Macera Taller-Bar: copazos premium DIY

Que en pleno siglo XXI nos encontremos hablando de la vuelta del móvil básico para-llamar-y-nada-más, de tejer jerseys como hicieran nuestras abuelas o de llegar al nivel de tener un huerto en un piso de Malasaña para cultivar tu propia comida (hola 1925) hace pensar que algo está ocurriendo. ¿Hemos llegado al límite de la evolución? ¿Ya sólo nos queda ir hacia atrás?

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Lo que está claro es que la cultura del DIY se pega a nosotros como un baile de la Pelopony, así que después de la comida ecológica el siguiente paso era de esperar: la bebida ecológica. Concretamente, los copazos ecológicos. Mola, ¿eh? Macera Taller-Bar ha venido para quedarse, para ayudarnos y hasta para ser nuestro bff alcoholizador (como cualquier bff que se precie). Un concepto nuevo en Madrid pero que despunta en capitales como Londres, Oslo o Berlín.

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Macera Taller-Bar sita en la madrileña calle San Mateo, 21 (metro: Tribunal, Alonso Martínez), un local ecléctico que aúna lo acogedor de un bar de toda la vida con una estética industrial conseguida a golpe de metal, cristal, madera y tonos neutros. Su orgulloso y tatuado barman, Narciso (¿se puede tener un nombre más cool?), se encarga de comprar alcohol a granel -del bueno, ¿eh? Vodka, ron, ginebra o whisky, entre otros-, que luego macera con frutas -generalmente de temporada- como manzana, almendras, lima o frutos rojos y especias como el cardamomo, el regaliz, la canela o el cilantro durante al menos una semana.

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Entre sus 20 destilados podemos encontrar la ginebra “Canela buena”, macerada con canela natural, o el “Sierra te necesito”, hecho con ramas de plantas aromáticas campestres como el tomillo y el romero. Es como el aguardiente de nuestros abuelos, pero en versión 2015. Alcoholes varios que, por cierto, se pueden tomar solos o mezclados con los refrescos naturales hechos también por el propio Narciso, que bien podría llamarse Juan Palomo.

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Por unos 7 euros podréis degustar una copa de las de verdad; 3 € si preferís el camino de la sobriedad que aseguran los refrescos naturales solos o bien optar por un café recién molido (que mezcla los sabores de Kenia, Brasil y Costa Rica), uno de sus sandwiches de queso fundido por si os entra el hambre (6,50 €) o la repostería de Abelardo, hermanísimo de Narciso. En BFace creemos que su deliciosa carrot cake debería tener hermandad propia en Sevilla. ¡Al cielo con ella!

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Lo bueno de Macera no se acaba aquí. Su coletilla “Taller-Bar” no es porque te pongan un gin-tonic con aceituna mientras te arreglan la caja de cambios. Narciso organiza periódicamente talleres de maceración (25 €), en los que un grupo de hasta 12 personas puede aprender a hacer su propio alcohol en casa, o bien enseña a ser los perfectos anfitriones para sorprender a nuestros invitados con las mejores copas. Para todos aquellos que no se sientan seguros del todo, Macera pone a su disposición su propio alcohol en botellas de 1 litro (entre 16 y 22 euros) o con las especificaciones que deseemos para hacer fiestas en casa memorables. Por lo pronto, recoger la casa al día siguiente sigue corriendo de vuestra cuenta.

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Fotos: Render Emotion

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¿Un brunch en la playa de Madrid? OJALÁ

¿Cuántos años nos habremos tirado cantando aquello de «vaya vaya, aquí­ no hay playa» los madrileños? Seguramente, más de los necesarios. Seguramente, más de los que esa canción esperarí­a sobrevivir. Una tonelada de arena traí­da desde Almerí­a tiene la culpa: la playa de Madrid ya es una realidad.

