Jorge Drexler: «El rango del acto creativo depende del silencio creativo»

El pasado viernes 4 de noviembre, arrancó la gira de Los Cómplices de Mahou en la Sala Galileo con unos invitados maravillosos: Jorge Drexler y Marlango. El cartel ya daba por sentado que la noche sería muy especial. Pero por si esto fuera poco, tuvimos 10 minutos para charlar con el uruguayo antes del espectáculo.

Soy muy fan de este hombre. No lo voy a esconder. En mi habitación de estudiante, hace como 100 años, me pasaba horas, horas, colgada como una computadora con su voz de fondo. Así que al «tengo un hueco, ¿quieres entrevistar a Jorge Drexler?» mi cuerpo, en ebullición, contestó un sí rotundo y activó la maquinaria de supervivencia de alguien que no es periodista y tiene que actuar como tal. Es decir, echar mano de buenos amigos que sí lo son para unos consejos de última hora.

Con este trasfondo os podéis imaginar mis nervios al sentarme cara a cara con él. Y bueno, así se lo hice saber:

Si fueses tú el que tuviera que hacerte la entrevista, ¿cómo la empezarías?

Diciendo que estoy muy nervioso (risas). El periodismo es una profesión preciosa, pero incluye todas las sensaciones del diálogo humano, del intercambio, incluidos los nervios. Los nervios no son lo peor que le puede pasar a una persona. Lo peor para mí es la desidia, el desinterés, digamos. Los nervios es la señal de que por lo menos la persona está involucrada en lo que está haciendo, está dentro. ¿Cómo empezaría yo la entrevista? Eh…no lo sé.

Alguna pregunta que enganche al lector.

No lo sé. Estoy tentado de decirte que no lo sé y que me alegro de no tener que hacerlo. (risas)

¿Qué hay al otro lado del río de Jorge Drexler?

A veces hay una tendencia a pensar que la persona se corresponde con lo que uno ve de ella en el escenario o escucha en las canciones. Por más que el personaje que yo asuma sea aparentemente cercano de mí; o sea tiene mi nombre y es la misma persona y no es Ziggy Stardust de David Bowie, por ejemplo. Por más cercano que uno mismo crea que su personaje está de sí mismo, nunca está suficientemente cercano.

Al otro lado de esa persona siempre hay cosas que uno se cuida mucho de no llevar al escenario. Y cosas en el escenario que amplifica. Uno elige amplificar una parte de sí.

Yo creo que una persona es como una bola de espejos multirreflectantes, digamos. Que devuelve la luz en todas las direcciones. Y el artista son tres o cuatro espejitos de esa bola.

Que se van moviendo, van cambiando. No es lo mismo lo que uno contaba cuando tenía 25 años que lo que cuenta con 52, por ejemplo.

Ayer , en otra entrevista que hice, me trajeron un vídeo mío de cuando tenía 29 años, que recién estaba empezando a tocar en vivo. Y me llamó mucho la atención porque era yo, evidentemente, me identifico totalmente, pero estaba totalmente desplazado de lo que yo mostraba. Era otra cosa de lo que yo mostraba y era otra cosa lo que ocultaba.

¿Y ahora?

Ahora sigo estando desplazado de lo que yo soy pero muestro otras fases, digamos. Por eso te digo que uno elige mostrar al público sólo un pedazo de la bola de espejos. Y hay otra cosa atrás. Hay una versión que tiene de uno mismo su público, otra su exmujer y no suelen coincidir (risas).

Estudiaste Medicina y llegaste a trabajar de ello.

Sí, trabajé tres años como médico.

Tanto la medicina como la música son algo muy vocacional. ¿Qué fue lo que te hizo dar el paso hacia la composición?

Sinceramente creo que se pueden tener muchas vocaciones. Y yo he tenido la suerte de sentirme también en casa en la medicina. Hubiera estado encantado si hubiese seguido trabajando como médico, pero se produjo el curioso fenómeno de que tenía otra vocación además, que era la música. No solo además, sino de mucho antes. Yo empecé a estudiar música con 5 años y Medicina con 18. Las hice juntas durante mucho tiempo. Pagué mis dos primeros discos con la Medicina, pero en cuanto pude vivir solo de la música, me di cuenta que había venido al planeta a dedicarme a eso y no a lo otro, más de lo que yo creía.

Pero me di cuenta tarde, a los 30 años. Soy una persona de desarrollo sumamente lento, que demora mucho en aprender. Espero todavía estar aprendiendo. Pero recién a los 30 tuve mi gran crisis vocacional. Dejé Uruguay, dejé la Medicina, dejé todo mi mundo allí y me vine a vivir a España, a empezar de nuevo cuando tenía la vida realmente resuelta allá. Vengo de una familia de médicos con muchas vinculaciones, entonces estaba trabajando muy bien.

Da vértigo, ¿no? No es fácil cuando estás en una situación acomodada…

Te mentiría si te dijese que fue difícil. Fue tan claro que fue como un estallido. Es como cuando estás buscando casa y de repente entras a una y dices «es ésta». Es más, eres imprudente y se lo dices a la inmobiliaria y ya no consigues ninguna rebaja en el alquiler.

Pero cuando lo ves, lo ves. Es un flechazo, es igual que el amor. Cuando dices «es esto y no tengo ninguna duda». Te pasa pocas veces en la vida.

Has sentido el miedo, el temor, a quedarte sin ideas, a que compongas una canción y no cumpla tus expectativas y digas, ¿y ahora qué?

Unas 240 veces que es el número de canciones que tengo escritas. Cada vez que voy a escribir está ese miedo. Hasta el punto de que pienso que ese miedo es la materia prima de escribir. De verdad. El acto de la creación es el acto de hacer algo a partir de la nada. Es una cosa rarísima. A partir de una hoja en blanco y una guitarra silente que agarrás y de golpe aparece una estructura que es una especie de microcosmos con cierta coherencia interna y con ciertas normas.

Aparece como una especie de cultivo de bacterias organizadas que tiene una vida propia, que tiene un centro, un núcleo, que tiene una periferia que cumple funciones de golpe; o sea se crea una estructura no preexistente. Entonces es muy importante empezar desde cero porque el rango del acto creativo depende del silencio creativo, de la nada. Es cuando se nota más. Igual que se nota más la letra negra cuanto más blanca sea la hoja.

Ese cero creativo sí que produce vértigo, produce mucho miedo y ahí uno aprende en realidad a componer. Aprende a saber que no va a aprender a componer. Y que no pasa nada.

Y que está ahí bien y que siempre le va a dar el mismo trabajo, pero hay que sentarse porque tarde o temprano va a pasar y a tener fe de que va a pasar.

Lo mismo pasa en el escenario. Estás ahí y si estás suficientemente tranquilo aparece de golpe…muerdes la situación y te quedas ahí agarrado. Como si mordieras una manzana y dices «ya la tengo».

Aprovechado que practicas surf, si hacemos un símil mar-música, cuando estás en tu tabla con el mar en calma esperando a que la ola llegue, ¿podría asemejarse esa ola a la inspiración?

Yo soy una persona muy sencilla en la manera de razonar, entonces intento establecer paralelismos entre todas las cosas que hago; y no veo muchas diferencias entre el surf y la composición.

En el sentido de que cada vez que entro al agua, siento un momento de miedo y de desazón. De no conseguirlo, de que no va a pasar. Siempre se lucha contra la rompiente y si tienes suerte llegas atrás de ella que es un lugar tranquilo. Es como la luna, donde flotas y ondulas hasta que viene la ola y ahí vuelve a entrar el vértigo de vuelta.

dsc7804Es un lugar al que sólo se puede ir solo. Igual que la composición. Te pueden acompañar hasta la puerta, te pueden agarrar el cuaderno, pueden estar contigo al lado; pero en el momento íntimo de la escritura, aunque estés con otra persona, en el momento de escribir estás solo.

Y en el surf, te pueden llevar hasta ahí pero hay un momento en que tú decides ponerte arriba de pie y nadie te lo puede explicar. Lo tienes que aprender solito. Llevar a un hijo a una clase de surf es darte cuenta de que lo puedes ayudar a todo, pero en el momento está solo.

Bailar en la cueva, tu último disco, es un disco de celebración, de bailar y de disfrutar. Siempre buscas retos,salir de tu zona de confort. ¿Qué idea tienes para el próximo?

