10 veces que el terror nos pilló en bañador

Señoras y señores, summer is here! Queda inaugurada la temporada de bikinis, chiringuitos y vacaciones festivaleras. Y es que estamos deseando dejar atrás el calor del hogar (pero calor literal) para ir a refrescarnos a cualquier lugar con algo de agua. Imaginaos qué bien os sentaría ahora estar dándoos un bañito en una playita, en el lago o en el río. Tú, tus amigos y unas cervecitas. Se respira calma y tranquilidad en el ambiente. Y claro, así no estamos atentos a nada (y más si ya nos hemos tomado un par de esas cervecitas) y viene un monstruo marino y nos come. Así sin más.

Las profundidades marinas están llenas de criaturas de los más dispares, dispuestas a darnos un bocadito en nuestros cuerpos serranos. Pobrecitas, también tienen derecho a alimentarse, ¿no? Aquí os dejamos una lista con las 10 criaturas marinas que nos han pillado con el bañador puesto. No nos hacemos responsables si a partir de leer nuestro artículo lo pensáis dos veces antes de meteros en el agua.

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1. Tiburón (1975)

El clásico de los clásicos, el terror marino por excelencia. El maldito Steven Spielberg ha hecho que una generación entera tenga que preguntarse cada vez que se mete al mar si habrá algún tiburón merodeando por allí. Ahí va una curiosidad: el miedo irracional a los tiburones se llama selacofobia (para que fardéis de enterados).

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2. Viernes 13 (1980)

Se han hecho mil películas de Viernes 13, pero nosotros nos quedamos con la primera (somos uno nostálgicos, qué le vamos a hacer). Aquí nos encontramos en el Campamento «Crystal Lake», un lugar entrañable en el que pasar el verano entre hogueras, paseos en barca por el lago (con agradables sorpresas incluidas) y todo esto con el toque hogareño de los cadáveres por todos los lados.

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3. Creepshow 2 (1987)

Este es un caso especial ya que se trata de una película que cuenta tres historias de miedo distintas, pero una de ellas merece especial atención. La segunda historia es la típica que empieza con un grupo de adolescentes que se van a un lago a bañarse, pero lo que la hace diferente es que aquí no hay un monstruo como tal: el malo de la historia es una especie de mancha verde de chapapote que se los come. No tiene desperdicio.

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4. Piraña (1978)

Otros animaletes muy majos que también pasan mucha hambre son las pirañas. Lo típico, te vas a bañar al río en verano y justo han liberado unas pirañas asesinas del otro lado del mundo (muy normal todo). Estas películas también tienen la culpa de que, cuando te encuentras un pez en el mar, lo mires con recelo.

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5. Tentáculos (1977)

Puede que, a primera vista, un pulpo no inspire mucho miedo (o si no que se lo digan a los gallegos), pero la cosa cambia un poco cuando es un pulpo gigante que te machaca con sus tentáculos asesinos. Pero esto no ocurre así porque sí, el pulpo es gigante porque ha sido afectado por la radiación, que lo tienen todo pensado.

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6. Sharktopus (2010)

Si nos gustan los tiburones y nos gustan los pulpos, ¿por qué no los juntamos? Pues manos a la obra. Así conseguimos un híbrido de estas dos especies letales modificado genéticamente por militares. En sí el monstruo es bastante gracioso, su diseño mezcla de los dos es de lo más freak que te puedes encontrar en lo que ha combinaciones de monstruos se refiere.

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7. El ataque de los cangrejos gigantes (1957)

Esta película ha tenido que entrar en el ranking porque, ojo, cangrejos asesinos gigantes. Creo que sobran las palabras. Y es del 57, así que, efectos especiales a tope para darle realismo a esos cangrejos.

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8. Castores Zombies (2014)

Sí, porque no todo van a ser criaturas específicamente marinas y específicamente vivas. Los castores y los zombies (y la unión de ambos) encuentran un hueco en nuestra lista cuando atacan a un grupo de jovencitas en bikini. ¿A que nunca se os hubiera ocurrido pensar que podrías encontrar estos malignos seres no muertos bajo el agua?

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9. Serpiente de mar (1984)

No podíamos dejar de mencionar alguna película de terror marino de la patria. Esta con serpientes marinas la firma Amando de Ossorio y nos demuestra que no solo les atacan a los americanos los monstruos, que aquí tampoco nos libramos y que nos podemos encontrar una serpiente gigante prehistórica en nuestras playas este verano. ¿A que tiene carita de maja?

