Jorge Drexler: «El rango del acto creativo depende del silencio creativo»

El pasado viernes 4 de noviembre, arrancó la gira de Los Cómplices de Mahou en la Sala Galileo con unos invitados maravillosos: Jorge Drexler y Marlango. El cartel ya daba por sentado que la noche sería muy especial. Pero por si esto fuera poco, tuvimos 10 minutos para charlar con el uruguayo antes del espectáculo.

Soy muy fan de este hombre. No lo voy a esconder. En mi habitación de estudiante, hace como 100 años, me pasaba horas, horas, colgada como una computadora con su voz de fondo. Así que al «tengo un hueco, ¿quieres entrevistar a Jorge Drexler?» mi cuerpo, en ebullición, contestó un sí rotundo y activó la maquinaria de supervivencia de alguien que no es periodista y tiene que actuar como tal. Es decir, echar mano de buenos amigos que sí lo son para unos consejos de última hora.

Con este trasfondo os podéis imaginar mis nervios al sentarme cara a cara con él. Y bueno, así se lo hice saber:

Si fueses tú el que tuviera que hacerte la entrevista, ¿cómo la empezarías?

Diciendo que estoy muy nervioso (risas). El periodismo es una profesión preciosa, pero incluye todas las sensaciones del diálogo humano, del intercambio, incluidos los nervios. Los nervios no son lo peor que le puede pasar a una persona. Lo peor para mí es la desidia, el desinterés, digamos. Los nervios es la señal de que por lo menos la persona está involucrada en lo que está haciendo, está dentro. ¿Cómo empezaría yo la entrevista? Eh…no lo sé.

Alguna pregunta que enganche al lector.

No lo sé. Estoy tentado de decirte que no lo sé y que me alegro de no tener que hacerlo. (risas)

¿Qué hay al otro lado del río de Jorge Drexler?

A veces hay una tendencia a pensar que la persona se corresponde con lo que uno ve de ella en el escenario o escucha en las canciones. Por más que el personaje que yo asuma sea aparentemente cercano de mí; o sea tiene mi nombre y es la misma persona y no es Ziggy Stardust de David Bowie, por ejemplo. Por más cercano que uno mismo crea que su personaje está de sí mismo, nunca está suficientemente cercano.

Al otro lado de esa persona siempre hay cosas que uno se cuida mucho de no llevar al escenario. Y cosas en el escenario que amplifica. Uno elige amplificar una parte de sí.

Yo creo que una persona es como una bola de espejos multirreflectantes, digamos. Que devuelve la luz en todas las direcciones. Y el artista son tres o cuatro espejitos de esa bola.

Que se van moviendo, van cambiando. No es lo mismo lo que uno contaba cuando tenía 25 años que lo que cuenta con 52, por ejemplo.

Ayer , en otra entrevista que hice, me trajeron un vídeo mío de cuando tenía 29 años, que recién estaba empezando a tocar en vivo. Y me llamó mucho la atención porque era yo, evidentemente, me identifico totalmente, pero estaba totalmente desplazado de lo que yo mostraba. Era otra cosa de lo que yo mostraba y era otra cosa lo que ocultaba.

¿Y ahora?

Ahora sigo estando desplazado de lo que yo soy pero muestro otras fases, digamos. Por eso te digo que uno elige mostrar al público sólo un pedazo de la bola de espejos. Y hay otra cosa atrás. Hay una versión que tiene de uno mismo su público, otra su exmujer y no suelen coincidir (risas).

Estudiaste Medicina y llegaste a trabajar de ello.

Sí, trabajé tres años como médico.

Tanto la medicina como la música son algo muy vocacional. ¿Qué fue lo que te hizo dar el paso hacia la composición?

