#63SSIFF | Cine de contrastes

Contrastes en nuestra última crónica desde San Sebastián: pasamos de la comedia de ritmo atropellado y espíritu cañí ‘Mi gran noche’ de Álex de la Iglesia al frío retrato de la vida en Islandia a través de los ojos de un adolescente en pleno proceso de descubrimiento personal de ‘Sparrows’. Dos propuestas muy diferentes entre sí y cargadas de fallos y aciertos. Abrimos debate.

‘Mi gran noche’, apasionado y agotador caos.

Repetía Álex de La Iglesia escenario para el estreno en Europa (previo paso por Toronto) de su nueva locura cinematográfica. Como en el caso de ‘Las brujas de Zugarramurdi’, lo último del realizador bilbaíno se presentaba en el Zinemaldia fuera de competición y reunió a un reparto estelar en Donostia liderado por Raphael y Mario Casas. ‘Mi gran noche’ generó además grandísima expectación entre el público del certamen, causando una de las mayores colas del primer fin de semana de festival a pesar de presentarse en el pase de las nueve de la mañana; unas expectativas, muy probablemente, demasiado altas para un largometraje que acaba cayendo en prácticamente los mismos vicios y errores que su predecesora.

Con un inicio musical absolutamente frenético, resulta tan sorprendente y meritorio como agotador que ‘Mi gran noche’ no baje en ningún momento el ritmo enloquecido de sus múltiples tramas. Su carácter coral, donde todos los personajes comparten prácticamente el mismo protagonismo en pantalla, acaba por ahogar una película que inicialmente presenta gancho, chispa y atractivo suficiente para captar la atención del espectador que, desgraciadamente, se va dispersando ante los numerosos focos que sitúa De La Iglesia en esa especie de celebración del caos y el absurdo que es la anárquica grabación de una hortera y anticuada gala de fin de año para televisión, contexto que acaba erigiéndose como una especie de purgatorio donde se reúne lo más variopinto sociedad española actual, como una respuesta cargada de confetti y brillantina al oscuro aquelarre del desastroso tercer acto de ‘Las brujas de Zugarramurdi’.

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Más regular pero también con momentos menos brillantes que el anterior filme de De la Iglesia, ‘Mi gran noche’ encuentra en su reparto su acierto más rotundo. No hay duda de que si algo podemos agradecer a una película como esta es certificar los estupendos caminos que están tomando las carreras interpretativas de los actores más jóvenes de cine y la televisión española: un hilarante Mario Casas, cada vez con más carisma y personalidad; una Blanca Suárez en uno de sus mejores papeles y los más secundarios pero igualmente finos Ana Polvorosa, Luis Fernández y Antonio Velázquez. Junto a ellos están los eficientes Hugo Silva, Jaime Ordoñez y Pepón Nieto y una Carolina Bang en una interpretación sorprendentemente solvente. Y, claro, el mismísimo Raphael, cuyas apariciones elevan inmediatamente el nivel del largometraje. Su mera presencia en pantalla resulta hipnótica y el Alphonso que interpreta es una extraordinaria muestra de sentido del humor, pese a que sus números musicales estén claramente desaprovechados.

Tan distraída como, precisamente, una gala de fin de año, ‘Mi gran noche’ es una traca ‘non-stop’ de gags de todo tipo – transita a trompicones entre el ingenioso humor (auto)referencial y los chistes más burdos y físicos – que deja exhausto, una exigente maratón de la comedia española cuya recompensa al espectador no acaba por ser suficiente. ‘Mi gran noche’ es como cuando coges una borrachera a ratos divertida y, al día siguiente, solo te acuerdas de la resaca. ¡Escándalo!

‘Sparrows’, gélida madurez.

Diametralmente opuesta a ‘Mi gran noche’, ‘Sparrows’ suponía la participación nórdica de la sección oficial a competición. El nuevo filme de Runár Runársson, que adapta uno de sus cortometrajes posteriores, es una película de corte muy conocido en festivales internacionales: impoluto cuidado estético, pesimismo y frialdad como vehículo argumental, ritmo calmado y esquema narrativo prácticamente mínimo. A partir de ahi, la película narra un ‘coming of age’ que no ofrece nada especialmente nuevo.

