¡Corten! – Actores tras las cámaras

Dos de las películas más aplaudidas (y premiadas) del último Festival de Málaga fueron ‘A cambio de nada’ (de Daniel Guzman) y ‘Requisitos para ser una persona normal’ (de Leticia Dolera). Raúl Arévalo, por su parte, anunciaba hace poco su intención de debutar tras las cámaras. Son tres ejemplos recientes de actores que deciden ponerse al otro lado de la cámara y dirigir a otros.

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Hay ejemplos de todo tipo: Clint Eastwood, considerado por muchos como «el último director clásico»; Charles Laughton quien dirigió una única película (‘La noche del cazador’), vapuleada por la crítica en su día y hoy considerada una cinta imprescindible. Aunque tampoco es necesario irnos tan atrás: George Clooney, Ryan Gosling, Ben Affleck, Ralph Fiennes o Dustin Hoffman son algunos de los que, en los últimos años, han debutado en la dirección. Y aunque con resultados desiguales, sus trabajos han despertado el interés del público. Mención aparte para Nicolas Cage: dirigió ‘Sonny’ en 2002, y no debe extrañaros no haber oído hablar de ella (es posible que el propio Cage tampoco la recuerde); también Madonna ha querido entrar en este club, pero algunos ponemos en duda que pueda ser definida como actriz (aceptémoslo, ‘Evita’ fue un accidente), con lo que lo de directora… Sea como sea, repasemos varios actores cuya carrera como directores merece ser seguida.


Sean Penn I, el intenso

Su aspecto de tipo complejo no debe engañarnos: es un tipo complejo. E intenso. De momento, su fuerza artística está en la actuación, ya que sus trabajos tras las cámaras no son tan redondos. A pesar de esto, merece la pena recuperar ‘Hacia rutas salvajes’.

Jodie Foster/Barbra Streisand/Angelina Jolie, ellas también dirigen

Personalidades muy diferente que firman películas muy diferentes. Barbra quiere que sepas que es buena (que lo es), pero se esfuerza demasiado en dejarlo claro. Además, no ha escondido su decepción cuando sus películas, o su labor en ella, no obtenían el reconocimiento que ella creía que merecían. Y eso en Hollywood no gusta. En cuanto a Foster, parece más interesada en encontrar un estilo propio y afianzarlo. Ir demasiado a su bola tampoco es algo que se aprecie en Hollywood.  Jolie es la paradoja: busca conmovernos y emocionarnos, y suele lograr reacciones contrarios. Su último trabajo ha dividido mucho a la crítica, pero Angelina demuestra su buena mano en la dirección de actores. Y si eso no os parece suficiente para ver ‘Invencible’, el esforzado trabajo de Jack O’Connell es un punto a su favor.

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Ryan Gosling, el recién llegado.

Es arriesgado incluir en esta lista a Gosling, pero lo cierto es que su debut (‘Lost River’) es una prometedora declaración de intenciones con un planteamiento visual muy interesante. Quienes se acerquen a ella sin prejuicios y se dejen llevar pueden disfutar de un interesante rato de cine.

Ben Stiller, no solo de intensos viven los cinéfilos

No debería sorprendernos ver a Stiller por aquí. Aunque es probable que no gane el Oscar al Mejor Director, sus películas suelen funcionar (al menos, a nivel de dirección). Pero, sobre todo, el director de ‘Tropic Thunder’ merece un hueco en esta lista.

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George Clooney, tipo listo (e irregular)

A diferencia de Affleck, que paso a paso se afianza como un director más que interesante, Clooney es un director irregular. Curiosamente, las películas en las que se poner serio y denuncia los abusos del poder suelen ser más redondas que los divertimentos/comedietas. ‘Buenas noches, y buena suerte’, en blanco y negro y de un estilo clásico es, de momento, su mejor película.

Mel Gibson, a su bola (también como director)

«Puede que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán…¡la libertad!», bramaba William Wallace en ‘Braveheart’, y lo cierto es que Gibson ha hecho suyo ese grito en lo que se refiere a su carrera como director. Con proyectos que a priori nos hacen temer por un nuevo ‘Waterworld’ (Kevin Costner), pero que Gibson logra sacar adelante con mucha personalidad, el actor/director australiano se trabaja mucho su puesto en esta lista.

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Ben Affleck, ¿mejor tras las cámaras?

Somos muchos los que aún nos preguntamos qué pasó hace dos años con las votaciones de los Oscar. La que iba a ser designada como Mejor Pelicula del año, ‘Argo’, no contaba con la nominación al Mejor Director. Sea como sea, Affleck tiene un Oscar como productor (‘Argo’) y otro como guionista (junto a Matt Damon, por ‘El indomable Will Hunting’). Selecciona con mimo las historias que va a dirigir, y lo hace sin pretensiones pero con pulso firme.

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Clint Eastwood, el clásico indiscutible

Eastwood es un actor que ha ganado con los años. Pero, sobre todo, es un gran director. Con una filmografía variada, ha ido explorando géneros, sin florituras pero con un estilo pragmático que no reniega de lo aprendido de la mano de los directores que ha trabajado. Hace unos días, Eastwood cumplía los 85 años. Una excusa para seleccionar lo más selecto de su filmografía… Tarea difícil, pero a una isla desierta nos llevaríamos ‘Mystic River’.

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Los más cinéfilos seguro que echan en falta nombres como el de Charles Chaplin, Marlon Brando u Orson Welles, por citar algún ejemplo. O a Tim Robbins, Robert Redford, etc. Todos ellos con títulos recomendables e interesantes para ir descubriendo.

Adam Sandler: un chico para todo

Cuando no se tiene el talento de Fassbender, el sentido del negocio de Cruise, o las ganas (y opciones) de Oscar de DiCaprio, a un actor sólo le quedan dos opciones (que no pongan en peligro su vida): dedicarse a otra cosa o intentar ser como Adam Sandler: un actor limitado si se quiere pero que, ajeno a toda crítica, va enlazando proyectos que le han convertido en uno de los habituales de la cartelera. Por ponerle un «pero» a su carrera podría decirse que, buscando ser un actor para todos los públicos, corre el peligro de encasillarse.

