El espí­ritu independiente del cowboy de medianoche

Con motivo del 45 Aniversario de su paso por los Oscar, y ya conocidos los ganadores de la 86 Edición, me dispongo a recordar una de las obras fundamentales de finales de los sesenta. Calificada X en 1969 por su crudeza a la hora de representar a la baja sociedad neoyorquina, donde reina la prostitución, la homosexualidad y las drogas, Cowboy de Medianoche constituye el primer caso de pelí­cula censurada que se alza con el gran Premio de la Academia. Dirigida por un John Schlesinger recién llegado a Estados Unidos, y protagonizada por Jon Voight y Dustin Hoffman, la Academia le retiró la censura después de adquirir el prestigio del que, ya desde los sesenta, gozaba en los cí­rculos cinéfilos independientes. Basada en una novela de James Leo Herlihy, la historia gira en torno a Joe Buck, un joven tejano que, creyendo firmemente en el sueño americano, viaja a Nueva York para enriquecerse prostituyéndose con mujeres de alto standing. Después de que su ingenuidad le juegue una mala pasada, pues el mundo que soñaba no se parece en nada a lo que imaginaba, conoce a Ratso, un timador enfermizo con el que empieza a entablar una extraña amistad.

“Cowboy de Medianoche” desmitifica el sueño americano con aspereza. La historia del ingenuo idealista que cree poder encontrar el éxito en la gran ciudad le sirve al director para crear un tí­tulo que sirva como lí­nea divisoria entre un cine comercial que estaba cayendo en la inverosimilitud de sus premisas y una nueva ola de pelí­culas radicalmente vanguardistas. No es de extrañar que Jerome Hellman, productor a cargo de la pelí­cula, buscase durante meses a jóvenes directores de espí­ritu independiente; una historia tan cruda no podí­a caer en manos de un cineasta conservador. John Schlesinger, que habí­a dirigido algunas de las pelí­culas más importantes del Free Cinema británico, fue una elección segura, pues tení­a experiencia en la industria cinematográfica y sus pelí­culas poseí­an una autenticidad similar a las del cinema verité (hermano gemelo del Free Cinema), promovido por John Cassavetes. Por tanto, la balanza estaba equilibrada. La única condición de Schlesinger fue que los actores secundarios de la pelí­cula no fuesen famosos; todo lo que se alejase del mundo idealizado de las superproducciones hollywoodienses era visto como un beneficio. El por aquel entonces desconocido Jon Voight, y un Dustin Hoffman en pleno ascenso en su carrera actoral, cuya interpretación en El graduado habí­a resultado una gran sorpresa, fueron las primeras elecciones para protagonizar la pelí­cula.

1969, MIDNIGHT COWBOY

Como ya he mencionado antes, no es de extrañar que “Cowboy de Medianoche” fuese censurada el dí­a de su estreno. No es que haya escenas de sexo explí­cito, sino que por aquel entonces la esencia de las pelí­culas americanas todaví­a era muy light; es decir, una historia en clave de tragedia sobre prostitutas, homosexuales, estafadores y ladrones no era el tipo de filme que llenaba las salas de los cines. No obstante, después de sus 7 nominaciones a los Oscar, la Academia redujo su X a una R (Restringido a menores de 18 años que no vayan acompañados). Así­, sus veinte millones de dólares iniciales de recaudación se convirtieron en más de cincuenta después de su reestreno, algo que no estaba nada mal para una pelí­cula con un presupuesto de tres millones y medio. Esto deja bien claro que la sociedad estaba hastiada de la realidad embellecida de las pelí­culas americanas. El cine en Europa habí­a dado un cambio radical en los últimos años, y todaví­a se encontraba en pleno auge el fenómeno de la Nouvelle Vague francesa. La nueva ola de directores independientes y, si se quiere, rebeldes, fue el eslabón fundamental para que la industria estadounidense se hundiese en los ardides de unas historias que se alejaban por completo de la realidad y que, además, buscaban adornar la realidad social (recuerden que Estados Unidos estaba en plena Guerra de Vietnam y habí­a sufrido dos magnicidios en los últimos años). Las cosas estaban cambiando y el cine debí­a hacerlo con ellas.

Y precisamente ese espí­ritu radicalmente renovador es la esencia de “Midnight Cowboy”. Sus personajes no son héroes idealizados y engrandecidos por una trama disparatada, sino que son fracasados a los que el propio espectador desprecia inicialmente, pues son tan irritantes y tan estúpidamente soñadores que llegan a rozar lo desagradable. Producen rechazo; en general todas las secuencias de la pelí­cula lo hacen. El realismo que proponen sus imágenes, rodadas en espacios reales, y la inocencia resentida que destilan sus personajes, son dos puntos fundamentales para entender por qué esta pelí­cula ha servido como inspiración a un ingente número de cineastas independientes en años posteriores (véase sus numerosas similitudes con Taxi Driver). La banda sonora de Harry Nilson, que contrapone esperanza y tragedia, se convirtió en uno de los iconos musicales de los sesenta. “Midnight Cowboy” muestra una visión pesimista de una colectividad en decadencia, y revela una realidad social desoladora, demostrando nuevamente que el sueño americano es una farsa y que muchos seres humanos nos movemos por impulsos y nos dejamos llevar por nuestros sueños y luego, a la hora de la verdad, no somos capaces de aceptar una realidad que nos abruma. Sin embargo, seguimos adelante, con todo lo que ello conlleva.

David Reszka
David Reszka

Cineasta cinéfilo. Escritor y crítico a ratos libres. Estudiante de dirección y producción de cine. Fanático de Lem. Creador del blog CriticaTuCine. | Twitter: @David_Reszka

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