Ari es un joven islandés que debe retirarse de la ciudad al pueblo costero de su infancia con su padre alcohólico, cuando su madre viaja a África con su nueva pareja. Durante un verano Ari deberá acondicionarse a un territorio que le es extraño y a la hostilidad del ambiente que le rodea, descubriendo sentimientos como la soledad, la compasión, el amor o la vergüenza. Runársson desarrolla con suma belleza visual y cierta monotonía narrativa, una historia a veces demasiado tremendista y otras ligeramente tediosa que pese a dejar algunas secuencias de preciosa sensibilidad y plantear cuestiones y dilemas no por universales y manidos menos interesantes (los conflictos generacionales entre padres e hijos, el desarraigo y la apatía, la primera toma de contacto con la independencia adulta con todos sus efectos positivos y negativos, la búsqueda de refugio en el amor y la amistad…) experimenta un demasiado brusco cambio de tercio en su última media hora, cambiando de forma drástica la esencia temática de la película.

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Precisamente tras una primera hora que sirve de extendidísimo prólogo y acaba con una intensa y conseguida escena en los imponentes parajes islandeses que Runársson retrata con mano firme como si de cuadros pictóricos se tratase, la película pasa de ser una historia intimista sobre la madurez emocional con importantes problemas para mantener el interés a convertirse en un sórdido relato del despertar sexual, con dos potentes y perturbadoras escenas de sexo, que se cierra como un bonito alegato de la importancia de sentirse querido y acompañado en una época cargada de dudas y sombras.

‘Sparrows’ es, en definitiva, una película interesante, muy bien interpretada y formalmente impecable (la música original está compuesta por el teclista de Sigur Rós, y sirve como perfecto acompañante a las gélidas pero potentes imágenes del filme) que ofrece además una visión estremecedora de la sociedad islandesa y merece un visionado pese a caer en territorios comunes del cine adolescente. Una película dura, impactante e incluso puede que emocionante que, además, huele a premio el próximo sábado.

#63SSIFF | Born in the USA

En esta segunda crónica del Zinemaldia abordamos dos alabadas propuestas estadounidenses que se presentaron en la sección Perlas el pasado fin de semana. Por un lado, la ganadora de Sundance y, por otro, lo nuevo de Denis Villeneuve, el thriller ‘Sicario’.

‘Yo, él y Raquel’, el refugio adolescente.

Hace unos días leía en Twitter un artículo que hablaba sobre aquel cine que podía ser, casi con científica seguridad, considerado como medicina para el alma. En la lista de ejemplos con la que refutaban su idea, se incluía la última gran triunfadora del Festival de cine independiente de Sundance, filme que hoy nos ocupa. Y lo cierto es que estas propiedades curativo-audiovisuales no pueden estar mejor atribuidas al caso del precioso ‘coming of age’ que es esta ‘Yo, él y Raquel’ o, si lo prefieren, ‘Yo, Earl y la chica moribunda’ (traducción literal del título original).

Como si sumergiésemos una historia de la índole de la romántica ‘Bajo la misma estrella’ en una mezcla boyante del excéntrico universo visual Wes Anderson, el poso melancólico de la extraordinaria ‘Las ventajas de ser un marginado’ y el archiconocido pero (casi) siempre deliciosamente disfrutable «sello Sundance» del cine ‘indie’ americano, ‘Yo, él y Raquel’ se revela como una de las mejores y más emocionantes y sinceras odas a la amistad adolescente que el cine nos ha regalado en los últimos años y como una película que, además, sabe transitar sin miedo entre la carcajada y la lágrima de forma fresca y convincente así como abordar con suma sensibilidad un tema de tanto calado dramático como es la leucemia en la pubertad.

