Sin lugar a dudas: María José Llergo se viene

He tenido la suerte de estar en el concierto que María José Llergo (Pozoblanco, 1994) dio el pasado domingo en el CCCB y, para qué ocultarlo, sigo embobao. Aquí os dejo una pequeña crónica de lo que esta señora nos ha ofrecido de gratis.

Se apagan las luces y sale ella con su juventut, seguida de su guitarrista Marc López. La Llergo da las gracias de una manera pausada y tan cordobesa que suena exótica. Mientras mueve su falda de tul a lunares con gracia, busca la concentración para dar inicio al show. Él se sienta, respira y empieza la magia. El Hall del CCCB repleto (sold out, duh), en silencio.

Suenan los primeros acordes. Ella extiende los brazos y abre las palmas de sus manos como si estuviese recibiendo la energía del público. La niña dulce que había subido al escenario se transforma y se vuelve tormenta, con una fuerza en la mirada que reta y hace cómplice a los asistentes. Desde el primer momento, se le ve un brillo en los ojos que inunda la sala de emoción. Ella es la Niña de las Dunas, que quiere Volver pero que siempre ha sido. Sin esfuerzo, nos deleita con una voz de mil matices que maneja con un gusto exquisito (¿ese vibrato? wig) y que navega entre sus canciones y versiones que hace propias como el maravilloso Pequeño vals vienés o la Canción de Soldados ¨contra los que ahogan a España en sus manos¨. Ovación y un público que no para de aplaudir porque lo de esta niña no es normal.

Da las gracias repetidas veces, pero con la mayor honestidad del mundo. Se agarra el pecho. Agradece a su familia, a Silvia Pérez Cruz, a Lorca, Enrique Morente y a todo aquel que le ha inspirado, le ha hecho daño o la ha hecho feliz. Agradece también a Marc, con algunas palabras y muchas miradas de complicidad. Las cuerdas del guitarrista y la voz de la Llergo se entrelazan, dialogan y nos entregan una conversación dulcísima que querríamos escuchar por horas (pero no nos dejan). Cuenta que su abuelo, de campo como ella, se tuvo que venir a Barcelona a trabajar, pero volvió a su tierra a sembrar y cantar, que también era su sueño. Plantó semillas trabajando en los panots de Barcelona y, quizá sin esperárselo, ha hecho que veamos florecer a su nieta, a la que el señor regaría con mesura en naturalidad, talento y verdad.

El público la halaga con piropos, ¨oles¨, ¨bonita(s)¨ y algún ¨es que esta niña es increíble¨ que escuché un par de veces a las señoras que compartían fila conmigo. Razón no les falta. La Llergo te inunda con su voz y te mece como las olas de su Nana del Mediterráneo. Lo más chocante es que ella misma ni parece darse cuenta del efecto que tiene.

Agárrense que esta señora viene fuerte, amigas.

Y para muestra, un botón:

¡Menos comentar y más compartir, cosuca!

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies