Un Edén sin serpiente

Diane, son las 12:55am del jueves y estoy delante del ordenador sirviéndome la segunda taza de cerveza. Una taza que dice «I <3 GIRLS». No me juzgues, todos los vasos están en el lavavajillas .

Vámonos, átomos. La ruta de hoy comprende la zona que está entre mi casa y mi trabajo. Es decir, que ya se me han terminado las rutas cómodas y a partir de ahora a ver qué me invento. Agradezco, si estáis dispuestos a recomendarme algún sitio para que yo vaya y como un tornado haga desaparecer toda la comida que con tanto esfuerzo han preparado los que allí­ trabajen, me dejéis un comentario aquí­ o en Twitter o wherever, y yo con mucho gusto os traeré un informe detallado de lo que acaeció en el lugar de los hechos.

* * *

Me fui a dormir, tení­a el cerebrito frito y así­ no habí­a quien escribiera. Ahora que ya he descansado y el gato ha interrumpido mi yoga trepándome la espalda y sentándose en la cima de mi downward facing dog, imposibilitando cualquier movimiento por mi parte, puedo ponerme a pensar en desayunar. Imaginad que de mi cabeza sale una nubecita algodonada que proyecta los recuerdos de lo que desayuné el otro dí­a en The Little Big Café (c/ Fernández de los Rí­os 61). Stay tuned a la nubecita:

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Como su nombre indica, es un local pequeñito PERO tanto su personal encantador como sus productos HQ, que ellos preparan allí­ mismo con todo el amug del mundo, le hacen ganarse las mayúsculas.

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Todos tenemos un amigo celiaco. Saludos al mí­o.

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Daniel y Camila, siempre a la altura de mis ganas de comer.

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«Cualquier hora es buena para un trozo de tarta», dice el proverbio chino que me acabo de inventar. He venido unas cuantas veces  y cada una de ellas he intentado probar una distinta. Mi TOP –no sólo de este sitio en particular, sino de Madrid en general– lo encabezan esa cheesecake y la tarta de cerveza con especias que está en segundo plano. No need no mo, os lo juro.

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Damn fine coffee del que le gusta al FBI Special Agent Dale Cooper.

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Cheesecake de café y cappuccino con leche de almendra.

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Hell yeah los zumos y ese sandwich de aguacate y pollo. La carta es muy amplia y tienen deals de desayuno, ensaladas, sandwiches, smoothies,… incluso menú del dí­a y brunch los fines de semana.

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í‰sa todaví­a no la he probado y me está mirando así­ que VOLVERí‰.

Menos mal que Galileo y Vallehermoso están en cuesta y podéis bajarlas redolant. Levantaos y sacudí­os el polvo al llegar a c/ Conde Duque. Parada obligatoria en la Queserí­a de Conde Duque (nº15) y Panic Bakery (nº13), aunque sólo sea para echar un vistazo.

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Ah, el antiguo cuartel militar de Conde Duque, reformado ahora en un centro cultural de categorí­a: salas de exposiciones, auditorio, teatro, salón de actos, salas de ensayo… Mi idea inicial era traeros a ver la exposición de Ouka Leele, que pensaba que iba a estar guay y resultó al final que ni foo ni fighters. Vamos, que ni fu ni fa, pero de ella tampoco es algo que nos sorprenda, ¿a que no?

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En este giro inesperado de los acontecimientos, descubrí­ la inmaculada biblioteca.

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POR SUPUESTO QUE ME SAQUí‰ EL CARNET. No tení­a uno desde aquel verano soporí­fero en el pueblo en el que me leí­ toda la colección de Goosebumps durante las horas muertas de «hacer la digestión». Sonará idiota, pero me hizo mucha ilusión recibir en mis manos ese plastiquito azul con mi nombre, y os lo recomiendo sobre todo a los que viví­s en una cajita de zapatos y tenéis que llevar una maleta llena de libros cada vez que vais a casa de vuestros padres. Se acabó. Os abro las puertas de un Edén sin serpiente. Podéis retener los libros durante un mes, y las pelis –que vaya colección guay se gastan– una semana. Ya lo estoy viendo: maratones por director y palomitas preparadas en una olla, hmm…

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Las vistas. It’s lovely, isn’t it?

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Prohibido hacerse el intelectual y no curiosear en la sección de libros infantiles.

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A tiro de piedra está el Museo ABC (c/ Amaniel 29), que siempre tiene buenas propuestas artí­sticas en cuanto a Dibujo e Ilustración y una librerí­a muy golosa. Ahora mismo hay tres exposiciones vigentes.

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1) Caperucitas al rojo vivo: Tiene la intención de rendir homenaje a uno de los personajes más fascinantes y controvertidos de la historia de la literatura.

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2) Universos, de Fernando Vicente. Quiero empapelarme las paredes con sus retratos de escritores y otros personajes célebres.

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No menos importante, 3) un paseo por la obra de otro ilustrador madrileño, Narciso Méndez Bringa. Maravishosa.

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Casi que ya se nos ha hecho la hora de comer. Por la zona: Federal Café, Roll, Crumb, Dionisos, The Place… será que no hay para elegir.

Un besito en los morros.

Fotos: © Laura Cocodrilo

15 personajes que encontrarás en la biblioteca

¡POR FIN ES DICIEMBRE! Sí­, ya sé que llego un poco tarde a anunciaros la llegada del mejor mes del año, pero ni si quiera la tardanza puede restarle un ápice de luminosidad. De hecho, cuanto más nos adentramos en esta fascinante época del año, mejor es. Todo es júbilo. Y cuando digo todo, es TODO.

La navidad, el chocolate a la taza, las luces por las calles, el decorado de las tiendas, las sonrisas de los niños… nada puede hacer estallar la burbuja de felicidad que plácidamente nos envuelve, nos conecta y nos hace ser mejor persona. No obstante, si nos ponemos quisquillosos, siempre habrá cosillas. Nada, tonterí­as. Tonterí­as como por ejemplo los exámenes. Ellos siempre están ahí­, al acecho. Esperando a que te despistes para recordarte las bondades de la vida universitaria, así­ como las ventajas de haberte saltado aquellas clases a priori sin importancia, o los efectos secundarios del lema de nuestra generación «¡¡pero si los jueves son los nuevos viernes!!». ¿De verdad creí­as que iba a ser todo un caminito de rosas? Pues no, folks, una vez más no será así­.

No será suficiente con todas las fotos de folios y rotuladores fosforitos en las distintas redes sociales, o la pila de libros por leer esperándote sobre tu escritorio. Ni si quiera ese arsenal de apuntes en tu carpeta de documentos que te has descargado del campus virtual unas treinta y seis veces en lo que va de curso. Hoy te traigo los 15 personajes que podrás encontrarte durante tu hibernación en tu biblioteca más cercana, entre los que seguro te verás reflejado en más de una ocasión. De hecho, al final de la lista, podrás escoger qué tipo de ente bibliotecario eres. De momento, comencemos.


1.- El aspersor

Es de bien nacidos empezar con un clasicazo. Da igual lo que hagas, siempre tendrá un momento para sugerir que dejes de hacerlo, y lo hará esputando ese sonidito, la banda sonora de cualquier biblioteca que se precie.


2.- El sheriff

Le entregan su placa nada más cruza la puerta, y se dedica fundamentalmente a velar por la estabilidad de sus dominios bibliotecarios. La reconocerás por su mirada inquisitiva y sus punzantes frases cargadas de resquemor como «Perdona, ese asiento está ocupado», «Eh, eh, creo que en las mesas no se puede comer».


3.- El ausente (o el eterno kit carpeta-subrayador-botella de agua)

Es el monstruo del lago Ness bibliotecario. Algunos aseguran haberlo visto, pero nadie tiene certeza de su existencia. Llega el primero, deja sus bártulos, y va el último para recogerlos.


4.- Los tortolitos

Llevando el concepto de infotainment a una nueva dimensión.


5.- El senior

Siempre hay al menos uno. No sabemos si estudiando o haciendo qué, pero el caso es que es una figura entrañable que además te recuerda que ninguna excusa es buena para no ponerse las pilitas. ¡Tres hurras por los estudiantes veteranos!


6.- El resfriado

Le reconoceréis por su tos persistente, por el snif ése que hacemos cuando tiramos de los mocos, por la pila de pañuelos usados que le rodean resultado de una dura mañana de sonarse cada 30 segundos, o por lo estornudos esporádicos.


7.- El tertuliano

Lo comenta absolutamente todo. Contigo, con él y con el de más allá. También con el de mucho más allá, de punta a punta. Cualquier momento es bueno para parlotear. Cualquier momento excepto ése en el que es él quien decide concentrarse. Ahí­ todo el mundo CHITí“N.


8.- El que habla como si estuviera en misa

Peor que quien habla todo el rato, es quien habla bajito. Son aquellas personas que dejan tras de sí­ una estela que suena como «vsvsvsvsvsvsvsvsss», y que además actúan con la seguridad de que no hacen mal a nadie. Como Epi cuando tiene sed.


9.- El community manager

No sabemos qué estudia exactamente, pero las tres horas que ha estado en la biblioteca se las ha pasado en Facebook. Tal vez el sofá de su casa no es lo suficientemente cómodo.


10.- El modo vibrador (o fiu fiu fiu fiu fiú)

¿Qué es su biblioteca sin el brr brr de todos los móviles vibrando contra las mesas? También puede ser que de repente suene el pajarillo cantor fiu fiu fiu fiu fiú del whatsapp. Aunque esto parece pillarnos de sorpresa, sólo ha venido a sustituir al antiguo sonidito de inicio de sesión de Windows XP que de repente retumbaba a doscientos mil decibelios en las vigas de la biblioteca.


11.- El detective

Te pones a conversar con tu compañero tras una agotadora jornada de 13 minutos y 28 segundos estudiando sin levantar la cabeza del folio (porque te lo mereces, no todo va a ser el duro esfuerzo). De repente notas una mirada clavada en tu nuca, es él. Está tan, pero TAN, TAN aburrido, que no tiene otra cosa mejor que hacer que prestar atención a tu conversación. Además, si le sorprendes escuchándote, fingirá ser una estatua.


12.- El DJ residente

Sus intenciones son buenas poniéndose los auriculares, pero en un descuido (o momento cúspide de motivación estudiantil) pone la música tan alta que sin querer monta una rave.


13.- Las clases de claqué  

Anuncia su llegada tres cuartos de hora antes de entrar por la puerta con el estruendo de sus taconazos. Trocotró trocotró trocotró.


14.- El que se aguanta la risa

í‰ste es el favorito. De repente ves a alguien que hace sonidos guturales similares a «ejjjjeemmjjeejjm» y que se pone rojo rojo rojjjo. Compadécele por todos los ataques de risa que te han dado en clase, el universo sabrá recompensarte.


15.- El compañero que ya se lo sabe TODO

Sin duda, EL PEOR. Es un compañero, normalmente risueño y jovial, que de repente va a la mesa donde estás estudiando y te pregunta: «¿Qué, cómo vas?». Y tú ahí­, orgulloso de saberte tres temas y un poquito. ¿Que son 76 en total y el examen es pasado mañana? No pasa NADA. «¡Yo me lo sé todo ya!», responde, seguido de un «pero con pinzas, seguro que suspendo…». Sí­, vas a suspender FIJO. Además, para cuando ya has desarrollado algunos ticks nerviosos, te salta con una pregunta sobre un temario que ni sabí­as que existí­a, y se produce esta conversación:

–Oye, ¿y de lo de la fí­sica cuántica periodí­stica? ¿cuál crees que es la teorí­a correcta? Yo creo que el enfoque de la escuela alemana da más detalles.

– … ¿De qué hablas? Eso no está en los apuntes.

– ¡No, no! Es de los textos de los seminarios, que entran para examen. El profe ha mandado un correo al campus virtual, ¿no lo has visto?

Es ahí­ cuando tú, tratando de fingir que NO acabas de enterarte de que hay un buzón de correo en el campus virtual, respondes «eh, sí­, sí­, claro». Y descubres que estás bien fucked up. Y luego te vas a casa. A llorar, probablemente.


Esto ha sido todo, amigos. Creo que ya va siendo el momento de volver a la cueva a coexistir con todos estos seres, entre los cuales nos encontramos. Pero antes, ¿CUíL ERES Tíš? Un, dos, tres, responda otra vez:

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