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Con experiencia en combinar ligereza y emoción en historias de adolescentes (ha dirigido varios de los mejores episodios de la popular serie de televisión ‘Glee’), el primerizo en el mundo de la realización de largometrajes Alfonso Gómez-Rejón adapta la novela de Jesse Andrews – que firma el guión de la traslación al cine de su propio libro – con un ritmo y estilo sobresalientes. El director utiliza ciertas licencias ya presentes en el libro junto a otras creadas especialmente para esta versión cinematográfica para narrar con originalidad, precisamente, una historia que esconde una aguda aproximación a la necesidad de refugiarse en la creatividad en los momentos más desconcertantes de nuestra vida. Así, insertos de stop-motion, un uso hilarante y modélico de la voz en off y multitud de referencias que harán las delicias de los amantes del séptimo arte, convierten a ‘Yo, él y Raquel’ en una muestra de cine vivaz y vitalista que consigue hacer feliz al espectador durante cada uno de sus ciento diez minutos de duración.

Saliendo airoso del manejo de elementos peliagudos en su argumento que podían haberla ahogado en el terreno de la manipulación, el largometraje protagonizado por una hipnótica Olivia Cooke (joven rostro a tener muy en cuenta que protagonizará lo próximo de Spielberg) no deja que su transición hacia el drama más conmovedor resulte maniquea sino que tras una primera hora ácida y desternillante este cambio de tercio, hacia un desenlace donde los silencios cobran notable importancia, fluya naturalmente como reflejo del proceso de maduración del personaje principal, Greg, un adolescente que se enfrenta a su último curso  de instituto sin implicarse en ninguna relación de amistad más allá de la que tiene con uno de sus vecinos, con el que realiza versiones de algunas de sus películas preferidas.

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Sin duda uno de los mejores relatos adolescentes del cine estadounidense de esta década, ‘Yo, él y Raquel’ es una película con corazón cargada de cine y vida, transmisora de ilusión y provocadora de mil una sensaciones que el espectador va descubriendo a lo largo de un visionado ameno y maravilloso. Te doy mi palabra: sus encantadores personajes no se despegarán de ti fácilmente.

‘Sicario’, la frontera más oscura.

El canadiense Denis Villeneuve sorprendió a todos hace casi tres años con el aplaudido díptico que estrenó en la 61 edición del Festival de San Sebastián. La controvertida obra maestra ‘Enemy’ y el exitoso thriller ‘Prisioneros’, ambas con Jake Gyllenhaal al frente del reparto, fueron motivos suficiente como para que la comunidad cinéfila comenzase a confimar a Villeneuve como un director indispensable en el panorama actual. Tras cosechar buenas críticas en Cannes, donde se fue sin premio, y Toronto, Villeneuve acudió a Donostia de nuevo. Acompañado de Emily Blunt, que hizo gala de una belleza natural y de una encantadora timidez, y de otro conocido del certamen, Benicio del Toro, presentó en la sección Perlas su thriller sobre el narcotráfico ‘Sicario’.

‘Sicario’ empieza desplegando todo su poder visual y sonoro en una tensa escena extraordinariamente física que abofetea al espectador y lo lleva a aferrarse a la butaca. Es esa secuencia toda una declaración de intenciones por parte del realizador de ‘Incendies’ y su equipo: ‘Sicario’, sin lugar a dudas, es un thriller modélico, agresivo, filmado con un pulso exquisito y sumo cuidado estético e interpretado de forma sólida. Hay poco que achacar a una película efectiva en su práctica totalidad y que pese a no contar una historia novedosa, consigue captar la atención del espectador durante todo su metraje. Un punto de vista incisivo junto a la espectacular fotografía de Roger Deakins (esos planos aéreos, esos atardeceres previos al descenso a los infiernos…), una magistral construcción de secuencias de acción que confirman a Villeneuve como un realizador completísimo y el diseño de sonido apoyado en una banda sonora de Johán Johánsson en un registro absolutamente distinto al que le valió galones en la pasada temporada con ‘La teoría del todo’, logran compensar que el esquema narrativo de ‘Sicario’ y ciertos rasgos de personalidad de sus personajes recuerden demasiado directamente a una versión fronteriza de la excelsa ‘La noche más oscura’, con la que incluso comparte tono y alguna licencia estilística como el uso de la visión nocturna.

