No sólo Baymax: los robots más animados del cine.

‘Ex_Machina’ llega a nuestras pantallas este mismo viernes dispuesta a hacer las delicias de los más acérrimos fans de la ciencia ficción robótica. Este hecho, junto con el próximo estreno de la precuela (‘Genisys’) de la mitica ‘Terminator’ o la reciente (aun tremendamente fallida) ‘Autómata’ – pica en Flandes para las incursiones nacionales en este género junto a ‘Eva’ (2011) – nos empuja a decidir cuáles son los más memorables y animados (que de alguna manera debemos celebrar la victoria de ‘Big Hero 6’ en los Oscars) robots vistos en la gran pantalla.

Los más románticos: Wall-e y Eva

Sin duda se trata de una de las parejas más románticas de la historia del cine (en general). La del pequeño robot sucio y chatarrero que vive ajeno a la Humanidad poniendo a punto una Tierra «post-apocalí­ptica» para el regreso de la misma mientras ve en bucle ‘Siete novias para siete hermanos’ con la sola compañí­a de una cucaracha y una robot voladora de últimí­sima tecnologí­a dispuesta a encontrar un «brote verde» (de los reales, no de aquellos a los que se aferraban algunos polí­ticos…) es una fábula sobre un amor que trasciende las diferencias sociales, la distancia y la soledad que, además, nos deja en la pelí­cula de Pixar homónima multitud de detalles para el recuerdo: precioso y cuidado diseño de personajes – desde los protagonistas con un contraste de color y forma realmente fascinante, hasta el de los secundarios con una suerte de revisión del icónico HAL de ‘2001: Una odisea en el espacio’ de Stanley Kubrick -, banda sonora perfecta de la mano de Michael Giacchino y un prólogo que pasó a los anales del cine animado.

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Los más divertidos: Rodney y Tí­a Turbina

En la menos conocida, y de tí­tulo explí­cito, pelí­cula de Blue Sky Studios ‘Robots’ se nos presenta un mundo idealizado de criaturas mecánicas coloridas y carismaticas. El protagonista es Rodney, un robot azul cuyo sueño es ser reparador oficial de los demás robots (es decir, una especie de médico-mecánico) y emprende un viaje a la gran ciudad para encontrar a su í­dolo y fuente de inspiración y hacerse valer. Las voces de Halle Berry o del fallecido Robin Williams elevan la pelí­cula a una divertidí­sima e infravalorada aventura, con personajes bien definidos y escenarios espectacularmente animados. Una especie de revisitación de ‘El mago de Oz’ que, además, nos ofrece un personaje femenino hilarante y atrevido: tí­a Turbina, familiar de uno de los protagonistas a la que conocen como «tí­a Culona» en referencia, sí­, a lo que obviamente todos estáis pensando… Pero con otro enfoque. Recomendable recuperarla, memorable la escena del dominó gigante.

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El más humano: Astroboy

Procedente del popular anime y de una exitosa serie televisiva, el joven humanoide con cresta saltó al cine en 2009 con otra maltratada pero apreciable pelí­cula de aventuras sci-fi con sabor nipón. Búsqueda de identidad y lucha contra el mal a través de un guión de manual pero un diseño impresionante en lo visual y un justo punto de emoción. 

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El más achuchable: Baymax

Probablemente el personaje más cuqui del pasado año cinematográfico, Baymax acaba de alzarse (o algo así­) con nada más y nada menos que un Oscar. El filme que protagoniza, ‘Big Hero 6’, ha otorgado la segunda estatuilla consecutiva a Disney y aunque el que escribe preferí­a la magistral ‘Cómo entrenar a tu dragón 2’, sin duda es un premio justo. El cariñoso y experto en cuidados a humanos robot hinchable es el alma de una pelí­cula que crece cuando él se quita la armadura de superhéroe «marveliano» y deja el programa agresivo para convertirse en una achuchable criatura que todos querrí­amos tener en casa. Un personaje que desde ya es un icono del cine animado y, por qué no decirlo, una máquina de hacer dinero en juguetes y merchandising. Y un Oscar, claro. No es poco.

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Con el que todos lloramos: El gigante de hierro

En su primer gran filme, Brad Bird (director con experiencia en el terreno de la ciencia ficción y los robots), condensaba todos los componentes mencionados anteriormente para crear un cuento triste y desgarrador con una sensibilidad emocional única: la poderosa amistad entre un robot gigante venido del espacio y un niño que intenta salvarle y protegerle de una sociedad cegada por el terror a lo desconocido que intenta experimentar (y acabar) con él. Cambio de tornas en una historia emocionante y valiosa alejada de los estudios más conocidos, que bien vale un visionado.

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Crí­tica | La teorí­a del todo

Los biopics constituyen ya, casi, un género en sí­ mismo. Un género y el vehí­culo perfecto para combinar una taquilla decente, una recepción crí­tica cálida y – con un poco de suerte – un puñado de nominaciones al Oscar, no hay más que ver que, este año, la mitad de las nominadas (4 de 8) a mejor pelí­cula forman parte de este subgrupo. Sin embargo el biopic es también un arma de doble filo: tan pronto es un artefacto infalible para alcanzar la emoción del espectador, como se vuelve una anodina fórmula con regusto manipulador, no sincero. De hecho, cuando se menciona un biopic sobre la dramática historia de amor/superación del astrónomo Stephen Hawking y su primera esposa (¡ups!, ¿es eso spoiler? Bah, es una historia real), Jane Wilde, la idea atrae tanto como asusta. Pues bien, los resultados de La teorí­a del todo se inclinan más hacia el lado negativo de la balanza, constituyendo una propuesta – sobre el papel – tan inmaculada que aburre sobremanera.

De producción exquisita, La teorí­a del todo es un biopic visualmente sugerente y ambicioso pero con importantes problemas de montaje y guión. Pese a que James Marsh rueda con elegancia y aporta algunas soluciones estéticas tan arriesgadas como bellas, el filme no resuelve correctamente las elipsis de su primera parte y empuja a la narración a avanzar, por momentos, de bote en bote, naufragando sobre todo en una presentación de personajes y acontecimientos demasiado brusca así­ como en la introducción de las lecciones y teorí­as de Hawking, que suenan forzadas e impostadas, introducidas con demasiado calzador. Bien es cierto, en todo caso, que el filme mejora en su último tramo, más fluido, cuando da mayor envergadura dramática al fascinante y ambiguo personaje de Jane Hawking, interpretado de forma sutil, hipnótica y magnética por la hermosa Felicity Jones que hipnotiza y enamora a la cámara. Sin embargo, la cinta no encuentra la épica ni la emoción en el retrato de su «héroe» ni aun apoyándose en la indudablemente poderosa interpretación fí­sica de un muy notable (y potencialmente oscarizable) Eddie Redmayne.

