Contra la Fiesta del Cine

Desde hace ya algunos años se viene celebrando la Fiesta del Cine, un especie de festejo regional postmoderno en el que ensalzamos uno de los sucesos sociales que más calado tienen en el español medio: las ofertas.

Sí, amigos, nos encanta ahorrarnos las pelas. Tanto que ha llegado un momento en el que ni siquiera interesa ahorrar en productos que nos interesan, sino que ahorramos por deporte, haciendo cosas que no nos interesan o comprando objetos que no nos gustan por el simple hecho de lograr la medalla al gran chollo. En ese marco encuadro yo la (terrible) práctica que supone la Fiesta del Cine, una oportunidad de oro para que la gente que no va al cine pueda fingir que le gusta ver películas. Como no es conveniente dar puntadas sin hilo, voy a intentar justificar mi oposición a este evento en varios apartados. Ahí voy:


1. Las colas para comprar la entrada son kilométricas. Normalmente, cuando voy a mi cine de cabecera sólo está el conserje (borracho) barriendo la entrada (con un stick de hockey) y nos metemos a las salas a probar el eco. En cambio, cuando hay Fiesta del Cine la cola es aproximadamente del tamaño de 3 o 4 etiquetas del Zara. ¿Desde cuándo a la gente le gusta tanto el cine? NI QUE FUERA EL PRIMARK DE GRAN VÍA.

2. La compra por internet sólo es un paliativo. Sí, sé que muchos pensaréis: pues compra las entradas online y te ahorras la cola. Correcto. Lo que pasa es que ese razonamiento lo hacéis vosotros, yo, y otras 500 personas que quieren ver Marte a la misma hora que tú y robarte los asientos buenos. Entonces, lo retrasas un día, y madrugas (a qué cosas hay que llegar) para comprar las entradas, como si Kurt Cobain hubiese resucitado y Nirvana fuese a dar un único concierto en tu ciudad.

3. Las colas  para comprar palomitas son kilométricas.  Aún estoy esperando a que den la opción de comprarlas online (y consumirlas).

etiqueta zara contra la fiesta del cine
El tamaño estándar de una etiqueta del Zara.

4. Es una fiesta y no hay confeti.

5. Ni cerveza.

6. Ni otras bebidas alcohólicas.

7. Ni piscina.

8. Ni música.

9. Las salas se llenan de gente. Este punto tiene varios inconvenientes, que he decidido desgranar a continuación:

– El ruido de gente comiendo. Siempre hay alguien en la sala que cuando come parece un castor masticando una caja de herramientas. Es el precio que hay que pagar por ver películas con desconocidos. Pero con el cine lleno, el número de espectadores ruidosos se multiplica, convirtiéndose en un ejército de castores masticadores.

La gente -que ojalá ardan lentamente en el infierno mientras escuchan frases de cuñado- que comenta la película entera entre risitas. El usuario que va al cine una vez al año porque está tirado de precio no es cinéfilo, por si hacía falta aclararlo. No quiero caer en prejuicios fáciles, pero hemos venido a jugar: normalmente los “comentaristas” son canis.

– En otras ocasiones, no comentan la película, pero se ríen a destiempo. A carcajadas. Son un amor.

– Los niños pequeños preguntando cada 5 minutos porque no se enteran de nada de “El Árbol de la vida”, NI QUE FUERA DIFÍCIL DE ENTENDER.

cola la fiesta del cine contra la fiesta del cine
Un día tranquilo en la fiesta del cine.

10. Sirve de pretexto para ver mierdas. Como el precio es reducido vale todo. No suelen coincidir estrenos potentes en la Fiesta del Cine (como es obvio), así que las mejores opciones son las películas recomendables estrenadas hace unas semanas, o los nuevos bodrios por los que no pagarías en otras fechas ni aunque te estuvieran apuntando con un lanzallamas a la entrepierna. A menudo gana la segunda opción.


Hasta aquí las grandes razones para estar fuertemente en contra de la Fiesta del Cine y optar por quedarse en casa probando Netflix en un bucle sin control de series de hace quince años que siempre quisiste ver (desde hace quince minutos).

Nacho Poveda
Nacho Poveda

Redactor

Lo sé, sólo es cine (pero me gusta).

1 Comentario
  1. Comparto tu idea de que la fiesta del cine es de las peores cosas para ir a ver una película en condiciones óptimas. Sin embargo la solución no pasa por erradicarla y acabar con ella, sino en erradicarla normalizando el precio de las entradas. A mí me gusta el cine, disfruto viendo una buena película en un cine, pero no puedo permitirme ir a ver todas las películas que quiero al cine. No puedo porque no quiero gastarme 50 euros al mes en ver 5 películas. Tengo los 50 euros, pero prefiero ahorrarlos o invertirlos en una conexión a internet que me permita descargarme esas películas y más. Si el problema es que tardan en subirse en buena calidad, pues empieza por verte las del mes pasado, o las del anterior. No tengo prisa por verla, las veo para mi goce no para hablar con la gente y daármelas de guay. Me encantaría no sentirme como un estúpido cada vez que voy al cine. Me encantaría ir al cine, pagarles mis 3 o 4 euros un viernes por la noche e irme a casa con el gusto de haber disfrutado. Pero la realidad es que cuando voy al cine, salgo de la sala sin saber cuando voy a volver y con la frustración de no saber por qué me tienen que cobrar tanto, cuando antes, o incluso ahora cuando quieren, valía la mitad.

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