AHS Roanoke: metatelevisión, paletos y vísceras

 

Ayer por la noche terminó, en Estados Unidos, la sexta entrega de American Horror Story, la antología de terror (¿?) que Ryan Murphy y Brad Falchuck comenzaron a construir en el año 2010. El juguetón punto de partida de Roanoke es el siguiente: los espectadores observamos una ficción que reconstruye, supuestamente, un terrorífico caso real, para ello intercala declaraciones a cámara de las personas involucradas en dicho caso, con reconstrucciones ficcionadas de lo sucedido. Así, personas e intérpretes dialogan en un juego de espejos distorsionador. ¿Y qué es exactamente lo que nos cuenta este programa? Cómo una pareja interracial huye de la violencia racista urbana hacia el rural, compra una mansión alicaída en la América profunda y padece el acoso de los vecinos, red necks, white trash salvajes, y de ciertos acontecimientos sobrenaturales que comienzan a destrozar sus vidas.

Roanoke ha venido a expandir un universo narrativo convulso, contradictorio y dispar. La inaugural Murder House era una ficción oscura, retorcida y, sí, diferente en medio de un panorama televisivo en plena expansión. Asylum consiguió elevar a American Horror Story a la liga de las grandes ficciones audiovisuales, era una serie compleja, valiente e inteligente, convirtiéndose en la mejor obra de la factoría de Ryan Murphy, sólo igualada, precisamente este año, por American Crime Story. The People vs. OJ Simpson.

Tras aquella genialidad, la serie se destensó optando por el mamarrachismo hedonista de Coven. La orgía visual y el empleo del humor salvaban una entrega sin relato, deshilachada. Frente a la ligereza de las brujas, Freak Show buscó en los personajes que poblaban un circo la profundidad de Asylum. Construyó para ello una galería de personajes interesantes y destruidos por la vida. Sin embargo se olvidó de dotarlos, otra vez, de relato. Mujeres y hombres atormentados que no iban a ningún sitio. El problema no era el quién, sino el qué. Ante el declive evidente de la serie, Murphy y Falchuck decidieron correr hacia adelante, de tal forma que Hotel acabó por ser una mezcla de sus dos predecesoras, teniendo casi todo lo malo y muy poco de lo bueno de ambas. Y no, el problema de aquella temporada no era Lady Gaga, sino la nula coherencia de una historia que caminaba a golpe de ocurrencia.

 'I'm not american, I'm not used to all this carnage!"
‘I’m not american, I’m not used to all this carnage!”

Teniendo en cuenta este bagaje, y que Murphy tiene en marcha otras dos antologías: American Crime Story y Feud, AHS parecía condenada a seguir languideciendo artísticamente. Sin embargo no ha ocurrido, Roanoke es una ficción que camufla su livianidad con ingenio, la obra de un mago del engaño, de un ilusionista. Por debajo de la metarreferencialidad, y el espectáculo, a ratos pulp, a ratos sanguinario; no hay nada. Roanoke, a diferencia de Murder House, Asylum y Freak Show no se cimenta sobre un complejo estudio de personajes. Todos y cada uno de ellos son basura ante la incineradora narrativa de sus creadores. En Roanoke no hay profundidad, sólo fascinación por el dispositivo que construyen para contarnos una historia sobre la estupidez humana, y disfrute ligero proporcionado por una masacre cargada de humor y crueldad. Estamos ante una divertidísima reflexión sobre la forma audiovisual, sobre el cómo contar historias.

El éxito de Roanoke consiste en remitirnos, este vez sí, al cine de terror estadounidense de las últimas décadas. En su metarreferencialidad cínica se mira en el espejo de The cabin in the woods, y en su visión de la America white trash en el cine de Rob Zombie, reproduciendo una versión muy light del mismo. Rob Zombie para dummies, metatelevisión para fanáticos. ¿Es Roanoke la mejor temporada de American Horror Story? No, pero sí es la más sincera y autoconsciente, y sin duda alguna la más acertada desde la (¿insuperable?) Asylum. AHS aún puede ofrecer nuevas historias, la máquina no se había roto, sólo gripaba.

Luís Ogando
Luís Ogando

Redactor

Periodista que no ejerce, doctorando a medio cocinar, picapleitos a largo plazo. Me crié en el ala oeste de una cueva que estaba a dos metro bajo tierra. Heredero natural de la loca de los gatos. Todo es mejor con queso y/o Allison Janney de por medio.

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