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Rediseñado por el arquitecto Andrés Jaque, el restaurante Ojalá (c/San Andrés, 1 – metro: Tribunal, Noviciado) divide su atmósfera veraniego-festiva en dos plantas: la de arriba con un look claro, surfero, en tonalidades azules, aguamarina y blancas, con un suelo en los mismos tonos que recuerda al movimiento ondeante del mar en calma; una luz relajada, combinando el frí­o de las estructuras de acero con lo natural de la madera y unas originales macetas-lámpara colgantes que recuerdan a los farolillos de una fiesta de noche de verano; la planta de abajo, como si de una cala secreta, escondida, se tratase, aviva más si cabe el espí­ritu playero con hamacas handmade, arena, luces cálidas y una caseta de madera que hace las veces de barra de bar.

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Si la decoración es original e innovadora -teniendo en cuenta que no hemos salido del caótico centro de la capital-, el menú tampoco os dejará indiferentes: tostadas de todo tipo con masa madre, hecha en los hornos propios del Ojalá; dulces como tortitas, cookies o bizcochos desde 1,20€ o huevos de todo tipo: benedictinos, rancheros, parisinos o catalanes, que pueden formar parte o no de sus desayunos-que-se-alargan-hasta-el-brunch. Dulces o salados, los podéis disfrutar hasta bien entrado el mediodí­a, en los que se puede beber desde un café hasta un vino con croissants, pan payés, ensaladas, queso, fresas con nata, chili con carne, jamón o yogur con muesli.

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Para las parejitas que se quieren y los amigos de verdad, el Ojalá cuenta con raciones para compartir de hummus, guacamole, antipasto o las bravas de toda la vida. Pero si queréis comer realmente bien, no podéis dejar de probar los tacos, hamburguesas y, sobre todo, los bocadillos y sándwiches, como su Chicken Breast con pan rústico, pollo asado, guacamole y un toque picante; el Veggie, que lleva pan de maí­z, verduras grilladas y provolone con salsa romescu o el Cemita Poblana, de pan de Mollete, milanesa de pollo, frijoles fritos, guacamole, queso y mayonesa de chipotle. Un orgasmo contí­nuo desde 5,50€ por obra y gracia del chef Javier Brichetto.

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El restaurante abre a las 09:00 de lunes a viernes y a las 11:00 los fines de semana, y cierra a la 01:00 de domingo a miércoles, a la 01:30 los jueves y a las 02:00 los viernes y los sábados, mientras que la playa abre a las 18:00 y se mantiene al público hasta la hora de cierre del local. ¿Os hace un brunch en la playa de Madrid? POR FAVOR. ¿Es esto Los Hamptons, Casablanca o Cancún? Ojalá, pero ya no nos hace falta.

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Fotos: Grupo La Musa

Malasaña meets Juanita Banana

Es cierto. Esto es así­. Se dice, se comenta… que todos los españoles soñamos con poner un bar. Ya lo dijo una de mis musas, Eva Hache, mujer sabia y muy salá: «¿Por qué queremos los españoles poner un bar? ¿Para tirar cañas? ¿Para poner tapas? ¿Para recitar el menú del dí­a? NO: para ponerle nombre».

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Y Silvia Superstar lo ha vuelto a hacer. A la que fuera la vocalista de Killer Barbies no le ha valido con uno ni dos, y ha ido a por el tercero en discordia. Tras dar a luz a El Fabuloso y al Coconut, el Juanita Banana -inaugurado el año pasado, en la calle Estrella, 3 (metro: Callao, Santo Domingo)- ha reabierto sus puertas con un lifting: el denominado «hermano pequeño» presentó el pasado 14 de enero su nueva carta de tapas, un complemento ideal para sus martinis, sus cócteles y sus cervezas. Como dijo Luis Aguilé: «esta es la sorprendente historia de Juanita Banana».

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El Juanita es un local ambientado en los años 50, la época dorada del Hollywood de Marylin Monroe, Humphrey Bogart, Sophia Loren o Ava Gardner, con una decoración al más puro estilo Mad Men, por cuya puerta da la impresión de que aparecerán, en cualquier momento, los pechos de Christina Hendricks y, tras una breve pausa dramática, la propia Christina como un suspiro.

christina-hendricks-gifs-sexy-green-dress-remote-control-2¡Holi!

