Facebook mató al cine de los 90

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana, una mujer vestida de gitana no significaba nada más que eso… una mujer vestida de gitana. Y para quedar con alguien había que citarse en un lugar concreto, a una hora concreta, bajo riesgo de quedarse esperando porque tu cita te había visto de lejos y había salido por patas si tu cita era impuntual. En esa galaxia había que llamar a los amigos al teléfono fijo de su casa, siempre a horas decentes, y bajo riesgo de que tu madre se pusiera hecha una hidra si veía luego la factura. En aquella lejana era la mierda no tenía ojitos ni boquita sonriente, las infidelidades se descubrían por gilipollas y no tirar las cartas a la basura con mucha menos frecuencia y las palabras cara y libro juntas no decían absolutamente nada. En los 90, aquella época gloriosa del cine que ahora los treinteañeros vemos como los nuevos 80, el culmen de la modernidad tecnológica era esto:

Y parándonos a pensar un momento… ¿cuántas películas de los 90 son las culpables de que muchos de los directores noveles de ahora se quieren dedicar al cine? Sí, la maravillosa “ShowGirls” también cuenta (un besito para los pezones erectos de Nomi). Pero ¿sería posible rodarlas hoy en día con la explosión de las redes sociales en nuestra vida? ¿Cómo cambiarían esas historias que nos enamoraron?


Eduardo Manostijeras (1990)

Al pobre Eduardo le caería la del pulpo hoy en día con Youtube. Los amiguitos de Winona Ryder le grabarían con sus iPhones, le pondrían hastags rollo #tijeritafreaky, y empujarían al mítico personaje de Tim Burton a un nuevo concepto de bullyng. Y Eduardo, por su parte, se abriría en Facebook una página para promocionar sus cortes de pelo a las vecinas del barrio… aunque apostamos a que su funda del móvil, dentro del universo Tim Burton, sería algo así:

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Thelma y Louise (1991)

El selfie más famoso de la historia del cine ya no se haría con una polaroid. Todos lo sabemos.

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Parque Jurásico (1993)

Diría muchas cosas pero la magnífica os joda a quien os joda “Jurassic World” lo definió a la perfección el año pasado: ahora el público estaría más interesado en grabar con sus móviles a los dinosaurios que en verlos frente a ellos.


Antes del amanecer (1995)

La gran paja de los antiguos mamarrachos-actualmente llamados hipsters película romántica de los 90. La gran obra maestra de Richard Linklater. La gran historia de amor de nuestra generación… sería absurda si se escribiera y rodara hoy en día. Jesse y Celine no volverían  a quedar un año después en Viena, a una hora determinada, sino que se buscarían en Facebook nada más separarse, se seguirían en twitter, se pondrían canciones melosas uno a otro en sus respectivos muros y se harían selfies para sus respectivas fotos de perfil. Vamos, el fin del amor.


Los puentes de Madison (1995)

La película que enamoró a todas las amas de casa noventeras y a todos los niños que aspiraban a ser gays. Si se rehiciera en 2016, la separación de Francesca y Robert no sería tan dolorosa porque seguramente Robert tendría un instagram donde colgaría sus fotos artísticas y allí dejaría mensajes secretos de amor para Francesca. Y ella likearía todas sus imágenes mientras suspira desde su cocina de ama de casa frustrada. Y nosotros ya no sufriríamos gritándole como locas a la pantalla: “¡¡abre la puta puerta de la furgoneta y sal corriendo con él!!”


Los amantes del círculo polar (1998)

Todos los modernos actuales se quedarían sin película favorita porque la historia de amor eterna entre Otto y Ana terminaría tan fácilmente como un whatsapp de él a ella preguntándole en qué parte de Finlandia está. Y seguramente en el mensajito Otto incluiría el emoticono de la gitana para aligerar un poco la intensidad de Julio Medem.


El proyecto de la Bruja de Blair (1999)

La película de terror de los 90 no hubiera durado más de quince minutos si los sufridos protagonistas hubieran tenido a su alcance un smartphone. Google Maps los hubiera sacado del bosque antes de que la bruja de Blair, y sus acojonantes niños aficionados a tocar tiendas de campaña en mitad de la noche, hubieran hecho su aparición. Pero qué pena si nos hubiéramos perdido la película que nos enseñó cuánto de terroríficos podían ser unos mocos…


El sexto sentido (1999)

Ni niño muerto ni giros retorcidos a lo Shyamalan. Bruce Willis se hubiera dado cuenta mucho antes de todo el pastel si hubiera mirado cuánto tiempo llevaba sin actualizar su estado de Facebook.


CONCLUSIÓN: las redes sociales hubieran matado hoy en día a nuestras añoradas películas de las noventa. Las redes sociales son la encarnación del mal más absoluto. Voy a escribir un tweet ahora mismo al respecto mientras pienso qué filtro ponerle a la foto para instagram qué le hecho a mis entradas de cine.

Jota Linares
Jota Linares

Redactor

Aspirante a contar historias a través de una cámara, mientras intento aprender de qué va esta locura a la que llamamos crecer.

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