Sinceramente creo que se pueden tener muchas vocaciones. Y yo he tenido la suerte de sentirme también en casa en la medicina. Hubiera estado encantado si hubiese seguido trabajando como médico, pero se produjo el curioso fenómeno de que tenía otra vocación además, que era la música. No solo además, sino de mucho antes. Yo empecé a estudiar música con 5 años y Medicina con 18. Las hice juntas durante mucho tiempo. Pagué mis dos primeros discos con la Medicina, pero en cuanto pude vivir solo de la música, me di cuenta que había venido al planeta a dedicarme a eso y no a lo otro, más de lo que yo creía.

Pero me di cuenta tarde, a los 30 años. Soy una persona de desarrollo sumamente lento, que demora mucho en aprender. Espero todavía estar aprendiendo. Pero recién a los 30 tuve mi gran crisis vocacional. Dejé Uruguay, dejé la Medicina, dejé todo mi mundo allí y me vine a vivir a España, a empezar de nuevo cuando tenía la vida realmente resuelta allá. Vengo de una familia de médicos con muchas vinculaciones, entonces estaba trabajando muy bien.

Da vértigo, ¿no? No es fácil cuando estás en una situación acomodada…

Te mentiría si te dijese que fue difícil. Fue tan claro que fue como un estallido. Es como cuando estás buscando casa y de repente entras a una y dices «es ésta». Es más, eres imprudente y se lo dices a la inmobiliaria y ya no consigues ninguna rebaja en el alquiler.

Pero cuando lo ves, lo ves. Es un flechazo, es igual que el amor. Cuando dices «es esto y no tengo ninguna duda». Te pasa pocas veces en la vida.

Has sentido el miedo, el temor, a quedarte sin ideas, a que compongas una canción y no cumpla tus expectativas y digas, ¿y ahora qué?

Unas 240 veces que es el número de canciones que tengo escritas. Cada vez que voy a escribir está ese miedo. Hasta el punto de que pienso que ese miedo es la materia prima de escribir. De verdad. El acto de la creación es el acto de hacer algo a partir de la nada. Es una cosa rarísima. A partir de una hoja en blanco y una guitarra silente que agarrás y de golpe aparece una estructura que es una especie de microcosmos con cierta coherencia interna y con ciertas normas.

Aparece como una especie de cultivo de bacterias organizadas que tiene una vida propia, que tiene un centro, un núcleo, que tiene una periferia que cumple funciones de golpe; o sea se crea una estructura no preexistente. Entonces es muy importante empezar desde cero porque el rango del acto creativo depende del silencio creativo, de la nada. Es cuando se nota más. Igual que se nota más la letra negra cuanto más blanca sea la hoja.

Ese cero creativo sí que produce vértigo, produce mucho miedo y ahí uno aprende en realidad a componer. Aprende a saber que no va a aprender a componer. Y que no pasa nada.

Y que está ahí bien y que siempre le va a dar el mismo trabajo, pero hay que sentarse porque tarde o temprano va a pasar y a tener fe de que va a pasar.

Lo mismo pasa en el escenario. Estás ahí y si estás suficientemente tranquilo aparece de golpe…muerdes la situación y te quedas ahí agarrado. Como si mordieras una manzana y dices «ya la tengo».

Aprovechado que practicas surf, si hacemos un símil mar-música, cuando estás en tu tabla con el mar en calma esperando a que la ola llegue, ¿podría asemejarse esa ola a la inspiración?

Yo soy una persona muy sencilla en la manera de razonar, entonces intento establecer paralelismos entre todas las cosas que hago; y no veo muchas diferencias entre el surf y la composición.

En el sentido de que cada vez que entro al agua, siento un momento de miedo y de desazón. De no conseguirlo, de que no va a pasar. Siempre se lucha contra la rompiente y si tienes suerte llegas atrás de ella que es un lugar tranquilo. Es como la luna, donde flotas y ondulas hasta que viene la ola y ahí vuelve a entrar el vértigo de vuelta.

dsc7804Es un lugar al que sólo se puede ir solo. Igual que la composición. Te pueden acompañar hasta la puerta, te pueden agarrar el cuaderno, pueden estar contigo al lado; pero en el momento íntimo de la escritura, aunque estés con otra persona, en el momento de escribir estás solo.

