Crí­tica | Dos tontos todaví­a más tontos

¡Que sí­, que sí­, que no es una broma ni Mariló Montero se ha equivocado, que la famosa pelí­cula Dos tontos muy tontos ha vuelto después de 20 años y ahora son Dos tontos todaví­a más tontos!

En este caso, Harry (Jeff Daniels) tiene que buscar a su hija perdida para que le done un riñón -hola, no te conozco pero quiero tu riñón- y, cómo no, contará con la ayuda de su fiel amigo Lloyd (Jim Carrey; no estaba muerto, estaba de parranda) para encontrarla.

Los personajes siguen en sus trece, ya que ninguno de los dos evoluciona durante la pelí­cula, sino que se basan en recurrir a los tí­picos chistes, bromas y tonterí­as para entretener al público. Sí­, se trata de entretener, ya que no llegan más allá de eso. Además, es un poco extraño ver los absurdos diálogos que tienen los protagonistas, los juegos de palabras que hacen entre ellos y las bromas-no-bromas que transcurren a lo largo de todo el filme. Que es todo muy raro, vamos.

Hacer una comedia que se base en bromas de caca-peo-pis no es lo más adecuado para un público que ya no busca eso -o ya no está acostumbrado a algo así­-, sino que quiere que la gran pantalla le aporte algo, aunque se trate de una comedia. Vamos, que esta pelí­cula de los hermanos Farrelly en los 90 habrí­a sido un boom; en pleno siglo XXI, está de más.

Dos tontos muy tontos - Arcada

El aspecto más positivo es que rodasen la pelí­cula con los mismos actores, ya que si la hubiesen hecho con otros, habrí­a sido un total fracaso -más, sí­-. También, me ganaron un poquito con la escena en la que vuelven al apartamento de Harry y su compañero de piso fabrica metanfetamina. Qué maravilloso guiño a Breaking Bad.

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=vhazOjc2bcs[/youtube]

Que se recorran medio Estados Unidos para encontrar a una hija y que, al final, no sea su hija ni tampoco necesiten un riñón me parece enredarnos too much.

Las personas que tení­an su infancia inacabada y poní­an todas sus esperanzas en la secuela de Dos tontos muy tontos serán un poco más felices al verla -tampoco demasiado-; los que no eran fan de los tontos, no vale la pena que la vean.

En definitiva, que los dos tontos siguen siendo muy tontos y seguirán siéndolo por muchos años que pasen.

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Núria Robaina
Núria Robaina

Redactora

Estudio Publicidad y Relaciones Públicas por casualidad, pero ejerceré por vocación. Algún dí­a hablarán de mi en el cine; mientras tanto, hablo yo de él. ¡Mamá¡, voy a ser artista!

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