La verdad es que sí, soy un yonqui de la incomodidad. Me gusta salir de mi zona de confort. Estoy siempre escarbando, siempre buscando. Luego intento estar cómodo, pero me gusta mucho moverme de manera pendular.

El disco anterior es muy expansivo. Éste probablemente vaya hacia el otro lado. Hacia el lado más intimista, más minimalista. Un disco para mediados o finales de 2017 opuesto a Bailar en la cueva. Un disco más hacia dentro.

¿A qué poeta te gustaría poner música?

Es difícil poner música a una poesía. Muy difícil de hacer, que no me animaría a hacer. Hay como una especie de redundancia que se vuele muy complicada para mí. Pero no sé…Garcilaso de la Vega. Tiene mucha musicalidad.

En una entrevista dijiste que la nostalgia es una endemia en la sociedad actual.

Sí, cierto. Lo pienso.

Pienso también en la incoherencia, la contradicción. Cada vez hay más cursos de meditación, de yoga, de estar con uno mismo, y sin embargo es en la actualidad cuando más dispersos estamos.

También es un indicador de salud. Hay que ser consciente con toda la sensación de que el mundo va horrible, va espantoso. Esto es cierto en el área ecológica. Pero desde el punto de vista de las sociedades en donde vivimos, la gente va adquiriendo más salud, más años de vida; va extendiendo sus actividades y va entrando en algunas que son un premio para una persona, como estudiar meditación y yoga.

Yo a veces llego a poder ir a la clase de yoga y a veces no. Cuando puedo, voy y me gusta mucho. Lo mismo con la meditación, me gusta mucho, pero no siempre llego a poder incorporarlo a mi vida. Lo considero como un premio. Es una señal de que la sociedad en algunas cosas va mejor. Pero también es un contrapeso, porque vivimos en un mundo de enorme dispersión mental. Donde la gente no va ni al baño sin el móvil. Es muy difícil concentrarse.

Está el libro «Superficiales» (The shallows: What the Internet Is Doing to Our Brains) de Carr, que dice que el cerebro humano está volviendo a la época en que vivía en los árboles y estaba todo el tiempo mirando para un lado, mirando para otro, como un pájaro. Con la cabeza todo el tiempo en movimiento, listos para el multitasking y que hemos perdido la capacidad de concentración. Pero bueno, también hemos ganado muchas cosas.

No quedó tiempo para preguntarle sobre cómo se sentía al compartir escenario con su mujer y su amigo. Pero la respuesta la tuvimos un rato después cuando la complicidad se hizo carne y hueso entre los tres artistas.

Leonor Watling y Alejandro Pelayo, Marlango, hicieron gala de su exquisitez, su dulzura y su buen humor. La actriz y cantante se atrevió además con el italiano y el portugués. Junto con Jorge, nos regalaron momentos únicos con versiones de Radiohead, Leonard Cohen, The Beatles o José Alfredo.

Terminar como trío cantando Todo se transforma tuvo más sentido que nunca aquella noche, en la madrileña Galileo, donde hace años tuvo lugar el primer contacto entre los dos enamorados.

Fotos de Thomas Canet extraídas de la web de Jorge Drexler.

Nosotros también fuimos cómplices de Mahou

La semana pasada tuvo lugar el ciclo de Cómplices de Mahou. A través de 5 conciertos en un ambiente muy especial por las salas más reconocidas de la capital, Mahou nos invita a zambullirnos en la autenticidad del directo. El artista y su público en la más estricta intimidad.


Rebeca y Lucía, hermas y cómplices

En la noche del martes, las protagonistas jugaban con ventaja. Es fácil tener complicidad si has nacido y crecido de la mano de tu compañera de escenario. Tampoco les costó nada a Rebeca y Lucía Jiménez conseguir complicidad con un público que llenó la sala Galileo Galilei y escuchaba atento. Con un silencio del que pocas veces se disfruta en la capital y, oye, qué gusto.

Es curioso ver cómo ambas hermanas se complementan en actitud y voz. Desgranaron canciones propias y se marcaron alguna versión de lujo, como La llorona de Chavela Vargas, que sonó deliciosa a piano y doble voz.

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Se turnaron sobre las tablas para no acaparar ninguna más que otra el protagonismo, a pesar de que la carrera de Lucía Jiménez se centre más en la interpretación. La noche era de ambas, y supieron jugar a la perfección. Ninguna destacó por encima de la otra, haciendo gala de esa complicidad de la que ya os hablaba.