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Menos verborreica y posada que el filme de Bigelow, ‘Sicario’ está protagonizada por tres personajes que adolecen de tener una evolución psicológica a ratos difusa, a ratos demasiado poco apreciable. Tres personajes interpretados con solvencia por Josh Brolin, Emily Blunt (cuyo personaje resulta a veces un hierático boceto de la Jessica Chastain de la mencionada película sobre la caza de Osama Bin Laden) y un muy inspirado Benicio del Toro que completa un año estelar. Precisamente es cuando la película cede el protagonismo al Alejandro del actor puertorriqueño el momento de más interés y complejidad moral de un relato técnicamente maestro, en muchas ocasiones adrenalítico e insobornable, pero que a veces se pierde en terrenos ya demasiado transitados.

Pese a ello, es recomendable esta visión de los problemas, más visibles que nunca, de las fronteras o, como dijo Villeneuve en rueda de prensa, de los países que las delimitan.

#63SSIFF | Afrontando el terror

Como el año pasado hicimos, este pasado fin de semana nos sumergimos en el festival más importante de España: el Zinemaldia. Un festival de ambiente único que reúne lo mejor del cine mundial en todas sus secciones.

En esta entrega, la primera de tres que se publicarán en consecutivos días, os hablaremos de dos propuestas que utilizan los elementos del cine de género de formas muy distintas: la nueva y polémica película de Alejandro Amenánar (‘Regresión’) y el filme francés ‘Evolution’, que ha causado una división casi más drástica que la del largometraje español. Omitiremos las accidentadas primeras horas en la preciosa y soleada Donostia del redactor que les escribe, buses equivocados y despertadores en silencio mediante, e iremos al grano:

‘Regresión’, el contagio del pánico.

Probablemente fuera ‘Regresión’ una de las inauguraciones más esperadas que ha tenido el festival donostiarra en, al menos, su época más reciente. Lo nuevo de Amenábar, tras seis años sin presentar al público estreno, tenía en San Sebastián su puesta de largo mundial. Una prémiere, sin embargo, que quedó algo deslucida al no contar con sus dos protagonistas – Ethan Hawke y Emma Watson – paseando por La Concha y confirmar los peores rumores que hablaban de una profunda decepción que incluso podía haber sido relegada a un estreno ‘directo a video’ en los Estados Unidos.

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En ‘Regresión’, Amenábar nos presenta un thriller psicológico con tintes de terror que bordea, y a veces cae en, el abismo de los telefilmes pero que dista mucho de resultar atroz. Ni el argumento de partida (la investigación de unos supuestos ritos satánicos en la Minessotta de 1990) ni tampoco la solvente factura técnica consiguen captar la atención durante los primeros tres cuartos de hora de metraje, una presentación austera, alargada y anodina que acaba por anularse a sí misma en los acontecimientos consiguientes. Es entonces, en su segunda mitad, cuando Amenábar apuesta por crear sugestivas secuencias en base a la tensión más primaria y haciendo uso de recursos cinematográficos manidos y obvios pero efectivos dentro del género: golpes de sonido, una tensa y machacona banda sonora y alguna que otra escena de terror fisico y explícito. En ese momento es cuando la película del oscarizado realizador, despojada de ambición trascendental, se erige como una propuesta más pura, entretenida y sincera.