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Con  el estreno esta semana de «Con la magia en los zapatos», película en la que encarna a un zapatero con la habilidad de asumir la vida de sus clientes a través de los zapatos que arregla, repasamos algunos de los títulos más importantes de su carrera.

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En esta comedia romántica del 2004, Adam volvía a coincidir con Drew Barrimore, con quien había trabajado en El chico ideal. Este típico «chico conoce a chica» contaba con la dificultad añadida de que ella padecía un tipo de amnesia que le impide formar recuerdos. De esta manera, asistimos al esfuerzo que día a día debe hacer el personaje de Sandler para conquistar y reconquistar a su chica. La película, que en algunos momentos abusa del humor simplón, tiene cierto fondo melancólico.

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2. Niños grandes (o «como petarlo en taquilla con los colegas de toda la vida»)

Película del 2010, protagonizada por Sandler, Kevin James, Chris Rock, Rob Schneider y David Spade, entre otros, Niños grandes bien podría ser el resultado de un fin de semana de juerga de un grupo de ex-compañeros, ya que todos ellos coincidieron en el Saturday Night Live a principios de los noventa. Y como casi todas esas reuniones, se acaba convirtiendo en una reiteración de bromas y chistes más o menos buenos. Sin embargo, la formula funcionó y contó con el respaldo del público, ya que sólo en Estados Unidos la película consiguió más del triple de su presupuesto. No es de extrañar pues que tres años después de su estreno, volvieran al ataque.

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3. Un papá genial (Adam Sandler, especialista en líos familiares)

Esta comedia de 1999 es otros de los títulos rompetaquillas de Sandler. Y es que las andanzas de ese treintañero con alergia al compromiso, que en muy poco tiempo deberá enfrentarse a una ruptura sentimental y al ejercer de padre adoptivo, sedujeron al gran público, que acudió en masa a ver una película tan previsible como resultona.

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De situaciones familiares incómodas, o directamente imposibles, encontramos todo tipo de ejemplos en la filmografía de Sandler. Así, un año después de ser este padre en apuros, pasaría a ser el apurado hijo del diablo en Little Nicky. De la flamante ganadora de diez premios Razzie, Jack y su gemela, mejor hablamos otro día.

4. Embriagado de amor (ese toque de seriedad que, de vez en cuando, no viene mal)

Entre tanta comedia de usar y tirar hay que destacar el trabajo de Sandler con Paul Thomas Anderson, para quien protagonizó «Embriagado de amor». El salirse de sus papeles habituales se saldó con una nominación a los Globos de Oro, como mejor Actor de Comedia, y con un tremendo batacazo en taquilla. Al público de Sandler no le atrajo este cambio, que sí logró convencer a la crítica.

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5. Click (o la delgada línea que separa al drama de la comedia)

Para algunos, se trata de la mejor película de Adam Sandler, para otros es un recital de los peores tics del actor. Click es una comedia que se adentra sin reparos, y con algunos excesos, en el drama. Peligrosa mezcla de géneros que es toda una defensa del Carpe Diem.

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En resumen, Sandler puede que no sea un actor carismático, pero se le debe reconocer su capacidad para atraer al público a una sala de cine.

Fight Club | Liam Neeson… ¡Contra todos!

Liam Neeson ha sido Zeus, Maestro Jedi, ha salvado la vida de más de mil judios, ha caminado entre tumbas, ha sido Michael Collins y Rob Roy, ha formado parte del Equipo A, ha sido Ra’s al Ghul dos veces (en los Batman de Nolan, para los despistados), apareció en La Misión, en Excalibur, Love Actually, Gangs of New York… Y etcétera. Pero últimamente, este irlandés de 62 años, empeñado en demostrar que lo que pesan son los kilos y no los años, está más ocupado vengándose, evitando hacer escalas o intentando recuperar su identidad. Esta semana estrena en España Una noche para sobrevivir, en la que vuelve a ponerse a las órdenes de Jaume Collet-Serra y comparte protagonismo con Ed Harris.

En resumen: Liam Neeson es mejor que tú. Y lo sabes.

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A pesar de que su currí­culum presenta personajes de todo tipo, puede llamar la atención  el hecho que las patadas y puñetazos que reparte en sus pelí­culas és directamente proporcional a su edad. Después leemos que a los dieciséis ya habí­a sido campeón de boxeo (Peso pesado de Juventud) en tres ocasiones. Y si pensáis que esa nariz, que tanta personalidad le da, es así­ de nacimiento, os equivocáis. A los once años, cuando se iniciaba en el boxeo, ya lucí­a nariz rota. Alterno los puños con la interpretación, y parece como si sus pelí­culas actuales le devolvieran a esa época de patios de escuela, linimento y golpes.

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 Neeson debutó en la gran pantalla con Excalibur (John Boorman). Era el año 1981, y actuó junto Helen Mirren (que fue su pareja durante un tiempo), Ciarán Hinds (uno de su mejores amigos) y Gabriel Byrne. Nada mal para empezar. La década de los ochenta continuo con pelí­culas en las que, si bien no solí­a ser el protagonista, trabajaba con actores como Anthony Hopkins, Jeremy Irons, Alan Bates o Robert de Niro.

Los noventa serí­an su confirmación como actor de categorí­a. Comenzó con Darkman y El Silencio de la Sospecha. Pero a continuación llegarí­an Woody Allen (brindándole un pequeño papel en Maridos y Mujeres) y, sobre todo, Steven Spielberg. La Lista de Schindler le situó a las puertas del Oscar (que la Academia prefirió dar a Tom Hanks por Philadelphia), y aunque es posible que sea su papel más memorable, por la talla de la pelí­cula por lo menos, está claro que Neeson no se encasilló y siguió con su carrera. Después de Schindler participó en pelí­culas como Nell, Rob Roy o Michael Collins. En 1999, llegarí­a Star Wars I – La amenaza fantasma, en la que daba vida a maestro Jedi Qui-Gon Jinn, maestro de Obi-Wan Kenobi.

