Black Mirror más oscura si cabe y más vaga que de costumbre

¿Cae Black Mirror en su propia trampa? En su segunda temporada, con un más que decente White Bear, la antología de Charlie Brooker planteaba un mundo muy similar al que nos estamos aclimatando a día de hoy. Una sociedad acostumbrada al horror y aletargada ante los actos de aquellos que creen estar por encima de lo correcto. En aquel segundo capítulo, miles de personas visitaban con sus teléfonos móviles un espectáculo macabro con el pretexto de atender una pena judicial. Ansiosos de morbo y espectáculo a través de las nuevas tecnologías se tragaban lo que se les proponía sin llegar a plantearse que estaban viendo. Y yo me pregunto. ¿Nos aporta esta cuarta tanda de episodios sobre el uso extremista de la tecnología algo nuevo? ¿Nos deberíamos acomodar ante algo a lo que no estamos acostumbrando? ¿O nos los vamos a tragar ajenos a la realidad?

 


«Este nuevo Black Mirror se presenta más angustioso, personal y psicológico que nunca.»


 

Black Mirror nos sorprendió por su mundo distópico; por su planteamiento filosófico sobre la ética y la moral del ser humano; sobre el progreso sin consecuencias y el abuso de poder. Con mayor o menor gracia, Black Mirror conseguía su cometido. Con cada episodio nos adentrábamos en un conflicto moral, social o tecnológico y nos aterrorizábamos por nuestros propios actos. Puede que ciertas entregas fueran inferiores a otras, pero de cada una de ellas nos podíamos sentir identificados. ¿O a caso no vemos amenazas sin raciocinio por redes sociales constantemente? ¿No nos dejamos llevar por los likes y el número de comentarios positivos que conseguimos para subir nuestra autoestima y deshumanizarnos? ¿No es un hecho que nos aferramos al televisor, a la noticia del momento, al icono más viralizado, y, en consecuencia, nos aislamos de lo que realmente ocurre en el mundo?

Sea como sea Black Mirror daba en el clavo. Y no quiero engañarme, en cierto modo, sigue haciéndolo, pero deja la sorpresa a un lado. Su mecánica, aparentemente impredecible en cada episodio, sigue jugando con el factor sorpresa: la incertidumbre, o la sensación de control en exceso, que a la larga se convierte en un puzzle que cobra sentido de la forma más macabra, radical y, en parte, realista dentro de la ficción planteada. Sin embargo, no aporta nada que no se nos haya mostrado en anterioridad salvo por contados aspectos. No consigue el mismo efecto. Su efecto insignia no está a la altura de la media conseguida en sus años de recorrido. ¿Factor sorpresa? Sí. ¿Éxito sorpresivo? Lejos de ser afirmativo.

La cuarta entrega propone seis narraciones originales que plantean distintas historias que, aunque aportan algún que otro punto de vista nuevo, no deja de recordarnos en gran parte a lo que ya conocemos de la serie. No queremos destripar sus historias, puesto que la virginidad a la hora de experimentar un episodio de esta antología es vital para vivir su experiencia. No osbtante, tampoco sería justo plantear la nueva tanda de episodios como un juego al que no vale la pena prestarle la atención porque lo hemos desgastado de tanto verlo.

Esta tanda no contendrá los mejores, y más originales, episodios de la serie; no veremos un galardonado San Junipeiro, un Be Right Back o National Anthem. Nos acercaremos a algunas entregas entremezcladas, como el popurrí de tramas ya propuestas de USS Callister, o la reiteración de moralejas con Hang the DJ o Black Museum, que nos proponen dilemas más que saciados. Empero, todo ello se compensa con un ejercicio intensivo de incrementar el nivel de terror y oscuridad. Nivel que, de por si, ya era muy elevado. Este nuevo Black Mirror se presenta más angustioso, personal y psicológico que nunca. Las consecuencias del comportamiento humano y su obsesión por el progreso tecnológico son suplantadas, aunque no con gran diferencia, por las reacciones personales de los personajes. Su escándalo ante el horror, la psicología de la mente humana frente a situaciones extremas fuera de lo común, la metáfora de que cierto modo nosotros mismos somos nuestra mejor y nuestra peor arma. Con ejemplos como Metalhead, Crocodile o Arkangel, llegaremos a límites de angustia mucho más elevados a lo que Black Mirror nos ha presentado en anterioridad.

Sin duda alguna, la vuelta de Black Mirror, no era lo que esperábamos. Tras una tercera temporada más que decente y con varios años sorprendiéndonos, no era raro que llegara el momento en el que nos planteáramos si era posible que la ficción antológica pudiera estar obsoleta. Por ahora creemos que ha sabido defenderse a la hora de integrar sensaciones más extremas que solapan tramas inferiores y narrativas con mucho deja vu entremedio. ¿Sabría la ficción sobreponerse a un producto que empieza a hacer aguas y pierde su mayor baza, el efecto sorpresa? Disfrutemos de los que nos sigue proponiendo y activemos nuestras mentes, pero sobretodo, sigamos siendo críticos como la misma serie nos exige. No permitamos que Black Mirror caiga en su propia trampa.