Es una pena, pues, que tras tres buenas escenas climáticas y algún giro de guión, el director hispano-chileno apueste por una resolución atropellada y tonta que condena al filme a una valoración global decepcionante. Amenábar da carpetazo al manido caso central y ahonda en la más interesante idea sobre la paranoia social y la extensión, prácticamente pandémica, del miedo entre la población pero no cierra otras interesantes tesis sobre las que da ciertas pinceladas desganadas a lo largo del largometraje: el fanatismo religioso, la manipulación mediática y la ética profesional. Una sensación de desaprovechamiento y cierta confusión es la que acaba por nublar algunos despuntes atractivos en la ejecución de un filme que tampoco destaca por su reparto: un Hawke errático, una Watson demasiado intensa y un David Thewlis prácticamente caricaturesco. La sorpresa en este apartado es el estupendo Devon Bostick, en uno de los personajes secundarios.

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Solvente, en cualquier caso, ‘Regresión’ no es tanto un desastre como sí una cinta sosa, desaprovechada e inofensiva. Un análisis del pánico extendido que fracasa como tal, pero que del mismo modo mantiene el vuelo como thriller entretenido y tenso, aunque no resulte nada sorprendente y sí, y quizás ahí esté la clave, ‘demodé’.

‘Evolution’, buscando respuestas.

Los festivales de cine sirven para muchas cosas, pero sin duda una de ellas es la de descubrir películas que muy probablemente no podrías ver (ni verías) en otros contextos más cotidianos. Este año en la ecléctica y arriesgada competición oficial por la preciada Concha de Oro había, al menos, uno de esos sugerentes títulos destinados a dividir ferozmente a la cinefilia congregada en Donosti: el segundo largometraje de la directora francesa Lucile Hadzihalilovic, que dirigió la premiada ‘Innocence’ con Marion Cotillard hace ya diez años.

‘Evolution’ toma como partida un universo extrañamente atrayente desarrollado en una isla perdida (que, en el mundo real, es Tenerife) y solo habitado por mujeres y niños varones. Es en ese mundo distópico y particular de arena negra y aguas cristalinas donde se desarrolla de forma calmada el intrigante y perturbador misterio del filme. Un misterio, aviso, sin respuesta concreta que avanza en relación a cuestiones sobre la evolución humana y las mutaciones de la misma pero que realmente funciona como mera excusa argumental construida alrededor de un premeditado y poderoso estilo visual, y no viceversa. Es esto precisamente lo que convierte a ‘Evolution’ en un largometraje tan bello como exigente, en un cuento de iniciación inusual y envuelto en una atmósfera de fantasía enrarecida.

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‘Evolution’ habla, en esencia, de la primera toma de conciencia de la existencia de la muerte y del miedo que eso conlleva. Como ya hiciese Spike Jonze en la maestra ‘Donde viven los monstruos’, aunque de forma mucho más experimental y narrativamente libre, los elementos fantásticos sirven de reflejo para exponer las inseguridades y los temores implicados en el proceso de madurez. En el proceso de descubrir un mundo cargado de mentiras y ausente de la inocencia infantil o la pureza del mar, protagonista absoluto del largometraje. Es ahí, en las aguas del océano, donde el esplendor visual del que hace gala Hadzihalilovic es mayor y más apreciable; el mar como inicio y final de todo, como fuerza natural por encima de cualquier otra cosa, capaz de causar tanto la vida como la muerte. El otro gran escenario del filme es un hospital obsoleto, descuidado y pesadillesco donde el joven de once años protagonista es sometido, junto a otros niños, a extraños experimentos médicos que se presentan en muchos momentos de forma sobrecogedora, explícita y hasta grotesca, acercando (en su segundo acto) su lirismo visual al ‘body horror’ de serie B.

Sin duda de una asfixiante y maravillosa complejidad, ‘Evolution’ es un largometraje arrebatadoramente único en el que la imagen (el trabajo en la dirección de fotografía de Manuel Dacosse es abrumador) habla mucho más de lo que podría hacerlo la palabra. Una propuesta insobornable y dual, a ratos extrañamente tierna y a otros bellamente cruel, cuya presencia se agradece en un panorama festivalero donde parece solo tienen cabida las propuestas de realismo social y dramático. Chapeau.