Tras una ronda de preguntas en las que el público fue el protagonista de la velada, cerraron la noche con Despertarme contigo, tema que levantó el ánimo de la sala, y «despertó» del trance a muchos de los presentes, ensimismados en la magia que se creó en el segundo concierto sin cobertura de la semana.

Redactora cómplice: Paloma de la Fuente


El universo paralelo de Drexler

Eco fue el tema elegido por el uruguayo para abrir los cómplices del miércoles en el Teatro Barceló. Hizo un viaje por los temas más importantes de su carrera, desde Soledad, Mi guitarra y vos, Disneylandia, Sea, hasta algunos de su último trabajo como La luna de Rasquí o Bolivia.

Desde el principio la magia inundó la sala acompañada de un silencio que asombró al artista. Su guitarra y él, no precisamos nada más, sólo fue necesario abandonarse al compás de ese breve sonido. Y es que Drexler tiene ese don que pocos poseen, esa facilidad para hablar de emociones y transmitirlas de una manera tan fácil y directa. Si además todo esto sucede en un entorno íntimo, lleno de complicidad, después de casi dos horas vuelves a casa como Heidi, feliz en una nube.

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Esa magia estuvo presente hasta el final, porque incluso la ronda de preguntas trajo más de una sorpresa. No todos los cantautores pueden presumir de que el título de una de sus composiciones esté grabado en los anillos de unos recién casados. Flipando se quedó el marido de Leonor Watling cuando la parejita en cuestión le contó la hazaña.

A pesar de su faringitis, Jorge Drexler lo dio todo ante un público totalmente volcado que hizo al artista volver a rasgar las 6 cuerdas después de la despedida.

Redactora cómplice: Irene Mora


El deshielo cómplice

Todo empezó con una dulce Zahara que, al contrario que las princesas Disney, de frágil tiene poco. Con su habitual espontaneidad y desparpajo arrancó más risas que el presentador Micky Nadal, el cual tampoco tuvo mucha opción al competir con el ansia de conseguir una Mahou antes de que Copérnico se viniera abajo arriba.

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Y así, sola y con su guitarra se plantó despechada ante un público mayoritariamente impaciente por ver al ex pirata. Bueno, o eso creíamos. Porque si sumas talento solidario, puro e inocente consigues que desaparezcan las sombras y los astros se alumbren mútuamente. Y así fue. Tras La Gracia de la andaluza junto al recurrente Martín (Mucho), llegó Ferreiro creando a su paso una fantástica Pareja Tóxica.

En un set list con protagonismos bien medidos era momento de Iván, pero claro, los Ferreiro son como los petit suisse, van de dos en dos. Así que se sumó el gran Amaro, y entre salidas y entradas al minúsculo -pero bien aprovechado- escenario nos deleitaron con duetos, tríos y cuartetos de temas como El equilibrio es imposible o Absolución, llegando al éxtasis en repetidas ocasiones. Ferreiro anonadado por el nulo conocimiento del público de las letras de The Cure -es que hacer cantar a españoles en inglés, Iván, reconoce que ahí te pasaste- mientras coreaban las suyas a grito pelao, o el bueno de Amaro chivándole acordes entre sonrisas a Martín como si estuvieran en el local de ensayo, fueron demostraciones de lo cómplices que llegan a ser los íntimos conciertos sin cobertura de Mahou.   

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Las banderolas decorando la sala, las mesas expresamente colocadas para disfrutar del espectáculo con buenas vistas y -por qué no decirlo- el culo bien cómodo. Una ocasión que Iván aprovechó para tocar un nuevo tema junto a la Santa, una de esas letras interminables que nos costará Dios y ayuda memorizar, pero que con ritmillo pegadizo, básicamente, decía […] MUCHAS cosas […] y pienso en ti. Complicidad que Iván se tomó muy en serio cambiando la letra de El Deshielo mientras Zahara pensaba ‘ojalá me hubiese traído a Yola’ o cuando miraba con delicadeza a la Mandarina pasearse desenchufada por la sala.

