La esclavitud de Steve McQueen

Steve McQueen

Con solo tres pelí­culas, Steve McQueen ha conseguido revolucionar el mundo entero a base de mostrar los extremos más radicales del ser humano. Alejado del estilo de Hollywood, este videoartista británico, logra remover conciencias con cada una de sus obras de arte. 12 años de esclavitud tiene la intención de ocupar en la historia del cine el lugar oscuro de una de las mayores vergí¼enzas de la humanidad. Hollywood ha tratado en varias ocasiones el tema de la esclavitud: Raí­ces, Amistad o Django desencadenado. Epopeyas épicas o comedia. Claro, que cuando se trata de retratar en primera persona algo tan grave y tan escrito en la identidad estadounidense como la esclavitud no resulta tarea fácil olvidarse de los miedos. Por eso, no es casualidad que el punto definitivo al holocausto nazi fuese rodado por ojos ajenos (los de Spielberg). Poca casualidad también los dedos acusadores que apuntan al filme de McQueen como influencia directa del propio Spielberg, a lo que una ví­ctima grita: ¿QUí‰? Cuidado, estar influenciado por el bueno de Steven no es nada lejos del mal, el problema viene cuando la acusación es tan gratuita. En ese caso, probablemente estarí­amos hablando de un Solomon Northup como protagonista con la cara de un renovado Jamie Foxx, o a las malas un Forest Whitaker. Lo que hace McQueen con 12 años de esclavitud es escupirnos a la cara y dejarnos bloqueados en la butaca sin conocer la palabra respiro o emoción. Y todo consiguiendo elevar tal masacre a una obra de museo. Impensable en otro tipo de cine. Ya fuera del museo, el tema que se trata puede atraer más o menos, pero si 12 años de esclavitud consigue ganar la carrera de 2013 será una de las más dignas ganadoras de lo que llevamos de siglo, que no son muchas.

Podemos titular las tres primeras pelí­culas de McQueen como “la trilogí­a de la vergí¼enza”. La vergí¼enza del ser humano llevada al lí­mite. Si la cárcel real que encerraba a Fassbender en Hunger conseguí­a llevarle a la locura más extrema, su libertad aparente en Shame ocultaba la cárcel de un hombre libre como enfermedad. En 12 años de esclavitud Fassbender vive prisionero de la sociedad que le toca vivir, el hombre como esclavo de unos valores y normas inculcadas a favor de una raza dominante. Su verdadera prisión es la de estar enamorado de una esclava negra,  a la que somete a tremendas agresiones fí­sicas, consecuencia de su gran dilema interno al que solo encuentra solución con una botella de alcohol. Su personaje como dueño poderoso de una plantación vive como tí­tere del siglo XIX, ese siglo en el que conviví­an una Constitución que proclamaba la libertad del hombre con la mayor de las atrocidades. Una doble moral surrealista con una sombra que aún pervive en el paí­s de las oportunidades.

 

fassbender

 

12 años de vergí¼enza

Cuenta el omnipresente, James Franco, en la edición digital de Vice USA cómo tres rodajes compartieron escenarios en los campos de Louisiana: 12 años de esclavitud, Django Desencadenado y This is the end. Cada fin de semana tocaba fiesta con Jamie Foxx como Dj. Sinceramente, un productor en sus cabales no hubiese desaprovechado tal oportunidad de grabar semejante evento y convertirlo en extras de Blu-ray. Algo así­ no se puede apreciar de otra manera que no sea en la más alta definición. Un corrillo con Lupita Nyong’o y Kerry Washington, y Fassbender a la caza. Joya. Claro, que también cuenta James Franco el disgusto que se llevó con Shame al ver en pantalla grande a un hombre “enfermo” de necesidad continua de sexo: “El no era un adicto en mi opinión. Quiero decir, ¿qué hizo?, ¿ver porno y tirarse un puñado de personas a la semana? Yo podrí­a apuntar a bastante gente que hace eso”. Mal, James. El mismo que este 2013 criticaba la falta de naturalidad del sexo en el cine con la muy recomendable “Interior. Leather Bar” acusa a una pelí­cula abanderada de la naturalidad del tema como contraria a la causa. Ni tanto ni tan poco.

Ni tanto ni tan poco pensaba yo a la salida del cine. 12 años de esclavitud aguanta con fuerza el hype causado por la tremenda avalancha de menciones en todos los premios de la temporada desde su primer pase en Telluride a finales de Agosto, seguido del triunfo en Toronto, convertido en los últimos años en el festival de los festivales (siempre después de Cannes), que da oficialmente el pistoletazo de salida a la carrera. “Si no está en Toronto no existe”.

El primero de los miedos a los que uno se enfrenta ante una pelí­cula de esta magnitud viene de mano de un tráiler destinado a elevar todo por mil. La banda sonora compuesta por un habitual de la manipulación de las emociones y la potencia del altavoz, Hans Zimmer, vive en ese tráiler como en un mercadillo de anteriores pelí­culas (La delgada lí­nea roja, Pearl Harbor, Origen…). Para sorpresa, todo ese pánico desaparece enseguida. La pelí­cula pide a gritos el cruce perfecto entre tensión y calma, porque lo que los ojos del espectador ven durante 2 horas no necesitan otra cosa. Todas esas emociones contenidas se transforman en un nudo en la garganta que no se suelta tan fácil. No hay respiro en este espectáculo de barbaridades contra la especie humana, un desfile de villanos que convierten de lo salvaje su medio de vida. Michael Fassbender, aunque rechace hacer campaña después del nulo resultado de Shame, es nominado merecidamente por su tremendo trabajo, pero jamás se llegará a reconocer el gran poder de Paul Dano y Sarah Paulson en la pelí­cula de McQueen. Basta con que sus monumentales escenas sobrevivan en las peores pesadillas.

De momento, el que escribe este artí­culo (yo) necesita revivirlas pronto.

Mac

TOP6 SPOILER:

1. El único inconveniente de la pelí­cula son los 12 años como esclavo de Solomon que parecen 2 veranos.

2. 12 años de torturas que salva Brad Pitt. Alguien bueno tení­a que haber en el siglo XIX.

3. Tortura la de Lupita, violada continuamente por Fassbender.

4. En la pelí­cula violada, los rumores apuntan a que repitió fuera de cámara.

5. El catfight de Sarah Paulson vs. Lupita es épico.

6. Arma: Jarrón de cristal a la cara.

Rubén Linde
Rubén Linde

Activista cultural. De pequeño quería trabajar en el videoclub del barrio, pero cerró. Después me hice agente de Hollywood. Showbiz! | @ruben_linde

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