Noches que no recuerdas con amigos que nunca olvidarás

La verdadera personalidad de una persona se pone en juego en el preciso momento en el que se pega una buena farra. Eso es así. La chispilla puede sacar nuestras mejores virtudes aunque en algunos casos, también puede sacar a relucir los peores defectos. Aún así, se pongan como se pongan, son nuestros amigos y no podemos evitar quererlos tal y como son. Posiblemente nosotros estemos a su lado, pintándole la cara con rotulador mientras está luchando por sobrevivir o intentando colarnos sin que el segurata – al que es más fácil saltarlo que rodearlo por su portento físico – te mande directamente al hospital. Y nunca se sabe cuando tendremos que utilizar el vale del buen amigo así que… ¡Allí van los perfiles que lo petan en las noches de desenfreno!  

El San Miguel

Ese amigo que se lo proponga o no triunfa allá donde va. Le da igual si es una discoteca, unas fiestas de pueblo, el bingo del barrio o el puesto de perritos calientes de camino a casa. ¡Es el triunfador de la noche y lo sabe!

El llamada de emergencia (baby)

También conocido como «El mensajitos o llamaditas a las 4.36h a.m?» Tiene la misma velocidad para beber que para coger el móvil y hablarle a todo quisqui sin filtro alguno: «Ven y sana mi dolor, tienes la cura de este amor. Hago este llamado, para que tú vuelvas, tú no ves que estoy sufriendo, es muy dura esta prueba». ¡Suerte en la vida!

El Bob Esponja

Suele coincidir con la persona que hace el grupo de Whatsapp de «Survival Party» convocando a todos sus colegas para liar una noche épica. Su aguante merece una mención especial, al igual que los 4 chupitos de Jagger, los 2 tequilas, la botella de ginebra – que el mismo se encargó de comprar – y el agua de todos los floreros que encontró por la sala. RESPECT.

El animador

Posiblemente sea la persona capaz de iniciar un limbo o una conga multitudinaria, el que te lance el anzuelo imaginario, el que te hace un reparte cartas, el que saca a bailar al que está anclado en la barra, o el que se marca un manos libres con la copa apoyada en la barbilla. Sus habilidades para bailar y crear un auténtico videoclip de la nada las tiene más que validadas en Linkedin.

El reportero

El encargado de documentar y tener pruebas gráficas de tu pérdida de dignidad. El punto a favor es que puede ser muy útil a la hora de reconstruir los hechos de esa noche que posiblemente para ti acabó al sexto cubata. Corresponsal nocturno que al día siguiente se dedica a hacer un spam de fotos/vídeos, por el grupo y con el único filtro de «no hay ningún filtro».

El rayado

La última vez que lo viste estaba dándolo todo en lo alto de la tarima y cinco minutos después se convierte en un pozo de lágrimas al que los chupitos le quitaron las ganas de vivir – para posteriormente devolvérsela – cuando su amigo del alma le consuela de la forma más inteligente que sabe: «Te invito a algo y ya verás como lo ves todo de otra manera». Y oye, más literal imposible.

El que sale de “tranquis”

También llamado «Mentiroso compulsivo». Se cree que puede engañarnos, incluso hasta a él mismo, pero no tiene nada que hacer. Es el primero que quería volver a casa y el que lo acabará haciendo el último. Ley de vida.

El socorrista

Siempre con los cinco sentidos puestos a su alrededor, suele ponerse en un lugar estratégico – normalmente en la tarima – para tener las mejores vistas y tener controladas a las posibles víctimas. Y si tiene suerte, reanimarlas a base del boca boca.

El que hace la bomba de humo

Todos hemos sido en alguna ocasión el que – cuando tus amigos se quisieron dar cuenta – ya no estabas. Una huida magistral, sin hacer ruido para evitar líos. Lo peor no son insultos de tus colegas al día siguiente, sino cuando te cuentan que te perdiste la mejor parte de la noche.

El si te he visto no me acuerdo

 Lo ves al principio de la noche y después nunca más se supo. Despídete de él, aprovéchalo mientras puedas y reza porque se acuerde de todas sus aventuras y que te pueda alegrar la resaca.

El que te suelta la chapa

 Te hace la cobra con el brazo y no te suelta en los próximos treinta minutos. La mayoría lo conoce como «El cansino de la fiesta», que te habla al oído y te acaba escupiendo en la cara con sus conclusiones sobre la Teoría de la relatividad.

