#62SSIFF | Final agridulce

La jornada cinéfila del sábado terminó en el Teatro Principal, uno de los espacios mí­ticos del festival donde tienen lugar la mayor parte de los pases de prensa de la Sección Oficial, Perlas, Zabaltegi y Nuevos Directores. Y allí­, en un patio de butacas abarrotado, tuvo lugar el estreno mundial de Autómata, proyecto de sci-fi nacional largamente dilatado en el tiempo que cuenta como principal atractivo comercial a un Antonio Banderas que ejerce, bajo la batuta en dirección de Gabe Ibañez (realizador de Hierro, filme con Elena Anaya que recorrió festivales de todo el mundo hace unos años), de productor y protagonista al mismo tiempo. El ambiente del teatro minutos antes de las ocho de la tarde estaba, inevitablemente, viciado por una sensación que tendí­a más hacia la curiosidad morbosa que hacia las grandes expectativas (“hype” como se dice ahora).

Autómata (Automata, Gabe Ibañez – España/Bulgaria) | â˜…

El caso de Autómata es especial. Coproducción hispano-búlgara, rodada en inglés y con reparto estadounidense, que tras retrasos y extrañas desapariciones del mapa durante prolongadas temporadas se planta en un festival de clase A muy poco dado a introducir cine distópico o fantástico en su competición oficial. No encuentro (y, creo, nadie lo hace) un motivo de peso para que una pelí­cula como esta esté en la carrera por la Concha de Oro más allá del atrayente rostro de Banderas como estrella de masas. Y es que, siendo francos, todo esta mal en Autómata. Si bien se aprecia un esfuerzo notable por parte de sus responsables delante y detrás de las cámaras, el filme acaba estrellándose en el desierto de lo anodino y lo tedioso.

Autómata habla, de forma absolutamente convencional, de la hipotética extinción humana partiendo del concepto de la “singularidad tecnológica” y la superinteligencia artificial. La manida premisa de la rebelión de las máquinas se desarrolla aquí­ mediante un mal ejecutado pastiche de géneros, referencias y estilos – a veces distopí­a a lo Blade Runner o Yo, Robot, a veces drama familiar; algunas veces western crepuscular, otras thriller policiaco – aderezados por reflexiones pretenciosas, falsamente trascendentes, sobre el sentido de nuestra existencia (y los por qué de nuestra futura extinción) que resultan impostadas y poco creí­bles. Personajes planos de evolución, si no inexistente, desde luego inapreciable a ojos del espectador interpretados de forma afectada e histriónica por algunos actores (Antonio Banderas desborda pasión en exceso en aquellos momentos donde la contención resultarí­a un más coherente punto a favor del filme) y absolutamente olvidable y sosa por el resto del reparto. En paralelo, el apartado visual de Autómata es, desde luego, solvente pero no impresionante y la banda sonora de Zacarí­as M. De la Riva resulta lúcida en muchos pasajes, como los fantásticos y acertadamente anti climáticos créditos iniciales, pero se torna reiterativa y machacona en el maniqueo y moralista tramo final.

Autómata tiene destellos de oportunidad perdida, de insuficiente pero loable intento de elevar el género de la ciencia ficción más pura en nuestro paí­s, pero acaba resultando un largometraje frí­o, pesado y farragoso, excesivamente alargado y de naturaleza confusa: sin personalidad, sin ritmo, poco hay salvable en una pelí­cula que, en muchas secuencias, también se inclina peligrosamente hacia el abismo de lo ridí­culo. Una pena.

Por suerte, el dí­a terminó con uno de esos valores seguros del Festival de San Sebastián: irse de pintxos.

La mañana del domingo comenzó de forma agridulce. Por un lado, las ganas de disfrutar dos grandes apuestas de mi pequeño festival y, por otro, la tí­mida tristeza que a medida que pasaba al tiempo salí­a a flote en mí­: aunque el Zinemaldia acababa de empezar, para mi se acercaba el punto…y aparte.