Pero todo tiene un fin -menos la cola del nuevo Primark- y este regalo para los sentidos tuvo el mejor. Después de que su movimiento nos llevara a otro lugar, arrancó una jam session con la excusa de it’s only rock & roll but I like it que se transformó en cualquier cosa, hasta que digievolucionó por fin en lo que todos esperábamos: Turnedo. Y ahora sí, será mejor que dejemos que corra el aire y digámonos adiós.

Redactora cómplice: Nerea Alberdi

Andrés Suárez: «Todo apoyo a la música es un golpe a la polí­tica»

Andrés Suárez acaba de anunciar esta semana que su próximo disco verá la luz el trece de abril de este año. «Lo mejor que he hecho hasta ahora», suelta él sin complejos, como si no hubiera dejado el listón muy alto con su anterior trabajo, «Moraima»(2013), un canto al amor (en presente y en pasado) en primera persona. Porque si hay algo que caracteriza la música de este cantautor, es que cada canción lleva un poquito de su piel. Y no debe ser tarea fácil arrancarse lo que uno es para hacerse canción.

La pasada noche, dentro del ciclo de conciertos Cómplices de Mahou, el artista ofreció un concierto í­ntimo, volviendo a los recintos de poca capacidad tras su salto a la primera división en el Palacio de Vistalegre (aquí­ podéis leer la crónica de la noche). Nosotros tuvimos la suerte de estar presentes en ambas veladas, de temblar con su voz y después recoger los pedazos que quedan de nosotros cuando las luces del escenario se apagan.

Además, pudimos charlar con él sobre lo que pasó en el palacio de Vistalegre y sobre lo que vendrá.

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Hace unos dí­as volviste a tocar en la ciudad de Madrid, dentro del ciclo de conciertos Cómplices de Mahou después de un tiempo sin hacerlo, ¿tienes ganas de volver a los escenarios?

Yo creo que era la excusa perfecta para quitarme el ‘monazo’ este que tengo de tocar. Estoy en casa que me subo por las paredes. Yo llevo tocando desde los quince años a concierto por semana, o dos o tres. Y, de repente, paro y decido estar siete meses sin hacerlo. Lo raro para mí­ es despertarme en la misma casa y no en una habitación de hotel por ahí­. Lo llevo regular. Además, paramos después del Palacio de Vistalegre y todaví­a no sé cuándo voy a salir a la carretera. No tengo ni idea si el disco va a salir antes del verano, después…no lo sé (ahora ya sí­ lo sabemos).

Además, es una vuelta a los escenarios pequeños en un concierto reducido de una hora, cuando me llamaron para proponérmelo me pareció perfecto. Es un acto egoí­sta, es un poco el quitarme el mono y las ganas que tengo de tocar y poder dar un concierto muy cerca de la gente, en el que voy a poder hablar con ellos y poder salir de casa, que se me caen las paredes encima.

Como decí­as, la última vez que tocaste, además, fue en el Palacio de Vistalegre. Ahora que ha pasado ya un tiempo para asimilar ese salto a los grandes recintos en una noche tan emotiva compartiendo escenario con grandes músicos, ¿cómo recuerdas ese concierto?

Fue surrealista. Fue una de las cosas más bonitas que me han pasado en la vida. Recuerdo que me gustó mucho más después, cuando pude ver los ví­deos y asimilarlo, porque ese dí­a no me enteraba de nada. No dormí­ los dos dí­as antes, me levanté, llegué allí­ y no lo estaba asimilando. Luego pude ver a Ví­ctor Manuel, y a Iván Ferreiro, a 15000 personas gritando… Fue increí­ble. Yo creo que se ha dejado el listón muy alto en «Moraima», pero creo que estamos consiguiendo algo bueno con el nuevo disco. Y, aunque haya dos, doscientas o dos mil, haré conciertos a la altura, y con mucho cariño. No hay que obsesionarse con los miles de personas, ni con los aforos, sino con dar grandes conciertos y estar agusto luego con la ovación.

¿Con qué te quedas de los grandes aforos en comparación con las salas pequeñas y viceversa?

