Aparta de tu vida el azúcar refinado

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El azúcar refinado es como el Coco de la alimentación saludable. Es uno de los ingredientes más nocivos para nuestro organismo y lo peor es que está en todas partes. Lo encontramos en productos que ni imaginamos, como el pan de molde o los botes de conserva.

Y lo peor también es que nos encanta. Adoramos el sabor dulce, lo buscamos cuando estamos de bajón o cuando estamos aburridos, lo queremos como postre en nuestras comidas, lo regalamos para felicitar a personas queridas o cuando están convalecientes. El sabor dulce nos hace la vida menos amarga y no, no vamos a renunciar a él.

Pero cuando pensamos en dulce, el ingrediente estrella que nos viene a la cabeza es, precisamente, el azúcar refinado.

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Los riesgos del azúcar refinado

Te enumero algunos de los riesgos del azúcar refinado para la salud, muy breves y resumidos para que te hagas una idea general y te conciencies de la importancia de descubrir alternativas:

  • El azúcar refinado da bajones de energía y de ánimo. En un primer momento nos recarga, pero al rato produce altibajos en el nivel de azúcar en sangre, produciendo el efecto contrario. Nos convertimos en una montaña rusa que, para estabilizarse, buscará más azúcar, continuando el círculo vicioso.
  • El azúcar refinado desmineraliza el organismo. Durante el proceso de extracción y refinado del azúcar de caña o de remolacha, se pierden los minerales, vitaminas, oligoelementos, etc. Para poder metabolizarlo, el cuerpo ha de gastar sus propias reservas de estos compuestos, creándose un déficit importante.
  • El azúcar refinado produce infecciones. Una dieta rica en azúcar favorece la aparición de levaduras como la Candida, de bacterias y parásitos, y merma la capacidad de nuestros glóbulos blancos para deshacerse de éstas.
  • El azúcar refinado aumenta la grasa corporal, el colesterol y los lípidos. La gran cantidad de carbohidratos que ingerimos con los alimentos con azúcar se almacena en forma de grasa. Como consecuencia, engordamos y somos propensos a enfermedades cardiovasculares.

 

azúcar refinado

¿Qué alternativas hay al azúcar refinado?

Si los puntos anteriores te han convencido y estás dispuesto a sustituir progresivamente este endulzante por sí solo o como parte de otros productos, estás de suerte, porque alternativas saludables hay muchas:

  • Cereales integrales: Conservan las vitaminas y los minerales y suministran glucosa a la sangre muy lentamente, por lo que desaparecen los subidones-bajones de energía. y ánimo.
  • Pasas y frutas maduras como alternativas a un pica-pica azucarado.
  • Estevia, «la planta dulce». Regula los niveles de azúcar en sangre, la tensión arterial y elimina la ansiedad por comer.
  • Miel de buena calidad.
  • Melazas de cereales: de cebada, de arroz, de trigo, de maíz…
  • Rapadura. Es un azúcar integral en cuyo proceso no se han perdido las vitaminas y minerales.
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Estevia

Anímate a decirle adiós a este ingrediente tan común como nocivo. No te agobies, ya sabes, los cambios importantes hay que hacerlos progresivos, poco a poco, aprendiendo por el camino y de la experiencia y siendo perseverantes. Tu salud y bienestar lo notarán. 

¿Intolerante al gluten? Sitios molones donde comer y comprar

celiaco

Cada vez se diagnostican más casos de celiaquía o intolerancia al gluten. Básicamente se trata de una enfermedad autoinmune inducida por el consumo de gluten, que causa daños en el intestino delgado y que puede extenderse a diversos órganos y sistemas. Los síntomas son muy variados y no en todas las personas se manifiestan del mismo modo. Podemos encontrar diarrea, estreñimiento, inflamación abdominal, malas digestiones o cansancio acusado, entre otros.

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¿Sospechas que puedes padecerla? Un buen diagnóstico médico te sacará de dudas.

¿Qué no puedes comer?

No puedes comer alimentos que contengan gluten. El gluten es un conjunto de proteínas que se encuentran en la harina de diversos cereales como el trigo, la avena, la cebada, el centeno y sus derivados.

