2018: El resurgir del disco beat. ¿Y 2019?

Parece que 2018 ha sido el año en el que ha dejado de estar de moda lo que no está de moda. Los hipsters van finalmente muriendo o tirándose de los bigotes unos a otros por no poder ser tan especiales y exclusivos. Los indies puristas, tras la confirmación del (maravilloso) cartel del Primavera Sound 2019, han decidido hacer una concentración de tres días para llorar en silencio con Los Planetas de fondo y, lo que nos importa: en la mayoría de últimas tendencias, parece que el batiburrillo de estilos y los comebacks es lo que se lleva, chiquis. Lo de atrás pa’lante y fuera clichés.

Dentro de este no-parar-de-creaciones que más que innovar van para atrás —mirad lo ¨nuevo¨ de Bisbal o Carlos Baute, ha resurgido el disco-beat and I’m here for it. Algunos ya habían jugado con este ritmillo tan saleroso y apetecible para noches de guateque (Daft Punk, Empire of the Sun o Crystal Castles) y, en este artículo, veremos qué artistas no han dudado en subirse al carro este año.

Porque ¿a quién no le va a gustar un buen disco-beat? ¿a quién no le va a gustar? Esos bajos que se te meten por el cuerpo, esos juegos de ritmos sincopados que hacen que te contonees como una lombriz borracha. Calvin Harris, en su (inflavalorado) disco debut ‘I Created Disco’, ya creó una atmósfera disco/groovy/funk que parece tener más hueco este año que en 2007. Quizá es por eso por lo que Dua Lipa, muy lista ella, se ha marcado un featuring con el DJ que ha resultado en uno de los temas indiscutibles de este 2018: ‘One Kiss’. Sam Smith tampoco ha desaprovechado la oportunidad de colaborar con el Harris y alegrarnos el verano pasado con sus ‘Promises’. 

En Francia, artistas como los ya mencionados Daft Punk, Christine and the Queens o Polo & Pan (su featuring Pluie Fine con Corine es lo mejor que me pasó en 2017) llevan años en la industria haciéndonos menear los cuerpos con sus ritmillos. Dentro del panorama nacional, este año hemos tenido algunas propuestas curiosas como ‘El momento’ de La casa azul o ‘1985’ del grupo barcelonés Tversky. Pero en esta nueva ola retro-futurista, sin lugar a duda, Parcels se ha llevado la palma con su disco debut.

Ahora solo nos queda esperar lo que nos depara 2019 asumiendo, con orgullo, que 2018 ha sido un gran año para la música y dando por hecho que cada vez será más complicado dividir en compartimentos los estilos y encasillar a artistas. Que no paren las producciones curradas, los featurings imposibles y let’s funk bitches!

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BELIZE: «Estamos en paz con la salida del disco»

«Belize» (Warner, 2015) es el nombre homónimo del primer álbum de la joven banda de Pamplona de la que todo el mundo habla. El disco se presenta como una mezcla de sonidos: de la electrónica, a unas influencias latinas «tropicales», pasando por un pop pegadizo y muy bailable. Aprovechamos el lanzamiento del LP para charlar un rato con Ángel y Pablo, dos de los miembros de esta formación a la que os aconsejamos no perder la pista. Esta misma semana (el jueves 26, para ser exactos) estarán presentando el disco en la Sala El Sol de Madrid. 

Para introducirnos un poco, ¿cómo nace la idea de Belize? ¿Cuándo decidís juntaros y empezar con este proyecto?

Belize nace hace ya un par de años. Queríamos, sobre todo, dar importancia a la producción. Dar más importancia a la idea, al concepto, a investigar los sonidos. Investigar cómo quieres sonar y qué es lo que puedes aportar. Fruto de esa reflexión compusimos un par de canciones y a raíz de eso se fue sumando gente, empezamos a crecer en número.

En diversas publicaciones han definido vuestro sonido como «tropical», ¿qué significa exactamente?

Tampoco pensamos que sea tropical. Yo creo que sí que mezcla algunos ritmos latinos con sintetizadores y con texturas más europeas. Pero tropical… no, no hay de eso. Es cierto que muchas de las canciones que hemos hecho tienen sonidos de fondo de mar. El mar es un tema muy recurrente en el disco. También hay ukuleles, guitarras españolas… pero luego, en realidad, la música es conceptualmente europea.