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La partitura compuesta por Jóhann Jóhannsson (que ya fue el encargado de las atmosféricas bandas sonoras de Prisioneros o la más reciente Foxcatcher) es otro punto a favor del filme: elegante y delicada, no redunda descaradamente en los momentos más lacrimógenos aunque sí­ acompaña cuidadosamente los devenires emocionales del largometraje, careciendo de la espectacularidad de otros trabajos nominados al Oscar (como el de Alexandre Desplat para The Imitation Game) pero resultando igualmente efectiva, aun con la discutible licencia de emplear el bellí­simo tema central del documental The Crimson Wing en uno de los momentos de más lucimiento de la BSO, el inteligente aunque efectista final.

El deshilvanado guión de La teorí­a del todo es, sin duda, su punto más débil. No profundiza, ni resulta fluido y en él, los personajes y las tramas parecen aumentar y disminuir su importancia en el relato de forma casi trivial. Tampoco ayudan secuencias innecesarias o diálogos poco interesantes en el compendio final que ralentizan por completo el ritmo del filme de James Marsh. Y es que su discurso sobre el amor (¿indestructible?, ¿compasivo?) y la fe (¿pueden las teorí­as de la fí­sica estar supeditadas, o refutar, la existencia de una fuerza superior, ergo, un Dios?) podrí­an haber sido muy interesantes, pero resultan poco convincentes, desganados.

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Por otro lado, es indudable que La teorí­a del todo es un deleite visual fruto del exquisito gusto británico para todo lo relacionado con el diseño de producción: la fotografí­a es luminosa y ofrece momentos memorables y plausibles (el baile universitario, el momento en el que la pantalla es inundada por la «ardiente» mirada de Hawking…), el vestuario acorde y la dirección artí­stica esta sumamente cuidada.

Pero pese a los aciertos – principalmente el anteriormente mencionado apartado estético y el duelo interpretativo entre la contenida Jones y el más lúcido Redmayne – estamos ante un biopic descompensado narrativamente, aburrido, poco novedoso y con un regusto a tv movie venida a más. Una obra que tarda demasiado en arrancar y que, cuando lo hace, no deja de ser absolutamente convencional. Una pena, una historia así­ merecí­a mucho más.

Fight Club | Cinco actrices para un Oscar

A falta de una semana y media para los Oscar, en nuestro «Club de la lucha» volvemos a enfrentar féminas intérpretes candidatas a un gran premio. Cinco mujeres lucharán el próximo domingo 22 por llevarse la estatuilla dorada a la mejor actriz protagonista y hoy las analizamos a fondo.


Felicity Jones por La teorí­a del todo

¿Quién es?

Jones es una joven y británica musa del cine indie. De 31 años, con 27 saltó a la fama en los cí­rculos cinéfilos por su papel en ‘Como locos’, drama romántico que triunfó en su correspondiente edición de Sundance y la valió el premio especial a la actuación del jurado de aquel certamen y diversas nominaciones más. Antes de ello, habí­a participado en alguna serie de televisión y, después ha tenido algún papel secundario en filmes como ‘The Amazing Spider-Man 2: El poder de Electro’ o ‘The Invisible Woman’, el drama sobre los amores secretos de Charles Dicken que dirigió y protagonizó Ralph Fiennes.

¿Y en la ficción?

Coprotagoniza uno de los biopics de esta edición, ‘La teorí­a del todo’ (5 nominaciones), en el que interpreta a Jane Wilde, la primera esposa del astrónomo Stephen Hawkings.

A favor:

Es una joven promesa, cosa que gusta a la Academia, su interpretación es notable y, además, es la única candidata cuya pelí­cula opta al Oscar principal. Su trabajo ha sido candidato a todos los premios principales y ella ha hecho un buen esfuerzo promocional que la ha llevado por los grandes eventos de la carrera de premios estadounidense…

En contra:

…Pero no ha ganado ninguno pese a todo. Parece una de las candidatas que están siempre en el quinteto pero nunca entran en la pomada. Además su papel se basa en la contención y por momentos su compañero de reparto, Eddie Redmayne, le roba las miradas que merecerí­a con una interpretación mucho más fí­sica. Recién llegada, tendrá más oportunidades si su carrera continúa como parece.


Julianne Moore por Siempre Alice

¿Quién es?

Por todos archiconocidas, no solo es una de las pelirrojas de referencia (sí­, Chastain, tú y Adams llegasteis después) sino que esta estadounidense de 54 años es una de las actrices más queridas del panorama contemporáneo. Ha trabajado con directores como Paul Thomas Anderson, Todd Haynes, David Cronenberg, Alfonso Cuarón o los hermanos Coen. Esta es su quinta nominación al Oscar, aunque nunca lo ha ganado. Y es que su cartera está llena de candidaturas, aunque de pocos premios que parecen estar llegando por este último papel: el Globo de Oro, el SAG, el Bafta… También ha sido premiada en los festivales de Berlí­n y Cannes.

¿Y en la ficción?

Es el principal interés del drama ‘Siempre Alice’ que ha cosechado comentarios desde su presentación en Toronto. Interpreta a una joven enferma de Alzheimer y el filme se erige como un «via crucis» en el que observamos como sobrelleva una enfermedad que la va destruyendo.

A favor:

Lo contrario, pero igualmente válido como argumento, a Felicity Jones: es una leyenda viva. Hollywood siente que le debe un Oscar y aunque este no sea su mejor papel, el panorama presenta una oportunidad única ya que no hay una contendiente que destaque indudablemente sobre los demás. El papel es, desde luego, un caramelo que Moore sabe aprovechar. Cuenta a su favor también con la aclamada interpretación que ha realizado para ‘Mapa a las estrellas’ y por la que sonaba al Oscar, aunque finalmente no pudo competir por fechas.

En contra:

Poco. Que los académicos prefieran esperar a premiarla por algún otro gran papel que de verdad esté a la altura de una actriz como ella. Pero es la grandí­sima favorita, sin concesiones.


Rosamund Pike por Perdida

¿Quién es?

