TEST | ¿Qué papel tendrías en una comedia de instituto protagonizada por Noah Centineo?

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Netflix nos acerca las mejores novedades en películas y series. Y muchas veces, no solo eso. También nuevos talentos. ¿Todavía no conocéis a Noah Centineo? Sin duda, ha sido la estrella de este verano. Y a muchos de nosotros nos ha conquistado el corazón.

El actor de To All The Boys I’ve Loved Before y Sierra Burgess Is a Loser ha conseguido llamar la atención del público juvenil gracias a su papel y presencia en estas cintas. En redes sociales está partiendo el bacalao’ (todos sabemos las razones) y es considerado “el novio de Internet”.

Todavía no sabemos sus futuros proyectos, pero ¿imagináis compartir pantalla con él en una película de instituto? ¿Cuál sería vuestro rol en ella? ¿Acabaréis bajo los encantos de la nueva sensación de Hollywood? ¿O bien todo lo contrario? Sea lo que sea, en este test os ofrecemos unos papeles que no rechazaríais bajo ningún concepto. ¡No te pierdas este quiz!

TEST | Descubre qué chica del cable eres

La tercera temporada de Las Chicas del Cable ya ha salido. Y, aunque son varias las voces que defienden un desmejora de la serie, lo cierto es que la primera producción española de Netflix sigue convenciendo a la mayor parte de los espectadores.

Por eso, desde BFace, deseamos complaceros con este test para que podáis descubrir con cuál de las protagonistas de la ficción televisiva os identificáis más. ¡Viajad a los años 20 con nosotros y compartid el resultado con vuestros amigos!

TEST | ¿Qué frase de Paulina de la Mora eres?

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Si hay una serie que lo ha petado este verano, más todavía que las de la tarde de TVE, esa ha sido La Casa de las Flores. ¿Todavía no la has visto? ¿Con lo genial que es? Vamos, no seas ri-dí-cu-la.

Todos sentimos predilección por esta telenovela llena de drama, plot twists, cliffhangers y otras técnicas de nombre raro con los que hemos enloquecido. Pero ¿y los personajes? ¡Ellos son la guinda del pastel de esta sensación de Netflix!

Y nosotros, desde BFace Magazine, sentimos total amor por Paulina, quien nos ha regalado momentos de lo más delirantes y con la que hemos aprendido numerosas lecciones de vida. ¡Y frases! ¡Muchísimas frases! ¿Quién de nosotros no habla separando las sílabas como ella? ¡Menudo pop icon hemos conseguido!

¿Quieres saber qué frase de Paulina te representa más? No te pierdas este test y, con suerte, el espíritu de Roberta no te perseguirá jamás.

‘Nola Darling’: Nuevo arte, nuevas voces

Si algo he aprendido viendo Nola Darling es que necesito más y más títulos protagonizados por mujeres. Capítulos en los que hablen de la vida, la critiquen, la machaquen y la trituren. Y la desechen. Muchas de las nuevas voces de la ficción americana, como Abbi y Ylana (‘Broad City’), Hannah y Jessa (‘Girls’) o Samantha (‘Queridos Blancos’) han pegado un grito contra la ya arcaica forma de vida de las mujeres. Disfrutan de su libertad, tienen su momento de reflexionar con voz propia y sin ser manejadas por un títere varón y, por supuesto, dichos hombres se convierten en suplementos en su vida. Nola es el nuevo personaje que surge como respuesta del auge de este necesario movimiento de masas, como crítica a la violencia y al acoso sexual; y por supuesto, como reivindicación.

Spike Lee resucita a este personaje después de crearla en su debut en el cine. Más de treinta años han pasado desde entonces, y en su última y ambiciosa producción (de la mano de Netflix, el actual Rey Midas de las series), el director sitúa a Nola en el contexto actual, pleno siglo XXI con el auge de las redes sociales y las tecnologías, no obstante, bajo una tónica nostálgica y anclada en los años 80 gracias a su funcional transición musical (con carátulas incluidas de los temas que suenan en pantalla). Como en la historia original, cuenta con una vida sin compromisos con nadie. Tres sujetos varones son los objetivos sexuales (y de alguna manera, sentimentales) de la protagonista, y a raíz de ellos, estudia la conducta drogodependiente de estos personajes. Resulta impactante cómo el tono cálido y desenfadado de la serie se torna fría y violenta con la aparición de un acosador que perturbará su vida para siempre.

Este nuevo retrato de Nueva York rechaza la languidez emocional y cromática de Woody Allen o Noah Baumbach y apuesta por el color, el foco de luz enfocando en todo momento a una nueva musa feminista, que con el tiempo inspira a la gente que cruza las calles del Bronx y observa los carteles del “no es no”. Sus monólogos regalan los momentos de mayor reflexión y optimismo ante una lucha difícil de tratar, y más importante, mata a sus víctimas con el sentido de autonomía. Pasan los capítulos y no vemos ni rastro de involución ni represión: Nola es libre. Y aun poniéndose un vestido elegante pero provocador para los hombres, no se le caen los anillos.

Por otro lado, Spike Lee debate el poder de la mujer en el mundo laboral. Nola es una artista urbana que se gana el sueldo observando su entorno e inspirándose por la belleza de las cosas, que justo se contrapone con las labores de su círculo cercano. Para explicarnos mejor, sus amantes. Tenemos a un fotógrafo que capta falsas ideas e hipocresía en sus sesiones; a un empresario tenaz e insensible que utiliza su falta de tiempo libre como excusa y a un fanático de los Knicks que no da un palo al agua y subsiste con negocios externos. Todo queda dicho. Nola inspira pasión y esfuerzo y no gana mucho por su trabajo. De hecho, recibe más rechazo que aceptación. A diferencia de sus amantes. Solo que un buen sueldo no siempre conlleva a la felicidad.

Nola Darling es un canto a la libre sexualidad. No importan las etiquetas; de hecho, se huye de ellas. Su norma moral de ‘vive y deja vivir’ se manifiesta en cada capítulo de la serie. Es pureza emocional en los barrios multiculturales de Nueva York, donde los cambios afloran y la revolución se asoma cada vez más por conseguir el cambio. Es amor por el cine y la música, hobbies que pueden unir a personas más allá del mero contacto sexual. Y sobre todo, Nola Darling es el mensaje body-positive que todo el mundo necesitamos para olvidar los estigmas sociales. Spike Lee, en definitiva, ha conseguido adaptar muy acertadamente la historia de una mujer de barrio a un contexto proclive para revolucionar las masas. Y es la mejor idea que se le ha ocurrido hasta la fecha desde Malcolm X.

Black Mirror más oscura si cabe y más vaga que de costumbre

¿Cae Black Mirror en su propia trampa? En su segunda temporada, con un más que decente White Bear, la antología de Charlie Brooker planteaba un mundo muy similar al que nos estamos aclimatando a día de hoy. Una sociedad acostumbrada al horror y aletargada ante los actos de aquellos que creen estar por encima de lo correcto. En aquel segundo capítulo, miles de personas visitaban con sus teléfonos móviles un espectáculo macabro con el pretexto de atender una pena judicial. Ansiosos de morbo y espectáculo a través de las nuevas tecnologías se tragaban lo que se les proponía sin llegar a plantearse que estaban viendo. Y yo me pregunto. ¿Nos aporta esta cuarta tanda de episodios sobre el uso extremista de la tecnología algo nuevo? ¿Nos deberíamos acomodar ante algo a lo que no estamos acostumbrando? ¿O nos los vamos a tragar ajenos a la realidad?

 


«Este nuevo Black Mirror se presenta más angustioso, personal y psicológico que nunca.»


 

Black Mirror nos sorprendió por su mundo distópico; por su planteamiento filosófico sobre la ética y la moral del ser humano; sobre el progreso sin consecuencias y el abuso de poder. Con mayor o menor gracia, Black Mirror conseguía su cometido. Con cada episodio nos adentrábamos en un conflicto moral, social o tecnológico y nos aterrorizábamos por nuestros propios actos. Puede que ciertas entregas fueran inferiores a otras, pero de cada una de ellas nos podíamos sentir identificados. ¿O a caso no vemos amenazas sin raciocinio por redes sociales constantemente? ¿No nos dejamos llevar por los likes y el número de comentarios positivos que conseguimos para subir nuestra autoestima y deshumanizarnos? ¿No es un hecho que nos aferramos al televisor, a la noticia del momento, al icono más viralizado, y, en consecuencia, nos aislamos de lo que realmente ocurre en el mundo?