A rey muerto, reina puesta: ‘El Castillo de Naipes’ continúa

En un mundo tan globalizado como el que vivimos hoy en día casi todo nos afecta. De hecho, incluso nos atreveríamos a afirmar que la teoría del caos está más vigente que nunca. Ya lo afirmaba un antiguo proverbio chino: “El leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”. Pues algo así sentimos cuando el rodaje de ‘House of Cards’ se paralizó el pasado 31 de octubre por culpa de su famoso protagonista.

La razón por la que Netflix decidió suspender la sexta y última temporada de esta popular serie es porque Kevin Spacey no supo mantener sus manos quietas y ‘presuntamente’ acosó al también actor Anthony Rapp. Los hechos ocurrieron cuando Rapp tenía 14 años y Spacey 26. Sin embargo, parece ser que la ‘estrella’ todavía no ha aprendido a comportarse en público, ya que también se sobrepasó una noche con el exesposo de Marta Luisa de Noruega, Ari Behn.

Por suerte, la exitosa plataforma de streaming ya ha confirmado que la temporada final de ‘House of Cards’, no contará con la presencia de Frank Underwood y Claire Underwood será el personaje principal. Una sexta entrega bastante más corta de lo que estamos acostumbrados, con 5 episodios menos. Por otro lado, los guionistas se están enfrentando a un gran reto. Sobre todo, al tener que cambiar el ritmo de la historia y dejar todo el peso en manos de la actriz Robin Wright.

A pesar de todo este drama, a Netflix no le va nada mal en nuestro país, y así lo señalan los últimos datos ofrecidos por el Panel de Hogares de la CNMC recogidos aquí: “Cuatro de cada diez españoles visualiza contenidos online una vez a la semana. Netflix está presente en el 7,3% de hogares españoles, lo que supone un total de 1.163.000. Ha conseguido duplicar la cifra del panel anterior que indicaba 540.000 suscriptores”.

Por supuesto, actualmente existen otras alternativas pisándoles los talones a Netflix, como pueden ser Movistar+ o HBO España. Movistar con 2.007.000 espectadores es la gran campeona en televisión a la carta, mientras que HBO España conseguir mantener a sus 414.000 suscriptores. Incluso, en esta guía digital encontramos algunas plataformas menos conocidas que están consiguiendo abrirse camino entre los suscriptores: Amazon Prime Video  tiene 175.000, Wuaki 125.000 y Filmin 16.000 usuarios.

Por otra parte, Netflix después de darnos una de cal, ha decidido darnos otra de arena y confirmar la tercera temporada de una de la series más exitosa del año: ‘Stranger Things’. Igualmente, seguimos esperando la segunda parte de ‘13 Reasons Why’, la cuarta temporada de ‘Black Mirror’ y el estreno de Élite, una serie de producción española y que estará protagonizada por un nuevo rostro, llamado Álvaro Rico.

Black Mirror: el futuro nos ha alcanzado

Mañana, viernes 21, Netflix, esa plataforma audiovisual con ansias de dominación cultural mundial, pondrá a disposición de sus clientes la tercera temporada de una de las ficciones audiovisuales capitales de la década de los 10: Black Mirror. La serie del agitador-autor británico Charlie Brooker, volverá a hacernos reflexionar sobre cómo la tecnología en general y las pantallas en particular, afectan al devenir de nuestras vidas y de nuestras sociedades. Black Mirror recupera el formato de antología por capítulos de la canónica The Twlight Zone, presentando al espectador historias cerradas e independientes de 40 minutos (a excepción del especial de Navidad).

Si hay ahora mismo una ficción con ansias de crear debate entre los espectadores, remover conceptos establecidos, cuestionar certezas y crear nuevas dudas esa es Black Mirror. Una serie que retoma un subgénero tan ilustre de la ciencia ficción (literaria y audiovisual) como la distopía para reflexionar sobre un futuro que ya nos ha alcanzado. Aunque algunas de las innovaciones técnicas que presenta la serie aún no han sido inventadas (y quizás jamás lo sean), Brooker y sus guionistas usan los dispositivos como herramientas para hablar de problemas actuales y para incidir en los gérmenes de nuestros problemas futuros. Aprovechamos la llegada de los 6 nuevos episodios de la serie para repasar sucintamente los 7 capítulos que Black Mirror nos ha ofrecido hasta ahora.


fifteen-million-merits7. Fifteen Million Merits (1×02)

El segundo episodio de la serie también es el que presenta un mundo formalmente más diferente al nuestro. Una distopía futurista de colores chillones dónde la sociedad gira en torno al consumo de telebasura y las personas de clases inferiores se dedican a pedalear en bicicletas. El episodio, escrito por el propio Brooker y su esposa, que trabajó en X Factor, es una crítica cargada de cinismo al adormilamiento de las masas, a la telerrealidad y al clasismo que impera en nuestras sociedades. El principal problema de esta historia es que, a diferencia de otras de las que hablaremos a continuación, carece de sutileza. Brooker entra como un elefante en una cacharrería en un mundo que conoce bien y del que ya había hablado con anterioridad en Dead Seat, su miniserie sobre un Gran Hermano amenazado por zombies.