Hay una gran cantidad de productos alimentarios elaborados con gluten, entre los que destacan los archiconsumidos pan, bollería, pizza, pasta o cerveza, por citar sólo algunos. Además, en una gran variedad de alimentos envasados, aunque a simple vista pueda no parecerlo, está presente el gluten aún en pequeñas proporciones.

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Es fundamental que conozcas qué puedes y qué no puedes incluir en tu dieta, pues el tratamiento consiste en una dieta estricta sin gluten que, a pesar de ser un incordio y más si te la detectan ya en la adultez, mejora exponencialmente la calidad de vida de los celiacos.

Es clave que conozcas las asociaciones de celíacos más próximas, puesto que, además de hacer una labor fundamental en la difusión y concienciación de la enfermedad, te ayudarán a comprenderla, a gestionarla y te asesorarán para hacerte la vida sin gluten mucho más fácil. Échale un vistazo a la web de FACE, la Federación de Asociaciones de Celíacos de España.

¿Qué puedes comer?

Tranqui, tampoco es para tanto. Tienes que echarle fuerza de voluntad e informarte muy bien, pero puedes comer carnes, pescados, legumbres, hortalizas, verduras, huevos y frutas. También cereales sin gluten, como arroz, maíz, trigo sarraceno, mijo o quinoa.

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Lista de cereales sin gluten.

Y además, ahora viene la mejor noticia de todas: en el mercado existe ya una enorme cantidad de establecimientos y cadenas alimentarias que ofrecen productos sin gluten igual de buenos que el resto. Esta industria se ha perfeccionado mucho debido a la creciente demanda por parte de cada vez más consumidores celiacos, y en la actualidad tienes un montón de opciones de productos deliciosos y que no te jugarán malas pasadas.

¿Quién no se ha enterado todavía de que Mercadona se lleva la palma en opciones sin gluten?

Ahora ya puedes comer pan, bollería, pizza y pasta y chuparte los dedos igual que el común de los mortales sin poner en riesgo tu salud.

[Tweet «¿Celiaco? Puedes chuparte los dedos igual que el común de los mortales sin poner en riesgo tu salud»]

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Pan de molde de tomate seco gluten-free, de Celicioso

Sitios molones gluten free

Hoy te traigo un listado de opciones de sitios molones donde comer sin gluten.

Si eres de Madrid –y si no, también, para cuando la visites- , imprescindible que guardes en tus Favoritos este post de June Lemon para My Little Pleasshures de Vogue. En él Marina –aka June- te da una lista de restaurantes monos donde ofrecen diversas versiones gluten free de las delicatessen más solicitadas. Para que puedas ir con amigos y te pongas igual de a gusto de bocadillos, hamburguesas, pizzas y pasta. No te pierdas tampoco los comentarios de los lectores, con muchas más aportaciones. Algunos de estos sitios también venden online, como Celicioso. 

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Cupcacke para celiacos, de Celicioso

De mi cosecha e investigación personal en redes (no soy de Madrid), añado –tiene buenísima pinta- Mamá Kokore. Si la conoces, ¡cuéntame en los comentarios!

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Brownie de cacao sin gluten de Mamá Kokore

Para hacer la compra semanal y dejando de lado las grandes cadenas donde ya ofrecen un montón de opciones sin gluten, y como ya sabes que yo en esta sección siempre te recomiendo lo mejor de lo mejor, te animo a comprar en tiendas ecológicas. Además de tener siempre una gran variedad de opciones para las diversas intolerancias, sus productos están libres de pesticidas/herbicidas etc. Te cuidas por partida doble.

No quisiera acabar este artículo sin volver a recomendarte a la blogger June Lemon, celiaca reconocida, y su post Consejos para celiacos en el que te cuenta cómo la lleva ella, cómo se motiva y qué debes hacer si acabas de ser diagnosticado de esta intolerancia.

Si eres celiaco/a ¿nos cuentas en los comentarios tu experiencia?

¿Intolerante a la lactosa? Qué comer y dónde comprar

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La intolerancia a la lactosa es un trastorno que se da en el organismo de algunas personas tras ingerir productos lácteos, como consecuencia de la deficiencia de lactasa, la enzima que digiere la lactosa. El azúcar no absorbido llega al colon, donde es fermentado produciendo gases y, como consecuencia, distensión, cólicos, dolor abdominal, diarrea o estreñimiento.