Vuestra música es algo bastante nuevo en comparación a lo que se está haciendo ahora. Sin embargo, sí que hay muchas influencias en otros grupos, no nacionales. ¿Cuáles diríais vosotros que son esas influencias?

Quizás nuestra mayor influencia sea Rodrigo Amarante, que le conocimos detrás de Little Joy. Aunque luego también hay mucho de grupos como Phoenix, que son como canciones más pop, más sencillas, más redondas, y sobre todo, que buscan recuperar el valor de la canción pegadiza. Y luego en la producción, y en el sonido, nos hemos fijado mucho en la electrónica francesa y de sonidos muy europeos, también en grupos de aquí como Delorean o El Guincho.

Si hay gente que no sabe definirnos, es porque nosotros mismos no nos hemos puesto un corsé de «queremos sonar a esto», sino que hemos seguido un poco lo que nos dictaba el corazón y hemos hecho lo que queríamos hacer

Cada canción que sacáis, además, es muy distinta de la anterior. 

Sí, ésa es la idea. Es lo que queríamos hacer. De hecho, hemos ido sacando singles precisamente por eso, porque nos parecía que no todo lo que sacábamos era igual y que cada canción merecía su espacio y una distancia en el tiempo. Además, aprovechamos para presentarnos nosotros a través de los vídeos. A través de las imágenes. Que todo formara parte de la misma visión.

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¿De dónde nace el nombre Belize?

El nombre Belize realmente llegó un momento en el que estábamos trabajando en esto y no teníamos un nombre, así que, después de muchas vueltas, encontramos éste, que, realmente, englobaba un poco esas sensaciones que nosotros intentábamos trasmitir: paz, tranquilidad, paisajes bellos, selva, cascadas, agua… Creímos que el nombre coge muy bien esos conceptos.

Durante estos dos años que lleváis juntos, lo único que habéis presentado son singles distanciados en el tiempo. Ahora presentáis vuestro álbum debut que recoge esos temas. Pero, ¿qué es lo que se va a encontrar la gente, qué más hay además de esas canciones que ya conocemos?

Lo bueno es que ahora la escucha de esas canciones en conjunto es cuando tiene sentido. Todo el concepto y el mundo de Belize está ahí. Y eso se pone de manifiesto porque las canciones están hiladas. Al escucharlas seguidas no parece que sean tan distintas como hasta ahora. Todas están conectadas. El disco es algo más que un recopilación de singles.

Habláis de cómo las canciones están hiladas, que todas tienen algo de otras, pero, ¿cómo nace la inspiración de cada una?

Nace de la inquietud de cómo conseguir hacer un disco complejo, hilado, ambicioso, que sea rico en texturas, en sonidos, en melodías, pero que cada canción se pueda extraer, sacarla en cualquier momento y casi ser ajena al disco. El reto no era hacer muchas canciones bien hechas, el reto siempre fue hacer un disco.

Sí que es cierto que en este tiempo las canciones han funcionado muy bien, creo que se ha creado una conexión con el público muy buena. Se vio en el Sonorama, en la Plaza del Trigo. ¿Cómo vivisteis vosotros ese concierto?

Fue un momento muy bonito, la verdad. Era casi como nuestra presentación. Quizás nos pudo la tensión de estar ante un público tan exigente como es el de la Plaza del Trigo. Nosotros intentamos hacerlo lo mejor posible y sí que vimos muy buena reacción por parte del público. La verdad es que nos lo pasamos muy bien en ese festival.

Yo lo viví desde abajo y sonó bien. 

El problema es que nosotros arriba tenemos una mezcla distinta, y no lo podemos juzgar igual que el público. La verdad es que fue una suerte estrenarnos en un sitio tan importante. Nos han dado mil opiniones, pero al final tienes que fiarte un poco de tu intuición.

BELIZE

¿Qué esperáis de la salida del disco? ¿Hay más miedo o ganas?

