El amor según Xavier Dolan

Xavier Dolan (Montreal, 1989), nuevo rey del queer cinema, enfant terrible del cine de autor, chico de moda a tiempo completo, cronista de los sentimientos convulsos de una generación a la deriva… Todo eso y mucho más es este cineasta quebequés que con apenas 27 años tiene ya en su haber seis films, y el séptimo, The Death and Life of John F. Donovan, se encuentra en fase de preproducción y supondrá su esperado salto a Hollywood rodeado de un reparto espectacular de actrices: Jessica Chastain, Natalie Portman, Susan Sarandon, Kathy Bates… Antes de sumirse en la vorágine del cine estadounidense, Dolan ha presentado en el Festival de Cannes, Sólo el fin del mundo, la adaptación de una obra teatral que le ha valido el Gran Premio del Jurado del certamen y un aluvión de críticas a favor y, sobre todo, en contra enfebrecidas. No, el joven director no es un autor que busque generar consensos.

El cine de Dolan gira en torno a la idea de que el amor nos hace daño. Ya sea paternofilial, romántico, amistoso o fraternal. El amor nos hace grandes pero también nos puede destruir. Todo lo que sube ha de bajar. La gravedad amorosa (y la gravedad del amor) ejerce una influencia irresistible en las películas de un cineasta que juega a ser, al mismo tiempo, un esteta excesivo y un narrador de las intimidades del alma. En sus películas la gente sufre, grita y ama con una intensidad inusitada, mientras la cámara fotografía sus rostros y encapsula sus movimientos. Para ello, el cineasta juega con los colores, los planos cortos, la ralentización de las acciones, el uso y abuso de música extradiegética, los planos frontales o la simetría. Un vendaval audiovisual pop/posmoderno para dibujar los lodos dónde se enfangan nuestros sentimientos.


Matar a la madre

Je tue ma mere
J’ai tué ma mère

La figura de la madre, cariñosa y opresiva, amada y odiada a partes iguales, es un elemento fundamental en el cine de Dolan. Su ópera prima, J’ai tué ma mère (Yo maté a mi madre) (2010), narra la convulsa relación entre una madre que no conoce a su hijo y un hijo que aborrece a su madre. Aunque el rotundo e impactante título podría llevarnos a pensar que estamos ante un thriller, en realidad el film es un híbrido entre un drama familiar y un coming of age, rodado con rabia y frescura. La familia es esa institución social (y sanguínea) de la que es imposible librarse, una idea que flota, precisamente, sobre su último film, Sólo el fin del mundo, en el que el protagonista regresa a su hogar después de muchos años para librar una última batalla con los miembros de su familia, incluida, claro está, la madre.

Si en su primer film Dolan quería invisibilizar a su madre, hasta deshacerse de la idea de su existencia, en su cuarta obra, y la que más consenso ha generado hasta el momento, Mommy (2014), un Dolan más maduro nos habla del vínculo indestructible entre una madre y su hijo. Para remarcar esa evolución en su mirada, el cineasta vuelve a contar con una incomesurable Anne Dorval como la madre biológica, volcánica, excesiva, y una tierna Suzanne Clément como la madre postiza, delicada, frágil, paciente. Si en su obra de 2010 el hijo quería librarse de la madre, ahora es la madre la que se ha librado de su hijo en un futuro inmediato ligeramente distópico en el que los padres pueden ceder al Estado la potestad de criar a sus hijos púberes si no son capaces de controlarlos. Mommy es un relato descarnado sobre la maternidad, la adolescencia, los miedos, las frustraciones y sí, el amor, o más bien, sobre la incapacidad del amor de curarlo todo.


Sobrevivir al (des)amor

Laurence Anyways
Laurence Anyways

En su segunda película, la liviana Les amours imaginaires (Los amores imaginarios) (2010), Xavier Dolan explora un sentimiento peligroso, la obsesión amorosa, y otro doloroso, el amor no correspondido. Dos amigos, un chico y una chica, se enamoran de un tercero. A partir de ahí y a golpe del Bang Bang de Nancy Sinatra en su versión italiana, se desata una enloquecida carrera de seducción. La amistad puede con todo. Sí, ya…

En su siguiente film, Laurence Anyways (2012), quizás su obra más ambiciosa hasta el momento, el quebequés se adentra en el terreno del desamor desde otra perspectiva muy diferente: la imposibilidad de amar. Una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre (Melvil Poupaud) le confiesa a su pareja, a la mujer que ama (una descomunal Suzanne Clément), que no puede seguir viviendo así, en una vida que no siente como propia. A partir de ahí, la cámara de Dolan nos relata a lo largo de muchos años, la tortuosa relación de amor y desamor entre dos personas condenadas a no poder ser felices juntas. Un drama romántico hermoso y triste, plagado de imágenes dolorosas y sentimientos a flor de piel.


Luchar contra uno mismo

Tom a la ferme
Tom à la ferme

De todas las obras de la filmografía de Xavier Dolan, la más extraña, inaccesible, críptica y retorcida es Tom à la ferme (2013), su cuarto largometraje y el único que no ha estrenado en Cannes, sino en Venecia. La cuarta película del cineasta narra la llegada de Tom al pueblo de su difunto novio para acudir al entierro del mismo. Sumido en su propio dolor se ve atrapado, irremediablemente, en la prisión psicológica (y física) que en torno a él teje la familia de su pareja. Era cuestión de tiempo que un autor tan preocupado por la psique de sus personajes, terminara confeccionando un drama psicológico.

El resultado fue una película demoledora sobre el dolor que provoca una pérdida y un estudio lapidario sobre la autodestrucción. Tom es incapaz de salir del peligroso círculo vicioso en el que se sumerge, básicamente porque es incapaz de superar su propia parálisis emocional. Cuando creemos que lo hemos perdido todo, claudicamos ante la vida, ante nuestra mera existencia. El amor nos hace daño hasta desde el más allá. Esta obra, rodada como si fuera una pesadilla, nos muestra que todos tenemos pulsiones terribles en nuestro interior, que todos podemos ser prisioneros del lado más oscuro de nuestro ser. Es difícil luchar contra los demás, pero más duro es luchar contra uno mismo.

Luís Ogando
Luís Ogando

Redactor

Periodista que no ejerce, doctorando a medio cocinar, picapleitos a largo plazo. Me crié en el ala oeste de una cueva que estaba a dos metro bajo tierra. Heredero natural de la loca de los gatos. Todo es mejor con queso y/o Allison Janney de por medio.

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