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El desarrollo evolutivo del ser humano ha permitido que algunos grupos humanos sigan manteniendo la lactasa. Es más frecuente que esto ocurra entre los caucásicos, frente a otras razas como la asiática o la africana, que presentan una deficiencia primaria de lactasa. Junto a la raza, el factor edad también es clave. A medida que crecemos disminuye la secreción de lactasa en los mamíferos, de ahí que en la infancia toleremos mejor los lácteos. Las personas sin la mutación genética que permite seguir segregando lactasa durante la edad adulta son las que presentan intolerancia.

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¿Eres uno de ellos? La mejor manera de diagnosticar esta intolerancia es haciéndote un test médico.

Pero tranqui, no sufras. Si es tu caso, puedes seguir consumiendo leche, mantequilla o queso, ya que en el mercado hay multitud de productos elaborados sin lactosa. Te hablo de algunas opciones:

En el súper

En cualquier supermercado encuentras diversas opciones. Muchas marcas conocidas de leche tienen su versión sin lactosa. Luego tienes toda la gama de bebidas vegetales para sustituir la leche en tus desayunos (de soja, de avena, de almendras, de arroz…). Mi recomendación siempre será la leche de avena: tomada con café y azúcar casi ni te enteras de que no es leche de vaca.

En cuanto a los yogures y los quesos, no deberían darte tantos problemas puesto que su proceso de fabricación tradicional incluye la fermentación con bacterias, que producen lactasa. Ocurre que algunas marcas comerciales utilizan otros procesos o añaden lactosa en algún proceso. ¿Consejo? Búscalos lo más tradicionales posible.

 

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En ecotiendas o herboristerías

Seguro que en tu ciudad hay algún supermercado ecológico o ecotienda, y fijo que también hay herboristerías. Estos establecimientos te ofrecen las mismas opciones que en el súper con la ventaja de que además son productos ecológicos. Con esto te estás librando de los antibióticos y hormonas que les dan a las vacas en el caso de la leche sin lactosa, y de herbicidas/pesticidas/fertilizantes de las cosechas en las bebidas vegetales. También ofrecen una gama mucho más variada de productos vegetales sustitutivos.

Además los productos ecológicos certificados suelen presentar procesos de elaboración más sencillos y tradicionales, por lo que es fácil que encuentres yogures y quesos más puros.

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Online

Te voy a recomendar una serie de tiendas online donde puedes encontrar productos adecuados para la intolerancia a la lactosa y además ecológicos (ya sabes que en esta sección siempre quiero recomendarte lo mejor de lo mejor):

-Respetarte.es . Aquí encuentras quesos vegetales y tés, infusiones y zumos con los que sustituir la leche en el desayuno.

-Yantar ecotienda. Tienes leches vegetales  y todo un apartado dedicado a las alergias e intolerancias. Te he buscado unos bombones de chocolate sin lactosa, un chocolate blanco, un cacao soluble y una «Nutella» sin lactosa . Para que te des un caprichito.

-Enterbio.es. A destacar sus postres vegetales para sustituir los clásicos postres lácteos. Te he buscado un yogur de vaca sin lactosa, pero también encontrarás yogures de soja con una pinta genial. Natas vegetales para cocinar,  zumos ecológicos y una gran variedad de bebidas vegetales son otras de las opciones que encuentras aquí.

-Planeta Huerto. Bebidas vegetales, y postres.

-Eco-rincón. Toda una sección de alimentos sin lactosa. 

 

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Como ves, no estás solo. Lo que te ocurre es algo tan común y extendido que ya existen mil opciones a tu alcance. Incluso a golpe de click para vagos.

Si llevas media vida lidiando con esta falta de lactasa en tu organismo, te animo a compartir tu experiencia en los comentarios.

Y tú, ¿practicas slowfood? Sí, lo has hecho

practicas slowfood

Con esto de practicar el slowfood ocurre lo mismo que con lo de procrastinar: si le preguntas a alguien si lo practica, al instante te lo negará enérgica y rotundamente. Obviamente, desconociendo su significado y basándose sólo en la sonoridad del palabro: suena a práctica sucia y degenerada ¿o no? «¿Yo procrastinar? Jamás de la vida. Y practicar slowfood menos todavía».

practicas slowfood

Pues te digo que probablemente más de una vez en tu vida has practicado slowfood. Y tranqui, no te avergüences, que es algo bueno. Más deberíamos practicarlo.