Conocida actriz de teatro, televisión y – claro – cine en Inglaterra, de donde procede, tuvo su debut en la cinta de James Bond ‘Muere otro dí­a’ y ha gozado de papeles secundarios en pelí­culas británicas como ‘Orgullo y perjuicio’ o ‘An education’ y estadounidenses como ‘El mundo según Barney’ o ‘Jack Reacher’. Sin embargo, es su primera nominación al Oscar y su rol en ‘Perdida’ es la lanzadera a la fama de esta rubia londinense de 36 años que tiene pendiente de estreno la exitosa comedia ‘Nuestro último verano en Escocia’

¿Y en la ficción?

Es Amy Dunne, esposa perfecta y perfecta psicópata en el último e ignorado filme de David Fincher, ‘Perdida’, adaptación de la novela de intriga superventas del mismo nombre.

A favor:

Tiene de cara el enorme éxito en taquilla del largometraje y que es el papel más icónico de los cinco. ‘Perdida’ es su función y es fácil percibir que disfruta en un personaje histriónico con numerosos momentos «Oscar-clips», que exprime al máximo. Sí­, eso, terrorí­fico papelón.

En contra:

Serí­a la favorita si no llega a estar Julianne Moore nominada. Aunque ha ganado bastantes premios de la crí­tica, los duelos importantes han dado la victoria a la protagonista del filmes como ‘Las horas’. Además ‘Perdida’ ha sido completamente ignorada en las demás categorí­as incluso en algunas como guión adaptado o montaje, donde estaba entre las virtuales favoritas. Otra vez será.


Marion Cotillard por Dos dí­as, una noche

¿Quién es?

Hablamos sin duda de una de las intérpretes europeas más cotizadas y valoradas. A las puertas de los cuarenta, ha sido alabada por papeles en filmes como el musical ‘Nine’, los dramas románticos ‘De óxido y hueso’ o ‘Largo domingo de noviazgo’ o la comedia «woody-alleniana» ‘Medianoche en Paris’ y oscarizada por el biopic de Edith Piaf, ‘La vida en rosa’. Además ha trabajado con Guillaume Cantet, Christopher Nolan o James Gray.

¿Y en la ficción?

Interpreta a Sandra, mujer de clase media-baja que acaba de superar una depresión y se dispone a volver a su trabajo en una fábrica cuando su jefe hace a sus compañeros decidir entre ella o la paga doble. Deberá entonces convencerles uno a uno durante un largo y duro fin de semana.

A favor:

Su interpretación ha gustado a todo el mundo y resulta ser un perfecto balance entre contención y exhibición.  Fue la quinta que «robó» la plaza a otras estrellas como Jennifer Aniston, que se quedó a las puertas.

En contra:

No solo sus contrincantes sino que ‘Dos dí­as, una noche’ haya sido olvidada en pelí­cula extranjera (competí­a por Bélgica) o que su papel sea en francés, arma de doble filo que la podrí­a haber aupado a la posición de «frontrunner» de estar dentro de una pelí­cula arrasadora pero que, en esta situación concreta, parece relegarla a contentarse con la nominación «exótica» de turno.


Reese Witherspoon por Alma salvaje

¿Quién es?

De Nueva Orleans, tiene 38 años y gran fama. ‘Cruel intentions’, ‘Election’ o ‘Walk the line’ (papel que la valió un Oscar y varios galardones más) son algunas de las pelí­culas más destacadas en las que ya participado.

¿Y en la ficción?

En ‘Alma salvaje’ de Jean Marc Vallée adapta las reflexiones de Cheryl Strayed, una mujer que tras sufrir una vida complicada decide irse de viaje existencial por el desierto del Mojave con el fin de encontrarse a sí­ misma.

A favor:

Su papel ha sido muy destacado en el filme del director de ‘Dallas Buyers Club’ (que ya aupó a sus actores a la victoria el pasado año) y este podrí­a haber sido el año de Reese: produce un éxito de público como ‘Perdida’ y ha sido aplaudida por sus papeles secundarios en ‘La buena mentira’ y ‘Puro Vicio’ de Paul Thomas Anderson. Además, gustan los papeles redentores tanto para el intérprete como para el personaje de turno. Ha estado presente en los principales premios.

En contra:

Su «buzz» (y el de la pelí­cula que protagoniza) se ha desinflado mucho y su Oscar parece demasiado cercano. Además no ha acabado de materializar todos los éxitos y alegrí­as que los proyectos que tení­a entre manos este pasado 2.014 podí­an haberla dado.

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Crí­tica | Loreak

La figura femenina es un elemento al que el cine español recurre con frecuencia. Ya lo hablamos en nuestra crí­tica de ‘Volver’ y en el Fight Club de las actrices nominadas este año al Goya: mujeres fuertes, independientes y sí­mbolo – además – del más arraigado, en una forma u otra, costumbrismo patrio. Precisamente a los Goya ha llegado, un filme vasco de pequeña envergadura comercial pero grandí­sima influencia emocional: ‘Loreak (Flores)’ que, con tan sólo dos nominaciones, se erige como «la Cenicienta» del quinteto nominado aun habiendo desbancado a producciones tan relevantes en el panorama cinematográfico nacional como ‘8 apellidos vascos’ o ‘10.000km’.

Loreak’ es una de esas historias de mujeres que mencionábamos. Concretamente, de tres de ellas. Es, también, otra de esas pelí­culas que aprovechan la lí­rica de la sencillez para cargar de belleza visual una serie de «historias mí­nimas» con grandes conflictos y dilemas morales, sentimientos humanos. Desde la pérdida y el duelo, como núcleo unificador y central de un misterio ejecutado con suma delicadeza, hasta la autoestima y el afecto, patente en el más explí­cito simbolismo del filme (las enigmáticas flores del primer acto), la cinta presentada con estupendas crí­ticas pero sin premio en el pasado Festival de San Sebastián, aborda terrenos emocionales comunes componiendo un fresco casi pictórico en el que la luz, mediante el excepcional – e injustamente obviado por la Academia – trabajo de fotografí­a de Javier Agirre, adquiere dimensión, no solo artí­stica o estética sino, narrativa y casi tangible.