Es un poco como cuando me preguntan si prefiero tocar en acústico o con la banda. No es que sea la tí­pica pregunta, es la contravisión pura. Cuando me apetece estar de gira yo solo, al final tengo unas ganas de pillar la banda que flipas, y cuando estoy mucho tiempo con banda, me apetece tocar en un Libertad8. Pues esto es exactamente lo mismo. Un concierto grande te aporta esa adrenalina de gritos, la gente mostrándote el modo rock de la canción de autor, saltando y brincando, pero no lo cambiarí­a por un sitio en el que pueda cantarle a los ojos de la gente de cerca. Supongo que el equilibrio es imposible, como dice Ferreiro, pero ojalá lo hubiera, porque no elegirí­a una de las dos cosas, me quedarí­a con los dos recintos, con dos y dos conciertos al mes en cada uno de ellos.

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Estás metido de lleno en la grabación de tu nuevo disco. ¿Qué nos puedes contar?

Te puedo contar poco de momento, pero que cuento con un equipo muy profesional, y que lo que yo pretendí­a, que era arriesgar, hacer un disco innovador, lo he conseguido. Es decir, el hacer un buen disco. Tení­a mucho miedo con el tema de Moraima, el «superar Moaraima». Es que ahora mismo la gente no es tonta, estamos en un tiempo de crisis, por desgracia, estamos en un tiempo en que la gente tiene que mirar su bolsillo y ver en qué se gasta las cosas, y un disco de mierda no lo va a comprar. Ni una mala obra de teatro, ni una mala pelí­cula. En todo caso la grabará, pero no la comprará. Y yo tengo que luchar porque la gente diga: «Mira, este tí­o se ha arriesgado, se ha hecho un pedazo de disco».

Yo no sé cómo lo escuchará la gente. Tengo mucha curiosidad de saber qué van a opinar. Pero yo tengo claro que hemos superado «Moraima», hemos hecho un disco muy arriesgado, creo que no se lo espera nadie. Igual la gente piensa: «Vaya mierda, a este tí­o se le ha ido la pinza». Pero, al menos, nos hemos atrevido. Es lo importante.

El concierto que ofrecerás en la sala BUT está enmarcado dentro del ciclo de conciertos Cómplices de Mahou. ¿Crees que es importante que las marcas apoyen la música?

Yo sinceramente creo que todo lo que apoye la música me parece una fiesta. Estamos en un punto en que parece que la cultura se prohí­be en lugar de apoyarla en un paí­s culturalmente tan rico. En la música, en el cine, en el teatro, en todo. Es decir, a mí­ me da igual cuál sea la marca, todo apoyo a la cultura hoy en dí­a creo que es un golpe a la polí­tica muy importante. Además que se convierte en un acto de reivindicación, porque si la sala se llena, es que la gente quiere conciertos, y quiere el cine barato. Yo le agradezco personalmente a Mahou iniciativas como ésta.

Cómplices de Marlango y «El Porvenir»

«Te llaman el porvenir porque no vienes nunca…» Así­ empieza el poema de íngel González que ha dado nombre al esperado disco de Marlango. El dúo, antes trí­o, formado por Leonor Watling y Alejandro Pelayo, presentó su nuevo trabajo -sexto de su carrera, segundo en castellano- el pasado octubre.

La sugerente y evocadora voz de Leonor es para disfrutarla en un ambiente í­ntimo. Ponemos como envoltura el exquisito saber hacer de Alejandro a las teclas y poco más nos hace falta. Esto ha sido posible gracias a los Cómplices de Mahou, un ciclo de cinco noches en los que disfrutar de cerca y de una manera original a 5 artirstas nacionales.

El lunes fue el turno de Marlango en la sala Galileo Galilei, donde pudimos disfrutar de un concierto muy especial (y sin cobertura, señores. Se sobrevive). Y es que, no todos los dí­as una se sienta en un súper sofá encima del escenario, a modo atrezzo, para ver desde atrás este maravilloso recital. Repasaron canciones de sus 6 largos, hubo rueda de preguntas del público y, por si fuera poco, nos regalaron un trocito de su tiempo para contestar las nuestras antes de subirse al escenario para dejarnos a todos hipnotizados.

¿Por qué El Porvenir?

(Leonor) Viene de un poema de íngel González que fue la inspiración para el disco. Resumí­a muy bien la sensación de canciones que tienen puesto el foco en una cosa muy pequeña y a la vez que hablan del movimiento y de ir hacia algún lado. Y luego nuestra experiencia personal, que nos pusieran en la situación de poder ir a Los íngeles a producir el disco con Sebastián Kryst de productor. Nuestro momento vital lo resumí­a muy bien.