Y en el surf, te pueden llevar hasta ahí pero hay un momento en que tú decides ponerte arriba de pie y nadie te lo puede explicar. Lo tienes que aprender solito. Llevar a un hijo a una clase de surf es darte cuenta de que lo puedes ayudar a todo, pero en el momento está solo.

Bailar en la cueva, tu último disco, es un disco de celebración, de bailar y de disfrutar. Siempre buscas retos,salir de tu zona de confort. ¿Qué idea tienes para el próximo?

La verdad es que sí, soy un yonqui de la incomodidad. Me gusta salir de mi zona de confort. Estoy siempre escarbando, siempre buscando. Luego intento estar cómodo, pero me gusta mucho moverme de manera pendular.

El disco anterior es muy expansivo. Éste probablemente vaya hacia el otro lado. Hacia el lado más intimista, más minimalista. Un disco para mediados o finales de 2017 opuesto a Bailar en la cueva. Un disco más hacia dentro.

¿A qué poeta te gustaría poner música?

Es difícil poner música a una poesía. Muy difícil de hacer, que no me animaría a hacer. Hay como una especie de redundancia que se vuele muy complicada para mí. Pero no sé…Garcilaso de la Vega. Tiene mucha musicalidad.

En una entrevista dijiste que la nostalgia es una endemia en la sociedad actual.

Sí, cierto. Lo pienso.

Pienso también en la incoherencia, la contradicción. Cada vez hay más cursos de meditación, de yoga, de estar con uno mismo, y sin embargo es en la actualidad cuando más dispersos estamos.

También es un indicador de salud. Hay que ser consciente con toda la sensación de que el mundo va horrible, va espantoso. Esto es cierto en el área ecológica. Pero desde el punto de vista de las sociedades en donde vivimos, la gente va adquiriendo más salud, más años de vida; va extendiendo sus actividades y va entrando en algunas que son un premio para una persona, como estudiar meditación y yoga.

Yo a veces llego a poder ir a la clase de yoga y a veces no. Cuando puedo, voy y me gusta mucho. Lo mismo con la meditación, me gusta mucho, pero no siempre llego a poder incorporarlo a mi vida. Lo considero como un premio. Es una señal de que la sociedad en algunas cosas va mejor. Pero también es un contrapeso, porque vivimos en un mundo de enorme dispersión mental. Donde la gente no va ni al baño sin el móvil. Es muy difícil concentrarse.

Está el libro «Superficiales» (The shallows: What the Internet Is Doing to Our Brains) de Carr, que dice que el cerebro humano está volviendo a la época en que vivía en los árboles y estaba todo el tiempo mirando para un lado, mirando para otro, como un pájaro. Con la cabeza todo el tiempo en movimiento, listos para el multitasking y que hemos perdido la capacidad de concentración. Pero bueno, también hemos ganado muchas cosas.

No quedó tiempo para preguntarle sobre cómo se sentía al compartir escenario con su mujer y su amigo. Pero la respuesta la tuvimos un rato después cuando la complicidad se hizo carne y hueso entre los tres artistas.

Leonor Watling y Alejandro Pelayo, Marlango, hicieron gala de su exquisitez, su dulzura y su buen humor. La actriz y cantante se atrevió además con el italiano y el portugués. Junto con Jorge, nos regalaron momentos únicos con versiones de Radiohead, Leonard Cohen, The Beatles o José Alfredo.

Terminar como trío cantando Todo se transforma tuvo más sentido que nunca aquella noche, en la madrileña Galileo, donde hace años tuvo lugar el primer contacto entre los dos enamorados.

Fotos de Thomas Canet extraídas de la web de Jorge Drexler.

El yin y el yang del Festival Charco

El yin y el yang, esas dos energías que se necesitan y se complementan y cuya interacción genera el equilibrio. Algo así se vivió el pasado fin de semana en el Jardín Botánico de la Complutense bajo una luna casi llena.