El «Beer & Breakfast»

Posiblemente sea uno de los amigos más valiosos que puedas tener. Aquel que pone su casa para el calentamiento previo y con el que siempre puedes contar para tener un sofá o un felpudo en el que poder caerte muerto al final de la noche. Pensión fiestera completa por el módico precio de una amistad. ¡Olé tú!

El que lo pierde todo

Sale a darlo todo y se deja por el camino un móvil, el carnet de conducir, la tarjeta VIP del supermercado y un rastro de dignidad que es difícil recuperar.

El suplente

El calentamiento se le fue de las manos y aunque llevaba bastante tiempo preparando el partido, se queda sin salir al terreno de juego. Exceso de motivación que lo destierran a un banquillo más que merecido. ¡Dulces sueños!

El cono

Quizás no te has dado cuenta pero está allí, impasible, viendo la noche pasar. No sabe muy bien qué hace allí pero alguien tiene que mantener la posición y ejercer como punto de referencia para encontrar al grupo cuando vuelves del baño.

Y tú, ¿quién eres? Si a lo largo de la noche eres capaz de pasar por diferentes fases, eres un@ fiester@ en toda regla. ¡Pin para ti!

Filtro de realidad a la Navidad

Sí, por fin estamos en Navidad; pese a que las luces de las calles, los anuncios de juguetes y las ofertas de turrones en los supermercados, con villancicos sonando en bucle, nos empezaran a taladrar casi en agosto. Sobremesas interminables, sobredosis de turrones, churros con chocolate a las 8 de la mañana del 1 de enero, entrega de regalos, intercambio de regalos… ¡Unas fechas completitas que mucho nos gustaría que fueran como una de esas películas de domingo por la tarde en las que acaban con final feliz.

Pero no nos engañemos, las expectativas no tienen nada que ver con la realidad. Así que aquí está toda la verdad sobre lo que implican unas verdaderas Navidades.

Éste eres tu el día 23 de diciembre:

Minutos antes del sorteo del Amigo Invisible:

Tu cara de emoción evoluciona a cara de «Oh, Dios, la que me ha caído» cuando descubres a quién te toca regalar:

Y cuando se te acumulan cuatro Amigos Invisibles en una semana tu cara pasa a ser:

La idea de árbol que tienes en la cabeza:

Tu verdadero árbol:

Cómo crees que serán las comidas y cenas familiares:

Cómo son en realidad:

Si te pegaste una buena farra la noche anterior:

Y sí además tienes que soportar las bromitas de tu familia:

Cuando te preguntan si quieres repetir:

En el fondo de tu ser crees que no puedes más…

…pero aparecen los (20) postres (diferentes que ha traído tu familia lejana):

Al salir de casa en Nochevieja:

A las 00.01h (con las 12 uvas intactas en tu boca):

¡La noche es joven! (pero el primer trago de cubata siempre cuesta):

Después de muchos tragos de cubatas:

Tú a las 07.00h de la mañana:

[Error 404. GIF & Dignity Not Found]

Cuando resucitas al día siguiente. A las 6 de la tarde:

¡Noche de Reyes! Abres ese regalo que llevas llorándole a tu madre 3 meses:

Cuando descubres que son unos calcetines (o en su defecto, un conjunto de ropa interior):

Tú al acabar las Navidades:

Y decides que lo mejor es retirarse haciendo el «moonwalk» dirección a ese gimnasio que no pisas desde verano:

The End.

¡Feliz Navidad! ¡Feliz digestión! ¡Feliz resaca!

La dura vida del runner

Quizás se nos está empezando a ir de las manos eso de inventarnos palabras para cosas que ya existían hace mucho tiempo. La pregunta es: ¿Por qué running? Se llamaba footing o “salir a correr con un chándal cutre” antes; pero claro, quizás no estábamos siendo lo suficientemente precisos para definir a esos locos que corren – porque sí-  y pagan carreras – porque sí también- para ir en modo rebaño un domingo por la mañana.

Este indefenso individuo se está propagando rápidamente entre la población y debemos conocerlo para poder – o al menos intentar – entenderlo. Va por vosotros, runners, para demostrarle al mundo que detrás de todo ese postureo también hay una persona que sufre.

Un runner no entrena, se fustiga

Todo runner tiene un calendario a dos meses vista, como mínimo, en el que se muestran los días que debe salir a correr. Y sí, eso va a misa. Una organización de lo más estricta dónde no hay lugar para las excusas. Aunque siempre están los típicos rebeldes que se marcan lo que es conocido en la universidad como “estudio el día de antes”, cuando se dan cuenta que no han entrenado lo que deberían y se ponen a correr como locos a 3 días de la carrera. No volverá a ocurrir dicen. Sí, claaaaro.

Un runner no madruga, prefiere cansarse antes que el resto

Ese momento en el que te suena el despertador a las 6.30 a.m y te preguntas: “¿Quién me manda a mi..?” al mismo tiempo que piensas en la siesta que te vas a marcar, de esas que se te caen la baba y te despiertas totalmente desorientando sin saber en qué día o realidad paralela te encuentras. El micro segundo de arrepentimiento está ahí, mientras desayunas de noche y no sabes si te tocará poner el asfalto de las calles.

Un runner no se motiva, es un motivado de la vida

Los buenos runners suelen descargarse aplicaciones por encima de sus posibilidades, aunque no las lleguen a utilizar nunca. La que le cuenta los kilómetros, la que le dice las calorías perdidas, la que le mide las pulsaciones, la de la carrera, la que le localiza para que su madre no piense que ha muerto, etc. Total, al final se acaba descargando una aplicación para abrir otra aplicación y su teléfono empieza a entrar en parada cardíaca. Quizás ahora piense que las 150 fotos y los 55 vídeos que se hizo en el entreno de ayer – para acabar subiendo a Instagram una foto de tus zapatillas – no fueron una buena idea.

Un runner no posturea, comparte sin que se lo pregunten

Correr sin gritarlo al mundo no tiene ningún sentido. Los que practican el “caminning” deben enterarse de la pasta de la que estamos hechos aunque ellos no lo reconozcan e intenten quitarte la ilusión con comentarios destroyers. “He corrido 7,5 km en 43 minutos” Pues muy bien, campeón. “He superado mi marca en 3 minutos”. Perdiendo 6 meses entrenando, no te olvides”. Y así sucesivamente.

Un runner no se viste, presume de outfit

Los complementos pueden marcar la diferencia y sino que se lo digan a un runner. Yo he visto pasarelas callejeras del Decathlon, en movimiento y con más flashes de #selfies que en un desfile de Victoria Secret. Si crees que te puedes poner cualquier cosa para salir a correr – perdón, para hacer running – lo llevas claro. Total, un drama. No olvides estos tres consejos: 1. La camiseta debe ser del mismo color que las zapatillas. 2. El peinado debe quedar bien con el efecto mojado del sudor. 3. El reloj, los auriculares, la cinta y demás chorradas suman puntos en el outfit.

Un runner no corre por correr, espera

Dicen que la vida de cualquier corredor es aquello que pasa mientras espera: esperar a que llegue el día de la carrera, esperar en la cola del baño antes de la carrera, esperar en la línea de salida hasta que dan el pistoletazo, esperar para llegar a la meta. Excepto para tener agujetas claro, que esas si que son inmediatas. ¡Cuidado Robocop que te quitan el puesto!

¿Quién dice que “correr es de cobardes”? ¡JÁ! No te lo crees ni tu.

Dime qué compartes en Facebook y te diré qué clase de amig@ eres

Últimamente tu relación con Facebook pende de un hilo, lo sabemos. Y él lo nota preocupándose por ti con preguntas como «¿Qué estás pensando?», «¿Como va eso?» o «¿Por qué ya no subes fotos como antes y solo cotilleas a la gente?». Aún así tienes muchos amigos allí, eso también lo sabemos. Te podemos poner un pin si te vas a quedar más tranquil@. Pero no te engañes, los amigos de Facebook se pueden contar con los dedos de una mano; o de un pie, según lo escrupuloso que seas. No te preocupes, son indefensos y fáciles de identificar. Y si se ponen pesaditos siempre puedes amenazarlos con un “Mira que te elimino, ¿eh?”. Así, en tono chulito, con ortografía de la RAE, sin ningún emoticono simpático que le quite seriedad al asunto, o directamente dedicarle un Facebook Live descargando toda tu ira. Estos son los 5 perfiles que existen. Aquí, en Pekín y en Pokón. ¡Allá van!

El DJ

Se cree un influencer musical, por eso se dedica a compartir canciones alternativas de esas que solo conocen en su casa (en la del cantante me refiero) y que suele acompañar de un mensaje contundente tipo: “El descubrimiento de la semana es…” o “De lo mejor que he escuchado en mucho tiempo. ¡Vaya temazo!”. Lo que la gente no sabe es que en el trabajo pone la sesión privada de Spotify y saca su lado más oscuro con Justin Bieber o poniendo la Salchipapa de fondo.

El hater

Lo reconocerás rápidamente cuando te encuentres con alguno de sus 1.534 estados filosofo-destructivo-revolucionarios. Para que nos entendamos, es el tamagotxi digital. Se queja de todo y de todos. Y lo grita a los cuatro vientos, sin filtros ni vaselina. Todo lo que tiene de intenso también lo tiene de chungo así que nunca -bajo ningún concepto- trates de abrirle los ojos o hacerle un comentario con una crítica constructiva porque podría digievolucionar en tu peor enemigo, y la salpicadura de ira deja mancha.

El relaciones públicas

Posiblemente sea la especie que pase menos desapercibida. También es conocido como el “friendspam”, que pretende ir a todos los eventos de la ciudad y Facebook tiene el detalle de avisarte con un “A Fulanito de Tal le interesa el evento de carrera de huevos sobre cuchara a la pata coja”. También lo podrás identificar fácilmente cuando tu timeline se llene de invitaciones a fiestas que te interesan entre nada y menos tres. Pero oye, que él hasta te etiqueta y te hace una súper oferta acabada con un “¿Y te lo vas a perder?” por si cambias de opinión. No vaya a ser que al final te apetezca el plan en lugar de quedarte en casa, debajo de la manta y con la P de «Preocupada» tatuada en la frente.

El “¿Y quién es éste?”

No te esfuerces, ni te acuerdas de él pero ya te ayudo yo a hacer memoria. ¿Sabes aquella noche que saliste de fiesta y  te dio por hacer amigos en la terraza de la discoteca? Pues entre un “¿Estudias o trabajas?” y un “¿Puede ser que me suenes de Tinder?”  lo conociste y te pidió tu nombre, apellidos, DNI, estatura y talla de zapato para poder agregarte a Facebook. Y sí, tú caíste y ahí tienes al que se hace llamar Ninja Pérez, con una foto de un dibujo friki no identificado. Aunque para ti seguirá siendo el rubio de camisa de cuadros que te invitó a un chupito de Jäger. ¿O era moreno?

El posturetis

Su denominación proviene del latín “Lo compartum todum” y se caracteriza por no tener ningún tipo de filtro a la hora de compartir lo que hace en su día a día, desde que se saca las legañas por la mañana, hasta que se pone su pijama de Minions por la noche. Te cuenta todos los detalles de su vida, como si te importara la hora a la que saca a pasear a su perro y recoge su [emoji de caca sonriente]; o el check in de reconocimiento súper (in)necesario desde el baño de su casa. Él te lo cuenta, no vaya ser que en algún momento te fuera a interesar y te perdieras tal acontecimiento. Paciencia, hermano.

Mira tu lista de amigos y si existe alguna persona que no puedas clasificar en ningún apartado, existe un bonus extra de perfiles mucho más peligrosos. No quiero asustarte pero puedes estar frente a un mendigo de vidas del Candy Crush, un loco que le da por cambiar la fecha de su cumpleaños para desconcertar al personal y descubrir quiénes son sus amigos de verdad; o lo que es peor, puedes recibir la solicitud más monstruosa de “Tu madre quiere ser tu amiga”. Yo ya me despido que tengo que compartir el artículo con mis 670 amigos [Emoji de carita sonriente con la lengua fuera + Emoji manos aplaudiendo + Corazón rosa con flecha]

 

Ventajas de ser una metro y poco más

Dicen que los pequeños detalles pueden marcar la diferencia, ¿no? Pues yo no puedo estar más a favor de tal afirmación. No te dejes influenciar por los “Paus Gasols” de la vida que tratarán de hacerte la vida imposible poniéndote los vasos en lo más alto de la estantería, o que se apoyarán en tu cabeza diciéndote lo cómoda y útil que eres. ¡BASTA! Esto es un llamamiento a tod@s los que dicen con orgullo: “Sí, mido un metro y poco más, ¿qué pasa?”.

Mi abuela siempre ha sabido subirme la moral en este aspecto. Aunque siempre he pensado que no era yo la bajita, sino que la gente con la que me rodeo atracó el banco de centímetros en su día, las típicas frases de abuela que te quiere siempre ayudan: “En el pote pequeño está la buena confitura” o que “las mejores colonias siempre van en frascos pequeños”. Dejemos de auto-convencernos con frases hechas que cualquiera puede tirarte  por tierra con un “y el veneno también” o similares. Traigo pruebas reales y contrastadas, vividas en primera persona, que demuestran que ser bajita tiene muchas ventajas. Tantas que se podría hacer una trilogía con secuela incluida. 

  • Puedes comprar en la sección KIDS. Y acabas ahorrando, lo que siempre es un puntazo. Un saludo para todos los que tienen que pedir la talla 89 de zapato a China, besos. 
  • El suelo está más cerca. Por lo que la caída, tanto tuya como de tu móvil, siempre será menor. Un rasguño, cura sana y que la vida siga.
  • Y el techo está más lejos. No tendrás que agacharte prácticamente ni para hacer el limbo improvisado en la discoteca. Nunca existirá una puerta  – ni siquiera la del Imaginarium –  una valla o un árbol más bajo que tu. Y no, un bonsai no cuenta, que debería considerarse casi un animal de compañía o como mucho un tamagotchi vegetal.
  • Cabes en cualquier sitio. Lo que es muy útil cuando viajas en Vueling y tu amigo, que mide 1,90m y tiene cero habilidades contorsionistas, no sabe si cortarse las piernas o ir directamente al trono VIP del baño. Nos cuelgan las piernas en la silla, sí,  pero a ellos les cuelgan en la cama que es mucho peor, mientras que para nosotros todas las camas son de matrimonio.
  • El centro de gravedad lo tenemos más abajo. Esto se traduce claramente en que nos podemos mover más fácilmente o, como mínimo, haciendo menos ruido. Somos como las motos en un atasco en medio de la ciudad, nos podemos colar fácilmente y con eso nos ahorramos muchos disgustos. Estrés, chúpate esa.
  • Siempre salimos en las fotos. Tanto en el momento selfie – que posiblemente seas tu la encargada de hacerlo – como en las de formación de fútbol, estás siempre en primer plano. Y oye, cuando dentro de 10 años quieras recordar las vacaciones en Cantabria, o aquel fin de semana en aquel pueblo donde no había ni señal de vida WIFI, te reirás del que presumía de alto y que se le ve solo la oreja.
  • Siempre te piden el DNI. Y eso te mantiene eternamente joven. Y te sube la moral. De hecho, el otro día volví a ser adolescente cuando el dependiente de la tienda del barrio me quitó 7 años por la cara. Me rió yo de los liftings y corporaciones dermoestéticas. ¡JÁ!.
  • Mientras el resto nos mira con buenos ojos, nosotros solo podemos mirarlos con una buena papada. Siempre he estado en contra de los contrapicados, lo siento. Así, el mundo siempre nos va a ver con nuestra belleza en todo su esplendor y podremos encontrar novio más fácilmente. Un bonus extra en toda regla, ya que el único que no cumple el filtro “quiero a alguien más alto que yo” es Yoda, y la verdad es que no tengo ninguna intención de formar una familia con él.
  • Desarrollamos poderes sobrenaturales. Sí, sí, una amiga – bajita también por supuesto – tiene una teoría que ni la NASA podría rechazar. Habilidades tales como un oído exquisito, a base de todos aquellos conciertos en los que la única vista que tienes es una espalda sudada; flexibilidad PRO a base de los estiramientos de cuello tratando de encontrar algo de oxígeno; y fuerza extrema creando una barrera con los codos para no morir aplastada.

Enanos, tapones, renacuajos, retacos, liliputienses, etc. Pueden llamarnos de muchas formas pero no nos engañemos, lo único que podemos llamarles a ellos es EN-VI-DIO-SOS.
Att: Una metro y poco más orgullosa de ser una metro y poco más

Toda la verdad sobre las vacaciones familiares

¿Dicen que las vacaciones son para desconectar, tumbarse a la bartola y no hacer nada? La gente que dice eso no ha pasado unas vacaciones en familia EN-SU-VI-DA. No quiero impresionaros pero  yo he (sobre)vivido cinco días con la Familia Pollito. Sí, puestos a sincerarnos, así nos llamamos en el grupo de Whatsapp (un grupo que por cierto, es la primera vez que no he tenido que silenciar). No nos desviemos… ¡Volvamos a mi hazaña! Cinco días en familia, 120 horas, 7.200 min ó 432.000 segundos, lo que podría considerarse un Record Guiness teniendo en cuenta que he vuelto sana, salva y con algún kilo de paciencia más.

Dejé viajes con amigos, fiestas hasta las 8 de la mañana y todo tipo de conexión con mi mundo habitual para adentrarme de lleno a hacer de buena hija/sobrina/prima. Hola, soy Samanta Villar María Vidal y como no es lo mismo contarlo que vivirlo, he pasado 21 5 días en vacaciones con mi familia. ¡Empezamos!

Día 1: NOS QUEREMOS

Llevabas haciendo la cuenta atrás hace un mes y ahí las tienes, tus vacaciones te saludan y estás dispuesta a aprovecharlas al 100%. Padres, hijos, tíos, primos y algún invitado especial. ¡Todos en sus posiciones! La alineación al completo repartida en dos coches que desde el momento que salen de casa se convierten en un tándem inseparable. Y sino que se lo digan a los coches que se atrevieron a ponerse en medio y acabaron llorando en el arcén.

El buen rollo se palpa en el ambiente, las 6 horas de viaje se cogen con ganas y te sirven para ponerte al día. Entre que tu primo “pequeño” – que te pasa una cabeza – te cuenta las ganas que tiene de empezar la universidad, organizas el viaje para ir a ver a tu prima que se va de Erasmus, juegas a pensar palabras con las letras de las matrículas y los cuñados empiezan a tirarse las primeras «pullitas»… ¡LLEGAS! Todo correcto. Playita, palas, aguadillas de rigor, paseo por la zona, picoteo y a descansar que al día siguiente comienza la verdadera gincana.

Aprendizaje: No hay que fiarse siempre del GPS ya que puedes acabar dando una vuelta de honor por un parque ante la atenta – y desconfiada – mirada de los niños de los columpios.

Pd: Esto no nos pasó a nosotros, me lo contó un amigo.

Día 2: NOS LLEVAMOS BIEN

El dicho “Desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo” se invento el mismo día que “Buffet libre”, que en el diccionario se define como “No pienses, come. Come como nunca has comido y si puedes llénate los bolsillo con todo lo que pilles por el camino”. Y es que madrugar, y digo madrugar por no decir trasnochar por la mañana, es duro y debes cargar energías. No vaya a ser que nos vayan a faltar horas para tachar la lista de las 55 cosas que ha preparado tu organizada tía y que hay que ver sí o sí. Tomar el sol, explorar una cueva, visitar 3 pueblos míticos, aguantar las gracias de tu tío, ver el show que se monta cuando los “adultos” deciden que echar una moneda – o dos – en una maquina de Pinball es la mejor opción y tomar un helado de tres pisos: ¡Check!

Aprendizaje: Para los días que mentalmente duran más de 24h, se recomienda aprovechar los trayectos en coche para cerrar los ojos. Y si tienes suerte y tu madre no se viene arriba con “Cadena 100”, dormir un poco.

Día 3: NOS SOPORTAMOS

Estamos en el ecuador de la aventura y parece que todavía no hemos tenido que nominar a nadie para que abandone las vacaciones. Sin embargo, como no queremos forzar demasiado, decidimos darnos un espacio. Los jóvenes nos disponemos a intentar hacer surf, mientras los no tan jóvenes se dedican a inmortalizan todas las caídas para luego subirlas a Youtube. Después de tragarnos medio mar y empezar a notas agujetas en zonas que hasta ese momento desconocíamos, todavía eran las 12 de la mañana y teníamos toooodo el día por delante para seguir el maratón turístico. Total, gran desgaste físico de todo el equipo pero muy satisfechos con el resultado obtenido. ¡Planning kilométrico superado!

Aprendizaje: Cómo aguantar la risa muy fuerte cuando a tu tío le traen un plato, que se las prometía muy TOP, con una lata (abierta) de anchoas adornada con cuatro patatas. Anécdota remarcable nivel “Casi cambiamos el nombre del grupo a Vaya lata de familia”

Día 4: NOS RESPETAMOS

El nivel de cansancio se empieza a notar. La mayor muestra de ello son las caras de alegría que ponemos cuando vemos que existe un tour en trenecito por la zona y en el que además, una voz simpática te hace una explicación de cada piedra con la que nos encontramos. No podemos evitarlo, los “zascas” cada vez se producen en un intervalo de tiempo menor pero nos sirven para afianzar lazos familiares. Entre los que no los reciben, claro está.

Aprendizaje: Dar caña es sinónimo de cariño. Por eso, las mayores muestras de amor no se dan con abrazos ni beso, sino con pullitas.

Día 5: NOS QUEREMOS ECHAR DE MENOS

Llegamos al último día con una sensación extraña. Por un lado, no quiero volver a casa porque una se acostumbra demasiado rápido a la buena vida. Pero por otro lado, siento la necesidad de no estar las 24h del día moviéndome en pack cual familia gitana, recordar qué es eso de la intimidad y coger fuerzas para el próximo reencuentro.

Aprendizaje: No te das cuenta de lo que tienes, en la tarjeta SD, hasta que te pasan por el grupo las 264 fotos de las vacaciones. Y tu móvil empieza a tener convulsiones.

No ha sido fácil. He aguantado cinco intensos días con personas que llevan el mismo apellido que yo. Hay muchas razones por las que podría decir que no le recomiendo a nadie tener que vivir una experiencia así pero, no nos engañemos, las vacaciones en familia no están tan mal y consiguen algo impensable: Que te apetezca volver al trabajo para desconectar y echarlos un poco de menos.

Agradecimientos:

A mi familia, que fue la que me dio la idea y me animó a escribir sobre lo difícil que es aguantarles. En el fondo se os quiere.

Fiestas de pueblos: manual de supervivencia para forasteros

Si te gusta el riesgo y las emociones fuertes puedes fardar de muchas cosas. De haber hecho puenting, parapenting, o incluso planking. Sin embargo, son pocos los que pueden chulear de haber completado con éxito unas fiestas de verano. Sí, se de lo que hablo. Soy de un pueblo que celebra el Camino de Santrago, dónde la pretemporada de las fiestas dura casi tanto como las fiestas en sí, y en el que empiezas disfrutando y acabas luchando por sobrevivir. He perdido amigos por ello, pero aún así sigo invitando a la gente a que venga a conocer cómo nos las gastamos.

Por eso, y para ahorrarme alguna baja más, he decido escribir el manual definitivo para todo forastero que quiera salir con vida de unas fiestas de pueblo.

Nº1. Las gafas de sol son un must

El complemento imprescindible que no puede faltar en tu kit, además del vaso que acabará siendo una extensión de tu brazo, son las gafas de sol. Porque sí, porque sales de casa entonando un firme y convencido “Mamá, hoy volveré pronto…”, y al cerrar la puerta acabas la frase con “…pronto por la mañana”. No intentes convencerte de lo contrario, la cosa se va a liar. El primer gran acierto se toma antes de salir al terreno de juego aunque el tanto te lo marques a las ocho de la mañana, con ese sol justiciero con el que podrás ver las caras de chino dormido o desconfiado – según se mire – de todos los zombies con los que te encuentres por el camino.

Nº2. Come antes, durante y después

Las fiestas de pueblo son una carrera de fondo en las que hay que tener clara la estrategia desde el primer momento. No queremos el maillot de montaña ni el de la contrarreloj, hay que salir con la mentalidad de conseguir el maillot amarillo.

Alimentarse será igual o incluso más importante que hidratarse. No deberás olvidar hacer una parada en boxes – también llamada churrería – para comer unas patatas fritas, unos gusanitos, o cualquier tentempié rápido que te permita coger las energías necesarias para salir a por el primer puesto en la general. De la misma manera que antes de ir a dormir, deberás visitar el bar más cutre del pueblo – véase «La Lola», «Bar Paco» o «La Taberneta»- que es dónde te ponen las raciones más contundentes, para levantarte al día siguiente fingiendo demostrando que estás hecho un chaval.

Nº3. Estudia, entrena y evita 

Las 3 E’s que todo forastero deberá tener en cuenta si quiere convertirse en un fiestero profesional. Estudia las canciones populares típicas de orquesta, así como los éxitos del disco Estrella 2001 que no tardarán en sonar en la discomóvil (con mención especial a Flying free). Entrena los bailes más chorras que te darán un punto de expertise fundamental en todo corro de amigos: Paquito el Chocolatero, Saturday Night, el aspersor, el reparte cartas, el limpia cristales, o la mariposa que te servirá para complementar el paso anterior de Flying free. Y por último – y no por ello menos importante – evita hacer todo tipo de preguntas tratando de encontrar alguna explicación lógica a estos acontecimientos.

Nº4. Carga el móvil y ponlo en «modo avión»

Puede parecer una tontería, e incluso pienses “Bueno, tengo un 89% de batería”. Pero no. Si gastas toda la batería en notas de voz kilométricas y sin sentido, Whatsapps de los que te arrepentirás al día siguiente, y las diez veces que has intentado localizar a tus amigos porque te has perdido al volver del “WC-árbol”; no podrás llamar a tu padre para que te venga a rescatar de ese pueblo, que no habrías conocido si no fuese porque te liaron para ir a  las Fiestas Mayores.