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Igual de excepcional y sensible es el trabajo de las tres actrices protagonistas que, junto a un buen Josean Bengoetxea en el único papel masculino relevante, conforman el esqueleto del largometraje. Nagore Aranburu, Itziar Ituño y la fantástica anciana Itziar Aizpuru conmueven mediante la contención, destacan con una belleza y expresividad únicas, perfectamente medidas, y siguen los caminos propuestos por un guión que esconde en un exquisito cuidado e interés por los detalles y el simbolismo, un drama emocional, profundo y reflexivo: una historia sobre la necesidad de sentirse querido, amado, apreciado o simplemente acompañado con algunas secuencias que resuenan más allá del metraje y algunos elementos que empapan al espectador de cierta melancolí­a, de un romanticismo lúgubre y, sobre todo, de verdad. A veces, de dolorosa verdad.

Bien es cierto, no obstante, que pese al extraordinario sentido de la sensibilidad del que hace gala esta ‘Loreak’, su ritmo se ve afectado por un dilatado – quizá de forma deliberada – prólogo que, aunque desencadena en lo que por momentos podrí­a resultar un thriller ultra-intimista, puede enfriar al espectador y hacer que se muestre menos receptivo a los vaivenes de una segunda parte más potente e intensa emocionalmente, con secuencias de montaje (como la de los restos fúnebres que se entrelazan con la «remodelación», por decirlo de alguna forma, de la terraza) y atmósferas (la conversación en el coche, bajo la lluvia) subyugantes así­ como tensos diálogos entre las dos mujeres que se resisten a creer la otra parte de sus propias historias, los hechos ajenos.

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Técnicamente cuidada y preciosista, ‘Loreak’ puede ser demasiado pequeña en ambición y resultado para superar a propuestas como ‘Magical Girl’ o ‘La Isla mí­nima’ pero sin duda, estamos ante un pequeña y valiosa pieza cinematográfica con detalles que llegan a ser imponentes e insondables muestras de evidente talento (las actrices, Javier Agirre, la elegantí­sima dirección de Jon Garaño y Jose Mari Goenaga, el efectivo trabajo de Pascal Gaigne como compositor…) y ante un poderoso retrato en clave femenina.

Los Premios Goya en cinco datos

Solo queda una semana para una nueva edición de los Premios Goya y, como sabéis, en BFace Magazine estamos realizando un completo especial que los analiza desde todo punto de vista. Hoy nos fijamos en los datos y récords más relevantes y curiosos de las veintisiete ediciones de los grandes premios del cine español.


1. Las (más) grandes triunfadoras

Mar_adentro-162304042-largeNo es habitual que en los Goya haya una gran triunfadora que arrase con más de una decena de premios. De hecho, solo dos pelí­culas han conseguido esta hazaña: Mar adentro, de Alejandro Amenábar, es la cinta más premiada de la historia con catorce estatuillas (incluida, claro, mejor pelí­cula), seguida de la obra de Carlos Saura, ¡Ay, Carmela! que en 1990 obtuvo trece «cabezones». Con diez quedó la reciente Blancanieves de Pablo Berger y con nueve Pa Negre (Agustí­ Villaronga) y Belle í‰poque de Fernando Trueba.

El Rey pasmado Las brujas de Zugarramurdi son los largometrajes que más premios han obtenido (ocho) sin ganar la categorí­a principal, mientras que el filme más nominado fue Dí­as contados de Imanol Uribe (1994) que también materializó ocho de las diecinueve candidaturas que obtuvo.

Solo tres pelí­culas han obtenido los cinco premios principales (pelí­cula, dirección, actor, actriz y actor): las mencionadas Mar adentro ¡Ay, Carmela! Te doy mis ojos, de Icí­ar Bollaí­n.


2. Las grandes derrota(da)s

A_tame-813780293-largeAsí­ como tras la cara de una moneda siempre hay una cruz, tras las grandes victorias en los premios del cine español, hay una derrota de mayor o menor envergadura. Las más sangrantes son las de ¡ítame!, perdió sus quince candidaturas en 1990 frente a la todopoderosa ¡Ay, Carmelay a otros largometrajes como Las cartas de Alou, y las más recientes Los girasoles ciegos (solo obtuvo el premio al mejor guión adaptado el año en el que Camino casi hací­a pleno al conseguir 6 de los 7 Goyas a los que aspiraba), Grupo 7 (pese a sus dieciséis candidaturas «solo» rascó mejor actor secundario y actor revelación entre el reparto Blancanieves-Lo Imposible) y Balada triste de trompeta (dos, maquillaje y efectos visuales, de quince en la edición de Pa NegreTambién la lluvia Enterrado).

Alatriste (3 de 15), La comunidad (í­dem.), Mujeres al borde de un ataque de nervios (5 de 16) o La piel que habito (4 de 16) son otras de las pelí­culas que no dieron todo lo que se esperaba de ellas.


3. Los favoritos de la Academia

alberto-iglesias-goya-2010_referenceEl compositor Alberto Iglesias, uno de nuestros valores más internacionales, es también el profesional con más premios Goya en su vitrina: diez (y otras dos nominaciones que no llegaron a buen puerto). Le siguen Reyes Abades, que es el profesional más nominado, con 9 Goyas a los mejores efectos visuales y otras 7 nominaciones y Alejandro Amenábar con otros 9 (repartidos: 3 como director, 4 como guionista, 1 como productor y el restante como compositor) y cinco nominaciones más.

Los directores más premiados son Fernando Trueba, Alejandro Amenábar y Fernando León de Aranoa mientras que Pedro Almodóvar ostenta el mayor número de nominaciones, ocho de las que ha ganado dos (Todo sobre mi madre Volver).

En el apartado interpretativo masculino destacan Javier Bardem, cinco Goyas como actor; Fernando Fernán Gómez, tres, y Luis Tosar y Juan Diego (actor más veces candidato), también con tres. Por su parte, Carmen Maura y Verónica Foqué son las féminas más premiadas con cuatro estatuillas cada una, y Laia Marull, la única intérprete en conseguir los premios a actriz protagonista, secundaria y revelación. Maribel Verdú es la mujer que más candidaturas interpretativas tiene: un total de diez, y dos premios.


4. Los triunfadores más jóvenes… y mayores.

nerea-camacho-goya-caminoHasta que hace tres años se implantase la absurda, a ojos del que escribe, regla de que ningún intérprete de menos de dieciséis años pudiese optar al Goya, no era poco frecuente observar como niños, adolescentes, se alzaban emocionados con el Goya en la candidatura de revelación. El más joven fue Andoni Erburu quien con diez años triunfó junto a Secretos del corazón (1997), mientras que James Bentley fue candidato con solo siete años por la exitosa Los Otros. Ivana Baquero (El laberinto del Fauno) y Nerea Camacho (Camino) ganaron con poco más de doce años. Jorge Sanz y Pilar López de Ayala fueron los intérpretes más jóvenes en ganar el Goya a mejor actor protagonista, con 20 y 23 años respectivamente.