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Con el cambio de siglo, su carrera parecí­a seguir la misma lí­nea: alternaba personajes como el tierno padre viudo de Love Actually con otros como el cientí­fico Alfred Kinsey (en Kinsey). Retomó su papel de maestro (espiritual… y de puñetazos) en Batman Begins, e incluso fue el engañado marido de Laura Linney en Crónica de un Engaño. En el 2008 protagonizarí­a Venganza (en el 2012 llegarí­a la segunda parte, y este año se ha estrenado Venganza 3). La trilogí­a Venganza, junto a Sin Identidad, Infierno Blanco, El Equipo A o la misma Una noche para sobrevivir podrí­an conventirle en un actor «encasillado». Y sí­, es cierto que estos personajes, que se vienen sucediendo en los últimos años, son más propensos a arreglar sus disputas a mamporros en lugar de charlar cordialmente, pero ello no debe hacernos olvidar los importantes papeles dramáticos que ha tenido Neeson.

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Y como Neeson puede con todo, su próxima pelí­cula será a las órdenes de Martin Scorsese (Silence, prevista para el 2016) y contará la historia de dos jesuitas (Adam Driver y Andrew Garfield) que viajan a Japón para buscar a su mentor (Neeson, por supuesto). Así­ que, encasillado o no, lo cierto es que Neeson puede con todo. Y con todos.

Guí­a para no perderse en el Festival de Málaga

El Festival de Cine Español de Málaga se celebra este año entre el 17 y el 26 de abril. Este tipo de festivales es una sucesión de pelí­culas, de distintas secciones oficiales, alternativas, premios, reconocimientos y palmarés. Lo más importante es tener un buen planning que, por supuesto, se cambiará sobre la marcha para poder disfrutar de las alternativas culturales, gastronómicas o, simplemente, perderse por la ciudad.

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Tendremos pelí­culas y actos a todas horas del dí­a, la oferta es variada: Sección Oficial de largometrajes, Cortometrajes (dividido a su vez en cuatro secciones, incluida la Sección Oficial de cortometrajes), Málaga Premiere, Zonacine (sección oficial y sección Focus), Territorio Latinoamericano (también con sección oficial y Focus), Documental, Animazine, Estrenos Especiales, La cosecha del año, Cine Abierto, Sesión Premium, Ciclo Homenajes y la sección Afirmando los Derechos de la mujer. No se puede con todo, está claro. Así­ que es imprescindible saber qué se quiere ver y cuándo podremos verlo. Os proponemos los tí­tulos y los actos que no debéis perderos.

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A las 12h, se proyectará el pase de prensa de Hablar, de Joaquí­n Oristrell, pelí­cula que inaugurará la Sección Oficial de Largometrajes. Rodada en un único plano secuencia por las calles de Madrid, el reparto cuenta con, entre otros a Juan Diego Botto, Raúl Arévalo, Marta Etura, Sergio Peris-Mencheta, Estefaní­a de los Santos, Marí­a Botto, Goya Toledo, Antonio de la Torre, Mercedes Sampietro, Goya Toledo, Mercedes Sampietro, Petra Martí­nez y Juan Margallo.

Si no sois Prensa, podéis ver la pelí­cula por la tarde, a las 20h, en la Gala de Inauguración. Si lleváis acreditación al cuello, y ya la habéis visto por la mañana, podéis pasaros por las proyecciones de cortos (a las 19 y a las 21).

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A las 12 podéis ver Gordos, de Daniel Sánchez Arévalo, en uno de los pases especiales del Premio Málaga. Pero si no os apetece repetir (porque ya la habéis visto todos, que si no la Tita Imma se enfada), podemos asistir a la Masterclass «Cambiar la mirada» dentro de las actividades de la sección  Afirmando los Derechos de la mujer.

Dentro de la Sección Oficial, será el dí­a de Los héroes del mal  (de Zoe Berriatúa) y La deuda (coproducción española y peruana, protagonizada por Stephen Dorff, Alberto Ammann, Carlos Bardem y David Strathairn). Y entre ambos pases, no os mováis de vuestros puestos. A las 21.30 se celebra la ceremonia de entrega del Premio Málaga a Antonio de la Torre.

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Por la mañana, hay un pase especial de La vida secreta de las palabras (Isabel Coixet recibirá el Premio Retrospectiva de esta edición). De la Sección Oficial, por la tarde podremos asistir al primer pase de Matar el Tiempo, la nueva pelí­cula de Antonio Hernández. Director tan interesante como irregular, que en esta ocasión nos cuenta la historia de Robert H. Walton, un norteamericano que, para escapar de la rutina, contrata los servicios de una prostituta a través de internet, algo que le arrastrará a una violenta realidad.

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Toca el turno de Como sobrevivir a una despedida, pelí­cula no basada en hechos reales, pero que puede que los hechos que cuenta resulten muy familiares a más de un@. En ella, Natalia de Molina, íšrsula Corbreró, Marí­a Hervás, Celia de Molina y resto de amigas, nos mostrarán la dureza y las penurias a las que se han de enfrentar un grupo de amigas en una despedida de soltera. Para compensar la fiesta, ese mismo dí­a podemos ver Tiempo sin aire (dirigida por Andrés Luque Pérez y Samuel Martí­n Mateo). La pelí­cula cuenta la historia de Marí­a, una enfermera colombiana que perdió a su hija a manos de los paramilitares, que viaja con su hijo pequeño a Tenerife en busca de uno de los culpables. En el reparto, Juana Acosta, Carmelo Gómez y Adriana Ugarte.