The Waldo Moment6. The Waldo Moment (2×03)

De todos los episodios emitidos hasta la fecha de Black Mirror, éste es el que peores criticas ha levantado entre sus espectadores. Tuvo, además, la mala suerte de cerrar una segunda entrega que había rayado a un nivel altísimo en sus dos primeras partes. The Waldo Moment, a diferencia del anterior capítulo del que hemos hablado, nos sitúa en un presente perfectamente reconocible para el espectador, dónde un personaje animado soez, demagogo y faltón de un late night, salta a la arena política y se presenta a las elecciones británicas. El capítulo refleja el devenir de la campaña, contraponiendo al descontrolado personaje público con el hombre que le pone voz, internamente aterrorizado por lo que es capaz de hacer. Aunque esta fábula política no contó con el favor del público y la crítica en su momento, la irrupción de Donald Trump en el sistema político estadounidense ha terminado por revalorizarla. Black Mirror ya nos había avisado, este mundo en el que vivimos se puede entregar fácilmente a un bufón autoritario.


the-national-anthem5. The National Anthem (1×01)

Para poner en marcha su antología, Brooker escogió un capítulo que no podía dejar a nadie indiferente, The National Anthem pone al Primer Ministro británico ante un terrible dilema (moral, social, político): si quiere salvarle la vida a una princesa secuestrada tiene que follarse a una cerda en directo por la televisión, si no lo hace, la princesa morirá. ¿Cuánto vale la vida de una persona? ¿Hasta qué punto somos adictos al morbo y la banalidad? Dilemas sin fecha de caducidad. Conversando la semana pasada, con un amigo que está viendo la serie por primera vez, a través de Netflix, le pedí que se pusiera en el lugar del PM y reflexionara sobre su decisión (aunque él lo tuvo claro, jamás introduciría su pene en un gorrino por salvar a una persona que no conoce). Una excelente carta de presentación para una serie que buscaba ser más ambiciosa que lo demostrado en este capítulo inaugural.


white-christmas4. White Christmas (3×00)

Tras el final de la segunda temporada y con la continuidad de la serie en el aire, Brooker sorprendió a su público con el anuncio de la emisión de un episodio especial de Navidad, protagonizado por Jon Hamm, Oona Chaplin y Rafe Spall. White Christmas dibuja una sociedad en la que los seres humanos pueden bloquear a personas que no desean ver jamás, convirtiéndolas para sus ojos en meras sombras blancas. Con este leitmotiv, tres historias se entremezclan componiendo una pesadilla en la que la noción de perdón ha sido exterminada socialmente. Una obra de mayor duración que el resto de entregas, tan hipnótica como terrorífica.


white-bear3. White Bear (2×02)

Si White Christmas da mucho miedo, White Bear no se queda atrás. De tal forma que los dos episodios blancos de la ficción, son paradójicamente los más oscuros, retorcidos y pesimistas. Este capítulo arranca con una mujer amnésica que es incansablemente perseguida y grabada vaya a dónde vaya. La protagonista, completamente desnortada, emprende una huida hacia adelante en la que tendrá que luchar por su propia supervivencia y por descubrir quién es y qué está pasando a su alrededor. El Brooker más pérfido pinta una sociedad carcomida, al borde de la psicopatía colectiva. Su final es una patada en el estómago.


the-entire-story-of-you2. The Entire History of You (1×03)

Si los White son los dos episodios más ácidos y brutales de Black Mirror, los dos capítulos que nos quedan por mentar son los más intimistas y personales. En The Entire History of You las personas pueden grabar sus recuerdos, borrarlos y reproducirlos a placer. Esta avanzada tecnología, a priori llena de ventajas, termina por jugar un papel fundamental en la relación entre los dos protagonistas de la historia (Toby Kebell y Jodie Whittaker) visibilizando las grietas que existen en la pareja. Este episodio, de una dureza emocional inusitada, contiene una de las secuencias más prodigiosas del audiovisual de los últimos tiempos: la pareja hace el amor mientras cada uno de ellos visualiza recuerdos de un polvo mejor. Triste, sencilla y demoledora.


be-right-back1. Be right back (2×01)

Para el estreno de la segunda temporada, Charlie Brooker sacó su vena más emocional y fichó a dos actores en alza como Hayley Atwell y Domhnall Gleeson (que, por cierto, jamás han estado mejor), para contarnos la historia de una mujer que hacer frente al dolor que le causa la muerte de su novio. Pero… ¿por qué desprenderte de alguien si toda su personalidad se expande a través de las múltiples redes sociales que usó mientras vivía? El futuro que plantea Be right back aún parece lejano, pero es palpable. Nos hemos volcado a nosotros mismos, a nuestros sentimientos, a nuestras ideas, a nuestras pasiones en internet, de tal forma que al final tenemos dos almas, aquella que pesa 21 gramos y aquella otra que se puede pesar en MB. Lejos de la sátira feroz de otras obras de Brooker, este episodio es tierno, crítico, elegante y clarividente. Una obra mayúscula de la sci-fi contemporánea.

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