En el lado opuesto, Fernando Fernán Gómez (77 años, El abuelo) y Rafaela Aparicio (88 años, El mar y el tiempo) son los intépretes galardonados de mayor edad, aunque – como curiosidad – Lolita tiene el tí­tulo de ser la ganadora como actriz revelación más mayor (44 años en Rencor).


5. Las ceremonias más exitosas.

Uno de los apartados más criticados casi todos los años es la gala en la cual se entregan estos importantes buenafuente-c2aealberto-ortegapremios. Este año, Televisión Española ha decidido devolverlos al prime-time del sábado decisión ciertamente ambigua y polémica puesto que, a pesar de que podrí­a parecer (y es) un dí­a más cómodo para los invitados a la ceremonia y posterior fiesta y para muchos de los aficionados del evento, es una franja de generalmente menor audiencia. Veremos si Dani Rovira consigue congregar a todos sus fans (pre y post Ocho apellidos vascos) el próximo siete de febrero.

Hasta entonces, es Andreu Buenafuente el presentador más exitoso superando los cuatro millones y medio de espectadores en la gala más vista de la historia (2010) y los cuatro millones doscientos mil en su segunda participación. Eva Hache también superó la barrera de los cuatro millones un año después. Sin embargo, la a menudo comentada presentación de Antonia San Juan en 2000 fue la que obtuvo una mayor cuota de pantalla (algo más del 30% de los televidentes congregados ese dí­a frente a la pantalla), justamente en la única ocasión en la que la gala salió de Madrid para celebrarse en Barcelona.

Tras las tres primeras ediciones, curiosamente la gala con menor cuota de pantalla fue la más politizada: 2003, Alberto San Juan, Willy Toledo y el famoso «No a la guerra» seguida de la de 2004 (Cayetana Guillén-Cuervo y Diego Luna) y la última edición, presentada por un Manel Fuentes cargado de sombra de ojos pero poco afortunado.


¿Habrá algún nuevo récord tras la noche del 7 de febrero? ¿Batirá La isla mí­nima Mar adentro? Estaremos atentos.

Guí­a visual para unas navidades ‘Solo en casa’

Sabemos que las navidades son, por definición, una época de reunión familiar. Y sabemos también que, en algunos momentos de estas fechas señaladas, más de uno desearí­a con todas sus fuerzas vivir las fiestas «solo en casa».

Y es que hoy, en el primer especial navideño de El Celuloide, hablamos de una de las pelí­culas imprescindibles para ver durante esta época: Solo en casa, la comedia familiar de Chris Columbus que dio a conocer al icono (y no solo para mí­, sino también para el mismí­simo Ryan GoslingMacaulay Culkin y cristalizó en pantalla todas las fantasí­as de los jóvenes, y no tan jóvenes, de ayer y hoy.

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Poco hay que decir de uno de los filmes más efectivos en sus propósitos de la historia del cine, una comedia familiar tontorrona pero divertida y, en su justa medida, enternecedora. Una especie de sueño universal hecho realidad protagonizado por el pequeño Kevin, un niño que es olvidado por accidente en casa cuando el resto de su abultada familia viaja a Parí­s a pasar las vacaciones de Navidad. A partir de ahí­, y con la excelente y nominada al Oscar banda sonora de John Williams, el filme alimenta los anhelos más traviesos de la infancia con una serie de originales y sólidos gags donde abunda la comida basura, el desorden, las pelí­culas «de mayores» y algún que otro terror o inseguridad… Porque, al final, por muy lejos que a veces queramos tenerla, familia solo hay una.

Con profundo espí­ritu nostálgico-generacional, Solo en casa se erige como una gominola agradable de degustar, siempre entretenido, y – como los ositos Haribo – naturaleza de imperdurable y recurrente clásico, incluso, electrizante.

Y ahora, en forma de particular regalo para mitómanos y solitarios de un servidor, os dejo la guí­a definitiva de cosas que hacer si pasas unas Navidades solo en casa. Por cortesí­a de nuestro pequeño Kevin McCallister:

1. Gritar como loco. Y correr por toda la casa.

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2. Tirarse en trineo por las escaleras.

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3. Comer helado como si no hubiese mañana.

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4. Ver pelí­culas violentas «de mayores»…

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5. … y repetir sin cesar algunas de sus frases.

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6. Sacar a paseo la tarántula de tu hermano.

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7. Cotillear en los cajones privados de tus familiares.

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8. Utilizar todos los «potingues» de tus padres.

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9. Vengarse de los vecinos.

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10. Livin’ la vida loca… like a Sir

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Fight Club IV: Marí­a Valverde vs Blanca Suárez

Quiero la revancha.

Querida Imma, la semana pasada nos propusiste un duelo de actrices de altura pero… ¿dónde quedó la reivindicación que hiciste del producto patrio en ese primer e inolvidable Fight Club entre De la Torre y Arévalo (Raúl)? ¡No vendamos la sección a la apabullante (y, atractiva, sí­, mucho) maquinaria hollywoodiense y sigamos enfrentando a lo mejorcito de nuestra casa! Porque Imma, que se quiten Lawrence’s, Stone’s y rubias yankees varias donde estén nuestras actrices/sex-symbol/modelos de lencerí­a.

Como ya todo el mundo conoce las reglas de nuestro Club de la Lucha y sabemos de sobra que podéis guardar nuestro «pequeño» secreto, podemos pasar directamente a lo que importa: el duelo.

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Pues sí­, hoy enfrentamos a Marí­a Valverde y Blanca Suárez. Las abanderadas de nuestro peculiar relevo interpretativo nacional: la primera, ojito, está arrasando también internacionalmente con su papel en «˜Exodus’ de Ridley Scott, super producción estadounidense rodada en España que reserva para la también protagonista del último anuncio de Freixenet (espléndida burbuja) un importante papel secundario como la esposa del Moisés que interpreta el deseado Christian Bale. Próximamente, la actriz estrenará ‘Libertador’, candidata venezolana a los Oscars 2015, el corto de animación ‘A lonely sun story’ y  ‘Ahora o nunca’, comedia romántica con Dani Rovira dirigida por Maria Ripoll (ahora en salas con ‘Rastros de sándalo’) que promete mucho. La segunda, por su parte, continua su carrera televisiva y acaba de ser confirmada para protagonizar la nueva gran serie de la televisión pública tras «˜Isabel’, «˜Carlos, Emperador’, y tiene pendiente de estreno las miniseries «˜Los nuestros’ y «˜La bella y la bestia’. En cine, tras ser dos veces chica Almodóvar, protagoniza el próximo estreno «˜Perdiendo el norte’ junto a Yon González, Julián López y José Sacristán… ¿la sustituta del fenómeno «˜Ocho apellidos vascos’ en 2015?. Ese es su futuro pero, ahora, volvamos cual Marty McFly al pasado.