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Estreno del primer largometraje como directora de Leticia Dolera: Requisitos para ser una persona normal. También en Sección Oficial se podrá ver El paí­s del miedo, dirigida por Francisco Espada. Antes, a mediodí­a, tenéis un pase de Balada Triste de Trompeta (de esas que la Tita Imma se enfada si no veis).

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Turno de Sexo fácil, pelí­culas tristes, protagonizada por uno de los actores favoritos de esta web, Quim Gutiérrez, y una de las pelí­culas españolas más esperadas de este año. Asesinos inocentes, por su parte, nos contará la historia de un universitario que recibe la oferta de matar a su profesor de psicologí­a. Lo curioso del encargo es que el mismo profesor quien lo hace.

[Vale, yo por la mañana verí­a Azul Oscuro Casi Negro, pero si os apetece ir a dar una vuelta por la ciudad o asistir a «Afirmando los derechos de la mujer»… Tenéis opciones.]

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Mañana en la que podemos asistir a una Jornada de Cine y Medios audiovisuales. Las pelí­culas «oficiales» del dí­a serán Techo y comida (que cuenta con Natalia de Molina, actriz que presenta tres pelí­culas en Málaga), y A cambio de nada, esperada ópera prima de Daniel Guzmán.

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Turno de Los exiliados románticos, tercer largometraje que dirige Jonás Trueba, y que adapta una novela E. H. Carr, en la que tres amigos emprenderán una especie de viaje a ninguna parte, y sin motivo aparente. Otro tí­tulo indispensable de la Sección Oficial de este año.

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Estreno de Solo quí­mica, la nueva pelí­cula de Alfonso Albacete (que se presenta fuera de concurso), que protagonizan Ana Carlota Fernández, Alejo Sauras, Rodrigo Guirao, Marí­a Esteve, José Coronado, Bibiana Fernández y Rossy de Palma, y muchos más. Juanto con Hablar, los repartos más numerosos de este Festival. También fuera de concurso, se presentará Aprendiendo a conducir, de Isabel Coixet.

El domingo 26 habrá pases especiales de las pelí­culas que ganen las distintas secciones y la vuelta a casa.

Fight Club | Clara Lago Vs Aura Garrido

Nuevo Fight Club. Nuevo enfrentamiento sanguinario. Habrá palizas, habrá sangre… ¡Uy, perdón! Que me comunican por ví­a interna que nada de eso, que enfrentamos a dos actrices con talento, guapas y con estilo: Clara Lago y Aura Garrido.

Cierta actriz patria de cuyo nombre no quiero acordarme (y que está casada con un rubiales cuyo apellido no logro memorizar) dijo en una ocasión algo parecido a que le tení­an maní­a por ser guapa. Lamentamos comunicarle que no creemos que ser guapa esté reñido con ser buena actriz y, como muestra, nuestras dos «luchadoras». Con estilos muy diferentes pero con mucha personalidad propia, Clara Lago y Aura Garrido son actrices todoterreno, que hacen valer sus armas en cada papel.

Aura Garrido (@garrido_aura )

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Nació en Madrid, el 29 de mayo de 1989. Comenzó estudios en la Real Escuela Superior de Arte Dramático, pero en tercero abandonó para formar parte del reparto de «Planes para mañana». Y si bien nosotros no defendemos el abandono escolar, en el caso de Aura no pudo tener mejor resultado: Biznaga de Plata en el Festival de Málaga de Cine Español, nominación al Goya a Mejor Actriz Revelación y lograr su primer papel principal en la televisión (en «La pecera de Eva»).

Durante los siguientes años se centró en su carrera televisiva, participando en «íngel o demonio», «Crematorio» e «Imperium». En cine, participó como secundaria en «Promoción Fantasma» y en «El cuerpo». En 2013, pudimos verla en «Los Ilusos» y protagonizó «Stockholm», pelí­cula de bajo presupuesto que logró conventirse en una de las más aclamadas de aquel año. En cuanto a Aura, fue finalista a todos los  premios cinematográficos (Goya, Feroz, Forqué) y logró la medalla del Circulo de Escritores Cinematográficos.

Actualmente, podemos verle en «El ministerio del Tiempo», serie que semana tras semana va enganchando a más televidentes, y tiene varias pelí­culas pendientes de estreno.

Clara Lago (@ClaraLago1 )

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También madrileña, nació el 6 de marzo de 1990. Empezó en la actuación bastante antes que Aura: a los nueve años en la serie «Manos a la obra» y también entrarí­a a formar parte del reparto de «Compañeros». Poco después, a los doce, protagonizarí­a su primera pelí­cula, «El viaje de Carol», pelí­cula por la que recibirí­a su primera, y de momento única, nominación al Goya.

Desde entonces ha ido consolidando su carrera con pelí­culas como «El juego del ahorcado», «Primos» y «Tengo ganas de ti» (de la época en la que todos querí­amos pegar a Mario, antes de que él solito nos la diera con cucharita a todos los que le criticamos). O apareciendo en series como «Hospital Central» o «Los hombres de Paco».

Pero entonces llegó Amaia. O mejor dicho, entonces llegaron Emilio Martí­nez Lázaro, Borja Cobeaga, Diego San José y sus «Ocho Apellidos Vascos», petaron la taquilla y emparejaron a Clara. Bueno, no la emparejaron, pero ya me entendéis. í‰xito rotundo y casi perfecto. Casi, porque si algo valoraron los premios cinematográficos del año pasado fue al reparto de «Ocho Apellidos Vascos», y sin embargo dejaron fuera (incomprensiblemente) en muchos casos a Clara.


Enfrentamiento

– A pesar de que ambas tienen 25 años, parece que Clara gana en cuanto a años de carrera.

– Ambas han compaginado cine y televisión, aunque los papeles de Aura en este medio pueden ser más relevantes.

