Non-Stop: Sin escalas ni sentido

¿Puede ser Liam Neeson un ‘action-man’? Hollywood debe pensar que sí­ y, a sus 62 años, han decidido que puede salvar a 142 pasajeros de un avión secuestrado. El espectador, algo incrédulo, hace una concesión y le permite sus 90 minutos de cabriolas porque, no nos engañemos, que Neeson esté en la tercera edad no es lo peor de ‘Non-Stop, pelí­cula en la que el actor repite con Jaume Collet-Serra tras la notable ‘Sin identidad‘.

‘Non-Stop’ tiene un buen arranque en el que se va sembrando con pausa la duda sobre todos los personajes, incluido el propio protagonista, cuyo primer movimiento en pantalla es llenarse un buen vaso de whisky y bebérselo de un trago. Ya desde este mosaico, la pelí­cula juega con el artificio y el despiste que, en otras ocasiones serí­a un punto a su favor, pero que en éste está totalmente fuera de control e impide al espectador, por un lado, rellenar los huecos que se van planteando en la trama, y por otro, adivinar quién está detrás de todo hasta que el propio protagonista lo descubre de una manera tan artificiosa como el resto de las pesquisas.

A todos se nos pasa por la cabeza que el supuesto maestro de primaria que le pregunta por su destino en el minuto cinco de la pelí­cula va a ser finalmente el terrorista pero, ¿cómo manda los mensajes? ¿Por qué no los ven por las pantallas? ¿Qué sentido tiene que el muchacho compinchado mande la foto al otro móvil? ¿Por qué perder un teléfono? ¿Todo eso para, finalmente, llegar a una resolución a través de una grabación de un teléfono móvil?

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Espera que aún hay más…

El principal problema de ‘Non-Stop’ es que busca continuamente el “más difí­cil todaví­a”, siendo ya de por sí­ complicada su premisa de la que, eso sí­, no se despega ni un sólo segundo, convirtiéndose en uno de sus puntos a favor. Sin embargo, el artificio llega incluso a los propios pasajeros entre los que encontramos, menuda sorpresa, varios que tienen una profesión que es de total ayuda para nuestro protagonista que, por otro lado, cuenta con todas las taras cabidas en un melodrama de Antena 3 y al que, no sabemos muy bien cómo, aún permiten tener una placa y una pistola. Entre todo este panorama hostil, la pobre Julianne Moore aparece como si se tratara de un ángel celestial, en el que no tiene cabida la maldad y que sabe más que el apuntador.

Sus propios superiores le tachan de alcohólico y paranóico, ¿y le hacen cargo de la seguridad de un avión?

En ‘Non-Stop’ podemos encontrar todos los clichés del blockbuster USA que se os puedan pasar por la cabeza: desde el árabe que siembra la duda hasta el discurso a lo ‘Braveheart‘; y, sin embargo, ante tal sucesión de despropósitos, choca su enorme capacidad para entretener. Ves los fallos, te rí­es con las salidas de tono y, aún así­, no puedes evitar que el corazón se te salga del pecho en sus últimos momentos antes del clí­max, este sí­ de ridí­culo total, acompañado de un epí­logo en el que se quieren cerrar todas las tramas abiertas en un ‘quiero y no puedo’ dramático que provoca repulsión en el espectador.

No se puede negar que ‘Non-Stop’ entretiene pero tampoco se puede obviar su larga lista de fallos, para mí­, mayores que el propio entretenimiento y difí­cilmente perdonables. 

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Jonathan Espino
Jonathan Espino

cine@bfacemag.es

Volé en el Oceanic 815, bailé con Billy Elliot y me enamoré de Satine en el Moulin Rouge. Ahora, comparto despacho con Alicia Florrick y canto en las barricadas en mis ratos libres.

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