ORíGENES.

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No, no vamos a hablar del último éxito indie de Mike Cahill (aunque Brit Marling Astrid Bergí¨s-Frisbey bien podrí­an formar parte de nuestro club) sino de las raí­ces de estos dos pequeños fenómenos carpeteros con tantos fans a sus espaldas. El salto al estrellato de Marí­a Valverde (Madrid, 1987;  c0mo el filme de David Trueba que protagonizó) se produjo con el estreno de ‘La flaqueza del bolchevique’, su papel, además, más galardonado. Con el filme de Manuel Martí­n Cuenca (quien posteriormente estrenarí­a la fantástica ‘Caní­bal’… los «fight club» son, como el mundo, un pañuelo) ganó el Goya a mejor actriz revelación y fue en 2007 cuando cristalizó su estatus de estrella «teen» con las justitas ‘Ladrones’, ‘El rey de la montaña’ ‘El hombre de Arena’. En 2009 dio el salto internacional con la desconocida gema irlandesa ‘Cracks’ en la que protagoniza una turbulenta relación con Eva Green  y Juno Temple y donde conoció a Ridley Scott, productor del filme. No fue sin embargo hasta hace tan solo cuatro años, 2010, cuando con el inicio de la franquicia Moccia en España se convirtió en una verdadera estrella: ‘Tres metros sobre el cielo’ ‘Tengo ganas de ti’ y las posteriores ‘La mula’ y, sobre todo, ‘A puerta frí­a’ (premiadas en Málaga) la convirtieron en una actriz querida por las masas pero también respetada por la crí­tica. En televisión destacó en la infravalorada ‘La fuga’.

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Blanca Suárez, nacida en la misma ciudad un año después, curte su carrera en otro medio distinto: la televisión. Las exitosas series ‘El internado’, primero, y ‘El barco’, después, la convirtieron también en otro de los rostros más representativos del mundo audiovisual español. El salto de calidad la llegó sin embargo en el cine y de la mano de uno de los más grandes: Pedro Almodóvar la reservaba uno de los papeles secundarios más interesantes de su polémica ‘La piel que habito’ (por la que fue nominada al Goya a mejor actriz revelación) y debió quedar satisfecho pues repitió en un papel de similar envergadura en su alocada ‘Los amantes pasajeros’. Entre medias, Suárez protagonizó ‘The Pelayos’ ‘Miel de naranjas’, dos propuestas de vocación medianamente comercial y buena factura que se quedaron en tierra de nadie. Y antes, habí­a tenido papeles menores en ‘Carne de neón’ y ‘Fuga de cerebros’. El salto oceánico aún se la resiste.

«Solo dos hombres por pelea»…

Así­ dice la cuarta regla. Y es que estas dos bellas muchachas siempre han estado muy bien acompañadas… pero ahora permanecen solteras (si es por falta de pretendientes, aquí­ uno dispuesto a hacer el esfuerzo).

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La primera protagonizó una intensa historia de amor con su compañero en pantalla Mario Casas mientras que Blanca hizo lo propio recientemente con el cantante Dani Martí­n. Ambas relaciones terminaron ya y, parece, que no de muy buenas maneras.

Así­ pues, eso es todo, pues no entraré a juzgar más aspectos de los adecuados. La polémica está servida y la resolución complicada… Yo me quedo con Valverde y su inteligente carrera en la gran pantalla pero, ¿tú? ¿a quien prefieres? Vota en nuestra encuesta y decide quien gana el combate.

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¡FIGHT!

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Fight Club II: Los Minions vs Los Pingí¼inos de Madagascar

Primera regla: Nadie habla sobre el Club de la Lucha

Segunda regla: Ningún miembro habla sobre el Club de la Lucha

Poco hay que decir. No podemos mencionar el Club de la lucha pero aquí­ estamos, de nuevo, tentando al destino en una segunda entrega donde relatamos los enfrentamientos más cinéfilos de nuestro ilustre y (no tan) secreto grupo. Si mi compañera Imma os filtró la más dura pelea del panorama interpretativo español hace apenas una semana, a mi me corresponde sacar a relucir un enfrentamiento aún más animado. Los Pingí¼inos de Madagascar estrenan pelí­cula homónima en todos los cines este viernes y aunque ahora parecen ostentar todo el protagonismo en el panorama cinematográfico tienen unos rivales que esperan, al próximo verano, para asaltar también la gran pantalla… Los Minions.fightclub

Pequeños pero matones. ¿Quién ganará?

Tercera regla: La pelea termina cuando uno de los contendientes grita «basta», desfallece o hace una señal.

Como en el primer enfrentamiento, parece muy difí­cil que alguno de estos personajes desfallezca, al menos, en un periodo de tiempo corto. Quizás los simpáticos ¿aliení­genas? amarillos están más frescos para el enfrentamiento pues su primera aparición se remonta tan solo a cuatro años atrás mientras que el agente Kowalski y compañí­a remontan sus primeras aventuras a 2005… Sin embargo, quién sabe, por todos es conocido que los pingí¼inos acabaron sucumbiendo al eterno «Yo quiero marcha, marcha».

Cuarta regla: Solo dos hombres por pelea

He aquí­ un problema. Imposible resulta enfrentarles uno a uno y, si accedemos a vulnerar la de por sí­ invulnerable regla de nuestro Club de la lucha, el combate podrí­a resultar descompensado… o no. Son cuatros los pingí¼inos por incontables minions pero no debemos subestimar el poder del equipo bicolor que con su dominio de las artes marciales y su capacidad para confundir y desconcentrar a partir de ametralladoras series de chistes malos sin tregua pueden acabar por placar los artilugios mecánicos de los seres amarillos que, sin el gran jefe Gru, pueden y parecen pecar de falta de organización.

