El amor es extraño: en busca de la felicidad

íšltimamente, en el cine independiente, se estilan las comedias tristes y la pelí­cula que hoy nos atañe es una de ellas. ‘El amor es extraño’ es la agridulce historia de Ben y George, una pareja que, a sus setenta años, ha conseguido, por fin, casarse. Sin embargo, pocos dí­as después de que esto ocurra, George es despedido y se ven obligados a vender el piso en el que viven, teniendo que mudarse uno con unos familiares y otro con unos vecinos. Y así­, en esta separación impuesta, en esta situación algo tí­pica de ‘pez fuera del agua‘, es cuando empiezan los problemas.

La pelí­cula arranca bien, dejando al espectador que vaya descubriendo los detalles a su debido tiempo en prácticamente tres escenas en las que el conflicto ya está establecido. Sin embargo, a partir de este momento, la pelí­cula parece estancarse en una serie de situaciones en las que la acción es llevada por todos aquellos que se encuentran alrededor de los protagonistas, quienes se ven inmersos en un mundo que no es el suyo, lo que da lugar a encontronazos en los que es prácticamente imposible no reí­rse.

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El principal problema de ‘El amor es extraño’ es que, aún durando poco más de noventa minutos, al espectador (o puede que sólo a mi) se le hace larga, ya sea por un uso demasiado continuo de la música o por una dirección que se recrea demasiado en planos que deberí­an estar diciendo algo… pero no dicen nada.

El plano sostenido del sobrino llorando por la muerte de su tí­o deberí­a ser algo que causase en el espectador tristeza o ternura pero es tan largo que sólo logra provocar tedio.

Lo más plausible de la pelí­cula es la interpretación de los dos todoterrenos que tiene como protagonistas: Alfred Molina y John Lithgow. Están fantásticos en todo momento con pequeños matices que te hacen cogerles cariño y sentirles muy humanos, muy poco personajes. Por ello, quizás no nos terminamos de creer ese final algo forzado y precipitado, del todo innecesario, que no concuerda demasiado con el resto de la pelí­cula.

¿Era necesario que Ben estuviera enfermo? ¿Qué ganamos con ello? Nada.

‘El amor es extraño’ tiene momentos de comedia muy acertados, otros dramáticos no tanto y un trasfondo de denuncia social que se queda algo perdido entre las dos partes anteriores.

Jonathan Espino
Jonathan Espino

cine@bfacemag.es

Volé en el Oceanic 815, bailé con Billy Elliot y me enamoré de Satine en el Moulin Rouge. Ahora, comparto despacho con Alicia Florrick y canto en las barricadas en mis ratos libres.

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