– Aura Garrido es una de las musas del cine indie español («Stockholm», «Los ilusos»).

– Clara Lago es la protagonista de la pelí­cula más taquillera del cine español.

En realidad, lo justo serí­a que este Fight Club quedara en justo empate. En vuestras manos dejamos el resultado.

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Yo quiero ser una chica Almodóvar

Yo quiero ser una chica Almodóvar
como la Maura como Victoria Abril,
un poco lista, un poquitin boba,
ir con Madonna en una limousine.

En España, se puede ser actriz, actor y/o «chica Almodóvar». Verdaderos iconos de nuestra filmografí­a, las «chicas Almodóvar» son esas actrices que han protagonizado sus filmes, actrices de carácter, de raza, que han prestado sus rasgos a esos personajes imaginados y creados por el director manchego. Pero son también un auténtico subgénero dentro del femenino: son mujeres fuertes, con un punto de mamarrachas; divas de lo cotidiano, diosas del surrealismo. Algunas son los que nos gustarí­a ser, o representan todo aquello de lo que deberí­amos huir, pero siempre son personajes bombón. Así­ que, ante el comienzo del rodaje de Silencio (que en palabras de su director, se trata de un regreso «al cine de mujeres, de grandes protagonistas femeninas»), vamos a repasar algunas de esas «chicas» que nos gustarí­a ver de nuevo a las órdenes de Pedro Almodóvar (tomando prestada la canción de Sabina).

Las veteranas

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Carmen Maura y Victoria Abril deberí­an estar siempre en las pelí­culas de Pedro, aunque sea para hacer de guardia jurado. Son de las más veteranas, y se amoldan a cualquier tipo de personaje con la plasticidad de las grandes. Pegas, pocas… A no ser que lo de Silencio vaya más en serio de lo que imaginamos. Ahí­ quedarí­a Maura, porque a Victoria Abril cuesta más imaginarla en largos e impenetrables silencios. Y en cuanto a Madonna, estamos dispuestos a compartir una limousine y, apurando mucho, se le puede hacer un hueco en la banda sonora, pero ya. En esa limousine irá casi con toda seguridad Chus Lampreave, independientemente de que participe o no en el proyecto.

Yo quiero ser una chica Almodóvar
como Bibí­, como Miguel Bosé 
pasar de todo y no pasar de moda, 
bailar contigo el último cuplé. 

Los chicos que hicieron de «Chicas Almodóvar»

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«Lo nuestro se acabó y te arrepentirás…», la imagen de Miguel Bosé con pelucón rubio y marcando (más) pómulo es uno de esos momentos icónicos de la filmografí­a de Pedro Almodóvar. Juez durante el dí­a, Femme Letal, con voz de Luz Casal, por las noches, lo cierto es que su personaje era un bombón sobre el papel, pero que con otro actor hubiera podido transformarse en un bombón envenado. También Toni Cantó lució taconazo y peluca, aunque con menos éxito que Bosé (Toni, si lees esto: no hagas caso a tu agente y no vayas a las pruebas de casting de Silencio. La polí­tica es lo tuyo… ¡Y lo sabes!). Mejor suerte tuvieron Javier Cámara (el más cómico de la cinta) y Gael Garcia Bernal (el epicentro del drama) en La Mala Educación.

Ha habido otros, y seguro que habrá más, pero de todos nos quedamos con el petardeo de Cámara y la intensidad de Bosé.

Yo quiero ser una chica Almodóvar
como Pepi, como Luci como Bom 
venderle al Garbo mis secretos de alcoba, 
ponerme luto por un matador. 

Las otras chicas del montón

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No hay nada peor en esto del cine que quedarse a medio camino. Cuando uno no es tan bueno como para destacar y superar a meritorias candidatas a todo, a esa legión de actrices etiquetadas como «La nueva X»;  o no es tan malo como para aspirar (únicamente) a enfundarse una bandera española como falda y decir que has estado en los Oscar, como una Sonia Monroy de la vida. Cuando una actriz se instala en esa tierra de nadie en la que resulta más conocida que valorada, puede aspirar a tener un buen personaje secundario, pero posiblemente no a protagonizar lo nuevo de Almodóvar. Y sí­, me estoy refiriéndote a ti, Paz Vega. Actriz que ha pasado de ser una revelación  interesante (Lucí­a y el Sexo),  a ser una actriz más conocida por sus proyectos (internacionales) que por sus propios papeles.

Las Chicas de nuestros ojos

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Rossy de Palma, Penélope Cruz, Cecilia Roth y Elena Anaya, por supuesto. Más allá de de los topicazos de turno («nuestra actriz más internacional» y similares), lo cierto es que Cruz es una buena actriz a la que Almodóvar consigue sacar interpretaciones aún mejores. Su caso es similar al de Elena Anaya, una actriz brillante, que con Pedro aún es mejor.  Cecilia Roth es la pasión y el buen hacer, y no conoce el concepto «papel pequeño», se da a los personajes dándoles garra y corazón, también deberí­a estar en todas las pelí­culas de Pedro. Rossy de Palma quedarí­a a medio camino entre las veteranas y esas jóvenes promesas que adorarí­amos ver en el reparto de Silencio.

También incluirí­amos aquí­ a actrices como Inma Cuesta, Bárbara Lennie, Natalia Tena o Ingrid Garcí­a Jonsson. Actrices que han dejado de ser revelación pero que saben que una pelí­cula con el director manchego podrí­a suponerles el espaldarazo definitivo.

Sea cual sea el reparto final de la pelí­cula, no dudamos que se tratará de personajes ricos en matices, que nos dejarán frases celebres y serán unas Chicas Almodóvar nada del montón.

