Rent: un canto a la vida, la muerte y el hoy

525.600 minutos es el tiempo que me habría pasado escuchando al cast de Rent en su estreno el pasado martes 2 de abril en el teatro Condal de Barcelona.

Sinceramente, aunque quería escribir este artículo justo después del showazo, os juro que me dejó totalmente agotado. Aunque la mayoría de los musicales tiene una carga emocional importante ­(eso y que yo soy mu’ sentío), Rent es una auténtica montaña rusa en la que SIDA, amor, drogas, arte, precariedad y muerte son la base para una sátira y crítica social de la Nueva York de finales de los 80 y principios de los 90.

Ahora digo yo: si a mí, que estaba plácidamente disfrutando en mi butaca, me dejó KO ver una única función, ¿¡cómo se sentirán el cast y sus protagonistas haciendo pases día tras día!? Muertos, moríos, mataos. Eso seguro. Aplaudan.

I mean, estuve a puntito de subirme al escenario y darle un Goya a Júlia Bonjoch (Mimi) por el speech sobre Angel. Me cansé solo con verla. Julia se vacía y se entrega toda de arriba a abajo tanto en los números de contoneo sexy y voz rasgada como en los momentos más íntimos, susurrando con esos ojinos que me tiene y que brillan de aquí a Santa Fe. Y Víctor Arbeló, ¿qué hacemos con él? No cabe duda de que es una de las mejores voces masculinas del panorama nacional. El tío sube, baja, imposta, cabeza, susurra, rompe y, encima, ¿actúa? ¡Vamos, hombre! Roger no es un personaje fácil a nivel interpretativo y vocal y Víctor lo borda como si estuviese lavando los platos tranquilamente en su casa.

Mini-resumen del resto del cast: Iñaki Mur como Mark (ternura absoluta y energía), Anna Herebia como Maureen (es-pec-ta-cu-lar) , África Alonso como Joanne (brillante), Xavier Navarro como Collins (me caso) y Alber Bolea como Ángel (DIVAZA en mayúsculas).

El director, Daniel Anglès, uno de los grandes nombres del teatro musical en España, ha sabido adaptar con éxito la historia a sus nuevos personajes; haciendo de este Rent actualizado un espectáculo redondo que muestra que, desgraciadamente, la cosas no han cambiado tanto y que tenemos que dejarnos de tonterías y medir la vida en amor. Suena cursi, pero si lo has visto es porque es y así lo repiten los protagonistas a lo largo de la trama.

Jonathan Larson, bebiendo unos sorbitos de La Bohème de Puccini, creó este musical rock contemporáneo y atemporal sobre los prejuicios, el amor y el dolor. Mi nombre también empieza por J, compartimos mes de nacimiento y signo del zodiaco, así que let me tell you de parte del Jony: amigas, sí queréis ir a un musical donde se os hable sin tapujos ni estigmas sobre los temas ya mencionados —y tan en boca en la actualidad, con una producción tocha, frases para enmarcarlas y un equipo entregadisísimo, os animo a que vayáis a ver el show lo antes posible porque, como dicen por ahí, no hay más que hoy.

Sin lugar a dudas: María José Llergo se viene

He tenido la suerte de estar en el concierto que María José Llergo (Pozoblanco, 1994) dio el pasado domingo en el CCCB y, para qué ocultarlo, sigo embobao. Aquí os dejo una pequeña crónica de lo que esta señora nos ha ofrecido de gratis.

Se apagan las luces y sale ella con su juventut, seguida de su guitarrista Marc López. La Llergo da las gracias de una manera pausada y tan cordobesa que suena exótica. Mientras mueve su falda de tul a lunares con gracia, busca la concentración para dar inicio al show. Él se sienta, respira y empieza la magia. El Hall del CCCB repleto (sold out, duh), en silencio.

Suenan los primeros acordes. Ella extiende los brazos y abre las palmas de sus manos como si estuviese recibiendo la energía del público. La niña dulce que había subido al escenario se transforma y se vuelve tormenta, con una fuerza en la mirada que reta y hace cómplice a los asistentes. Desde el primer momento, se le ve un brillo en los ojos que inunda la sala de emoción. Ella es la Niña de las Dunas, que quiere Volver pero que siempre ha sido. Sin esfuerzo, nos deleita con una voz de mil matices que maneja con un gusto exquisito (¿ese vibrato? wig) y que navega entre sus canciones y versiones que hace propias como el maravilloso Pequeño vals vienés o la Canción de Soldados ¨contra los que ahogan a España en sus manos¨. Ovación y un público que no para de aplaudir porque lo de esta niña no es normal.

