Recordando “El resplandor”

Puedo dar muchas razones que respondan a por qué he decidido inaugurar esta sección con una pelí­cula de Kubrick, pero de todas ellas la que más influencia ha ejercido en mi conciencia, y que por tanto considero más relevante, ha sido que este cineasta es la mejor razón que he tenido – y probablemente tendré – para dedicarme al cine. Empiezo con “El Resplandor“ como podrí­a comenzar con “2001: Una odisea del espacio“ o “Dr. Strangelove“; no soy una persona a la que le guste hacer demasiadas distinciones cuando las opciones que se barajan son de tanta envergadura. Con todo esto dicho, doy una cálida bienvenida a todos los nuevos lectores. Acomódense en sus sillas, porque en unos instantes viajarán a las entrañas del infierno, donde el terror y la locura bailan juntas de la mano en una danza macabra, todo ello bajo la presencia del misterioso y omnipotente número 237.

¿Pero por qué “El resplandor” tiene, después de treinta años, un aura tan resplandeciente? Quizá sea la continua necesidad del ser humano de escuchar o leer historias macabras, o el placer que provoca ver en pantalla escenas escabrosas. Puede ser que Jack Nicholson haciendo aspavientos durante horas infunde verdadero terror. O quizá sea el auténtico miedo en la mirada de Shelley Duvall después de repetir alguna toma más de cincuenta veces. Kubrick era así­. La esencia de sus pelí­culas depende de cada espectador. Oscar Wilde decí­a que la naturaleza del arte reside en la interpretación que cada uno de los espectadores da a la obra. Si hay algo en lo que estamos casi todos de acuerdo es que esta pelí­cula destaca por encima de la mayorí­a de las de su género. ¿Por qué? Probablemente por el detallismo paranoide que impone Kubrick en cada secuencia. Todos sus largometrajes destacan por tener una planificadí­sima puesta en escena y un exhaustivo desarrollo psicológico de los personajes.

sh_elevatorfromwendysviewA priori todo esto no es perceptible por el espectador medio, pero al igual que no vemos los 24 fotogramas por segundo del rollo de pelí­cula, tampoco detectamos a primera vista los detalles que completan el conjunto. Y en esto Kubrick era todo un experto. En cada plano juega con la profundidad de campo y añade pequeños detalles (una luz, una silla, una moqueta de un color llamativo) que quedan grabados en nuestro subconsciente. Con el paso del tiempo podemos olvidar cómo acababa la historia, si Jack Torrance morí­a congelado o si Wendy conseguí­a escapar o no, pero estoy seguro de que muy pocos han podido olvidar la habitación verde donde Jack encuentra a una mujer desnuda, los trávelins por los pasillos del Overlook Hotel, los baños anacrónicos del bar-restaurante, la sangre manando de los ascensores y los gritos de una mujer desesperada mientras su marido destroza la puerta con un hacha. Y es que, como mencionaba arriba, lo escabroso, extraño y atemporal siempre llama la atención, y precisamente el cine juega con nuestra percepción de la realidad y la deforma; cuanto más difiere ese mundo imaginario del nuestro y cuanto más excéntrico nos resulta, más nos llama la atención.

Sobre esta pelí­cula se han expuesto teorí­as y teorí­as. Si algún cinéfilo kubrickiano se decide a ver el documental “Room 237“, se encontrará de lleno con un auténtico manjar de ideas, en su mayorí­a interesantes aunque, todo sea dicho, ilegí­timas. Entre ellas se encuentra de todo; desde que una proyección de la pelí­cula desde el final hasta el principio puede resultar reveladora, hasta la inconcebible – por disparatada – coincidencia de un cúmulo de nubes que parecen formar el rostro del director en el cielo, todo ello pasando por numerosos detalles y guiños que Kubrick introduce sutilmente a lo largo del metraje.

Stanley Kubrick directs Jack Nicholson  (The Shining)

Sin duda, es una pelí­cula que ha dado mucho de qué hablar durante más de tres décadas. Aunque el dí­a de su estreno tanto Stephen King como la crí­tica la destrozaron, e incluso fue injustamente nominada a los innecesarios – refiriéndome a su existencia – Razzies, hoy en dí­a ha adquirido la notoriedad que se merece. Los fans de Kubrick no solo lo catalogamos como uno de los mejores cultos de terror, sino como una de las mejores pelí­culas de la historia del cine. ¿Cierto o no? Ahí­ ya entran ustedes. Les invito a que la vuelvan a ver, reflexionen sobre ella y expongan sus teorí­as.

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David Reszka
David Reszka

Cineasta cinéfilo. Escritor y crítico a ratos libres. Estudiante de dirección y producción de cine. Fanático de Lem. Creador del blog CriticaTuCine. | Twitter: @David_Reszka

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