Sea como sea Black Mirror daba en el clavo. Y no quiero engañarme, en cierto modo, sigue haciéndolo, pero deja la sorpresa a un lado. Su mecánica, aparentemente impredecible en cada episodio, sigue jugando con el factor sorpresa: la incertidumbre, o la sensación de control en exceso, que a la larga se convierte en un puzzle que cobra sentido de la forma más macabra, radical y, en parte, realista dentro de la ficción planteada. Sin embargo, no aporta nada que no se nos haya mostrado en anterioridad salvo por contados aspectos. No consigue el mismo efecto. Su efecto insignia no está a la altura de la media conseguida en sus años de recorrido. ¿Factor sorpresa? Sí. ¿Éxito sorpresivo? Lejos de ser afirmativo.

La cuarta entrega propone seis narraciones originales que plantean distintas historias que, aunque aportan algún que otro punto de vista nuevo, no deja de recordarnos en gran parte a lo que ya conocemos de la serie. No queremos destripar sus historias, puesto que la virginidad a la hora de experimentar un episodio de esta antología es vital para vivir su experiencia. No osbtante, tampoco sería justo plantear la nueva tanda de episodios como un juego al que no vale la pena prestarle la atención porque lo hemos desgastado de tanto verlo.

Esta tanda no contendrá los mejores, y más originales, episodios de la serie; no veremos un galardonado San Junipeiro, un Be Right Back o National Anthem. Nos acercaremos a algunas entregas entremezcladas, como el popurrí de tramas ya propuestas de USS Callister, o la reiteración de moralejas con Hang the DJ o Black Museum, que nos proponen dilemas más que saciados. Empero, todo ello se compensa con un ejercicio intensivo de incrementar el nivel de terror y oscuridad. Nivel que, de por si, ya era muy elevado. Este nuevo Black Mirror se presenta más angustioso, personal y psicológico que nunca. Las consecuencias del comportamiento humano y su obsesión por el progreso tecnológico son suplantadas, aunque no con gran diferencia, por las reacciones personales de los personajes. Su escándalo ante el horror, la psicología de la mente humana frente a situaciones extremas fuera de lo común, la metáfora de que cierto modo nosotros mismos somos nuestra mejor y nuestra peor arma. Con ejemplos como Metalhead, Crocodile o Arkangel, llegaremos a límites de angustia mucho más elevados a lo que Black Mirror nos ha presentado en anterioridad.

Sin duda alguna, la vuelta de Black Mirror, no era lo que esperábamos. Tras una tercera temporada más que decente y con varios años sorprendiéndonos, no era raro que llegara el momento en el que nos planteáramos si era posible que la ficción antológica pudiera estar obsoleta. Por ahora creemos que ha sabido defenderse a la hora de integrar sensaciones más extremas que solapan tramas inferiores y narrativas con mucho deja vu entremedio. ¿Sabría la ficción sobreponerse a un producto que empieza a hacer aguas y pierde su mayor baza, el efecto sorpresa? Disfrutemos de los que nos sigue proponiendo y activemos nuestras mentes, pero sobretodo, sigamos siendo críticos como la misma serie nos exige. No permitamos que Black Mirror caiga en su propia trampa.

A rey muerto, reina puesta: ‘El Castillo de Naipes’ continúa

En un mundo tan globalizado como el que vivimos hoy en día casi todo nos afecta. De hecho, incluso nos atreveríamos a afirmar que la teoría del caos está más vigente que nunca. Ya lo afirmaba un antiguo proverbio chino: “El leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”. Pues algo así sentimos cuando el rodaje de ‘House of Cards’ se paralizó el pasado 31 de octubre por culpa de su famoso protagonista.

