Godzilla: Tres monstruos y un desastre

Hagamos un flashback. ‘¿Otra pelí­cula más de monstruos?’, me pregunté viendo los impresionantes tráilers que nos llegaban. ‘No, no puede ser, Godzilla ha de ser algo más’, me autoconvencí­ viendo el reparto con el que contaba y las entusiastas crí­ticas del otro lado del océano. ¿Quién iba a pensar que no podí­a estar más confundido? La nueva ‘Godzilla’ es un ‘Pacific Rim‘ sin robots ni alma, un ‘vamos a meter aquí­ otros dos monstruos porque se nos queda esto muy vací­o’ en la que, por desaprovechar, se desaprovecha hasta el reparto de campanillas con el que cuenta. Pero vayamos por partes.

‘Godzilla’ arranca explicándonos desde los tí­tulos de crédito cuál es el nuevo punto de partida: la bomba de Hiroshima fue para matar al monstruo (cosa que nos sobreexplicarán más adelante otro par de veces). Los siguientes cuarenta minutos vivimos una especie de drama familiar vací­o, ya que no hemos tenido tiempo de simpatizar con ninguno de los cónyuges, por mucho que estos sean Cranston y Binoche. Tras una catástrofe que no desvelaré, la pelí­cula hace un salto de 15 años pero el drama aún sigue vigente. Ahora el protagonista es el hijo de Cranston, Taylor-Johnson, militar de carisma cero que, en la hora y media restante de pelí­cula, recorrerá el mundo cual Willy Fogg porque él quiere regresar con su familia (Olsen pasaba por allí­ y dijeron ‘oye, qué tal si pones un par de caras de susto y te ponemos en los créditos’) pero habiendo un monstruo (perdón, tres) destrozando el mundo, ahí­ se busque mi mujer las habichuelas para salvar a mi hijo, que yo soy militar y América me necesita. De vez en cuando aparecen unos cientí­ficos (que también se teletransportan de allá para acá con una facilidad pasmosa) para dar un cierto empaque cientí­fico a la historia. Y, en sí­, en esto consiste ‘Godzilla’.

¿Alguien ve posible que el personaje de Cranston pudiera escapar de la hecatombe nuclear del prólogo? ¿Para qué mantener la espora con la criatura latente? ¿Es que no ven que va a nacer y va a cargarse a media humanidad? ‘Es que querí­amos estudiarla’. POR FAVOR.

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Pelí­cula cayendo en 3…2…1…

Hay muchas cosas que me dan pena de esta pelí­cula pero, quizás, la que más sea ver a un reparto como este no poder hacer nada con una pelí­cula tan poco agradecida para con sus personajes, desde Taylor-Johnson  a Watanabe, al que llamaron porque siempre tiene que haber un cientí­fico japonés que diga eso de ‘GOCHILA’. Porque sí­, eso también, aquí­ hay clichés para aburrir y muchas ganas de hondear la bandera americana. Muchas. Por eso, lo que comienza como un drama familiar se transforma en un Super Mario Bros en el que los militares van saltando de plataforma en plataforma, de paí­s en paí­s, sin poder hacer nada y con el mero hecho de justificar la aparición de los monstruos y las escenas de ¿acción? Porque esa es otra, mucho ejército pero no hacen una a derechas y eso nos lleva a un bluff final de esos que tanto les gusta a los americanos pero que, a nosotros (o al menos a mi) nos saca los colores de pura vergí¼enza ajena.

Nos tratan de vender toda la pelí­cula que el ejército va a acabar con los monstruos con la bomba para que termine siendo Godzilla quien aniquile a los MUTOS con su llamarada azul (¿?) y todos miren con lágrimas en los ojos como un monstruo ha salvado a la humanidad (titular de telediario incluí­do). POR FAVOR.

Entonces, ¿para qué hacer un remake? Viendo la multitud de revisiones de clásicos que se nos avecina, la primera respuesta a esta pregunta serí­a ‘porque a los americanos les gusta gastarse el dinero a lo tonto’ y la segunda ‘porque la creatividad ha llegado (casi) a su fin’. Y el más claro ejemplo es la pelí­cula que hoy nos atañe que quizás cuente con el guión más vací­o con el que nos hemos encontrado recientemente. Una verdadera decepción.

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Jonathan Espino
Jonathan Espino

cine@bfacemag.es

Volé en el Oceanic 815, bailé con Billy Elliot y me enamoré de Satine en el Moulin Rouge. Ahora, comparto despacho con Alicia Florrick y canto en las barricadas en mis ratos libres.

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