Crí­tica: American sniper

Desde que Clint Eastwood debutara como director en 1971 con Escalofrí­o en la noche, la opinión generalizada es que «es mejor director que actor». Se ha atrevido con distintos géneros, pero primero con El jinete pálido (1985), y poco después con Sin Perdón (1992), Eastwood revitalizarí­an un género que muchos veí­an agotado. Además, con Sin Perdón, un western crepuscular considerado el último clásico del género, logró sus primeros Oscars a la Mejor Pelí­cula y a la Mejor Dirección. Considerado el último director clásico en activo, con Sin Perdón se abrió un perí­odo de madurez artí­stica en el que se ha aproximado, con éxito, a distintos géneros.

El género bélico no le es extraño (en 2006 dirigió Banderas de Nuestros Padres y Cartas desde Iwo Jima), y vuelve a él para adaptar las novela autobiográfica de Chris Kyle, apodado La Leyenda por ser el francotirador más letal del ejército norteamericano. Y sobre este punto hay que insistir: Kyle, que pasó de querer ser un cowboy en su Texas natal a formar parte de los SEAL tras los atentados de septiembre del 2001, hace suyo el discurso imperante en aquel momento: «ellos malos, nosotros buenos».

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Un discurso más patriotero que patriótico, pero que caló y movilizó a muchos jóvenes. Kyle, como personaje, presenta dos rasgos caracterí­sticos fundamentales: el primer lugar, la aceptación del mensaje oficial como propio, sin discusión; en segundo lugar, la adicción que el combate le genera. Este es, además, fruto del primero: ¿cómo se puede volver a casa y llevar una vida plena cuando hay compañeros luchando en Irak? El resultado de esto es un personaje plano, que acata y obedece, y tan obcecado que no logra conectar con su familia. No es una máquina de matar (¡í‰l es de los buenos!), y todas sus acciones están provocadas por compañerismo, o al menos así­ lo ve él. Pero cuando creemos que estamos ante un mero ejercicio propagandí­stico, sólo son necesarios dos breves diálogos con otros tantos personajes, para darnos cuenta que, aun siendo una pelí­cula por momentos muy complaciente, lo que estamos viendo es la casi nula capacidad del protagonista para cuestionar sus propias acciones.

En ‘American sniper’, Bradley Cooper logra una interpretación muy sólida, aportando matices al personaje y logrando retratar una dualidad clara: la decisión y fuerza del militar, la duda y estancamiento emocional del civil. Mucho más relajado que en las pelí­culas de David O’Russell, por las que también ha optado al Oscar, Cooper aporta al personaje tanto la fragilidad como la firmeza que requiere. Y aunque Cooper es el protagonista absoluto, el resto del reparto hace un buen trabajo, destacando a Sienna Miller, en el papel de esposa.

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En cuanto a Eastwood, sigue siendo fiel a su forma de filmar: economiza en recursos y da el protagonismo a los actores. Hay algo de rudimentario en la pelí­cula cuando esta se desarrolla «en casa», siendo mucho más trabajadas las escenas de guerra (Spoiler: la tormenta de arena, hacia el final de la pelí­cula, resulta maravillosa y consigue transmitir la tensión y el agobio de los soldados acorralados). Pero tratándose de un director como Eastwood, no podemos dejar de ver la intención en este tratamiento: a Kyle, su vida en casa, cada vez que regresa del frente, le parece plana y anodina, mientras que en el combate Kyle parece crecer fí­sica y mentalmente, y eso es lo que nos transmite Eastwood. Lo consigue con un soberbio Cooper, y con un montaje, fotografí­a y sonido muy trabajados. Misión cumplida, Clint.

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Fight Club: cinco actores a por el Oscar

Cinco actores, un oscar. Cuando esta domingo se lea el ganador del premio al Mejor Actor se acabará una carrera que han dominado Michael Keaton y Eddie Redmayne, y en la que otros tres actores parecen ir de comparsas. Es cierto que no serí­a la primera vez que el premio va a manos inesperadas, pero no lo es menos que en las categorí­as principales suele haber menos sorpresas que en las de Secundarios, por ejemplo. En este Fight Club analizamos los perfiles de los cinco actores que optan a la estatuilla. Gane quien gane, será su primera estatuilla.


Steve Carell por Foxcatcher


¿Quién es?

Steve Carell da cuerpo a un clásico en la categorí­a: la del comediante con carrera reconocida, sobre todo en la televisión, que se ha merecido previamente la nominación, pero que la consigue por un papel dramático. Es su primera nominación al í“scar

¿Y en la ficción?

Da vida a John du Pont, el oscuro y esquizofrénico entrenador de Channing Tatum. Todo un entusiasta de la lucha grecorromana que esconde una personalidad posesiva y traumatizada.

A favor:

Foxcather es una pelí­cula crí­tica con la sociedad norteamericana, pero en ningún caso lo es de una manera que pueda producir rechazo en el votante de la Academia. Carell compone un papel desde la contención, y desaparece en él. Sin embargo, el punto más rotundo a su favor no es cinematográfico o, al menos, no se debe a esta pelí­cula: en las votaciones puede haber pesado que es un «comediante que demuestra toda su intensidad en un papel dramático», algo que en la Academia se valora (y adora… Si no eres Jim Carrey).

En contra:

Su premio es la nominación, ni siquiera es la alternativa al binomio Keaton/Redmayne y, además, la pelí­cula no está nominada en la categorí­a principal, algo que puede ser «mortal» para sus aspiraciones.


Bradley Cooper por El francotirador

¿Quién es?

Se está convirtiendo en un habitual, ya que esta es su tercera nominación consecutiva (El lado bueno de las cosas y La gran estafa americana fueron las anteriores). También opta, como productor, al premio a la Mejor Pelí­cula. Se está ganando el respeto de la Industria, que ve como se va transformando en un actor todoterreno.

¿Y en la ficción?

Es Chris Kyle, un francotirador del ejército estadounidense, considerado el más letal y todo un héroe en su paí­s. Como el personaje de Jeremy Renner en En tierra hostil, con el tiempo Kyle comprende que no puede dejar atrás la guerra.

A favor:

El francotirador es la invitada sorpresa de estas nominaciones, pero Clint Eastwood es un director respetado y querido, y Cooper se está convirtiendo en un valor seguro y respetado.

En contra:

¿Es la alternativa? ¿Es quien puede dar la sorpresa? Sí­. Pero la sensación es que se alimentan sus posibilidades de un intento de darle emoción a la carrera por el premio al Mejor Actor, más que de las opciones reales de Cooper.


Benedict Cumberbatch por Descifrando Enigma

¿Quién es?

Primera nominación para este londinense que va ganando peso en el panorama cinematográfico a toda velocidad. Alterna cine y televisión, de la misma manera que alterna blockbusters con pelí­culas de corte más clásico o tradicional, como el biopic que le ha llevado a la puerta del Oscar.

¿Y en la ficción?

En la pelí­cula da vida al matemático Alan Turing, considerado el padre de la computación, y responsable de que los aliados pudieran interpretar el código cifrado de la máquina alemana «Enigma». Atormentado por la necesidad de esconder su sexualidad y con un aura de «genio incomprendido», es un personaje rico en matices y agradecido para quien lo interpreta.

A favor:

A favor de Cumberbatch está el hecho de que protagoniza una de las pelí­culas con más nominaciones, presente en las categorí­as «importantes» (pelí­cula, director, guion, actor protagonista). Además, la cinta es un biopic clásico, muy del gusto de la Academia. También cuenta a su favor el que se trate de un actor en boga, joven pero con un aire de estrella clásica… Algo que también gusta en una Academia poco proclive a premiar a figuras más atrevidas (las melenas de Jared Leto son una excepción que confirman la regla).

En contra:

Que la pelí­cula puede ser una multinominada con poco botí­n, convidada de piedra al duelo entre Boyhood y Birdman. Y el hecho de que, realmente, Cumberbatch nunca ha tenido el cartel de favorito.


Michael Keaton por Birdman

¿Quién es?

Michael Keaton podrí­a ser el tercer Batman que recoge un oscar (como ya hicieran Christian Bale y George Clooney). Es su primera nominación y es el «comeback» de esta edición (¿realmente se fue alguna vez?).

¿Y en la ficción?

Es Riggan Thomson, un actor en horas bajas que debe su fama al haber interpretado al superhéroe Birdman. En un intento de recomponer su maltrecha carrera, se embarca en la dirección de una obra de teatro en Broadway (que él mismo protagoniza)

A favor:

El suyo es posiblemente el papel más completo de los cinco nominados, el que recorre un espectro más amplio de emociones. Un papel que juega al lí­mite sin caer en el exceso gestual. Además, la pelí­cula parece ser la que más ha gustado a la Industria en general, si tenemos en cuenta los premios de los distintos gremios.

En contra:

Realmente nada. Es más una cuestión de gustos y de apreciación.


Eddie Redmayne por La teorí­a del todo

¿Quién es?

Es el benjamí­n de los cinco nominados y esta es la primera vez que oirá lo de «And the oscar goes to…» siendo él uno de los posibles premiados. Con una carrera ascendente, este año ha recogido el BAFTA, el Globo de Oro y el Premio del Sindicato de Actores, entre otros premios. Quiera o no, es el favorito.

¿Y en la ficción?

En la pelí­cula da vida a Stephen Hawking, reconocido fí­sico teórico, cosmólogo y divulgador, que padece Esclerosis Lateral Amiotrófica. La cinta se centra en su relación con la que fue su primera esposa, Jane Wilde, y retrata su agridulce historia de lucha y amor.

A favor:

El joven que llega y a la primera se lleva la estatuilla… Encarnarí­a el «sueño hecho realidad», algo que encanta a la Academia. Pero al margen de esas apreciaciones extra-cinematográficas, se trata de una interpretación que equilibra muy bien el drama del adulto Hawking con ese aire de genio despistado de los inicios. Una composición difí­cil, pero muy lograda.

En contra:

¿Algo en contra? ¿Estáis de broma?

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7 ví­rgenes: el drama social de Alberto Rodrí­guez

Alberto Rodrí­guez llega a la gala de entrega los Premios Goya con el incómodo cartel de director de la pelí­cula favorita a triunfar en esta edición. Su pelí­cula, La Isla Mí­nima, ha contado con el respaldo del público (que no se dejó amilanar por la oscuridad y el desasosiego que provoca la cinta), con el de la crí­tica (Premios Feroz, Medallas del Cí­rculo de Escritores Cinematográficos, etc.), y con la industria (Premios José Marí­a Forqué). Hacerse con el Goya a la Mejor Pelí­cula significarí­a el broche de oro para una carrera perfecta.

Pero, Alberto Rodrí­guez, no es un novato en esto de los Goya, ya que tanto Grupo 7 (2012) como 7 Ví­rgenes (2005) también optaron al premio a la Mejor Pelí­cula, acumulando un buen número de nominaciones en distintas categorí­as. La primera, un drama policí­aco que mostraba el trabajo de «limpieza» que un grupo de policí­as realizó en Sevilla a finales de los ochenta, era una pelí­cula sólida, con un buen guion y un genial reparto, que consolidó de forma definitiva al director sevillano. Unos años antes, con 7 Ví­rgenes, comenzarí­a a ser un habitual entre los finalistas a los distintos premios cinematográficos españoles. Era su tercera pelí­cula (tras El efecto Pilgrim y El traje) y tras un excelente debut en el Festival de San Sebastián, en el que a su protagonista, Juan José Ballesta, logró la Concha de Plata al Mejor Actor, la pelí­cula recibió seis nominaciones a los Goya, llevándose Jesús Carroza el premio al Mejor Actor Revelación. Diez años después, repasamos las claves de este drama social, tristemente vigente a dí­a de hoy.

1. Cuando Juan José Ballesta dejó de ser «El Bola»…

El Bola fue la ópera prima de Achero Mañas y se hizo con el Goya a la Mejor Pelicula del año 2000. En su reparto, debutaba en el cine un jovencí­simo Juan José Ballesta (que serí­a reconocido con el Goya el Mejor Actor Revalación), dando vida al taciturno protagonista de la historia. Llamado a alimentar ese grupo de jóvenes actores que, tras un debut prometedor, no logran dar el salto definitivo, esquivó este destino con su papel en 7 Ví­rgenes, en la que se metí­a en la piel de un personaje marginal que en tan solo 48 horas se verá forzado a madurar a toda velocidad. Alberto Rodrí­guez, guionista también de la pelí­cula, hizo de Tano un personaje complejo, con un crecimiento personal acelerado, que exigí­a que el actor que lo interpratara hiciera verosí­mil esta transformación. Y Ballesta lo logra. Y aunque está muy arropado por todo el plantel de secundarios que le rodea, el joven pudo con el peso de la pelí­cula.

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2. Y antes de que Jesús Carroza fuera «El Compi»

Comencemos apuntando que Carroza es un robaescenas. En El Niño, donde interpreta a «El Compi», logra quitarle el protagonismo a su tocayo, Jesús Castro. Sin llegar a eclipsar al protagonista, en 7 Ví­rgenes interpretaba a Richi, el mejor amigo del personaje que interpreta Ballesta. Como tal, nos ayuda a definir el pasado del protagonista, y sirve como referente de todo lo que éste debe rehuir sino quiere perder su tan ansiada libertad. Richi se adapta al entorno, sin que esto le lleve a madurar, y es el contrapunto de Tano en muchos aspectos. Carroza combina todos estos elementos en una gran actuación, evitando los excesos interpretativos y logrando que todas las escenas que comparte con Ballesta tengan la profundidad necesaria.

3. Y tras las cámaras…

Al leer los créditos de 7 Ví­rgenes, podemos pensar que estamos ante el equipo responsable de La Isla Mí­nima. Por la propia idea que hay detrás de cada una, la frescura y atrevimiento de la primera se convierte en sombras y seriedad en la segunda. La Isla Mí­nima confirma la madurez creativa de Alberto Rodrí­guez y Rafael Cobos como guionistas, así­ como la evolución artí­stica de Alex Catalán, responsable de fotografí­a, o del compositor Julio de la Rosa, pero las virtudes que les llevan a optar a los Goya del próximo sábado están presentes ya en 7 Ví­rgenes.

4. El drama social, sin discursos ni moralinas

Como espectadores rehuimos de esas historias que pretenden aleccionarnos, o las que denuncian sin argumentos. Sin embargo, cuando una acción mostrada en una pelí­cula podrí­a estar pasando en un barrio de nuestra ciudad, si logramos conectar con los protagonistas más allá de las diferencias socioculturales que podamos tener, el mensaje de la pelí­cula tendrá más calado. 7 Ví­rgenes no pretende argumentar a favor de ciertas instituciones, o denunciar situaciones que sabemos que suceden no muy lejos de nosotros. La pelí­cula muestra todos los elementos, pero deja que el espectador llegue a sus propias conclusiones. De hecho, ni siquiera le obligará a ello, de manera que quien quiera ver solo un divertimento podrá hacerlo.

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Crí­tica | La isla mí­nima

Un sábado de finales de septiembre, a las nueve de la mañana, ponemos rumbo, desde el Festival de San Sebastián, a las marismas del Bajo Guadalquivir, y a los inicios de la década de los ochenta. Han desaparecido dos niñas y comienza la investigación. A partir de este momento, seremos los acompañantes de excepción de dos detectives de personalidades opuestas, que se miran con recelo: Pedro (Raúl Arévalo) y Juan (Javier Gutiérrez). Personifican los nuevos aires en los cuerpos de seguridad del Estado y la vieja guardia, respectivamente, en esta democracia que comienza a dar sus primeros y dubitativos pasos.

Al llegar, conocemos a los padres, a los amigos, a vecinas, a todos aquellos que estuvieron relacionados con las desaparecidas de manera más o menos í­ntima. Llega el momento de que Pedro y Juan se pongan a trabajar, así­ que vamos a distanciarnos un poco. Lo hacemos de la misma manera que Alberto Rodrí­guez plantea su pelí­cula: sin apego hacia nadie, una manera eficaz de mostrarnos que nadie es malo del todo, y que todo bueno tiene algo que esconder. La aparente monotoní­a de un paisaje, la aparente sencillez de sus habitantes, en La Isla Mí­nima la apariencia es un elemento fundamental.

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Estamos ante un filme rodado de forma impecable, sin concesiones efectistas ni morbosas. Con una fotografí­a excelente y un montaje con los cambios de ritmo justos para la acompañar cada acción, de manera que la pelí­cula avanza sin estancarse en ningún momento, centrada en los personajes. También hay que destacar el trabajo de Julio de la Rosa, cuya partitura se entrelaza con las imágenes, resultando una combinación muy lograda.

Pero hablemos del reparto. Los protagonistas, Raúl Arévalo y Javier Gutiérrez, realizan todo un tour de force. Ambos cuentan con escenas por separado muy potentes, pero aquellas en las que aparecen juntos en pantalla están brillantes. En cuanto a los secundarios, destacar el papel de Manolo Solo como periodista de El Caso a la búsqueda de carnaza. También los padres de las jóvenes, encarnados por Antonio de la Torre y Nerea Barros, a quienes nos gustarí­a ver un poco más en pantalla, y que dan vida  a personas que ya ni siquiera recuerdan que alguna vez tuvieron ilusiones, y con una historia que intuimos muy amarga. Dos seres vací­os a los que solo les queda el dolor.

La Isla Mí­nima es sin duda una de las pelí­culas de este año. 105 minutos que son toda una muestra de excelente cine negro.

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