El sueño de Ellis: Marion Cotillard sólo quiere ser feliz

–I want to be happy–

Que a James Gray le gusta ser el rebelde de su generación ya no es algo nuevo. Como los inmigrantes que le gusta retratar en sus pelí­culas, la diferencia hace el sello. La vida de un inmigrante cuando llega a otro paí­s es gris, gris como el cine de un James Gray de familia judí­o rusa que como Marion Cotillard en El sueño de Ellis (The Immigrant), emigraron al paí­s de la libertad a principios del siglo XX. Una caracterí­stica clave de un cine con mayúsculas bien grandes de los que dejan la huella del impacto contra la realidad. Un cine que escarba en las miserias de la familia y las bolsas de basura polí­ticas y morales que conforman la sociedad. Un cine alejado del mainstream imperante que basa su lí­nea en las pelí­culas rebeldes de los 70′, cuando la pandilla de Scorsese, Coppola o Hopper cambiaron la historia para siempre. Si acaso, la cara más visible de los sucesores sea la del Ben Affleck director, que fuera prejuicios absurdos, bien lo vale.

No parece tan loco entonces que Joaquin Phoenix se haya convertido en el eslogan representante de su cine –protagonista de toda su filmografí­a menos de su ópera prima, Little Odessa (1994)–. Los Phoenix (ay, River), emigrantes puertorriqueños. Si ya en la tremenda The Yards (2000) y La noche es nuestra (2007), Phoenix lidiaba con el mal de la corrupción desde dos puntos de vista opuestos, en la notable Two Lovers (2008), Gray rompe las reglas del drama romántico y convierte a un Phoenix acostumbrado a ser el verdugo en la ví­ctima de aquello que llaman amor. Por eso, el cine de Gray es un cine sin normas previas establecidas y del que sin esperarlo consigue que abras la boca del impacto o que aplaudas en silencio de lo grande que es el cine bien hecho.

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marion cotillard the immigrant

En El sueño de Ellis, Marion Cotillard, como inmigrante polaca, tan sólo busca la felicidad –que recuerda mirando a cámara en una de las escenas y planos más perfectos vistos últimamente– en el paí­s que vende como principal pancarta el ya casi caducado “sueño americano”. Un sueño americano que cuesta dinero y sacrificio, pero que probablemente te robe la moral en el intento. Aquí­, el habitual “nacida para sufrir” de Cotillard toma un nuevo rumbo y le ofrece la que en un mundo paralelo de justicia serí­a su tercera nominación al Oscar, después de obviamente, Rust and Bone. La inmigrante no hace covers de Katy Perry, pero cumple la letra de Firework como modo de vida. Gracias.

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Rubén Linde
Rubén Linde

Activista cultural. De pequeño quería trabajar en el videoclub del barrio, pero cerró. Después me hice agente de Hollywood. Showbiz! | @ruben_linde

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