Da las gracias repetidas veces, pero con la mayor honestidad del mundo. Se agarra el pecho. Agradece a su familia, a Silvia Pérez Cruz, a Lorca, Enrique Morente y a todo aquel que le ha inspirado, le ha hecho daño o la ha hecho feliz. Agradece también a Marc, con algunas palabras y muchas miradas de complicidad. Las cuerdas del guitarrista y la voz de la Llergo se entrelazan, dialogan y nos entregan una conversación dulcísima que querríamos escuchar por horas (pero no nos dejan). Cuenta que su abuelo, de campo como ella, se tuvo que venir a Barcelona a trabajar, pero volvió a su tierra a sembrar y cantar, que también era su sueño. Plantó semillas trabajando en los panots de Barcelona y, quizá sin esperárselo, ha hecho que veamos florecer a su nieta, a la que el señor regaría con mesura en naturalidad, talento y verdad.

El público la halaga con piropos, ¨oles¨, ¨bonita(s)¨ y algún ¨es que esta niña es increíble¨ que escuché un par de veces a las señoras que compartían fila conmigo. Razón no les falta. La Llergo te inunda con su voz y te mece como las olas de su Nana del Mediterráneo. Lo más chocante es que ella misma ni parece darse cuenta del efecto que tiene.

Agárrense que esta señora viene fuerte, amigas.

Y para muestra, un botón:

2018: El resurgir del disco beat. ¿Y 2019?

Parece que 2018 ha sido el año en el que ha dejado de estar de moda lo que no está de moda. Los hipsters van finalmente muriendo o tirándose de los bigotes unos a otros por no poder ser tan especiales y exclusivos. Los indies puristas, tras la confirmación del (maravilloso) cartel del Primavera Sound 2019, han decidido hacer una concentración de tres días para llorar en silencio con Los Planetas de fondo y, lo que nos importa: en la mayoría de últimas tendencias, parece que el batiburrillo de estilos y los comebacks es lo que se lleva, chiquis. Lo de atrás pa’lante y fuera clichés.

Dentro de este no-parar-de-creaciones que más que innovar van para atrás —mirad lo ¨nuevo¨ de Bisbal o Carlos Baute, ha resurgido el disco-beat and I’m here for it. Algunos ya habían jugado con este ritmillo tan saleroso y apetecible para noches de guateque (Daft Punk, Empire of the Sun o Crystal Castles) y, en este artículo, veremos qué artistas no han dudado en subirse al carro este año.

Porque ¿a quién no le va a gustar un buen disco-beat? ¿a quién no le va a gustar? Esos bajos que se te meten por el cuerpo, esos juegos de ritmos sincopados que hacen que te contonees como una lombriz borracha. Calvin Harris, en su (inflavalorado) disco debut ‘I Created Disco’, ya creó una atmósfera disco/groovy/funk que parece tener más hueco este año que en 2007. Quizá es por eso por lo que Dua Lipa, muy lista ella, se ha marcado un featuring con el DJ que ha resultado en uno de los temas indiscutibles de este 2018: ‘One Kiss’. Sam Smith tampoco ha desaprovechado la oportunidad de colaborar con el Harris y alegrarnos el verano pasado con sus ‘Promises’. 

En Francia, artistas como los ya mencionados Daft Punk, Christine and the Queens o Polo & Pan (su featuring Pluie Fine con Corine es lo mejor que me pasó en 2017) llevan años en la industria haciéndonos menear los cuerpos con sus ritmillos. Dentro del panorama nacional, este año hemos tenido algunas propuestas curiosas como ‘El momento’ de La casa azul o ‘1985’ del grupo barcelonés Tversky. Pero en esta nueva ola retro-futurista, sin lugar a duda, Parcels se ha llevado la palma con su disco debut.

Ahora solo nos queda esperar lo que nos depara 2019 asumiendo, con orgullo, que 2018 ha sido un gran año para la música y dando por hecho que cada vez será más complicado dividir en compartimentos los estilos y encasillar a artistas. Que no paren las producciones curradas, los featurings imposibles y let’s funk bitches!

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