Quinta regla: Solo una pelea cada vez

Difí­cil asegurar que esta será la última pelea entre las bandas de secundarios más conocidas del cine animado reciente pero como toca acatar las reglas impuestas (que ya nos hemos tomado a la ligera lo suficiente) condensaremos los extensos méritos de ambos contendientes en un solo encuentro:

Los pingí¼inos tienen a sus espaldas tres exitosas pelí­culas de la saga Madagascar, de la cual eran ilustres robaescenas, que han amasado casi 600 millones de euros bajo el sello Dreamworks. Varios cortometrajes y especiales para televisión, videojuegos y hasta, y ahí­ viene el as que esconden en la ¿manga?, una exitosa serie propia de animación impulsada por Nickelodeon y emitida en cadenas de todo el mundo. Ahora además estrenan una pelí­cula a su mayor gloria, donde poder desarrollar todos… sus «encantos».

PicMonkey CollageBFACE1Los minions llegaron cinco años después y desde entonces han sido una máquina de conquistar corazones y amasar dinero. Con solo dos pelí­culas también reúnen casi 600 millones de dólares y han ido adquiriendo cada vez más protagonismo en la franquicia Gru (Despicable me) hasta protagonizar otro buen puñado de piezas breves y, el próximo verano, una pelí­cula ¿a su altura?. Los minions, además, aventajan a los pingí¼inos en recepción crí­tica y galardones: dos nominaciones a los Oscar que, queramos o no, pesan.

Desde luego, y aunque el salto individual a televisión de los espí­as más molones del zoo haga ganar enteros a los pingí¼inos, los minions sobresalen en calidad, importancia y recaudación. Quizá el enfrentamiento cambie una vez podamos juzgar ambos «spin-off».

Sexta regla: Se peleará sin camisa y sin zapatos.

Esta es fácil. No habrá problema en convencer a nuestros dos contrincantes para que acaten el sexto precepto pues, más allá de los monóculos y petos de los esbirros, caminan a sus anchas… Desnudos.

Sin embargo, propongo derogar esta norma para animar un combate ya de por sí­ hilarante. Los animales polares son auténticos maestros del camuflaje mientras que es irresistiblemente divertido, divertidí­simo, observar a los minions en alguna de sus locas aventuras: disfrazados, trasvestidos y realizando imitaciones desbordantes de locura. ¿Que no te lo crees? Para muestra, un botón:

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=wd4Oxk11PA0[/youtube]

Séptima regla: Cada pelea durará el tiempo que sea necesario

El tiempo que sea necesario… El tiempo que sea necesario… ¿Y cuánto tiempo lo es? Los Pingí¼inos llevan en nuestra vida casi diez años y no hay planes de que sigan siendo, como has ahora, habituales: Madagascar parece una saga cerrada (hasta que a la factorí­a de Spielberg se le ocurra, por creatividad o necesidad, reabrirla) y los personajes comienzan a tener achaques, a sufrir desgaste. Marcha sí­, pero hasta cierto punto.

Los Minions en cambio parecen estar en auge. Se han convertido en un auténtico icono de la cultura popular y el próximo año, si su peli funciona, pueden afianzar su liderazgo. Son personajes tan absurdos como frescos, enérgicos y sorprendentes para los que todaví­a no se conoce final. De momento, está confirmado un cierre de la trilogí­a Gru para 2017 cuando los indefinibles seres cumplan siete años desde su primera aparición. Quizá entonces, deban comenzar a ceder el relevo.

Octava regla: Si esta es tu primera noche en El Club de la Lucha… TIENES que pelear.

Deben y lo han hecho. A la espera de, como he dicho, los resultados artí­sticos y económicos de las dos adaptaciones de ambos personajes (¿necesario, sacacuartos o ambos?) los minions, en un menor periodo de tiempo, sacan notable ventaja a los Pingí¼inos y parece que, mientras los segundos entran en su etapa final, los primeros tienen cuerda para rato. Sin embargo nada está cerrado y un golpe de efecto de sus creadores puede cambiar las tornas en cualquier momento.

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=y2_wbsLQtoQ[/youtube]

[youtube]https://www.youtube.com/watch?v=p50XRUvHnEU[/youtube]

¿Y tú? ¿Qué opinas? ¡Vota en nuestra encuesta y… FIGHT!

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Delicioso y siniestro «stop-motion» | ‘Coraline’

Con motivo del estreno de Los Boxtrolls, la nueva apuesta de los estudios de animación Laika de cara a los próximos premios Oscar, y a la celebración de Halloween rendimos homenaje a la primera y aclamada obra de esta particular factorí­a que poco a poco se va haciendo un hueco entre las grandes (Disney Pixar, Dreamworks y Ghibli): Los mundos de Coraline, siniestra adaptación de una obra de Neil Gaiman que recuerda – mediante su oscuro stop motion – a otras aplaudidas cintas del estilo como Pesadilla antes de navidad, del mismo director (Henry Selick).

«Una aventura demasiado extraña para explicarse con palabras». Algo así­ decí­a el tag-line que podí­a leerse en los pósters americanos de la pelí­cula que nos ocupa. Y, realmente, podemos corroborar que la afirmación es completamente cierta: Coraline es una niña que, harta del control de sus padres y de la vida, encuentra una puerta secreta que la transporta a una realidad paralela aparentemente mejor. Sin embargo, lo idí­lico se torna cada vez más oscuro y terrorí­fico dando lugar a una sombrí­a aventura que puede remitirnos al cine de Tim Burton. Los mundos de Coraline es deliciosamente enrevesada, con un fondo narrativo muy adulto y una atmósfera agobiante, opresora y rabiosamente mágica.

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Los mundos de Coraline destaca precisamente por su extraordinaria capacidad para crear mundos únicos y absorbentes, por la aparente facilidad con la que esta auténtica y cuidadí­sima pieza de orfebrerí­a juega con la siniestra idea de los mundos paralelos planteando un debate tan eterno como jugoso: los lí­mites entre el bien y el mal, los beneficios y perjuicios de ambos polos. Además el filme se atreve a abordar el conflicto materno-filial en la adolescencia, la insatisfacción propia de la edad, lo desconcertante del primer amor… Los personajes trascienden más allá de la plastilina desarrollando su doble personalidad entre la caricatura circense y el surrealismo más angustiante.