Hay una paz total. Llevamos tanto tiempo con el disco en el cajón que estamos deseando que la gente lo escuche. Hemos publicado ya tantos vídeos, tantos singles… Está muy desvelado todo. Estamos tranquilos.

¿Cómo os planteáis las canciones para el directo?

En la gira de presentación vamos a apostar más por la faceta acústica del grupo. También porque en los sitios donde vamos a tocar se prestan un poco más a eso. Y luego de cara a la gira sí que iremos en completo con toda la banda y vamos a darle intensidad. Lo bueno es que las canciones se pueden coger y reinterpretar. En eso estamos trabajando ahora. No entendemos la música como «la canción tiene que ser así y debe sonar tal cual».

Fito: «Yo voy huyendo, pero no sé de qué»

No entiendo la música si no es para curar heridas o bailarla. Una canción es capaz de salvarte y de hundirte a partes iguales. Pasa lo mismo con los discos, sólo que los sentimientos se entremezclan, y curan y abren heridas sin descanso durante cuarenta, cincuenta o sesenta minutos. Soy consciente que desde hace tiempo se está perdiendo la costumbre de escuchar CD’s enteros, que vivimos con prisa. Pero de verdad, nunca está de más reservar un momento para tumbarte en la cama, cerrar los ojos, dar al ‘play’ y escapar del mundo.

«Huyendo conmigo de mí­» (2014), el nuevo álbum de la banda de Fito y los Fitipaldis, ha sido mi último tirarme en la cama – cerrar los ojos – disfrutar. Porque a Fito hay que escucharle en silencio para verle por dentro: porque su música son sus entrañas.

Fito en la rueda de prensa

Han pasado cinco años desde que publicara su anterior álbum «Antes de que cuente diez» (2009) y sin embargo parece que el tiempo no pasa para el artista. Muchos son los que critican esa fórmula de repetir lo que funciona, como si tuviera miedo de arriesgar y no gustar. Lejos de entrar en esta polémica Fito afirma que él hace la música que quiere, y que no hacerlo serí­a engañarse a sí­ mismo. Lo que está claro es que lo que hace lo hace muy bien.

En esta ocasión, los Fitipaldis han estado capitaneados por el polifacético Carlos Raya (guitarrista y productor del disco) en el Estudio Uno (Colmenar Viejo), donde han nacido los diez temas que componen Huyendo conmigo de mí­. Pero, ¿de qué huye Fito Cabrales? «siempre estoy huyendo, pero no sé de qué», bromeaba el artista en la rueda de prensa. Lo bonito de sus letras al final es que son de todos. Cualquiera es capaz de verse en uno de sus temas. El triunfo de su música es la capacidad del compositor de contar lo que alguien no se atreve a decir, o no sabe expresar. Fito escribe poesí­a y la acompaña de rock’n’roll en estado puro. Incluso en este larga duración se atisban rasgos de blues setentero. í‰l, sin embargo, aún no se explica su éxito mediático, «yo no sé por qué me gusta la música que a mí­ me gusta, así­ que ¿cómo voy a saber por qué gusto yo a la gente? Sólo sé que no es por mi fí­sico», volví­a a bromear.

«Entre la espada y la pared«, carta de presentación, es una declaración de principios, pone las cartas sobre la mesa: «las mezclas no me salen bien: sexo, drogas rock’n’roll». «Lo que sobra de mí­» esconde el tí­tulo del álbum, y «Pájaros disecados», tercer corte, es un llanto. Después todo va a mejor: ya tienes la herida abierta, vamos a cerrarla. «Nos ocupamos del mar», versión del tema de Javier Krahe, da tregua a un disco que de primeras parece triste. Suena delicado, como un abrazo por la espalda. Le sigue «Nada de nada», canción de corte social, un corte de mangas a los polí­ticos.

«El vencido» abre la segunda mitad del álbum en la que se esconde la instrumental «Umore Ona» (Buen Humor). «Garabatos» y «Lo que siempre quise hacer» ponen el toque alegre al disco. Finalmente una majestuosa «Después del naufragio», con un cierto aire a su éxito «Soldadito Marinero», cierra el sexto álbum de una de la bandas más importantes del pop-rock nacional.

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