El disco trae tres regalos en forma de colaboraciones con Bunbry, Fito Páez y La Santa Cecilia. ¿Cómo fue la experiencia? 

(Leonor) La verdad es que son sueños cumplidos. Tenemos la suerte de poder presumir de amigos con mucho talento y tení­amos, con Bunbury por ejemplo, muchas ganas de poderle invitar a una canción desde hace mucho tiempo, pero tienes que tener la canción. Mandan las canciones. Flaco favor le harí­as si le mandas cualquier cosa. Y cuando estábamos grabando la maqueta de Dinero, faltaba Bunbury , y tuvimos la enorme suerte de enseñársela en L.A. y que hiciera lo que hizo en nuestra canción.

Que también es lo que pasa con Fito Páez que son canciones que vuelven a casa. Que se nota que les hemos escuchado mucho y que hemos escuchado mucho lo mismo. Es muy lindo poder tener eso que compartir.

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í“scar Ybarra ya no forma parte de la banda, ¿cómo ha sido el cambio?

(Leonor) A nivel compositivo ninguno porque siempre hemos compuesto Alejandro y yo, pero en directo y personalmente le echamos mucho de menos. Pero bueno, él es muy feliz. Se cáso y se fue a Chicago, ¿qué vas a hacer?

(Alejandro, entre risas) Esperar a que triunfe el desamor y vuelva. Son 3-4 años.

¿Qué trae de nuevo este disco con respecto a «Un dí­a extraordinario»?

(Alejandro) Las decisiones rí­tmicas y todo lo que tiene que ver con el trabajo de Sebastí­an Krys es lo que le ha dado a las canciones, a nuestras canciones, a las que a nosotros nos salen habitualmente, un sitio nuevo. Su plan era ver cuáles eran todas las posibilidades que podí­an ocupar esas canciones en el mapa: que las lentas fueran lo más lentas posible y, la que tení­a alguna posibilidad, explotarla hasta el final. Eso ha hecho del disco: un territorio más amplio que los que normalmente trabajamos nosotros.

¿Cómo compone Marlango?

(Leonor) No hay una plantilla, no es siempre de la misma manera, pero básicamente partimos de la mochila que trae cada uno. Yo la traigo con cuadernos y letras y Alejandro la trae con música y con armoní­as. Nos juntamos y a veces encajan, con un poco de trabajo, pero encajan. Otras veces encontramos una melodí­a y cada uno trabaja para que funcione … Depende.

(Alejandro) También hay una cosa que vamos viendo y es que hemos escrito ya como 100 canciones juntos y, de alguna manera, son todas, la historia, la música que hemos escrito…la misma canción. Son la misma y por otro lado, cada una te lleva y te provoca sensaciones distintas. Algunas canciones después de 7 u 8 conciertos, la información que nos ha dado el público de esas canciones, abre como caminos. El cí­rculo cada vez es más amplio. Con la gente al aire libre, o en un teatro…todo eso al final es  lo que enriquece el oficio de hacer canciones.

Lo que vamos a hacer aquí­ esta noche es como lo que hacemos en privado, que es jugar hasta que algo más o menos crees que es original, dentro de nuestro repertorio, y que estás disfrutando. Que a ella le mola cantarlo, a mí­ me mola tocarlo y  a partir de ahí­ se trabaja. Es la primera vez que lo vamos a hacer con gente.

¿Qué esperáis de El Porvenir?

(Alejandro) Una de las razones de que el disco se llame así­ es porque todo lo que nos ha ido pasando, desde el primero hasta el dí­a de hoy, nos ha gustado mucho, todo ha sido muy inesperado y bonito a partes iguales. Porque no habí­a ningún plan cuando salió el primero y a las 3 semanas estábamos tocando en Tokio

(Leonor) Ir a México es una de esas cosas que dices «ojalá El Porvenir traiga«. Volver a Argentina, Chile ir a México que nunca habí­amos ido y disfrutar de lo que nos va pasando. Intentar que la expectativa no se coma a la realidad. Lo más difí­cil es eso, es decir, por un lado tienes que tener sueños, ilusión y esperanzas y eso  es lo que te hace avanzar, y por otro no dejar que todo te coma el dí­a a dí­a, y la realidad y lo que te va pasando.

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