Las 5 mejores películas de Álex de la Iglesia

El viernes se estrena en nuestros cines Mi gran noche, la nueva comedia negra de Álex de la Iglesia, uno de los cineastas españoles más relevantes de los últimos 20 años. La carrera del director vasco aúna, como pocas, éxito taquillero con autoría total. Principal baluarte del cine de género, vuelve a cargar contra la telebasura en particular y contra la deriva moral del país en general, en una película que levantó pasiones enfrentadas en su estreno en el Festival de Donostia. Aprovechamos la ocasión para reflexionar brevemente sobre las cinco mejores obras de un autor excesivo y brillante a partes iguales. El cine de Álex de la Iglesia está lejos de ser perfecto, pero ¿cómo podía serlo si bucea una y otra vez en nuestro reverso más tenebroso?


5. Crimen Ferpecto (2004)

¿Quién no soñó cuando era pequeño con quedarse encerrado en un centro comercial y pasarse la noche jugando? En la descacharrante Crimen Ferpecto, Álex de la Iglesia torna ese sueño infantil en pesadilla adulta al dibujarnos el micro-cosmos de unos grandes almacenes como una selva llena de peligros, dónde rige la ley del más fuerte y en la que tienes que pisar muchas cabezas para medrar profesionalmente. El centro comercial como símbolo del lado más oscuro de la sociedad de consumo. Crimen Ferpecto persigue a Willy Toledo entre estantes y ascensores, en su tortuoso camino para convertirse en Jefe de planta de los grandes almacenes dónde trabaja (y prácticamente vive). De las rivalidades a los chantajes. De la felicidad al sufrimiento. Como en gran parte de la filmografía de De la Iglesia, en esta terrorífica comedia podremos ver sangre, risas, grandes interpretaciones (Toledo, Cervera y Varela están sensacionales) y una soberbia puesta en escena.

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4. Las brujas de Zugarramurdi (2013)

Las historias del cineasta bilbaíno suelen tender hacia el exceso. Son casi siempre narraciones con forma de espiral. Un camino a la perdición de sus protagonistas. Por ello mismo, en ocasiones ese exceso se apodera de sus películas, que a veces pasan de la ironía a la caricatura, de lo descacharrante a lo grotesco. Eso es lo que le pasa a Las brujas de Zugarramurdi, que tiene una primera hora sensacional y una segunda, que se entrega a los delirios de un aquelarre que juega al gato y al ratón con unos pobres atracadores. A pesar de ese desequilibrio, Las brujas de Zugarramurdi es una película divertidísima, bien interpretada y llena de alardes técnicos, aunque es verdad que el monstruo no  es uno de ellos. Una obra personalísima de un autor de culto que exprime hasta el máximo los recursos con los que cuenta. Si Zugarramurdi fuera una peli de Hollywood valdría 10 veces más y sería 10 veces menos salvaje. El film ganó hasta 8 premios Goya, aunque sólo uno más allá de los apartados técnicos, mejor actriz de reparto para un incombustible Terele Pávez, cuyo “a mí lo que me da miedo son los hijos de puta” ya ha quedado para la historia.

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3. El día de la bestia (1995)

Aunque se había estrenado en la dirección con la Acción mutante (1993), un sci-fi de guerrilla producido por El Deseo, fue El día de la bestia el film que situó a Álex de la Iglesia en el mapa de nuestro cine. Su Madrid al borde del Apocalipsis es lúgubre e hipnótico. Un pobre cura, interpretado por un sensacional Álex Angulo, descifra la llegada del Diablo, el fin de los días, y hace lo imposible por evitarlo. Aunque ello implique emprender un endemoniado camino a contrarreloj con la única ayuda de un torpe vendedor de discos de heavy metal interpretado por Santiago Segura. El día de la bestia es una experiencia subyugante, divertidísimamente surrealista. Una película de culto instantáneo que se ganó a pulso un prominente lugar en el cine español de género. El demonio había alumbrado a un cineasta osado y con una personalidad desbordante. El día de la bestia le reportó a Álex de la Iglesia su único Goya al mejor director hasta la fecha.

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2. Balada triste de trompeta (2010)

Si La Isla Mínima nos recordó el año pasado que el cine español ha buceado poco en las miserias de la España de la Transición, Balada triste de trompeta nos había dicho antes que los estertores del franquismo son una época a la que debemos volver si queremos saber por qué nuestro país es como es. Dos payasos que traumatizados, interpretados por Antonio de la Torre y Carlos Areces, se entregan a una bacanal de muerte y destrucción, con el Caudillo de por medio, que termina en una secuencia prodigiosa en el Valle de los Caídos. El film toma su nombre de una canción que canta Raphael en un film del tardofranquismo, Sin un adiós (Escrivá, 1970), formando así un extraño díptico con la  última película del autor, Mi gran noche, protagonizada por el cantante. Balada triste de trompeta es quizás la obra más salvaje, desmedida y retorcida de Álex de la Iglesia. Una película desagradable y enfermiza plagada de imágenes para la posteridad, con altibajos narrativos, pero aún así fascinante. El film ganó los premios a la mejor dirección y al mejor guion en el Festival de Venecia, consagrando a De la Iglesia como un autor de prestigio internacional. Balada triste de trompeta, por un pasado que murió, y que llora, y que gime, como yo.

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1. La comunidad (2000)

En su película más célebre, Álex de la Iglesia se disfrazó de Polanski para pintarnos un edificio como si fuera un laberinto del que es imposible escapar. Así, en cada esquina hay una amenaza. Y en cada vecino, un enemigo. Una agente inmobiliaria, interpretada por Carmen Maura, se enfrenta a todo un edificio por un tesoro que encuentra en uno de los pisos del bloque. Enferma de codicia está decidida a darlo todo por la pasta. Incluso la muerte. La comunidad es una metáfora lúcida y cruel de la sociedad en la que vivimos. Un thriller que se mueve con astucia entre la comedia y el horror. Una película divertidísima y frenética. Carme Maura firma una de las mejores interpretaciones de su carrera, o lo que es lo mismo, del cine español. Rodeada de un reparto descomunal, parece una fiera acorralada por hienas hambrientas. Álex de la Iglesia fotografía el lado más oscuro de la ambición humana y nos lo vomita a la cara. Para ello se apodera del espacio, deja libres a los actores y pulsa los resortes adecuados. El gran mérito de La comunidad, con respecto al resto de su obra es que jamás se fatiga, es un mecanismo perfecto. Aquí el guion está a la altura de la puesta en escena. Y debajo de ambos, la ciudad, impasible, inalterable.

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Luís Ogando
Luís Ogando

Redactor

Periodista que no ejerce, doctorando a medio cocinar, picapleitos a largo plazo. Me crié en el ala oeste de una cueva que estaba a dos metro bajo tierra. Heredero natural de la loca de los gatos. Todo es mejor con queso y/o Allison Janney de por medio.

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