Open windows: Y todos me miran, me miran, me miran…

¿Quién no ha estado alguna vez escribiendo ante su portátil, ha mirado a la cam y ha pensado: ‘¿Y si hay alguien mirándome desde el otro lado?’? Nacho Vigalondo ha llevado esto a su máxima exponencia, al ‘más de mil cámaras velan por tu inseguridad’, en un ejercicio de estilo neohitchcockiano de gran pulso y tremenda puesta en escena. ‘Open windows’ gira en torno a Nick, un muchacho que ha resultado ganador de una cena con su actriz preferida; sin embargo, minutos antes de que el acto se realice, recibe una llamada que lo cancela. Todo podí­a quedar ahí­… pero no. El interlocutor interviene las cámaras que rodean a la actriz sumergiendo tanto a ésta como a Nick en una auténtica locura que combina el escenario real con la red.

En ‘Open windows’ no hay lugar para el descanso. Tras un prólogo con cameos chanantes, la trama arranca rápida y no para de sorprender con sus quiebros, algunos un tanto forzados, pero que mantienen al espectador con la intriga de saber qué va a ocurrir, qué esta ocurriendo y por qué, y aquí­, en este último, es donde, tras una hora y cuarto soberbia, todo cae como un castillo de naipes. Toda credibilidad otorgada a la pelí­cula en su descerebrada trama se desvanece de un plumazo cuando trata de dar una explicación que no sostiene todo lo ocurrido.

Tras la colisión de Nick con el coche, todo parece forzado y extendido, e incluso, innecesario. La máscara a lo ‘Misión imposible’, el epí­logo de ambos encerrados,… Un broche para nada a la altura de todo lo que le precede.

Durante la maravillosa primera hora y cuarto, Vigalondo presenta un virtuoso ejercicio de estilo, nada fácil de sostener, en el que la crí­tica social y tecnológica es continua como si estuviéramos asistiendo a un alocado capí­tulo de ‘Black Mirror’ protagonizado por un notable Elijah Wood, gran baza de la pelí­cula, quien aguanta prácticamente toda la pelí­cula en un primerí­simo primer plano, saliendo muy airoso. No tanto su compañera de reparto, Sasha Grey, limitada en sus dotes interpretativas pero que aún sigue en forma en sus exhibiciones fí­sicas (totalmente justificadas, como a ella le gusta decir, claro que sí­).

‘Open windows’ sabe mantener la tensión y te mantiene durante la mayor parte de la pelí­cula pegado a la butaca. Su mayor baza es un entregadí­simo Wood y una dirección de Vigalondo más que plausible. Su peor, un espectador que espere un giro final potente que de todas las respuestas. Si estás dispuesto a hacer esta concesión, ya tienes pelí­cula para el fin de semana.

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Jonathan Espino
Jonathan Espino

cine@bfacemag.es

Volé en el Oceanic 815, bailé con Billy Elliot y me enamoré de Satine en el Moulin Rouge. Ahora, comparto despacho con Alicia Florrick y canto en las barricadas en mis ratos libres.

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