Nº5. Por tu bien, ordena tu habitación

Despeja la entrada y el recorrido que tengas que hacer para llegar hasta tu cama y echar el ancla. Y no es que vuestras madres me hayan contratado para incluir la cuña de “Haz el favor de ordenar tu habitación que la tienes hecha un Cristo”. No. Simplemente es un consejo de amiga, que cuando llegues después de una noche intensa y no te suene ningún mueble de la casa, me lo vas a agradecer.

Solo me queda invitaros a las fiestas de mi pueblo, que son en septiembre. Llamadme loca pero cada domingo pienso: “No volveré a salir…” mientras cierro la puerta con un “…hasta las próximas”.

Cómo (sobre)vivir sin móvil y poder contarlo

Paciente: María Vidal

Consulta: nº1

Fecha: 14/07/2016

(Transcripción confidencial de la sesión)

¿Cómo sucedieron los hechos?

No lo recuerdo exactamente, todo ocurrió muy rápido. Solo sé que los 5 segundos que esperé antes de darle la vuelta al móvil -una vez se suicidó desde mis manos- fueron los más largos de mi vida. Y fue en ese preciso momento cuando me di cuenta de que la cantidad y la dimensión de las grietas eran directamente proporcionales a las veces que se me había caído anteriormente pero sin ningún tipo de rasguño. Rápidamente me hice a la idea: se había ido, era joven (tan joven como para vivir un año más pero tan viejo como para no entrar en garantía) pero la vida debía continuar.

Supongo que fue un golpe muy duro. ¿En quién buscaste apoyo?

(Obviaré lo que dije respecto a ese comentario sin maldad, pero que en esos momentos sensibles dolió mucho) Traté de dar señales de vida a mi familia por mensaje privado de Facebook, lo juro. Hasta que me llegó una notificación de mi madre en mi tablón: “Hola cariño, ¿qué tal ha ido el día?”. Y ahí perdí todas las esperanzas. Por esa razón, básicamente me apoyé en mis amigos, que se molestaban en hacerme un resumen ejecutivo de todas las chorradas anécdotas que se habían hablado por el interesante grupo de “Noche de chicas”, creado el 6 de julio del 2011. Al final conseguí hacerme inmune a todos los chistes fáciles referentes a mi no-existente móvil. Empecé a jugar a “Cada vez que hagan una bromita fácil, chupito”. Y tema solucionado.

¿Qué has aprendido?

Idiomas. Sí, sí… como te lo cuento. Dicen que si tienes conexión a Internet puedes estar en el baño una media de 30-40 minutos. Pues yo he aprovechado todos mis momentos “All-Bran” para hacer lo de toda la vida, antes de que el wifi y los datos móviles aparecieran: leer los componentes, normas de uso y avisos importantes del champú. Y claro, al final una se va familiarizando con el inglés, el francés o el ruso. Y no quiero chulear, pero ya soy capaz de hacer los sudokus de nivel difícil casi con los ojos cerrados. ¡Chupaos esa, repartidores de WC-likes!

¿En qué momento te viniste más abajo? ¿Y cómo reaccionaste?

Cuando me di cuenta que lo que más echaba de menos era el despertador. ¿Cómo me iba a levantar sin las 5 alarmas que tenía programadas cada 10 minutos? Total, un drama. El primer día llegué tarde a trabajar; el segundo le pedí a mi compañera de piso que me diera un toque; y el tercero fui al chino a comprar un despertador, de esos con pilas, que se programan con una ruedecita que nunca sabes la hora exacta a la que va a sonar y que no puedes posponer. ¿Te puedes creer que a partir de ese día empecé a llegar la primera a la oficina? Qué locura de invento esto del despertador de mesilla.

¿Qué aspectos positivos sacas de esta experiencia traumática?

La verdad es que cuando realmente piensas en todo lo que te libras por no tener móvil, por un momento, te alegras de esa caída que lo dejó K.O. Nada de whatsapps de tu madre en los que se pasa media hora “Escribiendo…” para luego mandarte un simple “Hola”, ni rastro de las fotos posturetis dándote envidia (corazón que no ve, corazón que no siente) ni de la tensión constante por quedarte sin batería.

¡Ah! Y caminar con la cabeza bien alta, no por estar orgulloso de haber sobrevivido sin móvil, sino porque ya no andas cual zombie mientras actualizas tu estado por la calle.

Pues va a ser que lo llevo bastante bien, ¿no le parece, Doctor? Creo que estoy curada. Le mandaré una paloma mensajera si necesito otra sesión.

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