Vincent no tiene escamas (Vincent n’a pas d’écailles, Thomas Salvador – Francia) | â˜…★★

El Principal volvió a ser mi resguardo. Allí­ esperaba una personalí­sima apuesta que ha pasado desapercibida entre flashes. Vincent no tiene escamas es la primera pelí­cula del realizador francés Thomas Salvador, de amplia experiencia en el terreno del cortometraje, que compite en otra de las secciones caracterí­sticas del certamen: Nuevos directores, que se ocupa de destapar nuevas voces en el panorama cinematográfico mundial y algunas (pequeñas) grandes joyas.

La cinta narra la historia de Vincent, interpretado por el propio director, un chico que guarda un importante secreto: sus reflejos y capacidades fí­sicas se multiplican de forma asombrosa cuando este entra en contacto con el agua lí­quida. A partir de esta sugerente premisa, Salvador compone una historia magnética y con detalles suntuosos enfocando el retrato de su personaje desde un punto de vista naturalista, sin música ni grandes efectos visuales, pero con una dirección sencilla pero muy poderosa que hace que podamos valorar de forma sobradamente positiva a esta curiosa ópera prima.

La pelí­cula, que bien podrí­a definirse como un largometraje Marvel bajo la mirada de Franí§ois Truffaut, podrí­a dividirse en tres actos: una presentación del personaje algo reiterativa, una historia de amor sincera y desbordante de quí­mica gracias a la encantadora actuación de la cautivadora Vimala Pons y un desenlace a modo de intimista persecución policial que resulta, de nuevo, algo estirado y redundante. Vincent no tiene escamas acaba dejando una sensación agridulce: se intuye una personalí­sima visión, un futuro prometedor, en la elegante y acertada realización pero también se hace larga para su muy breve duración (75 minutos) y, sobre todo, poco contundente en un guión sin clí­max al que le hubieran venido bien una o dos vueltas más. Agradable y original, no obstante.

El dí­a (y mi experiencia en el festival) concluyó con la proyección de prensa de Pasolini, el nuevo largometraje del siempre polémico Abel Ferrara que acababa de competir – sin premio – en el festival de Venecia.

Pasolini (Abel Ferrara – Francia/Italia) | â˜…★★

Willem Dafoe es, sin duda, el gran valor del í­ntimo y personal retrato-homenaje que el director neoyorquino dedica al escritor (como es definido en el filme) italiano. Su interpretación como Pier Paolo Pasolini es sorprendentemente mimética y trasciende más allá de la barrera idiomática (Dafoe interpreta, casi todo el metraje, en inglés). Su voz resulta la principal herramienta de inmersión del espectador en una pelí­cula desbordada por la magnitud de la figura que pretende retratar.

Ferrara carga sus noventa minutos de pelí­cula de discursos literales del Pasolini “personaje” recitados en plano prácticamente fijo por el actor doblemente ganador del Oscar tan interesantes como poco cinematográficos y de recreaciones – a veces con mayor o menor belleza, mayor o menor tino – de un nunca realizado filme póstumo del director de Los 120 dí­as de Sodoma pero se olvida de ahondar en la compleja y llena de aristas personalidad del Pasolini “persona”, lo cual hace que este inusual biopic acabe siendo superficial y errático.

A todas luces decepcionante y demasiado densa en algunos tramos, Pasolini reserva momentos arrebatadores y estimulantes como su bello tramo final o los sensoriales momentos en que Ferrara explota los recursos propios del séptimo arte superponiendo imágenes junto a la imponente voz en off de Dafoe con bella música operí­stica de fondo. Reflexiones y lí­neas de diálogo potentes, poso melancólico y suma irregularidad es lo que nos ofrece, en definitiva, una pelí­cula árida en la que cuesta entrar y a la que cuesta seguir pero que recompensa al espectador con algunas pinceladas de genialidad. Fallida sí­, pero no despreciable.

El Festival terminó para mí­ con tres pelí­culas no del todo convincentes pero hay algo de lo que si estoy convencido: sucumbir ante el Zinemaldia, su gastronomí­a, sus gentes, su cine, su ambiente, su San Sebastián, su zona de prensa, su atención… es imposible. Gracias.

LA CANCIí“N DEL DíA:

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=P21qlB0K-Bs[/youtube]

Jesús Choya
Jesús Choya

Redactor

Si te tengo que decir una pelíula favorita, te digo dos: 'High School Musical' y 'Mulholland Drive'. Cinéfilo aprendiz creado a las puertas del nuevo milenio.

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