Como os adelantábamos, el Festival Charco sería una celebración de la unión cultural entre España e Iberoamérica. Y así fue. Una celebración continua de baile, colores, música y pequeños desastres organizativos.

Este año era la segunda edición del evento y, quizá, fue esa falta de experiencia la que provocó alteraciones en los horarios, acortamientos de las actuaciones como consecuencia y la dolorosa cancelación de Juana Molina; frustrada abandonó el escenario en su segunda canción por culpa de unos monitores que no cumplían su función. Todos echamos de menos alguna explicación por parte de la organización, que se limitó a publicarlo en su página de Facebook.

Juana Molina
Juana Molina

El sol abrasaba y cualquier rincón sombrío nos valía para guarecernos. El suministro de refrigerios no estuvo a la altura, pues al final de la tarde ya no quedaba agua ni cerveza sin alcohol fría. ¿Qué pasa con los que no quieran consumir bebidas espirituosas? La falta de previsión quedó patente una vez más. Pero bueno, tampoco queremos ensañarnos, que nadie nace sabiendo. Al final el objetivo de esta fiesta de la música latina, en su amplio abanico, se cumplió: nos dejamos felices las caderas y las piernas en el césped artificial.

Los Nastys y Toundra abrían la tarde del sábado con su fuerza y contundencia. Entretanto, entre el mini mercadillo y los food trucks muchos aguardaban la llegada de uno de los cabezas de cartel de esa noche. Los mexicanos Molotov hicieron que el sudor tuviera una razón de ser. Nos dieron todo el power en un directo arrasador.

Sólo había un escenario, por lo que los cambios de equipos y escenografía no pasaban desapercibidos. Pero ahí estaban Chancha Vía Circuito y Los Guacamayos Djs para amenizar, y de qué manera, la espera. Ritmos tropicales y eléctronicos que creaban una atmósfera buenrollera en la que dejar de bailar estaba mal visto.

Chico Trujillo
Parte de Chico Trujillo en acción

El cierre de este primer día corrió a cargo de los colombianos Bomba Estéreo. Su vocalista, Liliana, se atrevió a salir con un abrigo de plumas blancas con el que nos hizo sufrir por su salud. Pero también nos hicieron gozarlo a base de bien con su peculiar mezcla de electrónica, cumbia, rap, reggae y pop.

El domingo la cosa se torció. Las puertas abrieron más tarde de lo previsto, lo que, junto con los numerosos problemas técnicos, hizo que todas las actuaciones se retrasaran y sufrieran recortes de tiempo. La peor parte, como sabéis, se la llevó la argentina Juana Molina. Por su parte, Tulsa intentó capear el temporal y consiguieron encandilar al público en los apenas 30 minutos que les dejaron estar ahí arriba.

La fiesta llegó con Chico Trujillo y su nueva cumbia chilena. Duró poco, pero su rock, ska, reggae y hip hop en las manos y bocas de 10 músicos, nos levantaron el cuerpo y las ganas de darlo todo en un segundo. Una lástima que la indignación cubriera de nuevo el recinto cuando se hizo evidente la descompensación entre espera y conciertos. Esta vez no hubo DJs para contrarrestar.

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Pero todavía quedaba lo mejor. El gallego Xoel López demostró, una vez más, ser uno de los músicos más importantes de nuestro país. Presentó, junto a su banda, su último disco, «Paramales». Nos llevaron a bailar y de viaje a la Patagonia cuidando cada detalle, dejándose la piel y demostrando la conexión y complicidad que les une en el escenario; y de la que también goza Drexler, quien salió como anticipo de lo que vendría después para cantar Hombre de ninguna parte.

Y entonces llegó él. Jorge Drexler. Uruguayo, músico, médico y creador de momentos mágicos. Esta vez, además de su banda, le acompañó Luciano Supervielle y juntos metamorfosearon cada una de las canciones. Haciendo, por ejemplo, una cumbia de Deseo (aquí una muestra).  Hicieron arte en cada acorde, pero también en cada gesto. Como el de prestar parte de su tiempo a Juana Molina para que nos hiciera, en la más estricta intimidad de su guitarra y su voz, un regalo en forma de canción.