La razón por la que Netflix decidió suspender la sexta y última temporada de esta popular serie es porque Kevin Spacey no supo mantener sus manos quietas y ‘presuntamente’ acosó al también actor Anthony Rapp. Los hechos ocurrieron cuando Rapp tenía 14 años y Spacey 26. Sin embargo, parece ser que la ‘estrella’ todavía no ha aprendido a comportarse en público, ya que también se sobrepasó una noche con el exesposo de Marta Luisa de Noruega, Ari Behn.

Por suerte, la exitosa plataforma de streaming ya ha confirmado que la temporada final de ‘House of Cards’, no contará con la presencia de Frank Underwood y Claire Underwood será el personaje principal. Una sexta entrega bastante más corta de lo que estamos acostumbrados, con 5 episodios menos. Por otro lado, los guionistas se están enfrentando a un gran reto. Sobre todo, al tener que cambiar el ritmo de la historia y dejar todo el peso en manos de la actriz Robin Wright.

A pesar de todo este drama, a Netflix no le va nada mal en nuestro país, y así lo señalan los últimos datos ofrecidos por el Panel de Hogares de la CNMC recogidos aquí: “Cuatro de cada diez españoles visualiza contenidos online una vez a la semana. Netflix está presente en el 7,3% de hogares españoles, lo que supone un total de 1.163.000. Ha conseguido duplicar la cifra del panel anterior que indicaba 540.000 suscriptores”.

Por supuesto, actualmente existen otras alternativas pisándoles los talones a Netflix, como pueden ser Movistar+ o HBO España. Movistar con 2.007.000 espectadores es la gran campeona en televisión a la carta, mientras que HBO España conseguir mantener a sus 414.000 suscriptores. Incluso, en esta guía digital encontramos algunas plataformas menos conocidas que están consiguiendo abrirse camino entre los suscriptores: Amazon Prime Video  tiene 175.000, Wuaki 125.000 y Filmin 16.000 usuarios.

Por otra parte, Netflix después de darnos una de cal, ha decidido darnos otra de arena y confirmar la tercera temporada de una de la series más exitosa del año: ‘Stranger Things’. Igualmente, seguimos esperando la segunda parte de ‘13 Reasons Why’, la cuarta temporada de ‘Black Mirror’ y el estreno de Élite, una serie de producción española y que estará protagonizada por un nuevo rostro, llamado Álvaro Rico.

5 razones por las que The Crown vuelve en estado de gracia

Vuelve The Crown el relato británico de la monarca Isabel II que se quedó a las puertas de ganar el Emmy y, así, ser la primera producción de una plataforma digital en hacerse con el galardón. La primera temporada fue un éxito. Un ejemplo más, por parte de Netflix, de que la televisión a través de plataformas online puede ofrecer productos de calidad que conquisten al público.

En esta ocasión, la vivencias de la corona británica durante el reinado de Isabel II vuelven en su segunda temporada para adentrarse, una vez más, en las habitaciones del Palacio de Buckinham, el Castillo de Windsor y las calles de Londres a finales de los años 50. Una cita que no deberías perderte por estas cinco razones.


 

1. Una renovada continuación in crescendo

En su segunda edición, The Crown peca de perder equilibrio. Se convierte en una ficción transitoriamente repetitiva y focaliza un importante énfasis en la relación matrimonial de la reina Isabel y el Duque de Edimburgo. En su primera temporada pudimos ver como el matrimonio perfecto mermaba conforme la monarca ganaba seguridad y responsabilidad en su trabajo. Sin embargo, es ahora cuando gana una importancia argumental.

La falta de Winston Churchill, sus reuniones con la reina y el peso político de ambos elementos, hace que en su comienzo, se eche de menos el dinamismo que aportaban las narrativas paralelas de los dos personajes. No obstante, el rumbo estructural de este segundo ejercicio termina dibujándose una vez nos adentramos de lleno en él. Pero funciona, cada episodio se convierte en una postal histórica. Es verdad que, en cierta medida, ya era una característica en su primera temporada, pero es ahora cuando la diferencia temporal entre episodios es más contrastada y menos disimulada.  Es una renovada continuación que evoluciona in crescendo a lo largo de su recorrido con un estilo narrativo muy marcado.

2. Cada episodio es una postal histórica

La ficción continua en estado de gracia a la hora de representar la situación política, social y monárquica del momento. Cada uno de los episodios, con o sin secretos y mentiras de por medio, es un repaso histórico. Postales a modo de «mini serie» que dan un toque episódico al guión. Obviamente, una serie televisiva será episódica, pero The Crown se encarga de abrir y cerrar cada capítulo haciendo de él una lección sobre un hecho decisivo en la corona y en la sociedad británica conviviendo con la narrativa lineal que mantiene el grado picante de salseo.

Desde la Guerra del Sinaí y su repercusión en el estado, pasando por el primer discurso navideño televisado de la reina, hasta la visita de John F. Kennedy y el impacto de Jackie Kennedy en la monarca. Esto y otros puntos decisivos en la familia real consiguen un convenio total completo y representativo que nos adentran en el Londres de finales de los 50. Una lección histórica imperdible para entender el éxito de la monarquía británica hasta ahora.

3. ¡Es un culebrón en toda regla!

La vuelta de The Crown es un culebrón en toda regla. Secretos, mentiras, infidelidades, escándalos públicos… El matrimonio real se ve afectado a nivel público y privado cuando se descubren una de tantas libertades que el duque de Edimburgo se toma en sus ratos libres. Ya descubrimos en la temporada anterior que eso de quedar en un segundo plano y ver mellada su masculinidad, al Príncipe Felipe no le sentaba muy bien, pero es en esta ocasión cuando los celos y los ultimatums ganan fuerza. Un viaje a lo largo del mundo alejado de su esposa, y un club de caballeros fundado por él, marca un antes y un después en Isabel que debe recordar a su marido que le espera una familia en palacio.

Por otro lado, la Princesa Margarita sigue haciendo de las suyas. Resentida con su familia por no poder casarse con su «amor verdadero» y resignada ante una vida que no le satisface. Ve una salida, una luz al final del túnel, al conocer un grupo de individuos entre los que destaca Antony Amstrong-Jones, un fotógrafo que descubrirá su lado más humano. Un grado de humanidad reflejado en todos los personajes que dotan de sentimentalismo y gancho a la trama, pero que también fortalece sus figuras. Las piedras angulares de esta ficción. Al final los cotilleos y entresijos de la familia real son lo que nos dan la vida y, en esta ocasión, hay para parar un tren.

4. Los personajes son su fuerte

Porque sin sus protagonistas The Crown se pierde. Hemos visto un cambio de estructura narrativa acentuado, pero la producción sigue siendo la misma gracias a sus personajes. La transformación de Lilibeth en Elisabeth II, transformando la cariñosa y preocupada recién reina, en una monarca rígida, tradicional -pero a la vez atrevida para salvar su reinado cuando conviene- y consciente de si misma. La irresponsabilidad y el comportamiento infantil de el Príncipe Felipe que gana relevancia argumental en esta temporada. El resignamiento de la Princesa Margarita respecto a su posición social y el atrevimiento y empoderamiento que le lleva a fortalecerse e intentar, poco a poco, ser dueña de si misma.

Tres variados ejemplos que se suman al pueblo inglés y los políticos del momento que moldean la visión que tienen del mundo y la monarquía los tres personajes, y que los conducen a evolucionar y crecer como tales. Algo que se intenta plasmar en The Crown es el cambio, la modernidad, atreverse a plantearse nuevas perspectivas, nuevos puntos de vista. Si la sociedad avanza, su máxima representación, la corona, debe hacerlo con ella.

5. No volveremos a ver a Claire Foy

Pero para cambios, el cambio de reparto en la, ya esperada, tercera temporada. Las caras con las que nos encontramos con The Crown se despiden de nosotros para dejar paso a una nueva generación. Una generación más madura y con una Inglaterra más contemporánea. Es así como el magnifico reparto de la serie deberá reinventarse y conseguir estar a la altura, porque en esta segunda temporada, ¡se ha salido!

El personaje de Isabel II evolucionaba y con él lo hacia Claire Foy, la actriz a la que tanto le debe la producción de Netflix. Será difícil acostumbrarnos a una Lilibeth interpretada por una actriz que no sea la nominada al Emmy. Un reto que, esperemos, la plataforma supere con nota por el bien de la serie. Puede que esta sea la razón más importante por la que debemos seguir viendo The Crown si la acompañamos en su comienzo, no volveremos a ver su protagonista. No volveremos a disfrutar de la insuperable actuación de Claire Foy como la joven Isabel II.