Pero ¿qué es slowfood?. Españolizado como ‘esloufud’, ni es la última cajonera de Ikea ni la banda más puntera del Indie-rock nórdico. Slowfood significa literalmente ‘comida lenta’ y en torno a ello surgió en los años 90 todo un movimiento internacional que se opone al ‘fast-food’ y que aboga por una gastronomía consciente.

[Tweet «Españolizado como ‘esloufud’, ni es la última cajonera de Ikea ni la banda más puntera del Indie-rock nórdico.»]

Resumiendo mucho, ‘slowfood’ busca recuperar el placer tranquilo de saborear y apreciar los alimentos en la mesa, de cocinar y consumir con consciencia acudiendo a ingredientes locales y ecológicos; en definitiva, de combatir la vida apresurada de nuestro tiempo, que nos obliga a nutrirnos con ‘fast-food’.

practicas slowfood

Que no seas un acérrimo seguidor de este movimiento no quiere decir que no lo hayas practicado alguna vez en la vida. Más de las que piensas. Y aquí tengo las pruebas.

6 situaciones en las que has practicado slowfood:

Cuando de pequeño tardabas hora y media en acabarte el primer plato. Que parecía que ingerías los granos de arroz uno a uno. Tu madre te amenazaba con guardártelo para merendar, llegabas tarde al cole y tus primos te odiaban por tener que esperar a que acabaras para ir a compraros el helado. Ignorantes, estabas practicando slowfood.

practicas slowfood

Cuando tocaba acelgas. Te crecían en el plato. Se enfriaban en el plato. Y de nuevo tu madre atacaba con guardártelas para merendar. Estabas practicando slowfood.

practicas slowfood

Cada vez que estiras el bocadillo de jamón ibérico/volcán de chocolate/maki de sushi porque no quieres que se acabe nunca. Te propones saborear hasta el nirvana esos últimos instantes de placer que se desvanecerán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Slowfood de manual, amigo.

practicas slowfood

Cuando, en las cenas de amigos, tras devorar con ansia las raciones compartidas de bravas, puntillas, sepia a la plancha, calamares a la romana, tabla de ibéricos y la mitad de tu Hamburguesa Especial, aminoras sospechosamente el ritmo porque vas a reventar y luego no habrá gintonic que suba te apetece practicar slowfood.

practicas slowfood

Cuando tus suegros te invitan a comer y ella ha preparado su especialidad: sopa de pescado con picatostes remojados y blandos hasta la arcada. Entre alabanzas y sorbos sonoros, todos la apuran en un minuto. Tú sigues practicando slowfood.

practicas slowfood

Cuando viajas a Tailandia y todos tus compañeros de viaje se chupan los dedos con el escorpión empanado, mientras tú buscas en la carta cualquier cosa que te suene medio familiar. Y es que tú, como buen feligrés de la religión Slowfood, “consumes local”.

practicas slowfood

Y ahora ¿te atreves a reconocer que practicas slowfood?

La fiebre de comer sano en 6 perfiles

fiebre comer sano

A nadie que utilice habitualmente las redes sociales se le habrá pasado que esto de comer sano se ha convertido, de un tiempo a esta parte, en una auténtica fiebre.

A día de hoy no existe sobre la faz de la Red influencer que se precie de no alardear bombardear diariamente en Instagram con fotos de platos sanos. Y si lo dicen los influencers y las it-girls, no hay discusión posible: Comer sano está de moda.

Comer sano es trendy. Comer sano es cool. Comer sano es top. Comer sano es chachi. Que sí, que ya nos hemos enterado. Cuando te compras el Pack Para Molar, junto al vaso desechable de Starbucks, el Iphone 6, las Stan Smith, el top fosforito de runner y la funda de pasaporte de Luis Vuitton, te vienen unas lechugas y unas semillas de chía. Eso es así.

fiebre comer sano

Me he propuesto analizar los porqués de esta nueva obsesión y he llegado a la conclusión de que existen 6 tipos de razones según 6 tipos de perfiles:

EL TRENDY. Comes sano para estar a la última. No lo haces por salud, sino por puro postureo. Adquieres el último ingrediente healthy que le has visto a Jessica Alba para poder postearlo el primero en España. Cuando sales a cenar pides lo que tenga el nombre más cool y menos calórico: lo que sea por una reputación intacta. Siempre te quedará la recena del Burguer cuando llegues a casa y nadie te aceche.

fiebre comer sano

EL HIPOCONDRÍACO. Comes sano para no pillar una enfermedad galopante que se te lleve al otro barrio en tres días. Ingieres la cúrcuma a puñados con las dos manos desde que te has enterado que es un potente anticancerígeno. Si la OMS recomienda 3 frutas al día, tú comes 6 para asegurarte. Tragas brócoli con la voracidad de un famoso de segunda en Supervivientes. Vas a convertirte en Superinmune cueste lo que cueste.

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EL ZEN. Comes sano para asegurarte el Mens sana in corpore sano. Sabes que un organismo sano y equilibrado es el básico para una mente clara y unas emociones serenas. Cuando comienzas a sentirte alterado por algún acontecimiento terrenal, corres a roer un tallo de apio con fruición. Es tu meditación. Aspiras a ser un Budha, pero sin barriga.

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EL SUPERFICIAL. Comes sano porque quieres quitarte el michelín, deshincharte el vientre, hacer desaparecer el acné –ese que te dijeron que desaparecería tras la adolescencia pero NO- o dejar de perder pelo –que eres muy joven para ser calvo a los veintitantos-. Mejorar tu aspecto físico es tu meta vital y para ello probarás todas las dietas que hagan falta. Dukan, vegetariana, vegana, la paleo, la del cucurucho… Te las sabes todas. Otra cosa bien distinta es que seas capaz de cumplirlas (especialmente la última).

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EL CULPABLE. Comes sano para compensar los veinticinco años de tu vida que llevas comiendo mierda. A estas alturas tu organismo por dentro debe parecer un basurero, pero crees que aún estás a tiempo de arreglar el desaguisado. Pues majo, como mínimo te tocan otros veinticinco de acelgas. ¡Ánimo!

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EL ILUSO. ¡Pero si tú comes sano! En vez del Big Mac, eliges la hamburguesa pequeña de un euro (claro que necesitas 3 para llenarte). Para comer entre semana, una ensaladita… César. La Coca-Cola, zero-zero. Los Donuts, light. Y no podía faltar la joya de la corona, que desde que Telepizza se ha vuelto sano… ya no puedes vivir sin tu Pizzalada semanal.

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Y tú, ¿cuál eres? ¡Tuitéalo y cuéntanoslo al equipo de @bfacemag !

5 propósitos de alimentación saludable que sí cumplirás

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No sé quién inventó los propósitos de Año Nuevo, pero barajo 3 opciones: un vago (que necesita proponerse cosas productivas para paliar su sentimiento de culpa con respecto al último año), un friki de las listas (da igual que luego se cumplan o no, la cosa es hacer listas para sentirlo todo bajo control) o Decathlon (ya sabes, para hartarse de vender esterillas y pelotas de Pilates y bicis estáticas).

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No obstante, por todo ser viviente es conocido que los propósitos de Año Nuevo no se cumplen. Que son una ilusión, un ente social que nos sirve para tuitear los primeros días del año o para escribir artículos como éste, pero que nunca se materializan en la realidad.

Y yo me pregunto ¿qué es lo que causa que nunca los cumplamos? Si te sirve, intuyo la respuesta: No nos lo ponemos fácil. Ponemos un pie en el nuevo año confiados en que al traspasar la barrera temporal de un día para otro nos hemos convertido en superhombres y supermujeres que lograrán todo lo que se propongan con sólo anotarlo en una lista. Es lo que tiene poseer toda la colección de tazas de Mr. Wonderful, que le atrofian a uno el realismo.

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En el terreno de la alimentación saludable, yo te lo voy a poner fácil. He desglosado para ti 5 acciones fáciles y concretas. Siguiendo mi teoría del take it easy, te muestro:

5 propósitos que sí cumplirás

1. Vete al herbolario de tu barrio, cómprate té verde de 3 años (viene en formato ramitas) y háztelo en infusión sustituyendo el café de después de comer o el de media tarde. Es un potente alcalinizante del organismo. En un medio alcalino, somos súper inmunes a las enfermedades.