Con La luna de Rasquí fue Xoel el que volvió a subirse a las tablas y con Todo se transforma fueron los técnicos los que cortaron de un plumazo la actuación. Esto no impidió que acabaran el tema sólo con el sonido de los monitores y el de las voces del público cantando a coro eso de cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da…

Drexler y Xoel Lóez
Xoel López y Jorge Drexler

10 canciones para disfrutar del Festival Charco

Es verano y en Madrid el calor ya es sofocante. Puedes tostar pan en las rejillas de las alcantarillas e incluso calentar la cera en el asfalto para esas depilaciones de última hora. También puedes estar sin dormir toda una noche, como no seas de los afortunados que tienen aire acondicionado. La buena noticia es que hay millones de planes que te harán olvidar todo este sufrimiento.

Uno de ellos es el ciclo de conciertos «Noches del Botánico» con una programación más que apetecible para refrescar nuestras noches de verano en el Real Jardín Botánico Alfonso XIII. En este espacio tan especial, celebrará su segunda edición el Festival Charco los próximos 16 y 17 de julio. Dos días en los que se darán cita algunos de los artistas más importantes de la escena iberoamericana; donde se celebrará la riqueza multicultural de la música nacida a ambos lados del Atlántico; dos días para disfrutar de la electrónica, el rock, el pop o la cumbia.

15 nombres son los que forman el cartel de Charco y 10 canciones las que forman esta lista a modo de aperitivo para el próximo finde.


A Serea e o Mariñeiro –  Xoel López

Un homenaje a la tierra que le vio nacer es esta canción que encontramos en el último disco del gallego. Llena de mestizaje con un sonido que nos transporta a los bosques de meigas.

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Lunes – Club del Río

Son siete, son de Madrid y viven felizmente en comuna en el campo. Esto sin duda se transmite en su peculiar estilo, una mezcla del folk de los sesenta con trazos del sonido propio de cantautores latinoamericanos

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Universos Paralelos – Jorge Drexler

Pocos consiguen transmitir con sus letras algo tan complicado como las emociones, de una forma tan liviana y directa como lo hace el uruguayo. De su último trabajo, «Bailar en la cueva», hemos recuperado este canto al anhelo.

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Caderas – Bomba Estéreo

Con su mix de cumbia, rock, electrónica, rap y reggae llegan los colombianos a subir (más) las temperaturas. Difícil es contener el movimiento al darle al play.

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Jardines – Chancha Vía Circuito

Artista argentino que consigue fusionar ritmos brasileros y paraguayos con sonidos místico andinos y del floklore argentino envueltos en una atmósfera electrónica.. ¿Recordáis cuando Walter White enterró en el desierto sus millonacos? Pues el groove que acompañaba esa escena era de Chancha.

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Fumar, Beber y Romper – Los Nastys

Son una banda madrileña y hacen punk-rock-garaje. Sus letras hablan de sexo y fiesta, pero también tiran de sarcasmo para criticar este sistema tan incoherente en el que vivimos.

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Reina de Todas las Fiestas – Chico Trujillo

Vienen de Chile y se definen como una de las orquestas más importantes de su país. Su  música es una síntesis de cumbia clásica, bolero, música latinoamericana, balcánica y reggae. Sin duda su directo será todo un espectáculo.

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Ferocísimo – Juana Molina

Cantautora argentina con un estilo un poco difícil de definir. Encontramos folk, ambient, electrónica, indie pop y experimental. Poco conocida en nuestro país, pero con un público fiel que va desde Los Ángeles hasta Tokio.

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Sastre del Diablo – Nortec Collective

Desde Tijuana, México, nos llega esta banda considerada uno de los máximos exponentes de la música electrónica latinoamericana. Estarán presentando su último trabajo «Motel Baja». Actualmente también trabajan con el Cirque du Soleil para el que componen el soundtrack de Luzia.