Dark. La inquietante apuesta alemana de Netflix

El próximo 1 de diciembre llega a las pantallas de los usuarios de Netflix Dark, la primera apuesta alemana de la plataforma. Una propuesta arriesgada con la que Netflix sigue expandiendo su imperio por el globo y que pretende no dejar indiferente a nadie. Algunos incluso la comparan como la nueva Stranger Things.

¿Cómo es Dark? ¿Conseguirá dejarnos con la boca abierta? En Bface hemos tenido la oportunidad de ver los primeros tres capítulos de la temporada y estos son los distintos estados que hemos sentido al verla.

1. Me aburro…

Para qué mentir. Dark, en sus inicios, es un coñazo. Aunque pretende aportar un aire terrorífico e inquietante, la ficción alemana se queda en un piloto a medio gas que a penas se salva por sus escenas de acción. Nada nos aterroriza, nada nos sorprende y ninguna pregunta es formulada con un grado suficiente de incógnita para que nos interese la respuesta. Su ritmo es soporífero; los personajes se nos presentan con carencias carismáticas, cuesta empatizar o sentirse representado por alguno de ellos; y su estructura narrativa intermitente, no profundiza en las tramas que se enumeran. Es una lástima, pero el comienzo de Dark está falto de interés, no crea expectativas.

2. No entiendo nada

No es suficiente con que no encuentro un ingrediente que me ayude a engancharme a la serie que, además, no entiendo nada. Dark reparte fotografías y resquicios de futuras tramas de un modo tan aleatorio que no conseguimos incorporarnos a la narración. Es difícil meterse en situación, no se nos come la pantalla. ¿Es posible que Dark esté cansada de que nos den todas las piezas del puzzle con demasiada obviedad y nos pone a prueba? Puede ser, pero con una carencia de ritmo e interés, ¿quién quiere completar un puzzle, aparentemente, imposible? Dark quiere ser tan oscura, inquietante y desconcertante que termina siendo un objeto pretencioso e ineficaz.

3. ¿Por qué debería seguir viendo esto?

¿Por qué seguir viendo Dark? No es nada nuevo. A parte de las carencias que hemos relatado en los puntos anteriores, Dark no aparenta ser una apuesta innovadora. Sus primeros episodios son una retahíla de clichés del género que ya nos son demasiado conocidos. Desapariciones, sucesos sobrenaturales, un nuevo inquilino sospechoso, secretos entre familias, una área nuclear cercada, etc. Cualquiera de estos elementos podría ser interesante con un enfoque nuevo, pero no es el caso de Dark. Es un cocktail de todo lo que un thriller terrorífico y detectivesco puede contener. No estimula, está demasiado visto.

4. ¡Espera! ¿What the f***?

Pero espera, ¿qué está pasando? En un segundo Dark cambia radicalmente su fórmula y se convierte en una nueva totalmente distinta. Las preguntas comienzan a obtener respuesta y sorprenden. La propuesta alemana consigue su ingrediente estrella, eso que le hacía falta para convertirse en una ficción con carácter. Ha necesitado de tres episodios para ello, pero tras un inicio descafeinado, Dark se pone las pilas y invierte todo su potencial para sorprendernos. Sin lugar a dudas, el plot twist que ofrece, genera algo más que interés, dota de sentido a muchos agujeros que mancillavan su nombre.

5. ¡Quiero más!

Ya no nos importan los clichés. Dark es algo nuevo, utiliza estos elementos tan vistos del género para trasladarse a un mundo nuevo. ¡Queremos más! Queremos de su juego narrativo a dos bandas, de los secretos que nos serán revelados a partir de ahora. Dark no se aprovecha de flashbacks, vive en ellos. A partir del tercer episodio Dark es sobrenatural, es fresca, es una nueva lectura del terror, del suspense y de thriller policiaco. Incluso su puesta en escena y fotografía mejora. Y sí, ahora entendemos porqué es la nueva Stranger Things, pero a su manera. Y aunque no nos entusiasma tanto como la ficción de Eleven, si que nos sustenta una propuesta inquietante, intrigante y mágica.

