Se apagó la mirada del maestro

Y de pronto, se fue.

Se fue sin que nadie lo esperara. La noticia del Wall Street Journal sacudió un twitter que quedaba, segundos después, desolado ante una pérdida tan inesperada como estremecedora. Se ha ido, para siempre. El maestro, Philip Seymour Hoffman aparecí­a muerto en su casa por, presuntamente, una sobredosis de heroina mientras rodaba la tercera entrega de la popular franquicia Los Juegos del Hambre.

Difí­cil hablar de un monstruo de la interpretación, de roles tan inabarcables y de carisma impresionante. Difí­cil hacerse a la idea de que las veces que veremos a Seymour Hoffman en la gran pantalla son ya limitadas y aunque aún podemos resguardarnos en sus inmortales personajes, el consuelo es mí­nimo en circunstancias como éstas.

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De carrera en un “in crescendo” cálido pero silencioso, Seymour Hoffman siempre estaba ahí­, como el eterno secundario roba escenas que era. Y nosotros siempre disfrutábamos con sus más breves o más extensas intervenciones. Porque era Seymour Hoffman, el único. Uno de los actores más grandes de la historia del cine y probablemente el mejor interprete masculino de la actualidad. Titánico, enorme, Hoffman era capaz de sacar lustre y, más que lustre, oro de los roles menos lucidos (y para muestra, ese pequeño papel en En Llamas). El Oscar le llegó con su primera nominación y gracias a su Truman Capote en el biopic homónimo. Con el Oscar, el globo de oro, el BAFTA, el premio del Sindicato de Actores, el Independent Spirit… Y después otras tres nominaciones a la estatuilla dorada y decenas de merecidas menciones más.

Inolvidables son sus colaboraciones con Paul Thomas Anderson: Sus personajes en Magnolia, Boogie Nights, Embriagado de amor y The Master ya son iconos del séptimo arte, sus roles en La duda, La guerra de Charlie Wilson, Synecdoche New York, Antes que el diablo sepa que has muerto o El gran Lebowski, clásicos.

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Me resulta inevitable hacer hincapié en su poderoso Lancaster Dodd. En ésta, su última gran interpretación, clase magistral de actuación Hoffman escribí­a su testamento, la confirmación de su grandeza y un billete directo al firmamento, allí­ donde solo tienen hueco los genios. En la que ya es una de las mejores interpretaciones del siglo descargaba en su mirada, en su gesto, en su voz una contenida y perfectamente equilibrada emotividad. í‰l era The Master, él era el maestro. No habí­a duda, no la hay. Un maestro cuya irremplazable oratoria, cuya penetrante mirada se ha apagado. Pero cuyas valiosí­simas lecciones siempre recordaremos con respeto y profunda admiración. Hoy desolación, tristeza. Mañana profundo recuerdo cinéfilo. Ya hay otro grande en el firmamento de las estrellas.

Seymour Hoffman ha muerto. ¡Viva Seymour Hoffman!

Jesús Choya
Jesús Choya

Redactor

Si te tengo que decir una pelíula favorita, te digo dos: ‘High School Musical’ y ‘Mulholland Drive’. Cinéfilo aprendiz creado a las puertas del nuevo milenio.

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