La juventud en el cine español

La adolescencia es la etapa más corta de la vida y también la más intensa.
— El Club de los Incomprendidos

Esta semana se estrena una de las películas españolas más esperadas de este año, A cambio de nada, la ópera prima de Daniel Guzmán y triunfadora en el Festival de Málaga tras ganar la Biznaga de Oro. Los que ya han podido verla (malditos bastados, por qué no puedo ver las películas cuando yo quiero) hablan de una cinta honesta y cercana que habla de la rebeldía adolescente y que descubre otra forma de ver la vida. Claro, con este planteamiento y con el tráiler que se facilitó hace unas semanas, yo ya ando haciendo cola en el cine. Sin embargo, ¿cuál es la relación del cine español con la juventud estos últimos años?

 

Medir algo así es complicado, porque cada uno es de su madre, de su padre o de un Chitauri que quiere destruir la Tierra. Lo que sí es un hecho es que en los últimos años se han realizado pocas películas que hablen sobre esta etapa de la vida. Tenemos alguna ya distante referencia como 7 Vírgenes de Alberto Rodríguez, donde se retrató a una juventud marginal del sur de España, conflictiva, libertaria y violenta con un sutil porcentaje de crítica social. Sin embargo, esto es una pequeña parcela de lo que es realmente la juventud, que no siempre está encerrada en correccionales de menores. Y por ello os voy a hablar de algunas cintas que también tienen como eje principal la adolescencia y la juventud con la intención de desentrañar esta maraña cinéfila sobre representaciones realistas o fidedignas. Es posible que, como en Celda 211, pase lo que pase no vaya a salir vivo de aquí; pero al menos moriré intentándolo.

El Club de los Incomprendidos

A esta película le corresponde la frase que encabeza la entrada. ¿De verdad la adolescencia es la etapa más intensa de nuestras vidas? Acusadme de aburrido, pero no la recuerdo como un conjunto de años donde me sucediesen constantemente cosas muy fuertes y alucinantes que pueda contar en una película. Esta cinta de Carlos Sedes habla sobre los incomprendidos y creo que es el único momento en el que estoy de acuerdo con él: los jóvenes a veces somos así. El cambio hormonal y el magnificar las situaciones acaban por provocarnos que nadie comprenda lo que nos ocurra. Pero creo que Sedes tampoco lo comprendió en su día y por eso nos ofreció una serie de edulcoradas escenas románticas, con un poco de psicología barata por la ciudad de Madrid y algún momento tenso para justificar las estúpidas acciones de sus personajes. No digo que no cuente ninguna situación que no le haya sucedido a nadie en la vida real, pero no creo que se hayan llevado o resuelto de esa forma y con tantos clichés y frases sacadas de una película de Antena 3 un sábado por la tarde.

15 años y un día

Esta película sí me gustó. Es para que sepáis que no me voy a cebar tanto. Las historias del cine se pueden contar desde dos planos: lo poco habitual y lo cotidiano. Claro, esta cinta de Gracia Querejeta mezcla ambos conceptos y nos mezcla un delito que envuelve a la policía con un chaval al que no le han educado emocionalmente, que no sabe qué hacer en su vida y que tiene miedo y responde de forma negativa para paliarlo. Y muchos adolescentes sí son así y, en parte, todos lo hemos sido. Nos ha costado encontrar nuestro lugar, no hemos respondido bien ante ello, hemos tenido miedo de sentir emociones contrarias o mal vistas. ¿Y acaso no siempre estamos en constante batalla con estos sentimientos? ¿Acaso no estamos toda la vida aprendiendo sobre nuestras emociones y buscando nuestro sitio cuando nos vemos forzados a cambiar nuestra vida? Es verdad que la policía no siempre se ve involucrada en todo ello, pero ya nos encargamos nosotros de ser nuestros propios agentes y jueces.

Los niños salvajes

Debo reconocer que vi esta película por Álex Monner hace algún tiempo. Y he tenido que refrescar la memoria sobre ella porque la tengo un poco olvidada. Y eso es mala señal. Recuerdo que me gustó, pero seguramente fue porque me dejé llevar y no entré en detalles sobre la cantidad de estereotipos, clichés y diálogos precocinados que hay en la cinta. La crítica social en la obra de Patricia Ferreira estaba ahí, entre sus manos, a punto de estallar y dar en el clavo. Es cierto que muchos adolescentes se convierten en problemáticos porque ni la estructura educativa, ni los padres, ni la Administración son capaces a veces de hacer nada por ellos a tiempo, sin que haya diferencias entre modelos familiares. ¡Pero hombre por dios! Ni los jóvenes problemáticos tienen por qué ser siempre raperos y grafitteros, y menos aún tienen por qué hacer boxeo. ¡Como si nos quisieran dar alguna justificación de su violencia! Las ganas estaban ahí, pero quien mucho abarca

