#62SSIFF | Afrontar la pérdida según Ozon y August

La noche anterior me acosté agotado. La mañana del sábado, por el contrario, me desperté con ganas de disfrutar de un dí­a de cine en la capital guipuzkoana pero con las pictóricas imágenes de Mommy en tonos ocres aún reproduciéndose en mi cabeza, cual bucle que todaví­a no era capaz de procesar. El explosivo y arrebatador último largometraje de Xavier Dolan, como era de preveer, habí­a dejado huella.

Leo el diario oficial del Zinemaldia mientras desayuno en la cafeterí­a del hotel: Mommy ha recibido algo más de un 7’8 en la votación del público. Decente, desde luego, pero también insuficiente calificación según mi criterio. Hoy aguardan tres potentes contendientes en la Sección Oficial pero la portada del periódico se reserva, en cambio, a La isla mí­nima, que abrió ayer la competición por la preciada Concha de Oro con grandes comentarios de crí­tica y público. Yo me la pierdo. Al menos, en el festival. Menos mal que el viernes veintiséis está a la vuelta de la esquina.

Cojo el autobús lí­nea 25 rumbo al Boulevard, la preciosa calle que recorre, arriba y abajo, las principales salas de proyección del festival. Una vez allí­, camino sin prisa observando los resplandores de una ciudad iluminada, por suerte, por un inmenso sol y, claro, también observo a sus gentes. Algunas, como yo, con la tarjeta-acreditación colgada al cuello. En San Sebastián el cine te empapa desde primera hora de la mañana.

El Kursaal me recibe pasadas las 10:30. Inspecciono cada rincón del área de prensa con más tranquilidad, sin dejarme ningún detalle. Quedo fascinado por la cantidad de salas numeradas y perfectamente organizadas que conforman dicho área: de redacción, de descanso, para ruedas de prensa, para el siempre agradable equipo de prensa del festival… El casillero no depara hoy nada destacable, todo sea dicho.

Pasadas las once de la mañana me pongo a la cola del pase de Una nueva amiga, último largometraje del archiconocido en el festival donostiarra, Franí§ois Ozon que obtuvo el máximo laurel del festival hace dos años con el teatral y voyeurí­stico relato que planteaba en la exquisita En la casa. Unos minutos de espera después, entro en el K1, la más grande de las dos salas del imponente auditorio, con una capacidad de casi 1.900 espectadores. Subo las largas escaleras del edificio hasta llegar al anfiteatro, mi lugar preferido del espacio. Allí­, tras reencontrarme con amigos que hace tiempo no veí­a, las luces se apagan y la popular y pegadiza sintoní­a oficial nos da la bienvenida a un dí­a de cine.

Una nueva amiga (Une nouvelle amie, Franí§ois Ozon – Francia) | â˜…★★★

En Una nueva amiga, Franí§ois Ozon vuelve a afrontar la peliaguda cuestión del descubrimiento y la identidad sexual pero, esta vez, añade un matiz de importancia que, además, es factor común en las dos pelí­culas de las que hoy voy a hablaros: la pérdida y cómo, de una forma u otra, el ser humano afronta la misma. El filme encuentra su mayor valor en el acertado empleo de un sentido del humor desenfadado y liviano que casa perfectamente con el fondo dramático que encontramos inevitablemente en temas como el duelo y el travestismo y las pinceladas de intriga que salpican el desarrollo de la cinta.

De esta forma, Ozon construye con elegancia, magnetismo y suma delicadeza una pelí­cula que mantiene el interés durante todo el metraje y a la que solo se le puede reprochar un desenlace algo estirado y su ambición de artefacto lúdico, juguetón, a ratos incluso pueril, que para muchos la sitúa, por desgracia, un escalón por debajo de las grandes obras del realizador francés. Una nueva amiga es, sin embargo, un filme inteligente y delicioso con múltiples capas por descubrir, debatir y degustar que nos ofrece además dos personajes protagonistas sublimemente construidos e interpretados de forma sutil y contenida por el conocido Romain Duris y la bellí­sima Anaí¯s Demoustier. Dos personajes que evolucionan por caminos que recorren paralelamente pero que a veces se fusionan e incluso se amparan, en busca de ese sentimiento que sustituya al que sentí­an por el personaje de Laura, la mujer del primero y la amiga í­ntima de la segunda.

El largometraje abarca muchas cuestiones aportando un visión menos amarga de lo que cabrí­a presagiar, transitando diversos estilos, tonos y géneros. Una nueva amiga empieza con un hermosí­simo prólogo que condensa en menos de diez minutos los sentimientos de vací­o, tristeza y melancolí­a que inicialmente sufren los personajes para terminar con un epí­logo sorprendentemente optimista, quizá utópico. Entre ambos, hay momentos musicales que sirven de excelente vehí­culo empático (como la propia pelí­cula, el repertorio musical resulta ecléctico con dos temas relevantes – “Hot & Cold” y “Une femme avec toi” – y, de nuevo, una bella composición instrumental de Phillip Rombi) y más que sugestivas secuencias que coquetean con el cine de Almodóvar, bellí­simas referencias a La piel que habito, y Hitchcock, inevitable intuir cierta – quizá involuntaria – influencia de Vértigo. En definitiva, una lúcida y divertida joya desde ya infravalorada que trata con mimo y necesida, merecida, importancia a sus personajes y aporta una mirada tan sincera como agradable, esperanzadora, sensible y poco común.

También en el Kursaal 1, unas horas después, tuvo lugar el pase general de otra pelí­cula en competición: Silent heart, filme danés del oscarizado realizador doblemente ganador de la Palma de Oro, Bille August. Los pases oficiales siempre tienen un ambiente distinto, menos sincero pero también mucho más entusiasta y festivalero: el equipo del largometraje en cuestión acude a la proyección y recibe aplausos (o abucheos) por parte de los espectadores, una mezcla de prensa y público. En esta caso, la ovación que August y sus actores recibieron fue, indudablemente, merecida.

Silent Heart (Stille hjerte, Bille August – Dinamarca) | â˜…★★★

Con una premisa que nos remite ipso-facto a la reciente y también fantástica Agosto (una familia se reúne durante un fin de semana para tomar o, mejor dicho, llevar a cabo una difí­cil y dramática decisión) y a un abultado sector del cine nórdico reciente, Silent heart es una propuesta de belleza lí­rica basada en una acertada iluminación natural y una puesta en escena teatral que aborda el debate de la eutanasia desde un punto de vista í­ntimo y humano, centrándose en las relaciones y conexiones familiares.

Sin resultar novedoso en ningún caso, el largometraje de August resulta efectivo y bien contado gracias a un guión sencillo (que no simple) que sabe explorar con tino las dudas de cada uno de los personajes, con los que todos podemos empatizar facilmente, y transmitirlas de forma tierna e incluso conmovedora al espectador. Un magní­fico reparto – que huele, o al menos merecerí­a, premio – liderado por Paprika Steen y Guita Norby es, sin lugar a dudas, el gran acierto de una pequeña pero notable pelí­cula donde las emociones más sinceras se abren paso sin estridencias dramáticas ni grandes alardes técnicos. Fantástica.

LA CANCIí“N DEL DíA:

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=-65kjpU1Qfw[/youtube]

Jesús Choya
Jesús Choya

Redactor

Si te tengo que decir una pelíula favorita, te digo dos: 'High School Musical' y 'Mulholland Drive'. Cinéfilo aprendiz creado a las puertas del nuevo milenio.

No hay comentarios

Los comentarios están cerrados

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies