De pasión, derroche, Oscars y éxito.

La historia de los Oscar tiene reservado un lugar especial para esas pelí­culas que arrasan en el sentido más amplio y literal de la palabra. Arrasan en nominaciones que, posteriormente, materializan en estatuillas doradas: Once es el máximo alcanzado y solamente tres los largometrajes que han logrado superar esa barrera imaginaria de la decena. En mayúscula, negrita y dentro de carteles luminosos y parpadeantes tan propios del glamour y el derroche de los Oscar están grabados los tí­tulos de tres cintas ya históricas: Ben Hur en 1957, El Señor de los Anillos: El retorno del Rey en 2003 y Titanic – de la que hoy hablamos – seis años antes, en 1997 alcanzaron la preciada fórmula del éxito absoluto que todos los productores anhelan: combinar éxito crí­tico, numerosos galardones y una irreprochable taquilla que las ha aupado a puestos de honor ya no solo en la lista de las grandes triunfadoras en los premios cinematográficos más relevantes del mundo sino también en el ranking de las pelí­culas más taquilleras de la historia. Dólares y talento, una combinación (que, desgraciadamente, acaba por incluir algún otro factor externo) tan infalible y segura como difí­cil de conseguir y, por tanto, meritoria.

De las tres pelí­culas citadas en el párrafo anterior (a las que a punto quedaron de unirseles clásicos como Lo que el viento se llevó, West Side Story – 10 premios – El paciente inglés, Gigi o El último emperador – 9 -) el porqué hoy elijo Titanic no tiene una causa objetiva concreta aunque sí­ que podrí­amos citar algunos motivos con fundamento: Fueron catorce sus nominaciones de las cuales solo perdió tres (maquillaje, actriz y actriz de reparto fueron sus puntos débiles. Men in Black, Helen Hunt y Kim Basinger, sus verdugos), el mayor número de candidaturas alcanzado por una sola pelí­cula en los premios de la Academia estadounidense, junto a la ya mencionada Gigi. Pero entre estas catorce no se encontraba la de un joven Leonardo DiCaprio, uno de los actores más talentosos y mediáticos de su generación para el cual Titanic sirvió de definitivo despegue, que vio como su mención se diluí­a entre pesos pesados como Jack Nicholson – ganador en esa edición por Mejor… Imposible – y Dustin Hoffman. Es curioso observar este hecho ahora que DiCaprio se sitúa como posible (y, aun siendo un pensamiento algo iluso, tangible) sorpresa en la gala del domingo lo que le otorgarí­a su merecida (y preciada) primera estatuilla tras haberle negado un buen puñado de nominaciones que para nada hubiesen sido injustificadas. Si bien, no está de más recordar ese refrán, que siempre acaban por llevar la razón, que dice que “lo que mal empieza, mal acaba”. Veremos si a DiCaprio no le comen la tortilla dos “recién llegados” a esto de los premios como Matthew McConaughey o Chiwetel Ejiofor.

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=x-dPoCfk2n8[/youtube]

Por otro lado, Titanic es un perfecto exponente de lo que antes comentaba. Combinar un derroche técnico y económico para dotar a la pelí­cula de la virtud de inolvidable, y en su momento insólita, experiencia cinematográfica y un reparto exquisito para hacer de la cinta, además de un espectáculo pirotécnico asombroso, un auténtico explosivo melodramático con tantos matices narrativos como artificiosos clichés. Pese a eso, pese a todo un componente que envuelve a la pelí­cula de James Cameron, honoris causa en blockbusters de taquillas disparadas, con una atmósfera hollywoodiense y obvia, la fórmula conseguida es insobornable. Tanto como para que el espectador acabe encandilado, también a dí­a de hoy cuando han pasado unos quince años y las superproducciones han evolucionado tanto (para bien y para mal) en sus propósitos y en su ejecución, por un producto de esencia clásica y romántica y por una traca final demasiado alargada pero efectiva como emocionante postre que es. Todo el menú del éxito aderezado con una pizca de sensiblero trasfondo, de ese que ofrece el más que explí­cito “basado en hechos reales”. El resultado es el que ya todo conocemos: más de dos billones de dólares recaudados mundialmente y once Oscars incluyendo mejor pelí­cula y dirección.

Titanic es una pelí­cula realmente estirada, sobre todo en su segundo acto. El hundimiento del famoso buque está tan bien rodado como deshilvanademente escrito y planteado. Cameron ambiciona con poner un broche de oro que no se limite a detonar el arsenal de FX a su disposición (en los que, no, tampoco escatima) sino que también explore las emociones de ese cruce de clases sociales que se plantea en la pasional historia de amor que sirve de eje y núcleo argumental. Ese fresco de personajes entrecruzados, de finales diversos e historias igualmente caleidoscópicas cae en la indefinición, en la más profunda irregularidad y, lo que es peor, en la sensación de repetición. Por suerte, sucede al contrario si hablamos de la disección de la fantástica y de estructura mí­tica pero perfectamente funcional historia de amor y pasión entre los personajes de Kate Winslet y Leonardo DiCaprio – con interpretaciones frescas y llenas de matices – en la que se plasman a la perfección todos los valores narrativos y cuestiones éticas que plantea éste, finalmente, poderoso drama romántico que acaba por ser novedoso en lo visual pero tan manido como efectivo en lo narrativo.

Una historia rodada con brí­o, “bigger than life”, de proporciones realmente épicas y un apartado técnico-artí­stico que alcanza la perfección en todos sus componentes: bella banda sonora para acompañar a una bella fotografí­a que retrata una bella dirección artí­stica. Tres horas excesivamente extensas pero que ya constituyen una pieza fundamental en esa historia del cine que a veces solo atribuimos a los más primarios clásicos. Sentimientos, derroche, Oscars, impoluto reparto, escenas memorables y, ante todo, lejos del naufragio narrado, éxito. Mucho éxito.

Felices Oscars.

Jesús Choya
Jesús Choya

Redactor

Si te tengo que decir una pelíula favorita, te digo dos: 'High School Musical' y 'Mulholland Drive'. Cinéfilo aprendiz creado a las puertas del nuevo milenio.

No hay comentarios

Los comentarios están cerrados

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies