La Aventura. Cine de gran envergadura

A veces, los jefazos de BFace me obligan a no ser demasiado pesado con mis publicaciones. Sin embargo, hoy tengo ví­a libre, así­ que me voy a marcar un texto de los mí­os; voy a volver a la carga con el cine que más me apasiona, ese cine de antaño en el que los artistas luchaban por romper las normas narrativas establecidas por Hollywood y crear una visión diferente del mundo a través de sus historias. Hace unas semanas hablaba de Stanley Kubrick, aquel hombre que hizo cambiar mi manera de ver e interpretar el cine. Hoy le dedico esta publicación a otro cineasta al que le debo lo mismo; Michelangelo Antonioni. Un hombre que, a mi parecer, ha caí­do en el olvido y, sin embargo, es uno de los directores de cine más importantes de la historia. De hecho, creo que hay dos tipos de cineastas/cinéfilos en este mundo; los que han visto pelí­culas de Antonioni y los que no (algo así­ como lo que pasa con Tarkovsky y Renoir). Sus obras, cargadas de una gran profundidad existencial, de unas composiciones visuales que dejan sin aliento y cuyos temas poseen una gravedad caracterí­stica de los grandes autores de la literatura universal, son, a nivel formal, las mejores de la historia del cine. Desde La aventura hasta El reportero, pasando por La noche, El eclipse y Blow-Up; todas ellas son obras de gran envergadura, de una importancia capital.

Podrí­a hablar de Antonioni durante horas, pero no sé si el público al que me dirijo, que por lo visto es un número bastante reducido, está realmente interesado en escuchar mis teorí­as e hipótesis de cada uno de sus trabajos. Por tanto, ni siquiera me voy a centrar en esa supuesta trilogí­a formada por “La aventura”, “La noche” y “El eclipse” (y, si se tira un poco más del hilo, El desierto rojo), sino que quiero orientar mi entrada hacia el mundo que propuso en “La Aventura“. Aunque muchos crí­ticos y analistas la consideren una auténtica trilogí­a, lo único que las une es su temática; la ruptura de la pareja. Sin embargo, el ochenta por ciento de las pelí­culas de la época trataban sobre temas similares. Por tanto, considero equí­voco hablar de una trilogí­a cuando ni los personajes ni las historias poseen una continuidad narrativa. La temática de pareja, o más bien de la ruptura de la pareja, es tan amplia, tan extendida a lo largo de la filmografí­a de otros cineastas, que considerar que hay una conexión sustancial entre las tres obras no es del todo correcto. Sí­ se puede decir que hay ciertos elementos comunes en todas ellas, sobre todo con respecto al estilo y al tratamiento visual, pero poco más.

La aventura (Podrí­a decirse que “La aventura” trata sobre un grupo de burgueses que viajan a la isla Lipari, (situada en el conjunto de las islas Eolias, en Sicilia), para pasar un fin de semana. Allí­, la protagonista, Anna, desaparece. Su pareja, Sandro, y su mejor amiga, Claudia, la buscarán entre las escarpadas rocas de la zona. Con el paso del tiempo empiezan a perder la esperanza de encontrarla y, cuando abandonan el lugar, siguen buscando pistas en las afueras de Italia. Conforme van buscando, Sandro y Claudia se enamoran, y finalmente dan por perdida toda esperanza de encontrar a la joven. La historia, que en un principio se presentó como una trama de intriga, ha quedado relegada a un segundo plano para dar paso a una historia de amor protagonizada por un artista frustrado convertido a arquitecto y una joven que busca placer espontáneo. Anna desaparece, tanto de la historia como de la conciencia de Sandro y Claudia.

Esta ruptura de la narrativa convencional, que ese mismo año propuso Hitchcock con Psicosis, fue objeto de durí­simas crí­ticas, al igual que la elevada carga erótica de la pelí­cula que, aunque no explicite secuencias de sexo, sí­ las intuye y, lo que es más, las justifica mediante la actitud de sus personajes. Pongamos, por ejemplo, a Sandro. í‰l es un artista que, por dinero, trabaja como arquitecto, por lo que no tiene tiempo para dedicarse a sus obras. Paga su frustración con el mundo, de tal manera que en una escena deja caer un tintero sobre el trabajo de un joven que dibujaba la estructura arquitectónica de unos edificios. Cuando está rodeado de paisajes que evocan la naturaleza artí­stica del ser humano, él se excita. Por tanto, el tí­tulo de la pelí­cula no se corresponde a las aventuras que viven los personajes de las obras de John Huston, sino que se refiere a algo mucho más profundo; es una aventura moral y existencial, una aventura de los sentimientos y las pasiones frustradas. La aventura de Claudia para encontrar la manera de perdonar a Sandro por sus errores. La aventura de Sandro por buscar algo que llene su vida vací­a. La aventura de todos los personajes que los rodean, perdidos en su propia existencia, incapaces de solucionar su vida monótona y aburrida. Al igual que Blow-Up, es una historia con un misterio sin resolver. Para mí­, hay dos etapas en la historia del cine; la anterior a 1960 y la posterior, después de que Hitchcock y Antonioni desafiaran las reglas de la narrativa convencional, explotando las posibilidades del cine, y cambiaran para siempre la manera de ver e interpretar las pelí­culas.

David Reszka
David Reszka

Cineasta cinéfilo. Escritor y crítico a ratos libres. Estudiante de dirección y producción de cine. Fanático de Lem. Creador del blog CriticaTuCine. | Twitter: @David_Reszka

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