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10. Black Water (2007)

Dejamos para el último lugar uno de los grandes depredadores marinos y que más miedito nos da: el cocodrilo. Con esos colmillos y esos ojos amarillos, es, con el tiburón, uno de los grandes reyes del terror marino. En este caso, esta cinta es considerada como la mejor película de terror animal desde ‘Tiburón’. Ahí es poco.

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TEST | Une la película de terror con su fotograma

Durante la década de los 90 (y principios de los 2000) el cine americano produjo una gran cantidad de películas de terror, protagonizadas por actores jóvenes y destinadas a ser consumidas, preferentemente, por adolescentes. Sagas como Scream, Sé lo que hicisteis o Destino final, intentaban tomar el relevo de las ochenteras Viernes 13, Pesadilla en Elm Street y Halloween. Sin embargo, esta tendencia estaba comenzando a agotarse a mediados de los 2000, llevando al género a una situación de crisis creativa (y económica). En este incierto panorama surgió, sin que nadie lo esperase, un cineasta completamente desconocido, James Wan, que debutaba en el cine estadounidense con Saw, un pequeño film de terror retorcido y oscuro que se convirtió en un fenómeno de masas, enganchando a millones de espectadores. Saw terminaría siendo el film de terror más influyente desde Scream y El proyecto de la bruja de Blair, y una exitosa (y polémica) saga que cuenta, hasta ahora, con 7 films en su haber.

Tras un par de películas que no cumplieron las expectativas creadas (Sentencia de muerte y Silencio desde el mal), Wan volvería a reivindicarse como el gran cineasta de terror mainstream de nuestro tiempo con Insidous (2010) y Expediente Warren (2013). Precisamente, mañana se estrena en los cines españoles la segunda parte del thriller terrorífico protagonizado por el matrimonio Warren (Vera Farmiga y Patrick Wilson), especialistas en resolver casos paranormales. Y la crítica, una vez más, se ha rendido ante las dotes narrativas de Wan.

Sin embargo, no sólo James Wan ha revitalizado el cine de terror en los últimos tiempos. En 2012, Drew Goddard, salido de la factoría de Joss Whedon, trolleaba, con la ayuda de éste, el género de terror teenager, deconstruyéndolo en La cabaña en el bosque a golpe de risas, metarreferencialidad y mala baba. Al año siguiente, James DeMonaco ponía en marcha la saga The Purge, una distopía en la que el crimen no es ilegal durante 1 día al año, desatando durante esas horas un mar de actos violentos.

Desde Australia, nos llegó hace 2 años The Babadook, un film de terror con dosis de drama psicológico que seguía a una mujer rota por dentro y a su hijo, obsesionado con la existencia de un monstruo que amenaza sus vidas. Oscuro, sencillo y hasta emotivo, Babadook es un film que da miedo. Incluso más inquietante resulta It follows, un clásico instantáneo de un género que aquí se híbrida con un coming of age, generando un film de terror inteligente e inquietante. A una chica la persiguen unos espíritus, destrozándole la vida. It follows es una clase magistral de puesta en escena y de construcción de atmósfera. También cuenta con una atmósfera asfixiante Goodnight Mommy, un film austríaco que demostró la vitalidad del género en Europa, y que sigue a dos gemelos que se obsesionan con que su madre, que regresa a casa tras una operación, no es, en realidad su madre.

Este mismo año ha llegado a los cines españoles, tras su paso por Sitges, The Witch, una película de época esquiva y tenebrosa, que sigue a una familia ultrarreligiosa en la que un día desaparece su hijo más pequeño, sumiéndola en la desesperación y la desconfianza. El estreno de la segunda parte de Expediente Warren viene a ratificar que el género está más vivo que nunca y que las posibilidades que ofrece el mismo son infinitas; por ello, hemos preparado el siguiente juego para ver cómo de puesto estás en el género. ¿Serías capaz de identificar estas doce películas de terror con un solo fotograma? ¡Adelante!