Pero por muy vintage y fifties que sea el bar, el Juanita Banana está en Malasaña, y eso hace que no se perdone la hora del vermouth vermú: a partir de las 12:30 el local abre sus puertas y continúa hasta las 02:00 de la mañana, pasando por las cañas pre-almuerzo, la hora de la comida, los afterworks y las copas de última hora, hasta llegar a los martinis, los mojitos, los gin-tonics premium -que recuperan el trono de la bebida más cool– y los cócteles de calentamiento de cualquier noche de fiesta. Alaska o Vinila von Bismarck ya son fans acérrimas.

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La nueva carta incluye delicias como las croquetas de gambón, la ensalada de ventresca con tomate, o las gambas a la plancha, ideales para organizar una comida, una cena y acabar la noche, igual que en la vida misma, con el buenorro del hermano mayor: el Fabuloso, donde Jack the Reaper, Hanky&Panky, Carlos Areces, Mario Vaquerizo o la propia Silvia se encargarán de poner la música más clásica: la de las estrellas del rock como Elvis, Kiss o Los Ramones.

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Fotos: Juanita Banana

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Cuquisitios (III): Galleta

El 2015 ha dado el pistoletazo de salida y a algunos os ha pillado en bragas. Admitidlo: muchos de vosotros no tení­ais propósitos de año nuevo. El caso… ¿qué? ¿que qué es un propósito? A ver, para los de la LOMCE: un propósito es toda aquella idea, buena o mala, que se tiene en mente con la intención de llevarla o no llevarla a cabo. Esperamos que buena. O por lo menos legal.

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La cuestión es que otros muchos se han planteado el 2015 como el año lí­mite para dejar de comer mierdas comida poco saludable y llevar una dieta famélica modélica. Sin embargo, como otros tenemos un metabolismo por el que damos gracias al universo todos los dí­as, y como tampoco es cuestión de pasar hambre, hoy os presento «Bar Galleta».

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El bar Galleta es un lugar idí­lico y cuquérrimo en la Corredera Baja de San Pablo, 31 (Malasaña), muy cerquita de Tribunal. Aunque no es un local grande, las proporciones están muy bien estudiadas para aprovechar cada rincón al máximo sin sobrecargar, y con esa decoración tan parisian-chic que le aportan su madera envejecida, su luz, sus decenas de espejos, sus flores, su música suave y su ambiente relajado. El misterio del nombre quedará resuelto cuando os diga el nombre de su propietario: Carlos Moreno Fontaneda. FON-TA-NE-DA. De los Fontaneda de toda la vida. Si hiláis un poco fino, sabréis a dónde quiero llegar.

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Como no podí­a ser de otra manera, y como no creo que haya demasiada gente en España que se apellide así­ (debe de ser algo como apellidarse Borbón o Pantoja), Carlos es el nieto del señor fundador de la conocida marca de galletas. El nombre de su bar es tan sólo un homenaje a su abuelo y a lo que de sus fogones sale directo a nuestros paladares: prácticamente todos sus postres tienen -redoble de tambores- ¡una base de galleta!. A partir de ahí­, la chef Itxaso Elosegui y sus cocineros crean la magia de unos dulces que da hasta pena hincarles el diente.

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Y como no sólo de pan vive el hombre, el Galleta también cuenta con carta para comer, cenar y lo que se antoje. No podéis dejar de probar el tartar de atún a la mostaza con aguacate y mango, el pulpo con patatas revolconas o sus tagliatelle con gambones rojos y calabací­n. Sólo de oí­rlo da gustico. ¿Lo bueno? La carta se amplí­a constantemente con las innovaciones de Itxaso, novedades que podéis seguir a través de la página de Facebook del local.

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Además de la carta, el bar Galleta cuenta con un menú del dí­a por 11,90€ y un menú especial por 12,50€. Más que recomendado para una reunión de amigos, un simple café o una cena tardí­a para una noche prometedora.

Fotos: Bar Galleta

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