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Oda al Amor Efímero – Tulsa

Miren Iza forma y lidera el universo de Tulsa. Cuenta con varias nominaciones a los Grammy Latino y con el premio a Mejor Música en el Festival de Cine de Málaga. Indie pop, folk y rock que cautiva gracias al magnetismo de sus letras.

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Nosotros también fuimos cómplices de Mahou

La semana pasada tuvo lugar el ciclo de Cómplices de Mahou. A través de 5 conciertos en un ambiente muy especial por las salas más reconocidas de la capital, Mahou nos invita a zambullirnos en la autenticidad del directo. El artista y su público en la más estricta intimidad.


Rebeca y Lucía, hermas y cómplices

En la noche del martes, las protagonistas jugaban con ventaja. Es fácil tener complicidad si has nacido y crecido de la mano de tu compañera de escenario. Tampoco les costó nada a Rebeca y Lucía Jiménez conseguir complicidad con un público que llenó la sala Galileo Galilei y escuchaba atento. Con un silencio del que pocas veces se disfruta en la capital y, oye, qué gusto.

Es curioso ver cómo ambas hermanas se complementan en actitud y voz. Desgranaron canciones propias y se marcaron alguna versión de lujo, como La llorona de Chavela Vargas, que sonó deliciosa a piano y doble voz.

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Se turnaron sobre las tablas para no acaparar ninguna más que otra el protagonismo, a pesar de que la carrera de Lucía Jiménez se centre más en la interpretación. La noche era de ambas, y supieron jugar a la perfección. Ninguna destacó por encima de la otra, haciendo gala de esa complicidad de la que ya os hablaba.

Tras una ronda de preguntas en las que el público fue el protagonista de la velada, cerraron la noche con Despertarme contigo, tema que levantó el ánimo de la sala, y «despertó» del trance a muchos de los presentes, ensimismados en la magia que se creó en el segundo concierto sin cobertura de la semana.

Redactora cómplice: Paloma de la Fuente


El universo paralelo de Drexler

Eco fue el tema elegido por el uruguayo para abrir los cómplices del miércoles en el Teatro Barceló. Hizo un viaje por los temas más importantes de su carrera, desde Soledad, Mi guitarra y vos, Disneylandia, Sea, hasta algunos de su último trabajo como La luna de Rasquí o Bolivia.

Desde el principio la magia inundó la sala acompañada de un silencio que asombró al artista. Su guitarra y él, no precisamos nada más, sólo fue necesario abandonarse al compás de ese breve sonido. Y es que Drexler tiene ese don que pocos poseen, esa facilidad para hablar de emociones y transmitirlas de una manera tan fácil y directa. Si además todo esto sucede en un entorno íntimo, lleno de complicidad, después de casi dos horas vuelves a casa como Heidi, feliz en una nube.

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Esa magia estuvo presente hasta el final, porque incluso la ronda de preguntas trajo más de una sorpresa. No todos los cantautores pueden presumir de que el título de una de sus composiciones esté grabado en los anillos de unos recién casados. Flipando se quedó el marido de Leonor Watling cuando la parejita en cuestión le contó la hazaña.

A pesar de su faringitis, Jorge Drexler lo dio todo ante un público totalmente volcado que hizo al artista volver a rasgar las 6 cuerdas después de la despedida.

Redactora cómplice: Irene Mora


El deshielo cómplice

Todo empezó con una dulce Zahara que, al contrario que las princesas Disney, de frágil tiene poco. Con su habitual espontaneidad y desparpajo arrancó más risas que el presentador Micky Nadal, el cual tampoco tuvo mucha opción al competir con el ansia de conseguir una Mahou antes de que Copérnico se viniera abajo arriba.

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Y así, sola y con su guitarra se plantó despechada ante un público mayoritariamente impaciente por ver al ex pirata. Bueno, o eso creíamos. Porque si sumas talento solidario, puro e inocente consigues que desaparezcan las sombras y los astros se alumbren mútuamente. Y así fue. Tras La Gracia de la andaluza junto al recurrente Martín (Mucho), llegó Ferreiro creando a su paso una fantástica Pareja Tóxica.