El cine español en el #63SSIFF para Dummies

Ayer por la mañana todas las miradas estaban puestas en la Academia de Cine, en Madrid, pues allí, como cada año por estas fechas, se iba a anunciar la participación española en el festival de cine más relevante de la comunidad hispanohablante: el Donostia Zinemaldia o Festival Internacional de Cine de San Sebastián.

Y como en BFace Magazine nos encanta este certamen y nos encanta, aún más, el cine español hemos decidido hacer un compendio de las diecinueve cintas (más un cortometraje) anunciadas y destacar aquellas cosas que, con casi total seguridad, podremos ver del 18 al 26 de septiembre a orillas de la costa vasca. He aquí nuestra guía «El cine español del Zinemaldia para dummies».

Del son cubano a Raphael

Uno de los platos fuertes, y de las sorpresas, a competición viene de la mano de Agustí Villaronga, realizador del gran éxito de los Premios Goya 2011 ‘Pa negre’ (que también compitió en el Festival ganando el premio a la mejor actriz para Nora Navas). Se trata de ‘El rey de la Habana’, adaptación de la novela del mismo nombre que nos presenta a un adolescente que se escapa de un correccional y se lanza a las calles de la capital de Cuba en plena década de los 90. La película promete ser una historia de autodescubrimiento llena de ritmo y genuina emoción y llegará a cines españoles un día antes del fin del Festival: el 25 de septiembre.

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Y de la rumba cubana saltamos a otra de las películas más esperadas de esta edición donde la música vuelve a jugar un papel importante. Hablamos de ‘Mi gran noche’, la nueva comedia coral de Álex de la Iglesia que se desarrolla en la grabación de un especial musical de nochevieja para televisión y está protagonizada, ojito, por el mismísimo Raphael. Además cuenta con la participación de otros habituales del director de ‘El día de la bestia’ como Santiago Segura o Terele Pávez y con los jóvenes Blanca Suárez y Mario Casas, este último interpretando a Adanne, una estrella del electro-latino cuyas primeras imágenes nos dejan picuetos. El filme no peleará por la Concha de Oro a la mejor película y llegará a las pantallas el 23 de octubre.

¡Viva Latinoamérica!

Aunque todas las películas tienen producción española, muchas de ellas son coproducciones con distintos países latinoamericanos, lo que refuerza el compromiso del certamen por establecer lazos entre naciones hermanadas por el idioma.

En la lucha por el premio principal nos encontramos ‘El apóstata’ del uruguayo Federico Veiroj (director de ‘Acné’), una comedia sobre un joven uruguayo que llega a Madrid para intentar «emanciparse de la fe heredada de sus padres» con un reparto sumamente jugoso: Bárbara Lennie, Vicky Peña o Marta Larralde, estarán presentes en su viaje. También en la competición están ‘Eva no duerme’ – del argentino Pablo Agüero sobre las disputas políticas en relación al cadáver de Evita Perón, y con Imanol Arias o Gael García Bernal en los papeles principales – y la hispano-argentina ‘Truman’, la película a la que todos apuntan como potencial sucesora de ‘La isla mínima’ en los futuros Goyas y que narra, en tono de tierna tragicomedia, el encuentro de dos amigos interpretados por Ricardo Darín y Javier Cámara. Dirige Cesc Gay y se estrena el 30 de octubre. Atención a ella.

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Ya fuera de la Sección Oficial, la hispano-peruana ‘Magallanes’ y el premiado documental hispano-chileno ‘El botón de Nácar’ se verán en Horizontes Latinos mientras que la ópera prima del argentino Eugenio Canevari ‘Paula’ competirá por el premio Nuev@s Director@s.

