relación Pe-Bardem en Vicky Cristina Barcelona. Allá tú con tus movidas, pero el padre de mi amiga Blanca es un psicólogo cojonudo al que probablemente termines visitando.

Tutti-Frutti: no sabe lo que quiere. Ya te lo digo. Lo que esta mañana le parecí­a bien esta tarde le parecerá mal, y así­ con todo. Pedirás cita en un francés elegante y a la hora de sentaros dirá que matarí­a por una hamburguesa y que detesta todo lo que hay en la carta. Puede que incluso te meta la cabeza en el barril de mantequilla salada que os han servido mientras esperáis los entrantes. Puede que en la cama te pida sexo anal y que cuando os dispongáis a hacerlo desate toda su furia y diga que se niega (a penetrar o a que le penetres). Una montaña rusa de emociones. ¿Recuerdas el corto del doble check? Pues a su lado resultarí­a ser una pelí­cula de Capra.

Pistacho: El Annie Hall de los helados. No te molestes en intentar analizar mucho más, porque sea como sea esa persona va a terminar rompiendo tus esquemas. Te puede gustar más o menos, pero no vas a poder negar que es una persona diseñada para perder la cabeza por ella y no encontrarla, bien sea quitándole la ropa o intentando comprender su forma de actuar-pensar, por coherente que sea. El pistacho es esa parte de ti mismo que desconocí­as hasta el punto de tener que encontrarla en la otra persona. Si pide pistacho, prepárate a vivirlo todo muy intensamente y ve mirando estudios luminosos donde quepan los trastos y la ropa de los dos.

Gazpacho, paella, macarrones o boquerones en vinagre: huye. Es una persona que no le harí­a ascos a un pedazo de carne humana a la piedra. Repito: huye con la excusa más vaga que encuentres.

Si tu cita pide un helado cuyo sabor no esté recogido aquí­, cuéntanos la experiencia y de manera anónima la incluiremos en el volumen dos del artí­culo.

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