Malasaña meets Juanita Banana

Es cierto. Esto es así­. Se dice, se comenta… que todos los españoles soñamos con poner un bar. Ya lo dijo una de mis musas, Eva Hache, mujer sabia y muy salá: «¿Por qué queremos los españoles poner un bar? ¿Para tirar cañas? ¿Para poner tapas? ¿Para recitar el menú del dí­a? NO: para ponerle nombre».

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Y Silvia Superstar lo ha vuelto a hacer. A la que fuera la vocalista de Killer Barbies no le ha valido con uno ni dos, y ha ido a por el tercero en discordia. Tras dar a luz a El Fabuloso y al Coconut, el Juanita Banana -inaugurado el año pasado, en la calle Estrella, 3 (metro: Callao, Santo Domingo)- ha reabierto sus puertas con un lifting: el denominado «hermano pequeño» presentó el pasado 14 de enero su nueva carta de tapas, un complemento ideal para sus martinis, sus cócteles y sus cervezas. Como dijo Luis Aguilé: «esta es la sorprendente historia de Juanita Banana».

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El Juanita es un local ambientado en los años 50, la época dorada del Hollywood de Marylin Monroe, Humphrey Bogart, Sophia Loren o Ava Gardner, con una decoración al más puro estilo Mad Men, por cuya puerta da la impresión de que aparecerán, en cualquier momento, los pechos de Christina Hendricks y, tras una breve pausa dramática, la propia Christina como un suspiro.

christina-hendricks-gifs-sexy-green-dress-remote-control-2¡Holi!

Pero por muy vintage y fifties que sea el bar, el Juanita Banana está en Malasaña, y eso hace que no se perdone la hora del vermouth vermú: a partir de las 12:30 el local abre sus puertas y continúa hasta las 02:00 de la mañana, pasando por las cañas pre-almuerzo, la hora de la comida, los afterworks y las copas de última hora, hasta llegar a los martinis, los mojitos, los gin-tonics premium -que recuperan el trono de la bebida más cool– y los cócteles de calentamiento de cualquier noche de fiesta. Alaska o Vinila von Bismarck ya son fans acérrimas.

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La nueva carta incluye delicias como las croquetas de gambón, la ensalada de ventresca con tomate, o las gambas a la plancha, ideales para organizar una comida, una cena y acabar la noche, igual que en la vida misma, con el buenorro del hermano mayor: el Fabuloso, donde Jack the Reaper, Hanky&Panky, Carlos Areces, Mario Vaquerizo o la propia Silvia se encargarán de poner la música más clásica: la de las estrellas del rock como Elvis, Kiss o Los Ramones.

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Fotos: Juanita Banana

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Cuquisitios (III): Galleta

El 2015 ha dado el pistoletazo de salida y a algunos os ha pillado en bragas. Admitidlo: muchos de vosotros no tení­ais propósitos de año nuevo. El caso… ¿qué? ¿que qué es un propósito? A ver, para los de la LOMCE: un propósito es toda aquella idea, buena o mala, que se tiene en mente con la intención de llevarla o no llevarla a cabo. Esperamos que buena. O por lo menos legal.

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La cuestión es que otros muchos se han planteado el 2015 como el año lí­mite para dejar de comer mierdas comida poco saludable y llevar una dieta famélica modélica. Sin embargo, como otros tenemos un metabolismo por el que damos gracias al universo todos los dí­as, y como tampoco es cuestión de pasar hambre, hoy os presento «Bar Galleta».

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El bar Galleta es un lugar idí­lico y cuquérrimo en la Corredera Baja de San Pablo, 31 (Malasaña), muy cerquita de Tribunal. Aunque no es un local grande, las proporciones están muy bien estudiadas para aprovechar cada rincón al máximo sin sobrecargar, y con esa decoración tan parisian-chic que le aportan su madera envejecida, su luz, sus decenas de espejos, sus flores, su música suave y su ambiente relajado. El misterio del nombre quedará resuelto cuando os diga el nombre de su propietario: Carlos Moreno Fontaneda. FON-TA-NE-DA. De los Fontaneda de toda la vida. Si hiláis un poco fino, sabréis a dónde quiero llegar.

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Como no podí­a ser de otra manera, y como no creo que haya demasiada gente en España que se apellide así­ (debe de ser algo como apellidarse Borbón o Pantoja), Carlos es el nieto del señor fundador de la conocida marca de galletas. El nombre de su bar es tan sólo un homenaje a su abuelo y a lo que de sus fogones sale directo a nuestros paladares: prácticamente todos sus postres tienen -redoble de tambores- ¡una base de galleta!. A partir de ahí­, la chef Itxaso Elosegui y sus cocineros crean la magia de unos dulces que da hasta pena hincarles el diente.

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Y como no sólo de pan vive el hombre, el Galleta también cuenta con carta para comer, cenar y lo que se antoje. No podéis dejar de probar el tartar de atún a la mostaza con aguacate y mango, el pulpo con patatas revolconas o sus tagliatelle con gambones rojos y calabací­n. Sólo de oí­rlo da gustico. ¿Lo bueno? La carta se amplí­a constantemente con las innovaciones de Itxaso, novedades que podéis seguir a través de la página de Facebook del local.

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Además de la carta, el bar Galleta cuenta con un menú del dí­a por 11,90€ y un menú especial por 12,50€. Más que recomendado para una reunión de amigos, un simple café o una cena tardí­a para una noche prometedora.

Fotos: Bar Galleta

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Todos somos ‘La Paca’

Montar en el metro. Intentar no morir en la espera. Llegar a la Gran Ví­a. Subir por la calle Valverde. Sortear a la gente por la estrecha acera. Parar en el número 36. ‘La Paca’ espera.

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‘La Paca’ es un personaje muy conocido en el barrio de Malasaña. Ha vivido mucho. ‘La Paca’ es bohemia. A dí­a de hoy podrí­amos calificarla de ‘hipster’. Es pequeña y tranquila (todo lo contrario a lo que la rodea). Tiene también dos caras: es animada pero, cuando lo necesitas, es reservada, aunque acoge a todo aquel que llegue hasta ella. Además, nunca, nunca, cuenta las confidencias que oye, que son muchas.

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A ‘La Paca’ le gusta el estilo vintage, las flores, la música no muy alta, la luz suave, la noche, el arte y la cultura en general. Le encanta acoger en su casa exposiciones, tertulias, cine, monólogos, microteatro. Y hasta un mercadillo propio con ropa y complementos: el «Paca Market». También es amable y hogareña: sus sofás, sillas y sillones -traí­dos de distintos puntos recónditos de Europa y ninguno igual que el anterior- cerca de la chimenea están ultracotizados, y siempre tiene un café, un té o una cerveza que ofrecerte -la artesanal está más que recomendada-. Si la visitas entrada la noche, puedes optar por pedirle uno de sus afamados gin tonics o un mojito. Pide lo que quieras, no hay vergí¼enza: ‘La Paca’ te responderá siempre con una sonrisa.

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En su alma de madre y señora, ‘La Paca’ también te ofrecerá tarta casera de queso, de zanahoria o un muffin. No compra nada ya hecho, no va con ella. Le gustan las cosas realizadas a mano y la creatividad. ‘La Paca’ también es coqueta, y de ello dan cuenta los numerosos espejos que llenan sus paredes. Su afición por las jaulas de pájaros antiguas también es plausible, pero es parte de su encanto.

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‘La Paca’ es perfecta para esos dí­as frenéticos, para esas tardes que cada vez son más noche. ‘La Paca’ es paciente: no te busca, sino que espera a que tú llegues a ella. ‘La Paca’ es moderna y auténtica. ‘La Paca’ es una diva de las que ya no quedan.

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Fotos: La Paca

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