Las 5 mejores películas de Álex de la Iglesia

El viernes se estrena en nuestros cines Mi gran noche, la nueva comedia negra de Álex de la Iglesia, uno de los cineastas españoles más relevantes de los últimos 20 años. La carrera del director vasco aúna, como pocas, éxito taquillero con autoría total. Principal baluarte del cine de género, vuelve a cargar contra la telebasura en particular y contra la deriva moral del país en general, en una película que levantó pasiones enfrentadas en su estreno en el Festival de Donostia. Aprovechamos la ocasión para reflexionar brevemente sobre las cinco mejores obras de un autor excesivo y brillante a partes iguales. El cine de Álex de la Iglesia está lejos de ser perfecto, pero ¿cómo podía serlo si bucea una y otra vez en nuestro reverso más tenebroso?


5. Crimen Ferpecto (2004)

¿Quién no soñó cuando era pequeño con quedarse encerrado en un centro comercial y pasarse la noche jugando? En la descacharrante Crimen Ferpecto, Álex de la Iglesia torna ese sueño infantil en pesadilla adulta al dibujarnos el micro-cosmos de unos grandes almacenes como una selva llena de peligros, dónde rige la ley del más fuerte y en la que tienes que pisar muchas cabezas para medrar profesionalmente. El centro comercial como símbolo del lado más oscuro de la sociedad de consumo. Crimen Ferpecto persigue a Willy Toledo entre estantes y ascensores, en su tortuoso camino para convertirse en Jefe de planta de los grandes almacenes dónde trabaja (y prácticamente vive). De las rivalidades a los chantajes. De la felicidad al sufrimiento. Como en gran parte de la filmografía de De la Iglesia, en esta terrorífica comedia podremos ver sangre, risas, grandes interpretaciones (Toledo, Cervera y Varela están sensacionales) y una soberbia puesta en escena.

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4. Las brujas de Zugarramurdi (2013)

Las historias del cineasta bilbaíno suelen tender hacia el exceso. Son casi siempre narraciones con forma de espiral. Un camino a la perdición de sus protagonistas. Por ello mismo, en ocasiones ese exceso se apodera de sus películas, que a veces pasan de la ironía a la caricatura, de lo descacharrante a lo grotesco. Eso es lo que le pasa a Las brujas de Zugarramurdi, que tiene una primera hora sensacional y una segunda, que se entrega a los delirios de un aquelarre que juega al gato y al ratón con unos pobres atracadores. A pesar de ese desequilibrio, Las brujas de Zugarramurdi es una película divertidísima, bien interpretada y llena de alardes técnicos, aunque es verdad que el monstruo no  es uno de ellos. Una obra personalísima de un autor de culto que exprime hasta el máximo los recursos con los que cuenta. Si Zugarramurdi fuera una peli de Hollywood valdría 10 veces más y sería 10 veces menos salvaje. El film ganó hasta 8 premios Goya, aunque sólo uno más allá de los apartados técnicos, mejor actriz de reparto para un incombustible Terele Pávez, cuyo “a mí lo que me da miedo son los hijos de puta” ya ha quedado para la historia.

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3. El día de la bestia (1995)

Aunque se había estrenado en la dirección con la Acción mutante (1993), un sci-fi de guerrilla producido por El Deseo, fue El día de la bestia el film que situó a Álex de la Iglesia en el mapa de nuestro cine. Su Madrid al borde del Apocalipsis es lúgubre e hipnótico. Un pobre cura, interpretado por un sensacional Álex Angulo, descifra la llegada del Diablo, el fin de los días, y hace lo imposible por evitarlo. Aunque ello implique emprender un endemoniado camino a contrarreloj con la única ayuda de un torpe vendedor de discos de heavy metal interpretado por Santiago Segura. El día de la bestia es una experiencia subyugante, divertidísimamente surrealista. Una película de culto instantáneo que se ganó a pulso un prominente lugar en el cine español de género. El demonio había alumbrado a un cineasta osado y con una personalidad desbordante. El día de la bestia le reportó a Álex de la Iglesia su único Goya al mejor director hasta la fecha.

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2. Balada triste de trompeta (2010)

Si La Isla Mínima nos recordó el año pasado que el cine español ha buceado poco en las miserias de la España de la Transición, Balada triste de trompeta nos había dicho antes que los estertores del franquismo son una época a la que debemos volver si queremos saber por qué nuestro país es como es. Dos payasos que traumatizados, interpretados por Antonio de la Torre y Carlos Areces, se entregan a una bacanal de muerte y destrucción, con el Caudillo de por medio, que termina en una secuencia prodigiosa en el Valle de los Caídos. El film toma su nombre de una canción que canta Raphael en un film del tardofranquismo, Sin un adiós (Escrivá, 1970), formando así un extraño díptico con la  última película del autor, Mi gran noche, protagonizada por el cantante. Balada triste de trompeta es quizás la obra más salvaje, desmedida y retorcida de Álex de la Iglesia. Una película desagradable y enfermiza plagada de imágenes para la posteridad, con altibajos narrativos, pero aún así fascinante. El film ganó los premios a la mejor dirección y al mejor guion en el Festival de Venecia, consagrando a De la Iglesia como un autor de prestigio internacional. Balada triste de trompeta, por un pasado que murió, y que llora, y que gime, como yo.