Buscando la sucesora de ‘Loreak’

El año pasado entraba a competición oficial, por primera vez en la Historia del festival, una película rodada íntegramente en euskera. Tal fue el éxito de la preciosista y sensible ‘Loreak’ que pese a acabar saliendo con las manos vacías de su puesta de largo en San Sebastián (aún obteniendo una recepción crítica maravillosamente positiva) logró la nominación al Goya a la mejor película. En esta edición, vista la buena fortuna del «experimento», se repite el caso y luchará por lo premios un viejo conocido del certamen. Asier Altuna presentará ‘Amama’, que viene a significar abuela, un drama sobre el conflicto intergeneracional con todo lo que ello conlleva que promete, al igual que el filme de Goenaga y Garaño, un cuidado estético máximo. Muchas ganas de ver este filme que se estrena el 16 de octubre.

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Y en Nuev@s Director@s se verá también ‘Pikadero’, filme vasco dirigido por un escocés primerizo en el largometraje (Ben Sharrock) y que se erige como una comedia romántica sobre una joven pareja golpeada por la crisis económica que ansía poder, como sugiere el título, consumar su relación amorosa pero que no puede hacerlo pues viven junto a sus padres. El filme está protagonizado por Bárbara Goenaga.

Territorio documental

Serán cinco los documentales producidos o coproducidos por España que se disfrutarán en Donostia. Además del mencionado ‘El botón de Nácar’ de Patricio Guzmán, que viene apoyado de premios en la Berlinale pasada y habla en tono poético de la situación de Chile, del cosmos y de la condición humana, en la sección paralela Zabaltegi se verá también el prometedor ‘Un día vi 10.000 elefantes’, que utiliza la animación para adaptar el libro autobiográfico de Angono Mba sobre una misteriosa expedición a través de la Guinea Española en los años 40 y que cuenta con la colaboración musical del rapero El Chojin; ‘Mi querida España’, en torno a la figura de Jesús Quintero y ‘The Propaganda Game’ que dirige el ganador del Goya Álvaro Longoria y habla sobre las estrategias propagandísticas de la dictadura de Corea del Norte. Este último y atractivo largometraje se estrenará a lo largo del mes de octubre.

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Como proyección especial, Pere Joan Ventura pondrá el termómetro al ambiente post-15 M en ‘No estamos solos‘, «una historia coral sobre la gente que agita diariamente la vida de las ciudades españolas».

Y por si hay tiempo para más…

Hay otras muchas propuestas más inclasificables dentro de las categorías anteriores pero que nos tienen babeando y con los dientes muy largos en espera de su prémiere. Hablamos, sobre todo, de ‘La novia’, adaptación de las ‘Bodas de sangre’ de Federico García Lorca que ha realizado Paula Ortíz con Inma Cuesta, Álex García, Asier Exteandía y Leticia Dolera, entre otros. La película se presenta en la sección Zabaltegi y, a tenor de sus primeras imágenes, promete ser una de las que mejor luzcan en la gran pantalla. Morimos de ganas de ver esta revisitación de una de las grandes tragedias románticas de la literatura española. Llegará en noviembre.

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También se proyectará de forma especial ‘Lejos del mar’, el nuevo drama de Imanol Uribe con Elena Anaya en el papel de una víctima de ETA que desarrolla un romance con un terrorista que acaba de salir de la cárcel, mientras que el adelanto nacional de la competición oficial lo completa una de las incógnitas del anuncio: ‘Un dia perfecte per volar’ de Marc Recha, que promete ser un relato cargado de ternura sobre un padre (Sergi López) y un hijo (Roc Recha, hijo del realizador) que comparten cuentos y experiencias a partir del vuelo de una cometa en medio de un paraje inhóspito. Veremos a ver.

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Completan la programación ‘Isla bonita’, lo nuevo de Fernando Colomo con Menorca como escenario protagonista, y el cortometraje ‘Duellum’ así como el esperado thriller de Dani de la Torre, ‘El desconocido’ que monta a Luis Tosar en un coche que no podrá parar de conducir hasta reunir una gran cantidad de dinero para evitar, así, que la bomba que tiene en su interior estalle por los aires. Coprotagonizan Javier Gutiérrez y Goya Toledo y se estrenará en el Velódromo de Anoeta días antes de su salida a la taquilla comercial el 25 de septiembre.

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