En un set list con protagonismos bien medidos era momento de Iván, pero claro, los Ferreiro son como los petit suisse, van de dos en dos. Así que se sumó el gran Amaro, y entre salidas y entradas al minúsculo -pero bien aprovechado- escenario nos deleitaron con duetos, tríos y cuartetos de temas como El equilibrio es imposible o Absolución, llegando al éxtasis en repetidas ocasiones. Ferreiro anonadado por el nulo conocimiento del público de las letras de The Cure -es que hacer cantar a españoles en inglés, Iván, reconoce que ahí te pasaste- mientras coreaban las suyas a grito pelao, o el bueno de Amaro chivándole acordes entre sonrisas a Martín como si estuvieran en el local de ensayo, fueron demostraciones de lo cómplices que llegan a ser los íntimos conciertos sin cobertura de Mahou.   

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Las banderolas decorando la sala, las mesas expresamente colocadas para disfrutar del espectáculo con buenas vistas y -por qué no decirlo- el culo bien cómodo. Una ocasión que Iván aprovechó para tocar un nuevo tema junto a la Santa, una de esas letras interminables que nos costará Dios y ayuda memorizar, pero que con ritmillo pegadizo, básicamente, decía […] MUCHAS cosas […] y pienso en ti. Complicidad que Iván se tomó muy en serio cambiando la letra de El Deshielo mientras Zahara pensaba ‘ojalá me hubiese traído a Yola’ o cuando miraba con delicadeza a la Mandarina pasearse desenchufada por la sala.

Pero todo tiene un fin -menos la cola del nuevo Primark- y este regalo para los sentidos tuvo el mejor. Después de que su movimiento nos llevara a otro lugar, arrancó una jam session con la excusa de it’s only rock & roll but I like it que se transformó en cualquier cosa, hasta que digievolucionó por fin en lo que todos esperábamos: Turnedo. Y ahora sí, será mejor que dejemos que corra el aire y digámonos adiós.

Redactora cómplice: Nerea Alberdi

El playlist en masculino para las tardes de frí­o

Ahora está de moda el universo «listas de spotify«. Tienes un playlist para todo lo que se te ocurra. Como el anuncio aquél de esa bebida de cuyo nombre no quiero acordarme: para los que corren, para los que duermen, para los que trabajan, para los tristes, para los alegres, para los que bailan, para los que van al baño, para los que hacen el amor, para los que no tienen con quién hacerlo, para los que sueñan con hacerlo…en fin, que se han empeñado en poner banda sonora a cada momento de tu dí­a. Y esto en realidad mola mucho. Descubres infinidad de artistas y canciones.

Además de las listas que te ofrecen, puedes hacer listas de listas, o listas dentro de otras listas, incluso listas a partir de listas inspiradas en otras listas… y así­ hasta el infinito y más allá.

El caso es que a mí­ me gusta más una lista que a Pablo Iglesias su cola de caballo (eso sí­, si me lo cambias por un brownie o un crepe de Nutella en Parí­s… me lo pienso), así­ que me apetecí­a compartir con vosotros una propia. Está hecha a base de frí­o, melancolí­a y nostalgia, aderezada con un poquito de ñoñerí­a y bañada en amor y sensualidad.

El playlist en masculino para las tardes de frí­o está recubierto de una atmósfera grave por voces como las de Family of the year (con su deliciosa Hero, BSO de Boyhood), Band of horses, Ray LaMontagne, Paolo Nutini (el de la portada y mi futuro marido. Ya le dedicaré un post en solitario), John Mayer, Ben Harper, Joshua Radin, Damien Rice, Jorge Drexler.. .así­ hasta 20 artistas y 25 canciones, o lo que es lo mismo, casi dos horas de acordes y melodí­as para ese rato de calma en el que te apetece tener algo suave de fondo mientras lees, o caminar por el Madrid otoñal o simplemente escuchar buena música.

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