Crítica | Los Minions

Esta vez, no voy a andarme con rodeos: el spin-off de los secuaces de ‘Gru’ es un SÍ rotundo. En esta primera entrega de sus aventuras en solitario (esperemos que vengan más), descubrimos en un potentísimo arranque (que también fue su primer teaser) el origen de los Minions y cómo su existencia no tiene sentido sin un villano al que rendir pleitesía. De ahí, que Kevin, Stuart y Bob decidan abandonar a la tribu para ir en busca de un amo que les saque de la desidia. Así, comienza una divertidísima historia que nos lleva al Nueva York de 1968, donde el trío protagonista con más carisma que hemos visto en mucho tiempo decide acudir a la Convención de Villanos.

Con esta premisa, podríamos habernos encontrado una sucesión de gags sin sentido que nos sacara alguna sonrisa; sin embargo, lo que nos ofrecen es una historia perfectamente construida para divertir a grandes y pequeños con un festival non-stop de carcajadas y un tramo final apoteósico. Como ya es habitual en el cine de animación, los más pequeños estarán encantados con la película pero serán los adultos los que pillen las mil y una referencias culturales que se encuentran escondidas a lo largo del metraje (ojo al momento musical con la banda sonora de ‘Hair’).

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Aunque podríamos haber disfrutado con los pequeñajos amarillos en solitario, en la película podemos encontrar una sucesión de secundarios tan bien medidos en sus apariciones e intervenciones que, prácticamente, no podemos ponerles ni un pero: Scarlett Overkill y su marido, villanísimos de la cinta y doblados por dos fantásticos Alexandra Jiménez y Quim Gutiérrez; una familia encantadora que, sin duda, protagoniza uno de los gags más brillantes del film; e, incluso, la mismísima Reina de Inglaterra.

‘Los Minions’ será, sin lugar a dudas, el divertimento del verano. Probablemente, ‘Inside out’ tenga una premisa y un guión más originales y brillantes pero la primera es una absoluta maravilla cómica a la que no se le puede sacar, prácticamente, ningún error.

Jonathan Espino
Jonathan Espino

cine@bfacemag.es

Volé en el Oceanic 815, bailé con Billy Elliot y me enamoré de Satine en el Moulin Rouge. Ahora, comparto despacho con Alicia Florrick y canto en las barricadas en mis ratos libres.

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