2. Ten siempre en la nevera un bote de pepinillos. Fíjate que sean bajos en sal. Apenas tienen calorías y son algo verde y vegetal no-aburrido que picar entre horas o viendo la tele.

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3. Cómprate un complemento alimenticio en comprimidos. Te aconsejo la levadura de cerveza o las perlas de aceite de onagra (todo en herbolarios, fíjate que sean lo más puros posible). La primera es la mejor fuente de vitamina B con un montón de propiedades. Las segundas están muy indicadas para equilibrar desarreglos menstruales. Googlea y elige el que más te vaya. Sé constante en su toma y elige un momento para acordarte de tomarlo, por ejemplo en las comidas.

4. Cuando vayas a hacer la compra, lo que puedas cómpralo ecológico (los vegetales, la pasta, el arroz, la leche…) Con esta simple acción te estás ahorrando pesticidas, herbicidas, antibióticos y otros químicos malignos.

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5. Lo que puedas, cómpralo en tienditas de barrio de toda la vida o en el mercado de productores locales. Consumiendo local y de kilómetro cero estás ayudando a los pequeños comerciantes de tu zona y ahorrándole contaminación al medio ambiente al prescindir de esos espárragos traídos de China de las grandes cadenas.

Como ves, esfuerzo cero y beneficios miles. ¡Quitémosles la mala fama a los propósitos de Año Nuevo poniéndonoslo fácil y sintámonos sanotes y orgullosos!

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6 claves para comer «de tupper» y saludable

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Tener que comer “de tupper” es un mal ineludible para muchos de nosotros en la sociedad actual de jornadas partidas, agendas apretadas y la prisa como estilo de vida. Sobra decir que nuestra economía es de todo menos boyante, y ¡afortunado aquel que puede permitirse comer de restaurante a diario!

 A la gente de a pie no nos queda más remedio que unirnos al Club del Tupper si no queremos acabar enfermando por ingestión continuada de sándwiches de máquina. Fabricados en cadena a base de ingredientes de dudosa procedencia, caracterizados por su monosabor invariable sean vegetales o de cangrejo y aderezados con saborizantes, conservantes, acidulantes y demás maravillas de la química alimentaria a la que nuestra salud le importa tres pimientos.

Comiendo sandwich

Pero ¿es posible comer sano en este Club?

Traigo buenas noticias. Da un cambio radical a tus recurrentes -y contundentes- macarrones carbonara, da esquinazo a la expendedora que te mira con ojos golositos y explícale a Ronald McDonald que vuestra relación tóxica ha terminado con estas 6 claves para preparar tuppers sanos, fáciles y resultones: 

  1. Colores, dame colores. Vigila siempre que tus platos sean coloridos, añadiéndoles verduritas de temporada u hortalizas (crudas o salteadas) como acompañamiento o guarnición. Dale color a la pasta o al arroz (mejor integrales y ecológicos), a la carne (mejor blanca como pollo o pavo), al pescado o a las legumbres. Además, no dudes en añadir semillas. 
  2. Cambia los hidratos refinados por integrales ecológicos. La pasta o el arroz integrales están compuestos por carbohidratos complejos, es decir, que digerimos lentamente y proporcionan poco a poco energía a nuestras células, ideal para afrontar una larga tarde de trabajo. Descubre opciones deliciosas como la quinoa o el mijo y no te olvides de acompañarlos siempre de color (verduritas, setas u hortalizas). También encontramos estos carbohidratos en las legumbres: ámalas y ponles color.
  3. Los tuppers, mejor de cristal. Algunos plásticos con los que estos se fabrican ceden sustancias a los alimentos al calentarlos en el microondas. Aunque esto ocurra en cantidades muy pequeñas, si comes de tupper frecuentemente las pequeñas cantidades se acumulan. Fíjate que el plástico indique que es apto para microondas o directamente usa tuppers de vidrio: te curas en salud y la experiencia de comer es más agradable.

tuppers

 

  1. Aliña con aceite de oliva virgen y especias. Este aceite aporta grasas saludables que protegen nuestras células. Fíjate que sea virgen (no, no es necesaria la prueba del pañuelo: basta con mirar la etiqueta). Si no es “virgen” significa que está refinado: ha perdido antioxidantes, esas heroicas supersustancias que nos protegen de los malvados y temidos radicales libres que están deseando enfermarnos. Las especias añaden saborazo, te permiten reducir la sal y las que son ligeramente picantes aceleran el metabolismo.
  1. “Como pa una boda.” Prepara más cantidad de la cuenta del “alimento base”: pasta, arroz, legumbres… Lo congelas y ya puedes ir sacando los días que vayas con prisa. Simplemente cambiándoles la guarnición o la salsa ya tienes un plato nuevo.

