Woody Allen: radiografí­a del héroe convertido en villano

Hace unos dí­as, Dylan Farrow, hija adoptiva de Woody Allen, acusaba al director de haber abusado de ella a los 7 años. El texto lo publicaba The New York Times, que no es cualquier panfleto sensacionalista dedicado a la prensa rosa, es un diario de los de verdad. Como era de esperar, las redes montaron en cólera y la gente entró en una enorme discusión de bar por el honor del artista y de su hija.

Lo cierto es que está lloviendo sobre mojado. Allen fue investigado por este caso en 1993, pero ante la falta de pruebas, nunca se le presentaron cargos. La acusación surgió en plena batalla legal por la custodia de los hijos de la actriz Mia Farrow y el director. El representante del segundo, salió al paso de las declaraciones de Dylan de forma prácticamente inmediata calificándolas como “falsas y vergonzosas” en boca del propio Allen.

A partir de aquí­, valorar quién miente y quién no, parece complicado. Creo que Alec Baldwin ha estado acertado en sus apreciaciones:

“¿Ustedes saben quién es culpable y quién está mintiendo? ¿Ustedes, personalmente, lo saben? Están equivocados si creen que hay un lugar para mí­, o para cualquier otra persona de afuera, para opinar sobre un tema familiar.”

Me interesa más el siguiente interrogante.

¿Se puede separar la obra del artista?

En efecto, la obra se puede valorar por sí­ misma, pero muchas veces conocer la vida del autor ayuda a entenderla. En el caso de Woody Allen es así­, su cine es un reflejo de sus propios temores y neurosis, no en vano, su propia vida fue durante un tiempo solapada por sus pelí­culas, tanto Mia Farrow como Diane Keaton compartieron vida y obra con él.

Hay una lista enorme de artistas cuya obra es extraordinaria pero dejan bastante que desear como seres humanos. El caso más cercano es el de Polanski, tanto por crimen (abusos sexuales a una menor) como por sector (cinematográfico). La cuestión es, ¿somos capaces de no tener presente todo esto y disfrutar de “Chinatown” o “El pianista”? ¿Pagarí­as por ver la próxima pelí­cula de Woody Allen en el caso de que fuera culpable?

El bar 2.0

Este término, que yo no me he inventado, hace referencia a lo que pueden llegar a convertirse las redes sociales en los casos más polémicos (y en los menos también). Pero la clave no está en Twitter, está en el fenómeno fan. Parece que tenemos una extraña necesidad de tener héroes, de mirar a otro ser humano y verlo como una auténtica deidad simplemente por hacer bien aquello que ama. No tenemos suficiente con la admiración porque, de alguna forma, nuestros héroes pueden llegar a ser parte de nosotros, de quiénes somos. Y de la misma forma que ensalzamos su figura, deseamos convertir al héroe en villano. Porque de alguna manera nos ha fallado, ya no cumple como elemento de nuestra propia personalidad y hay que renegar.

La popular estatua de Woody Allen en Oviedo, la tierra que le vio recibir el Prí­ncipe de Asturias, ha aparecido cubierta con una bolsa de basura. Ya hay un grupo en Facebook pidiendo que la quiten.

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Nacho Poveda
Nacho Poveda

Redactor

Lo sé, sólo es cine (pero me gusta).

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