A Escondidas

Oye, ¡no os vayáis! Que las cosas se pueden hacer bien. Precisamente, a esta película le agradezco todo lo que le faltaba a la anterior. Mikel Rueda no quiso abarcar todo y contó una historia pequeña con un trasfondo más social, más generacional. Hablaba antes del miedo y A Escondidas cuenta precisamente de cómo a veces tendemos a esconder nuestros sentimientos o lo que somos. Vivir con nuestros padres o tener nuestra pandilla de amigos siempre es positivo, pero otras veces puede hacernos sentir faltos de intimidad, provocar que no nos sintamos a gusto, creer que vamos a ser rechazados. En la adolescencia nos incomoda todo y a veces solo nos queda agachar la cabeza, esperar un tiempo y callar. ¿En la sociedad ya no hay tabúes? . Tampoco me olvido de la inmigración. Sí, hay adolescentes inmigrantes que llevan e intentan llevar una vida como otra cualquiera a pesar de las circunstancias, que intentan ganarse la vida como pueden y que también tienen sentimientos. ¡Rarísimo! Y todo ello a pesar de que tenemos una Administración que no hace nada por ellos.

¡¿Por qué no hablan de mi puta película?!

Bien, tenía más ejemplos como Mentiras y Gordas, El Diario de Carlota o A 3 Metros sobre el cielo, pero creo que ya ha quedado clara mi intención. Es evidente que el cine puede contar historias basadas en hechos reales o puede hablar de situaciones que nos han ocurrido a todos. También es apto relatar vidas e instantes ficticios, pero en todo momento el componente realista se ve un poco manipulado desde el momento en el que hay una cámara delante. Pero eso no es problema para nosotros, porque el cine ha demostrado con un resultado óptimo que se puede hacer buena crítica social, concienciar, se puede retratar a una generación de muchas formas ingeniosas o al menos puede provocar que reflexiones sobre ella, sobre ti y sobre la vida en general (para bien o para mal, dependiendo de lo mucho que llores viendo Bajo la misma estrella).

¿Pero cuáles son los problemas? El primero es que muchas veces los “adultos” intentan hacer películas sobre adolescentes e intentan reflejar situaciones que ellos no han vivido, de las que se han olvidado, tienen lagunas o que ni siquiera conocen, pero que han oído por ahí pasar. Ojo, esto no significa que no puedan hacer películas sobre ello. Pueden. Deben. Pero leches, informaos, investigad, sed honestos, cercanos y no inventéis situaciones clichés sacadas de Física o Química solo por cumplir y pasar a la siguiente escena. El segundo problema es intentar hablar de una generación desde todos sus ángulos, sin dejarte ninguno. Claro, esto es algo normal y comprensible, pero corres el peligro de caer en la superficialidad y de generalizar. Es normal que quieras realizar una crítica social y quieras representar cómo salpica la realidad a los adolescentes de una forma completa, pero es más fácil si lo haces desde una perspectiva pequeña y humilde. El espectador no es tonto, sabrá atar los cabos, sabrá leer entre líneas.

– ¿No te da pena caer en la superficialidad con esta última película? – Sí, me quemaría por dentro…

Aquí es donde entran el resto de películas y donde radica el tercer problema. Hay pocas películas como para poder resolver con ellas el rompecabezas de la adolescencia. Soy joven, he pasado por la adolescencia hace dos segundos y ni siquiera yo soy capaz de descifrarla a veces. Es una etapa confusa y a veces se te puede hacer eterna. Tiendes a olvidarla (aunque la puedes recordar con Tuenti) o a no dar importancia a algunos momentos clave para tu vida. Debería haber más cine sobre la juventud porque el conjunto de las miradas de varios artistas conseguiría descifrar poco a poco todo este mundo en el que me he visto envuelto yo ahora mismo. Y debería haber más optimismo, así como más historias cotidianas y sencillas. La adolescencia no es drogas, violencia, problemas, amores rotos o miedo. También hay lugar para lo positivo y para la felicidad. Y desde esa perspectiva también se pueden explorar y explicar muchos aspectos de esta nuestra juventud. Claro, es más difícil llenar 90 minutos de película a partir de pensamientos o conversaciones en redes sociales (que si juntas todas te dan como resultado el significa de la vida) que con palizas, llantos o guiones precocinados, ¿pero acaso no está el cine para enfrentar esos retos?

El cine español sobre adolescencia y juventud aún es adolescente y joven. Confío en que la madurez se empiece a notar y que los cineastas se animen a retratar esta realidad tan apasionante y ambigua. Si Woody Allen lo hizo con su filmografía  y con la crisis de la mediana edad, ¿por qué otros no pueden hacerlo con la adolescencia? La semilla ya está plantada. Ahora solo hay que regarla, ¡pero con agua, no con azúcar y aceite! Y ya me callo, que esto va a parecer un artículo de la JotDown.

Fuente de la imagen destacada: ‘A cambio de nada’, una película de Daniel Guzman.

German de Heras Álvarez
German de Heras Álvarez

Redactor

En proceso de periodista y de comunicador audiovisual. Y también en proceso de seriéfilo y cinéfilo. ¡Ah! Y en proceso de ser mejor persona. Bueno, lo dejaremos en que estoy en proceso a secas.

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