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1. La comunidad (2000)

En su película más célebre, Álex de la Iglesia se disfrazó de Polanski para pintarnos un edificio como si fuera un laberinto del que es imposible escapar. Así, en cada esquina hay una amenaza. Y en cada vecino, un enemigo. Una agente inmobiliaria, interpretada por Carmen Maura, se enfrenta a todo un edificio por un tesoro que encuentra en uno de los pisos del bloque. Enferma de codicia está decidida a darlo todo por la pasta. Incluso la muerte. La comunidad es una metáfora lúcida y cruel de la sociedad en la que vivimos. Un thriller que se mueve con astucia entre la comedia y el horror. Una película divertidísima y frenética. Carme Maura firma una de las mejores interpretaciones de su carrera, o lo que es lo mismo, del cine español. Rodeada de un reparto descomunal, parece una fiera acorralada por hienas hambrientas. Álex de la Iglesia fotografía el lado más oscuro de la ambición humana y nos lo vomita a la cara. Para ello se apodera del espacio, deja libres a los actores y pulsa los resortes adecuados. El gran mérito de La comunidad, con respecto al resto de su obra es que jamás se fatiga, es un mecanismo perfecto. Aquí el guion está a la altura de la puesta en escena. Y debajo de ambos, la ciudad, impasible, inalterable.

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Placeres culpables del cine de terror de serie B

Los amantes de los festivales y el cine de terror están de enhorabuena ya que esta semana arranca la edición número 48 del Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya. Durante nueve días se podrán ver un total de 169 largometrajes y cortometrajes, entre los que destacan As the Gods Will de Takashi Miike, Life de Anton Corbijn, Absolutely Anything de Terry Jones, o The Witch de Robert Eggers, película encargada de inaugurar el certamen.

El cine español tampoco faltará a la cita y estará presente en la sección ‘Nuevas Visiones’ con Anabel, dirigida por Antonio Trashorras, con Ana de Armas como protagonista, o El cadáver de Anna Fritz, de Héctor Hernández Vicens, protagonizada por Alba Ribas, y que se podrá ver dentro de la sección oficial.

Pero para aquellos que se consideren incondicionales del género del miedo, el grito y la sangre a cascoporro y no puedan permitirse el lujo de viajar hasta el encantador pueblecito costero de Sitges, o para aquellos que sí vayan ir y quieran empezar a calentar motores, hoy en BFace traemos una selección de cinco placeres culpables del cine de terror que aunque estén calificadas como películas de serie B tirando a malas, en realidad nos parecen tan buenas que no nos cansamos de ver, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez…

1. Braindead

Conocida en España como Tu madre se ha comido a mi perro, la película dirigida por Peter Jackson es un festín gore de zombies y sangre que provoca carcajadas y repugnancia a partes iguales. Con un guión repleto de humor negro y acción, en Braindead hay sitio para todo, especialmente para las muertes exageradas propias del cine de bajo presupuesto. Pese al olorcillo a cutrez, el film resulta brillante en su conjunto y es hoy una de las joyas del cine terrorífico de serie B.


 2. La sustancia maldita

The Stuff, o en español, La sustancia maldita, es una película de 1985 dirigida por Larry Cohen que cuenta la historia de dos mineros que descubren una sustancia similar al yogurt, que emana de la tierra. Al probarla y gustarles su sabor, deciden comercializarla bajo el nombre de ‘The Stuff’, pero lo que no saben es que, a parte de su sabroso sabor, la ‘cosa’ controla los cerebros de los consumidores y los convierte en zombies. La sustancia maldita es otra malísima creación del cine de terror ochentero, pero que con el tiempo se ha convertido en una indispensable para los amantes del género.


3. Sharknado

El argumento de Sharknado se resume así: un tornado escupe miles de tiburones sobre Los Angeles, que vuelan, saltan, aterrizan en las carreteras y se cuelan por las alcantarillas y en las casas.