Leonardo DiCaprio

  1. Los bocadillos saludables existen. Escoge pan integral ecológico (ya sabes, que la cáscara del fruto entero no lleve pesticidas). Incorpora hortalizas, verduras o patés vegetales caseros (guacamole, de pimientos o berenjena). Puedes añadir carnes blancas, pescado en conserva o tortilla. Para aliñarlo, vuelve al punto 4.

Como ves, no es tan difícil ni trabajoso. Aplícate en la preparación y lo notarán tu bolsillo, tu michelín y tu sentimiento de culpabilidad post- MacMenú. Garantizado.

5 cambios para empezar a comer sano sin enterarte

comer sano

¿Eres un fast-foodie declarado?

¿Golpearás con un donut volador a aquel que ose mentar el brócoli en tu presencia?

¿Convencido de que donde hay nutrientes no hay felicidad?

Amigo, estamos en los veintimuchos o en los treintaypocos. Toca cuidarse, nuestro cuerpo cada vez será menos agradecido.

Pero sí, tienes razón, no hemos venido a esta vida a sufrir. No hemos venido a comer tortitas de arroz inflado con sabor a folio.

Te propongo 5 cambios que no vas a notar:

1. Pásate a lo integral. Esto significa consumir productos con el grano entero, sin haberle quitado la cáscara, que es donde se encuentran todos los nutrientes. Eso sí, aquí también es donde se acumulan los pesticidas y demás químicos tóxicos así que si es integral, que sea ecológico. La diferencia de sabor en el pan, tostadas, cereales, harina, pasta o arroz, con respecto a lo refinado, es inapreciable.

2. Prueba muchas leches. Hablemos con propiedad: bebidas vegetales. Atraca el súper y prueba distintos tipos hasta dar con la tuya. De almendras, de arroz, de avena, de alpiste (sí… ésta sabe un poco como suena), de avellanas… Mézclalas con café o cacao y experimenta. Fácilmente digeribles, reduces grasa animal al sustituir la leche de vaca y te metes pal cuerpo una gran cantidad de nutrientes.

3. Endúlzate sin riesgos. Lo sabemos: el exceso de azúcar se relaciona con montones de enfermedades. Cámbialo por sirope de agave (en ecotiendas o herboristerías) si quieres un sabor dulzón muy similar al azúcar, o por stevia si te gusta el ligero sabor a regaliz que aporta. Esta última se recomienda consumirla en su versión más pura: en hojas, pero la hay en comprimidos (fíjate que esté adulterada lo menos posible con otros ingredientes de relleno, que muchas marcas comerciales nos la cuelan).

4. Come verde sin enterarte. Si aún no has probado los green smoothies déjame decirte que llegas tarde a la fiesta. Ya, claro, todo lo green te repele. Te propongo uno que de verde sólo tiene el color: un puñado de espinacas frescas, una manzana, el zumo de 2 naranjas y de medio limón. A la batidora y ¡ya hemos engañado al nene con el jarabe! Repetirás.

 

comer verduras

 

5. Hazlo especial con especias. Memoriza este tándem: pimienta negra + cúrcuma. La cúrcuma (ese polvillo amarillento que forma parte del curry) es un potente anticancerígeno demostrado y, combinada con pimienta negra, multiplica sus propiedades. Además te permite reducir la sal. Añádela a tus cremas de verduras o a tus platos de arroz, pollo o legumbre. Un chute de sabor y salud directo desde la India a tu paladar.

En conclusión, póntelo fácil. Conoce alternativas, camufla lo inevitable, pásate al do it yourself en la cocina y olvídate de que comer sano debe ser un sacrificio.

Una vez empiezas no hay vuelta atrás.

take it cheesy

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