¡Quiero bailar! | Recordando ‘Billy Elliot’

 Hace casi quince años, a comienzos de siglo, Stephen Daldry saltaba a la primera lí­nea del panorama cinematográfico al estrenar Billy Elliot, su ópera prima que rápidamente se convertí­a en uno de los mayores fenómenos que recaló en la gran pantalla durante aquellos años obteniendo merecidos reconocimientos internacionales y el favor del público y la mayor parte de la crí­tica. Se dibujaba, por tanto, un futuro – a priori – muy prometedor para el realizador británico. Opinión que se refrendaba dos años más tarde con el estreno del drama Las horas, que obtuvo nueve nominaciones a los premios de la Academia estadounidense además de dos Globos de Oro y dos BAFTA y el Oso de Plata para sus tres actrices protagonistas (Nicole KidmanJulianne Moore y Meryl Streep).

No serí­a, sin embargo, hasta seis años después cuando Daldry volvió a estrenar un largometraje. Sin embargo, The Reader (El lector) no convenció de forma tan unánime como sus dos primeras obras. Fue en 2010 cuando estrenó Tan fuerte, tan cerca, un fallido e incluso histérico drama que explora el sentimiento de pérdida en el siempre polémico (y peligrosamente emotivo) marco del atentado terrorista del 11 de septiembre que, salvo excepciones, decepcionó a propios y extraños. Pese a ello, ambos largometrajes salvaron los muebles en territorio estadounidense colándose entre las nominadas a Mejor Pelí­cula en los preciados Oscars e incluso deparando algún reconocimiento más. Ahora Daldry está a punto de estrenar Trash: Ladrones de esperanza, fábula de corte social con Rooney Mara que promete ofrecer un cruce entre Slumdog Millionaire Ciudad de Dios… prudencia, ante todo.

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Pese a esta decadencia (más o menos ligera, dependiendo a quien preguntes) en El Celuloide de BFace Magazine queremos conservar la buena imagen que el Daldry “primerizo” nos dejó y recordar una obra tan estimulante e icónica como su ópera prima: Billy Elliot, uno de los más sólidos e inolvidables manifiestos a favor de perseguir, contra viento y marea, nuestros sueños.

Billy Elliot presenta de forma sincera, lí­rica y emotiva el proceso de madurez de un joven de padre severo en el contexto de la huelga de mineros en Durham allá por el año 1984. La búsqueda de su propia identidad es el núcleo de un filme que explora, por si fuera poco, otras muchas cuestiones de vital importancia en la adolescencia como son las relaciones familiares (perfectamente diferenciadas y definidas), la sexualidad, el amor, la pérdida, el activismo, las drogas o la pasión por el arte. Todo ello aderezado por un marcado halo de crudeza dado por la subtrama social que acaba por entremezclarse con el relato central y contrastando con la amabilidad y empatí­a que causa una historia, a priori, tan humana y universal como la que principalmente se narra.

El espectador acompaña a Billie en su aventura de descubrimiento pero, del mismo modo, observa también la evolución del resto de personajes que huyen del mismo modo en busca de sus propias respuesta a preguntas tan razonables (y al mismo tiempo insondables) cómo son el ¿qué? y el ¿por qué?, ergo, la personalidad y la motivación. Mientras Billie se endurece y adquiere convicciones y responsabilidades infranqueables, los demás parecen demoronarse cual castillo de naipes, romper su coraza para encontrarse a sí­ mismos con mejores o peores resultados.

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Con la música y la danza como vehí­culo emocional (pese a haber sido posteriormente adaptado – con gran éxito – a las tablas de Broadway Londres, no se puede hablar de Billy Elliot como un musical en el sentido más estricto de la palabra) y un guión bien construido y medido, Daldry construye un filme que se erige como una bandera a favor de la identidad con no precisamente pocas secuencias poderosas y memorables (desde los créditos iniciales, hasta el clí­max dramático) y un, por aquel entonces, grandí­simo descubrimiento en el terreno interpretativo: Jamie Bell – quien ofrecí­a una interpretación cuidada y fuerte, llena de matices y expresividad – que, por suerte, ha sabido crear una carrera posterior de suficiente interés, apreciable, y en absoluto sustentada por este magní­fico papel.

Bailen, sueñen, vivan.

Jesús Choya
Jesús Choya

Redactor

Si te tengo que decir una pelíula favorita, te digo dos: 'High School Musical' y 'Mulholland Drive'. Cinéfilo aprendiz creado a las puertas del nuevo milenio.

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