Crítica | ‘Brooklyn’: Donde te lleve el corazón

Parece que para ser nominada a Mejor película en los Oscars has de haber tocado un tema escabroso o intenso: la venganza tras la muerte de un ser querido, la crisis de los espías soviéticos durante la Guerra Fría, los abusos infantiles de la iglesia, un secuestro durante siete años… O representar el gran viaje del héroe (americano), como bien sucede en ‘Marte’ (bien de agitar la bandera); sin embargo, de vez en cuando, se cuela una película pequeña, con una historia de lo más corriente pero tratada con tal delicadeza que acaba enamorando. Ésa es ‘Brooklyn’.

Ambientada en los años 50 (aunque por su trama bien podría ser de total actualidad), una chica irlandesa ha de abandonar su hogar y viajar a la tierra prometida que es América para poder encontrar un trabajo (os suena, ¿verdad?). Allí, al comienzo, echa demasiado de menos a su hermana y su madre y parece que nunca va a levantar cabeza… pero, de repente, aparece un chico italiano que le hace ver la luz y se enamoran perdidamente. Sin embargo, algo sucede y ella tiene que volver a Irlanda inesperadamente, debatiéndose entre si quedarse en la tierra que la vio nacer o aquélla donde se encuentra su corazón.

La película tiene un arranque demasiado lento: durante los primeros cuarenta minutos, prácticamente vemos a una (espléndida) Saoirse Ronan deprimirse por el recuerdo de sus seres queridos. Ahora bien, cuando entra en escena él, Emory Cohen, no puedes borrar la sonrisa de tu cara ni un sólo segundo: qué actuación más tierna y entrañable. Su acento, la manera en que mira a Ronan, sus movimientos… Te quedas prendado de él desde el minuto uno y no quieres que desaparezca ni un solo instante de la pantalla.

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Acompañando a los protagonistas, un grupo de secundarios en estado de gracia entre los que destaca Domnhall Gleeson (que no os engañen: no es protagonista), correcto como siempre; Julie Walters, a la que cuesta reconocer pero que borda el papel que ya hiciera en ‘Billy Elliot’ de mujer dura pero de gran corazón; y una pequeña sorpresa para los fans de ‘Arrow’, pues Emily Bett Rickards también tiene un pequeño personaje que interpreta con solvencia.

¿Qué problemas podemos encontrar en la película? Como ya hemos dicho antes, su arranque es algo lento y no deja de contarnos algo que ya hemos visto millones de veces. La historia de amor es típica y, aunque tiene cierta tensión en su último tramo, le cuesta llegar al conflicto y puede que haya quien pierda el interés por el camino. Habrá quien vea en ella un telefilm de sobremesa de Antena 3 y sí, puede que tengan razón, pero no deja de ser un telefilm con una factura técnica e interpretativa soberbia.

‘Brooklyn’ es muy consciente de lo que es y no se avergüenza de ello sino que coge el género y hace con él una película que, si bien no merece el Oscar, sí que está notablemente realizada y encantará a todos aquellos que se sienten y se dejen llevar; además, nos regala el nacimiento de toda una estrella, Emory Cohen, y la consagración de otra, Saoirse Ronan, que no ganará el Oscar pero… tiempo al tiempo.

Jonathan Espino
Jonathan Espino

cine@bfacemag.es

Volé en el Oceanic 815, bailé con Billy Elliot y me enamoré de Satine en el Moulin Rouge. Ahora, comparto despacho con Alicia Florrick y canto en las barricadas en mis ratos libres.

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