Si una cosa extraordinaria consigue Anthony C. Ferrante con esta surrealista y delirante película es que los animalitos actuan mejor que los actores que conforman el cásting (ex-estrellas de Hollywood como Ian Ziering o Tara Reid). En cuanto al resto, el guión es penoso, los efectos digitales son lamentables y de baratillo, los fallos de raccord son constantes y la mayoría de escenas brillan por su esperpento.

Pero si Sharknado es en un placer culpable es porque los twitteros la hicieron Trending Topic al instante y la convirtieron en un must-see que ya va por la tercera entrega.


4. Plan 9

Dirigida per Ed Wood en 1959, Plan 9 es un film de bajísimo presupuesto y pocas ideas, donde unos alienígenas resucitan a los muertos como vampiros y zombies, con el fin de formar un ejército que luche contra los terrícolas y detenga a la humanidad, a la que consideran una amenaza para el universo.

La bizarra y entretenida Plan 9 del Espacio Exterior fue considerada la peor película de todos los tiempos, pero el boca a boca le hizo ganar espectadores y la encumbró como un básico en el videoclub personal de cualquier cinéfilo.


5. Poultrygeist: Night of the Chicken Dead

La productora Troma lanzó en 2006 esta sátira sobre el abuso empresarial y los restaurantes de comida rápida, donde los pollos fritos se convierten en zombies que atacan a las personas. Poultrygeist no es solo una película de terror, si no que es también una comedia y un musical, con un argumento demasiado suculento: la cadena de comida rápida especializada en pollo frito, American Chicken Bunker, abre un nuevo restaurante situado en un antiguo cementerio indio. Las cosas se complican cuando trabajadores y clientes empiezan a desaparecer. ¡Los indios se han cabreado por el maltrato a los pollos!

Para acabarlo de rematar, los participantes de esta producción lo hicieron como voluntarios y gran parte del atrezzo fue conseguido gracias a las donaciones de otros estudios.

El film de Lloyd Kaufman es algo desigual pero cuenta con el ingrediente esencial: es 100% disfrutable.

#63SSIFF | Afrontando el terror

Como el año pasado hicimos, este pasado fin de semana nos sumergimos en el festival más importante de España: el Zinemaldia. Un festival de ambiente único que reúne lo mejor del cine mundial en todas sus secciones.

En esta entrega, la primera de tres que se publicarán en consecutivos días, os hablaremos de dos propuestas que utilizan los elementos del cine de género de formas muy distintas: la nueva y polémica película de Alejandro Amenánar (‘Regresión’) y el filme francés ‘Evolution’, que ha causado una división casi más drástica que la del largometraje español. Omitiremos las accidentadas primeras horas en la preciosa y soleada Donostia del redactor que les escribe, buses equivocados y despertadores en silencio mediante, e iremos al grano:

‘Regresión’, el contagio del pánico.

Probablemente fuera ‘Regresión’ una de las inauguraciones más esperadas que ha tenido el festival donostiarra en, al menos, su época más reciente. Lo nuevo de Amenábar, tras seis años sin presentar al público estreno, tenía en San Sebastián su puesta de largo mundial. Una prémiere, sin embargo, que quedó algo deslucida al no contar con sus dos protagonistas – Ethan Hawke y Emma Watson – paseando por La Concha y confirmar los peores rumores que hablaban de una profunda decepción que incluso podía haber sido relegada a un estreno ‘directo a video’ en los Estados Unidos.

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En ‘Regresión’, Amenábar nos presenta un thriller psicológico con tintes de terror que bordea, y a veces cae en, el abismo de los telefilmes pero que dista mucho de resultar atroz. Ni el argumento de partida (la investigación de unos supuestos ritos satánicos en la Minessotta de 1990) ni tampoco la solvente factura técnica consiguen captar la atención durante los primeros tres cuartos de hora de metraje, una presentación austera, alargada y anodina que acaba por anularse a sí misma en los acontecimientos consiguientes. Es entonces, en su segunda mitad, cuando Amenábar apuesta por crear sugestivas secuencias en base a la tensión más primaria y haciendo uso de recursos cinematográficos manidos y obvios pero efectivos dentro del género: golpes de sonido, una tensa y machacona banda sonora y alguna que otra escena de terror fisico y explícito. En ese momento es cuando la película del oscarizado realizador, despojada de ambición trascendental, se erige como una propuesta más pura, entretenida y sincera.

