Crí­tica – The Imitation Game

Alan Turing fue un matemático británico que descifró los códigos secretos que los nazis enviaban a través de su máquina, Enigma. Este hecho fue providencial a la hora de decantar la victoria hacia el lado de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. A pesar de esta hazaña, no obtuvo ningún reconocimiento y posteriormente fue juzgado por su condición de homosexual. “The Imitation Game” transcurre de forma paralela en 3 espacios temporales de la vida de Turing: la etapa en la que trata de resolver Enigma, su infancia, y la etapa de su persecución posterior. Desgraciadamente, sólo el perí­odo de la Segunda Guerra Mundial tiene auténtico interés. En ese sentido, la pelí­cula pierde la oportunidad de profundizar en el personaje de Cumberbatch, retratándolo de una forma superficial y estereotipada. Parece que el papel de genio-insoportable-asocial (¿Sherlock?) se ha convertido es una convención cinematográfica universal, a pesar de que Turing no era así­. Una pena.

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La dirección de Morten Tyldum es bastante convencional, ‘correcta’, del mismo modo que lo son las interpretaciones. Por fortuna, la pelí­cula tiene ritmo suficiente como para poder disfrutarla si uno no piensa demasiado en la simpleza pueril de la narración, y de los personajes, y de… Y DE TODO. “A veces las personas de las que menos esperas son las que más VENGA YA HOMBRE, QUí‰ ES ESTO ¿PREESCOLAR?”. La banda sonora corre a cargo del multinominado Alexandre Desplat, que se dedica a subrayar aún más los giros narrativos (con verbalizarlos no era suficiente), pero que también se mueve en los márgenes de lo aceptable. Merece una mención especial las imágenes de la guerra, secuencias de postproducción bastante mal integradas en la estética del conjunto.

Pero “The Imitation Game” no serí­a la pelí­cula sobrevalorada que es si no fuera por su final. Ay, qué final. El desenlace es sencillamente bochornoso: después de media hora de melodrama anticlimático (una vez resuelto Enigma), los protagonistas queman el trabajo más importante de sus vidas entre risas con rótulos que huelen a moralina de jardí­n de infancia o de cuñadismo del bar de la esquina. Un cierre que deja a la pelí­cula a la altura de “La teorí­a del todo”, probablemente las dos más flojas entre las nominadas a mejor pelí­cula.

En definitiva, “The Imitation Game” cuenta con más errores que aciertos y no merece el protagonismo que ha tenido en la carrera de los Oscar. Aún así­ se deja ver si se le presta la atención suficiente, es decir, poca. La labor de dirección de Morten Tyldum, la banda sonora y las interpretaciones salvan ligeramente el conjunto.

Nacho Poveda
Nacho Poveda

Redactor

Lo sé, sólo es cine (pero me gusta).

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