[ Rec ] … Grabando el terror

A dí­a de hoy el género zombie se ha puesto de moda con The Walking Dead, una de las series de televisión más vistas de todos los tiempos, que ha explotado el tópico de manera soberbia a lo largo de ya cuatro temporadas (esta última todaví­a en curso). Sin embargo, estos putrefactos seres que hoy en dí­a nos gustan tanto, han sufrido una enorme evolución desde la Yo anduve con un zombie de Tourneur o la joya de culto de George A. Romero, La noche de los muertos vivientes y sus consecuentes – y excelentes – secuelas. Lo que en un principio era una visión crí­tica de la sociedad consumista, cuyos excesos dieron como resultado “la ira de Dios”, ha pasado a convertirse en un espectáculo de terror barato. Los muertos vivientes quedaron definidos por Romero como seres lentos, babosos y ruidosos que en número eran peligrosos pero por individual eran prácticamente inofensivos. La premisa se ha respetado hasta hace poco más de diez años con 28 dí­as después de Danny Boyle, que dio un vuelco a las normas del género y añadió un virus que infectó a la población y, por primera vez, les dio a los zombies la capacidad de correr. Remakes y secuelas como Amanecer de los muertos de Zack Snyder o 28 Semanas Después del tinerfeño Juan Carlos Fresnadillo, parodias del corte de Braindead, Zombies Party, Planet Terror, Fido y Bienvenidos a Zombieland, experimentos cinematográficos como The Signal y El regreso (por cierto, una de las más interesantes entregas de la Masters of Horror Series), e incluso miniseries de televisión donde ni los miembros del Gran Hermano británico podí­an escapar del apocalipsis (hablo de Dead Set, claro), han sido grandes éxitos recientes, y en casi todos los casos público y crí­tica han sido unánimes en sus valoraciones (menos en la insultante saga Resident Evil adaptada por Paul W.S. Anderson de los videojuegos originales) Por tanto, se puede decir que los zombies están de moda hoy más que nunca. La sociedad moderna siente placer viendo a entrañables seres descompuestos devorar toda clase de personajes variopintos… y con razón.

Después de esto, queda claro que hoy no me voy a ir a los años cincuenta a buscar pelí­culas para recomendar. Aprovecho que soy un fan consumado del género zombie, lo que puede parecer raro en un fanático de Louis Malle y Renoir, para dedicar el espacio semanal a una obra reciente que todos ustedes conocen: Rec, dirigida por Jaume Balagueró y Paco Plaza… una pelí­cula que en 2007 dio un vuelco a la manera de ver el género.

[Rec], Manuela Velasco.
[Rec], Manuela Velasco.

“Rec” abre con una joven periodista, íngela (Manuela Velasco), que hace un reportaje sobre la vida nocturna de los bomberos. Lo que comienza como una crónica aburrida y monótona continúa con un inesperado aviso de emergencia que desemboca en una horrible pesadilla. Uno de los hitos fundamentales de esta pelí­cula, que desde el dí­a de su estreno podrí­a catalogarse como “de culto”, es jugar con los elementos cotidianos. El hecho de que la protagonista sea una persona corriente, remarca su vulnerabilidad frente a los acontecimientos que acontecen. La veracidad de la interpretación de Velasco y de los otros miembros del reparto, cuyos guiones, si no improvisados, sí­ tienen bastante de espontáneo, incitan a olvidar toda ficción cinematográfica. Nos encontramos, como espectadores, ante gente normal, parecida a la que estamos acostumbrados a ver pasar por la calle o en el metro. Es como si el panadero, el señor de la ferreterí­a, el que viene a traer el gas a fin de mes y la vecina cincuentona de los rulos se juntasen para hacer frente a una amenaza sobrenatural; son personajes cotidianos. Ninguno de los actores/actrices presentes es excesivamente conocido, a excepción de Velasco y Ferrán Terraza. Todos los demás son, por así­ decirlo, gente común, de calle. Probablemente de tener a Javier Bardem o a Antonio Resines en el reparto, la pelí­cula se vendrí­a abajo. La cámara, además, es otro personaje fundamental. Sus movimientos frenéticos y el constante traqueteo no hacen daño a la vista como ocurre en otras obras, precisamente porque no tiene la función de cámara; es nuestra personificación. Es el enlace que nos une, como espectadores, con el infierno que viven los personajes.

Otro factor que quiero remarcar y que en muchos casos delimita la diferente entre una pelí­cula mediocre y una gran obra, son los efectos visuales y el sonido. Con un presupuesto reducido, Plaza y Balagueró han creado lo que parece un despliegue de superproducción sin precedentes. En todo momento somos conscientes de lo que está ocurriendo tanto dentro como fuera del edificio; sonidos de helicópteros, ruidos de voces, alarmas de decenas de vehí­culos patrulla, etc. Todo ello introduce al espectador en un mundo que parece absolutamente real. Corremos por los pasillos ensangrentados del edificio y sentimos el aliento de los infectados en la nuca, mientras que los helicópteros y las fuerzas especiales nos apuntan desde las ventanas; nadie está a salvo. Lo que comienza siendo una búsqueda de escapar acaba siendo una lucha por sobrevivir. ¿No es así­, al fin y al cabo, como serí­a en la vida real? ¿No nos comportarí­amos todos de esa manera ante una situación de esas caracterí­sticas? Muchos podemos creernos Rick Grimes con su pose de Cowboy y su revólver plateado, montando a caballo con la placa de Sheriff en el pecho, pero a la hora de la verdad serí­amos unos histéricos, aunque la amenaza ni siquiera estuviese confirmada.

[Rec], escena final.
[Rec], escena final.

Hablaba sobre lo de moda que se han puesto los zombies, pero para tratar “Rec” en condiciones también hay que hablar de la influencia que ha ejercido en otras obras posteriores. El topic metraje encontrado ya habí­a sido explotado en los años 80 por la despreciable Holocausto Caní­bal y algunas de sus secuelas, todas ellas censuradas hasta en Groenlandia, y habí­a sido reimpulsado por El proyecto de la bruja de Blair, sin duda una de las obras más emblemáticas del cine independiente de los últimos treinta años. Sin embargo, podrí­a decirse que dentro de este tipo de pelí­culas, “Rec”, como “El proyecto de la bruja de Blair” en su momento, ha marcado un antes y un después. No es de extrañar que tí­tulos como Paranormal Activity, que se estrenó el mismo año en Estados Unidos y que tardó dos años en llegar a España, Cloverfield, The Poughkeepsie Tapes y Trollhunter se pusieran de moda con tanta facilidad, especialmente después del éxito rotundo de la cinta española. Tal fue su repercusión que hasta los americanos intentaron aprovecharse de su notoriedad haciendo un remake, Quarantine, a cargo de John Erick Dowdle (casualidad, director de la ya mencionada Poughkeepsie). Esta obra no tuvo ni un ápice de repercusión en comparación con la obra de Balagueró y Plaza; no es que no estuviese a la altura, es que hizo como Haneke y su remake de Funny Games: copiar paso por paso la original.

David Reszka
David Reszka

Cineasta cinéfilo. Escritor y crítico a ratos libres. Estudiante de dirección y producción de cine. Fanático de Lem. Creador del blog CriticaTuCine. | Twitter: @David_Reszka

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