Madrid, capital de la «new» croqueta

Everybody loves croquetas.

Sí. Todos las queremos, las adoramos, las pedimos para compartir hasta en el mismísimo Vips (hay que estar mu’ desesperao). Yo, a veces, hasta sueño con ellas. Sin duda, para cada uno de nosotros, las de nuestra abuela son siempre las más mejores e inigualables, pero si ya estás cansado de las de jamón de toda la vida y te sientes fuerte, con ganas de dar un paso más allá y probar nuevos sabores croquetiles, aquí te traigo 4 sitios que harán las delicias de tu paladar. ¡No te pierdas ni uno!

  • Mención aparte se merecen los míticos lugares madrileños como Casa Labra, Casa Julio (conquistó a U2 con sus croquetas), La Ardosa o Casa Lucas… Artesanos croqueteros por excelencia que dominan con maestría el arte del rebozado y la bechamel pero que, solo por esta vez, he querido dejar fuera de mi lista de preferencias para dar paso a «croquetas más exóticas».

Salimos en busca de la croqueta perfecta…

1. JAVIER MARTÍN

Lo encontrarás en C/ Toledo 74.  Mejor ubicado imposible: a dos minutos de Puerta de Toledo,  dos minutos de La Latina y a 5 minutos del Palacio Real y de la Plaza Mayor.  Su carta cuenta con 32 tipos de croquetas y querrás probarlas todas. 

2. CROQUETERÍA CROQUETAS CROQUETAS: 

En C/ Guzmán el Bueno 47, presumen de la croqueta más artesanal. Son elaboradas con leche de caserío y cuentan con 10 tipos diferentes y también con 15 tipos de empanadas artesanas de hojaldre de mantequilla, cremas, caldos salsas y arroces caseros, conservas de Navarra, La Mancha y Galicia, patés de caza, aceites y vinagres exquisitos, anchoas del cantábrico, sardinas ahumadas, mermeladas artesanales, y un largo etcétera.  ¿Que qué es lo que tengo? Que tengo…De tó. 

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De espinacas y de morcilla… 

3. LA GASTROCROQUETERÍA DE CHEMA:

Chema se especializó en croquetas, trajo su restaurante a C/ del Barco, 7 en 2013… Y, desde entonces, no hay quien le detenga. Su gastrobar es un no parar de sensaciones para el gusto. Y no solo por sus croquetas, que son de lo más irresistibles: la líquida de queso, la de sobrasada y chocolate o la de sepia en su tinta gratinada… Si no, además, por el resto de su carta, muy muy cuidada.

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Croqueta de pollo al curry con kikos y manzana

4. LA CROQUETTA: 

Esta vez nos desplazamos hasta la zona de barrio de Salamanca- O’Donnell, concretamente a la C/ Fuente del Berro 33, para probrar las deliciosas «croquettas» de Mamá Josefina. Una auténtica delicia, tanto las más tradicionales como las de jamón ibérico o bacalao, como las sibaritas: de jalapeño verde  y carne, de mazorcas de pollo y mango al curry, o de rabo de toro al vino tinto. Imprescindible: probar sus especiales, cada mes con un dipping diferente (mayonesa con wasabi, salsa de yogur y menta…) Y, como bonus extras: muy ricas también sus hamburguesas… ¡Hummm!

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¡¡También para llevar!! Con este packaging Take away tan cuqui, ¿quién se resiste?

Los siete pecados de Casa Julio

Seguramente no seas capaz de enumerar los siete pecados capitales del tirón según termines de leer esta frase. En serio, ¿Wikipedia? Shame on you. Ni los salesianos han conseguido que los interiorices, quizá por eso de empeñarte en incumplirlos a diario. Que no cunda el pánico, dejemos que fluyan la lujuria, la avaricia, la pereza, la ira, la envidia y la soberbia. Centrémonos en la gula, que hoy viene con nombre propio: Casa Julio.

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En el corazón del barrio moderno por excelencia nos encontramos con esta reliquia que vio pasearse en bicicleta a los hipsters de los años 20. Un joven homónimo de 18 años fue el encargado de convertir lo que iba a ser una bodega de cosecha propia en un bar castizo que después de un siglo llegarí­a a conocerse hasta where the streets have no name.

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Sí­, has pillado la referencia. Bono -el de los injertos no, el otro- y cí­a fueron los encargados de lanzar al estrellato este local familiar y sin pretensiones. El nieto de Julio y ahora dueño del establecimiento, Luis Torres, recuerda con ternura cómo una sesión de fotos fortuita logró en poco tiempo que la clientela se multiplicara exponencialmente, obligando a su madre a amasar croquetas a un ritmo que sólo ella podrí­a. Y aquí­ está nuestra tentación del desierto, nuestra fruta prohibida: 7 únicas e inimitables esferas doradas.

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Jamón, queso azul, espinacas con pasas y gorgonzola, morcilla con membrillo, bonito con huevo y cebolla caramelizada, picadillo al estilo riojano y setas con puerro. Siete placeres divinos que atraen a todo hijo de vecino (literal). Seamos francos, hay mucho postureo de silla de pupitre y bicicletas colganderas, cuando lo que esconde esa atracción por lo vintage es una verdadera carencia culinaria que si te has independizado ya habrás vivido: missing la cocina de tu abuela. Un minuto de silencio por el inventor de los tuppers. Ahora en serio, si quieres comida tradicional, esa que te hace viajar en el tiempo a cuando tu mayor obligación era cazar Pokémons, haz caso a clientes fijos como Carmen Machi, Elena Anaya o David de Marí­a.

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No solo de croquetas vive el ser humano. Así­ que no te preocupes, invierte entre 3 y 14,5 euros de la calderilla remanente de tu beca en cualquiera de las raciones que encontrarás en la Calle de la Madera 37, como las albóndigas en salsa o el rabo estofado -baba-, y peca sintiéndote como en casa. Que Dios nos pille confesados.

Fotos: Unai Mateo

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