Selick impone constante y creciente tensión que solo titubea en su sobrefinal, tendente ligeramente a la moralina, y crea una obra de belleza extraña, que combina una paleta de colores muy llamativos con entornos de naturaleza oscura, y narración inmersiva. El espectador vive casi en primera persona esas desventuras propias de la peor de las pesadillas febriles dado un ritmo que, sin resultar trepidante como tal, avanza firmemente equilibrando el retrato psicológico de los personajes con el cuidado tratamiento del entorno que, mediante esa casa que nos remite al hogar de Norman Bates en Psicosis y sus inmediaciones, se convierte también en fundamental (en incluso, en ocasiones, principal) protagonista de la cinta.

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Por momentos Los mundos de Coraline recuerda al reverso terrorí­fico del paraí­so azucarado de Willy Wonka, en otros resulta incomparable por, precisamente, sus calculadas referencias -hay ramalazos del anterior Selick, Pesadilla antes de navidad, aunque esta sea infinitamente más tenebrosa… Y, para bien o para mal, sin carismáticos números musicales- y su acertado a la par que desconcertante uso del humor (ácido).

Asfixiante, lúgubre, siempre hipnótica técnicamente, Los mundos de Coraline no es una obra perfecta y quizá allí­ se halle la explicación sobre por qué, en cambio, posee un alma tan arrolladora. Fantasmas, puertas hacia realidades paralelas, telas de araña, madres maléficas, botones por ojos, stop-motion y un gato negro… ¿Acaso se os ocurre mejor plan para este Halloween?

El paso del tiempo | ‘El curioso caso de Benjamin Button’

Este viernes, precedida de uno de los mayores «hype» de la temporada, llega a las pantallas de los cines españoles Perdida, adaptación de la hiper-exitosa novela de intriga escrita por Gillian Flynn dirigida por uno de los realizadores de mayor renombre en el panorama internacional actual: el estadounidense David Fincher.

Fincher cuenta con una filmografí­a prácticamente impoluta, con nueve obras anteriores a esta, su último y esperado estreno, más o menos estimadas por crí­tica y público: Zodiac, El club de la lucha, Seven, La habitación del pánico o las más recientes y también plausibles La red social y The girl with the dragon tatoo. También es conocido su trabajo detrás de las cámaras de algunos populares videoclips y como creador de la reciente serie House of cards, también aclamada por la mayor parte de los seriéfilos. En El Celuloide también morimos de ganas de ver Perdida y, para amenizar la espera, rendimos homenaje al director analizando una de sus obras más complejas, densas e – quizás y pese a su abultada presencia en los Oscars – infravaloradas en el tiempo: El curioso caso de Benjamin Button.

Precisamente el tiempo es la piedra angular de esta adaptación del relato de F. Scott Fitzgerald. Y lo es, además, tanto en fondo como en forma. Por un lado, es inevitable que la narración (breve en su material literario original) quede ciertamente supeditada a la extensa duración que impone Fincher a su versión cinematográfica: 167 minutos pueden parecer muchos para una pelí­cula que avanza con sobrada calma y que abandona – hasta su último tercio – una narrativa lineal o convencional (constituyente esta de parte de la esencia que hace único al filme) en favor de la creación de una atmosférica, envolvente, «pelí­cula-rí­o». Sin embargo, para un servidor, todo fluye en El curioso caso de Benjamin Button, una pelí­cula densa por naturaleza y exigente en según qué tramos que, del mismo modo, recompensa al espectador con la sobrada demostración (otra vez) de inteligencia y destreza visual del director que consigue trascender más allá de las imperfecciones, irregularidades rí­tmicas, del relato para construir un largometraje siempre sugerente y estimulante, con delicioso potencial visual que desencadena la composición de algunos planos inolvidables.

Por otro lado, el tiempo es también – sin duda – el eje narrativo de la cinta: la premisa que narra la extraordinaria historia de un hombre igualmente extraordinario (nace anciano y va rejuveneciendo a medida que el tiempo transcurre, en vez de seguir el ciclo natural de la vida) es una excusa para reflexionar sobre el valor del tiempo, de lo que hacemos durante el que nos corresponde, de lo que no y también de las casualidades que intervienen cual inercia en cada uno de los momentos de nuestra vida. ¿Existe el destino? El curioso caso de Benjamin Button no responde con firmeza a esa pregunta, si no que la plantea alejándose por completo de pensamientos ideológico-religiosos, dejando que las reflexiones existencialistas broten en la mente del espectador de forma natural a lo largo del desarrollo. No hay respuesta para esa pregunta, tampoco explicación para el misterio del personaje de Benjamin Button. Fincher deja a la lí­rica más pura y bella del séptimo arte apoderarse de cada atisbo, cada poro, cada minuto de su obra que transcurre con altibajos pero sin trompicones gracias a un excepcional montaje. Como ya he dejado caer, estamos hablando de una pelí­cula impecable en lo técnico: la maestra dirección de Fincher es acompañada por la a veces lúgubre y otras maravillosamente luminosa, fotografí­a de Claudio Miranda y los esfuerzos artí­sticos de sus departamentos de maquillaje, vestuario y diseño de producción. Por supuesto, mención aparte merece la composición musical de un Alexandre Desplat, por entonces, en plena efervescencia de reconocimiento que empasta perfectamente con el tono del filme, gracias a tonos delicados y a reminiscencias clásicas.

El curioso caso de Benjamin Button es también un milagro en lo que a su guión se refiere. El relato es un material prácticamente inadaptable, de magna envergadura dramática en la que multitud de personajes e historias se cruzan alrededor de una preciosa historia de amor central y… atemporal. Pero Fincher (con el guión de Eric Roth, imperfecto pero igualmente asombroso) consigue lo imposible al trasladar la obra literaria al medio cinematográfico con aparente facilidad, manteniendo la fuerza original y la sensación de haber creado una obra «enorme». Por último es inevitable mencionar el trabajo de Cate Blanchett, como una bohemia bailarina que derrocha elegancia, sensualidad y sentimientos, y el de Brad Pitt, en el que sin duda es uno de los mejores papeles (e interpretaciones, por consiguiente) de su carrera. También apreciables las actuaciones de Taraji P.Henson, Tilda Swinton Julia Ormond y, por supuesto, el agradecido descubrimiento de una debilidad personal: Elle Fanning.

Quizá la obra más clásica de Fincher sea también la más poética y bella. Un relato arrebatador que, junto a la también indispensable El árbol de la vida (de Terrence Malick), constituye una de las mejores, mayores y más complejas reflexiones sobre la vida y la muerte, el sentido de las mismas, el tiempo y el destino provenientes del cine americano contemporáneo. Sin duda, excelente, prodigiosa, única.

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