«Oro» o como desaprovechar una oportunidad dorada

Con el paso el tiempo las producciones nacionales han ido sabiendo cómo dar el Do de pecho a la hora de lanzar grandes superproducciones que hicieran frente a las propuestas internacionales que nos asfixian constantemente. Películas como Palmeras en la nieva, Lo Imposible o Ágora han demostrado que se pueden superar las fronteras lingüísticas para crear historias que puedan ser disfrutadas a un nivel internacional. Este mes llega a nuestras pantallas el esperado nuevo intento Sonny Pictures por intentar consagrar el cine español, de la mano de Agustín Díaz Yanes con el filme: Oro.

El cineasta vuelve a adaptar una de la historias de Arturo Pérez-Reverte y vuelve a caer en los mismos errores (en 2006 llevo al cine las aventuras del capitán Alatriste a la pantalla grande). Es precioso ver el dialogo de su fina prosa en directo, pero intenta abarcar demasiado creando una cinta visualmente atrayentes pero carentes de ningún tipo de alma. Oro, es la historia de un grupo de conquistadores españoles del siglo XV, que se adentraron en los parajes más ocultos de la selva en busca de encontrar una ciudad de oro que les saque de la pobreza que sufren. La tensión no tardará brotar cuando la obsesión por el poder y los peligrosos de la selva los acaben atrapando en un tormentoso viaje donde abunda la locura del ser humano.

Cumple en ese factor principal de intentar transmitir el constante peligro que sufren sus protagonistas. La angustia interior de cada personaje a pesar de que la mayoría parezcan serenos, muestra más con sus miradas y silencios que con sus diálogos. Destacando lo visiblemente desaprovechado que queda su reparto que esta capitaneado por cuatro de las grandes figuras de nuestro cine: Raúl Arévalo, José Coronado, Bárbara Lenni y Óscar Jaenada. Arévalo es el mejor parado de un reparto coral abrumador, no tanto por sus dotes interpretativas en la cinta, sino más bien la cantidad de intérpretes que pasan por la cinta sin dejar poso alguno en el espectador o en la historia. Prácticamente todos los personajes son intrascendentes para el desarrollo de la historia y no aportan más que algún gifs cómico momentáneo. Dejando un grupo de personajes comunes, carentes de una historia propia que les dé sentido y por tanto que no genera ningún tipo de empatía o emoción, en una batalla de ajedrez donde todos son peones.

Donde mejor parada sale la producción es a la hora de haber elegido el escenario de la cinta. El rodaje les llevo por los montes de Anaga en Tenerife. Creando la atmosfera perfecta para atrapar a los protagonistas y a los espectadores en ese bello paraíso salvaje. También cabe mencionar su maestría a la hora de retratar un característico vestuario a pesar del terreno de guerra y lineal que sigue, dotando a cada individuo de una personalidad diferente. Aunque estos aspectos quedan desmerecidos  por un pobre trabajo técnico. Innumerables batallas poco creíbles, con un montaje rápido que no deja apreciar lo que ocurre y que carece de una visión real del cuerpo a cuerpo tan rudo y propio de la época. La palma se la llevan su constante gusto a la hora de presentar muertes con un tono tan a lo spoof movie que no hay quien se crea.

No puede evitar pecar de pretenciosa, ya que no es más que un olvidable entretenimiento para los espectadores menos exigentes. Fracasando notablemente a la hora de trasladar unas creíbles escenas de acción y que vagamente menciona la crítica primordial que debería denunciar la cinta. El traslado de un momento que refleja una época injusta con una sociedad de futuro incierto bajo el régimen de gobernantes deplorables. Por tanto, no puedo evitar denunciar la necesidad exigir historias que vayan más allá de los espectáculos pirotécnicos y sepan abordar verdaderamente los sentimientos de nuestra nación. Una innecesaria propuesta de la que es mejor mantenerse alejado. Aquellos que prefieran ir hacía el dorado mejor que vean cintas con la reciente Z: La ciudad perdida o incluso la animada La ruta hacia el dorado, estas al menos les ofrecerán algo más que un banal envoltorio.

Crí­tica | Fuego

Que el cine español está viviendo uno de los momentos más gloriosos de su historia no nos pilla a nadie por sorpresa. Ha costado mucho tiempo olvidar las comedias de chascarrillo y los dramas marginales a medio gas para conseguir pelí­culas que logren unir calidad y éxito en cualquiera de los distintos géneros cinematográficos. Pero si hay un género que está despuntando sobre los otros, ése es el thriller. 2014 nos está dando un buen catálogo nacional de pelí­culas de intriga o policí­acas, al cual debemos añadir «˜Fuego’, la nueva pelí­cula del director Luí­s Marí­as.

En «Fuego» nos encontramos a José Coronado abandonando la ingesta de Activia’s para dedicarse a su segunda afición favorita: interpretar el papel de policí­a/detective/agente de la ley. Esta vez encarna a Carlos, un policí­a al que la organización terrorista E.T.A. le pone una bomba en su coche con tan mala suerte de matar a su mujer y dejar a su hija parapléjica. Once años después de aquel fatí­dico accidente, y con una vida que parece haber sido reconducida con bastante éxito, Carlos verá el momento oportuno para llevar a cabo aquello que durante tantos años ha querido hacer: vengarse.

La premisa de la pelí­cula no es interesante por las oportunidades de renovación que se abren ante una trama totalmente trillada –por ejemplo, Un ciudadano ejemplar-,sino por el hecho de presentarnos una pelí­cula que pone en el punto de mira una banda terrorista ya desaparecida cuyo eco sigue todaví­a muy vivo entre la gente. Y esto es algo que Fuego sí­ consigue con un resultado aceptable: poner a los personajes y al propio espectador ante un dilema moral en el que no sabemos si el rencor del pasado pesa más que el perdón del presente. Un choque de fuerzas que vivirá el propio Carlos al trazar el plan con el que pretende recrear su tragedia en la vida de la exmujer y el hijo del etarra que hizo estallar el coche aquella mañana del 2001.

Hablar del hijo con sí­ndrome de Down y la perfecta interpretación del actor.

Polémica por tratar un tema tan peliagudo como el recuerdo del terrorismo etarra y por algunos actos o personajes que tienden a buscar la controversia, «˜Fuego’ es una cinta atractiva pero inevitablemente irregular. Mientras que la atmósfera sobria y opresiva de las escenas del Paí­s Vasco y el desarrollo de la trama que ocurre en aquella localización, sobran algunas subtramas incoherentes como el «romance» entre la hija de José Coronado y su cuidador rumano –se llevan el premio a las interpretaciones y los diálogos más bochornosos de toda la cinta− o la escasa importancia que se le da al etarra que causó todo este alboroto.

Lo que queda bastante claro tras el visionado de esta pelí­cula es que la sociedad española todaví­a no se siente plenamente capacitada para darles libremente una segunda oportunidad a personas que han querido desprenderse de su pasado, que la venganza no suele sentar bien –a no ser que lleves katana y un mono amarillo− y que todaví­a no nos atrevemos a hacer pelí­culas cuyo final cambie la «brutalidad lógica» a la que se encamina la pelí­cula por una resolución cuestionable.

Si ya nos cuesta creer que el personaje de José Coronado espere once años para vengarse, imaginaros lo imposible que resulta aceptar que su hija le perdone tras prácticamente darle una paliza, o que la exmujer del etarra le perdone haber intentado partirle las piedras a su hijo con sí­ndrome de Down con un mazo. Está bien reformarse, pero eso no significa que tengas que convertirte en una ignorante.

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