Es una pena, pues, que tras tres buenas escenas climáticas y algún giro de guión, el director hispano-chileno apueste por una resolución atropellada y tonta que condena al filme a una valoración global decepcionante. Amenábar da carpetazo al manido caso central y ahonda en la más interesante idea sobre la paranoia social y la extensión, prácticamente pandémica, del miedo entre la población pero no cierra otras interesantes tesis sobre las que da ciertas pinceladas desganadas a lo largo del largometraje: el fanatismo religioso, la manipulación mediática y la ética profesional. Una sensación de desaprovechamiento y cierta confusión es la que acaba por nublar algunos despuntes atractivos en la ejecución de un filme que tampoco destaca por su reparto: un Hawke errático, una Watson demasiado intensa y un David Thewlis prácticamente caricaturesco. La sorpresa en este apartado es el estupendo Devon Bostick, en uno de los personajes secundarios.

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Solvente, en cualquier caso, ‘Regresión’ no es tanto un desastre como sí una cinta sosa, desaprovechada e inofensiva. Un análisis del pánico extendido que fracasa como tal, pero que del mismo modo mantiene el vuelo como thriller entretenido y tenso, aunque no resulte nada sorprendente y sí, y quizás ahí esté la clave, ‘demodé’.

‘Evolution’, buscando respuestas.

Los festivales de cine sirven para muchas cosas, pero sin duda una de ellas es la de descubrir películas que muy probablemente no podrías ver (ni verías) en otros contextos más cotidianos. Este año en la ecléctica y arriesgada competición oficial por la preciada Concha de Oro había, al menos, uno de esos sugerentes títulos destinados a dividir ferozmente a la cinefilia congregada en Donosti: el segundo largometraje de la directora francesa Lucile Hadzihalilovic, que dirigió la premiada ‘Innocence’ con Marion Cotillard hace ya diez años.

‘Evolution’ toma como partida un universo extrañamente atrayente desarrollado en una isla perdida (que, en el mundo real, es Tenerife) y solo habitado por mujeres y niños varones. Es en ese mundo distópico y particular de arena negra y aguas cristalinas donde se desarrolla de forma calmada el intrigante y perturbador misterio del filme. Un misterio, aviso, sin respuesta concreta que avanza en relación a cuestiones sobre la evolución humana y las mutaciones de la misma pero que realmente funciona como mera excusa argumental construida alrededor de un premeditado y poderoso estilo visual, y no viceversa. Es esto precisamente lo que convierte a ‘Evolution’ en un largometraje tan bello como exigente, en un cuento de iniciación inusual y envuelto en una atmósfera de fantasía enrarecida.

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‘Evolution’ habla, en esencia, de la primera toma de conciencia de la existencia de la muerte y del miedo que eso conlleva. Como ya hiciese Spike Jonze en la maestra ‘Donde viven los monstruos’, aunque de forma mucho más experimental y narrativamente libre, los elementos fantásticos sirven de reflejo para exponer las inseguridades y los temores implicados en el proceso de madurez. En el proceso de descubrir un mundo cargado de mentiras y ausente de la inocencia infantil o la pureza del mar, protagonista absoluto del largometraje. Es ahí, en las aguas del océano, donde el esplendor visual del que hace gala Hadzihalilovic es mayor y más apreciable; el mar como inicio y final de todo, como fuerza natural por encima de cualquier otra cosa, capaz de causar tanto la vida como la muerte. El otro gran escenario del filme es un hospital obsoleto, descuidado y pesadillesco donde el joven de once años protagonista es sometido, junto a otros niños, a extraños experimentos médicos que se presentan en muchos momentos de forma sobrecogedora, explícita y hasta grotesca, acercando (en su segundo acto) su lirismo visual al ‘body horror’ de serie B.

Sin duda de una asfixiante y maravillosa complejidad, ‘Evolution’ es un largometraje arrebatadoramente único en el que la imagen (el trabajo en la dirección de fotografía de Manuel Dacosse es abrumador) habla mucho más de lo que podría hacerlo la palabra. Una propuesta insobornable y dual, a ratos extrañamente tierna y a otros bellamente cruel, cuya presencia se agradece en un panorama festivalero donde parece solo tienen cabida las propuestas de realismo social y dramático. Chapeau.

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