Nosotros en la noche. Fonda y Redford juntos de nuevo

Netflix sabe cómo satisfacer a su público. Y no solo a esa audiencia joven, ansiosa por ver toneladas de temporadas de Daredevil y Jessica Jones, sino también por aquella que decide apostar por ver cine a partir de nuevas propuestas. Nuevas ventanas que se alejan de la pantalla grande pero que demuestran que el cine, no es solo aquello visible a partir de una butaca. Ya sea con las luces encendidas o apagadas, Netflix nos encariña con esta nueva posibilidad. La vuelta de Robert Redford y Jane Fonda como pareja protagonista de Nosotros en la noche.

Les hemos visto en ocasiones anteriores. Tanto en La jauría humana (1966) y en El jinete eléctrico (1979), como en la maravillosa y desternillante Descalzos por el parque (1967). Una pareja cinematográfica característica por su potente química en pantalla. Ya no son los mismos, han crecido, madurado, y con ello han recorrido un largo camino acrecentando sus extensas carreras. Pero aquí siguen, demostrando en Nosotros en la noche, que el tiempo no ha malogrado la magia que desprenden cuando se miran.


Nosotros en la noche

Nosotros en la noche se desenvuelve como una «feel-good movie» en la que dos almas solitarias y marcadas por la rutina, dan un vuelco a la monotonía que les acompaña día tras día. Cuando Addie Moore (Jane Fonda) decide reconducir su vida, se presenta casi como una desconocida a las puertas de Louis Walters (Robert Redford), con una simple petición: que le acompañe durante esas largas noches solitarias a las que se enfrentan.

Una solicitud un tanto extraña a la que Louis le encuentra mucho sentido tras la primera noche. No buscan el roce, ni segundas intenciones. Tan solo hablar hasta dormirse, o notar la presencia de alguien cerca, es lo que la pareja de viudos precisa para superar esa compañera tan inseparable llamada soledad.

Conmovedora y resultona, Nosotros en la noche, consigue una pareja de protagonistas efectiva y consecuente. El empeño de sus protagonistas y la confianza e intimidad que transmiten, hace del film un ejercicio creible y agradable. Pero sobretodo emotivo. La última apuesta de Netflix apela al corazón con voces discretas y reservadas, però con un mensaje fuerte y conciso.

Sin embargo, difícil de ingerir, la propuesta no sale del todo airosa a la hora de presentarla a un público, del cual, no todos estaran dispuestos a unirse al viaje de Moore y Walters. Congruente es la monotonía y ritmo pausado del film durante su primera acto. No obstante, la narració no evoluciona paralelamente con el desarrollo de los personajes, dejando un segundo acto complicado para todo aquel al que no le cuesta conciliar el sueño.

Nosotros en la noche resulta un ejercicio lineal que no se asemeja al crecimiento de sus protagonistas. Son Jane Fonda y Robert Redford los que, saliendo airosos, marcan el mensaje y lo transmiten con su química y veteranía. Recurrentemente acompañados de una guitarra «country» y silencios a la par sin mucho sentido en la elección de uso de cada uno, las dos grandes estrellas se hacen con las riendas de la historia para llevarla a buen puerto.

No es una película para todo tipo de público, sobretodo para uno exigente, pero nos equivocaríamos al decir que no es encandilante con un poco de esfuerzo. Cariñosa, afectiva, senzilla y con dos pares de ojos con toda una vida por delante. Nosotros en la noche es volver a enamorarse, crecer, sentir que siempre existe una chispa que puede arder sin importar cuanta carga acumulas a tus espaldas. No es la producción perfecta, pero consigue su objetivo a pesar de estar embalado con algún que otro escollo. Como la vida misma.

Cómo decir que NO a un evento: Michelle Obama nos ayuda

Parece mentira que ya hayan pasado casi dos años desde que Netflix llegara a nuestras vidas. Igualmente, también aterrizaron palabras tan raras como ‘nesting’; que no es otra cosa que quedarnos en casa sin hacer nada, o como mucho haciendo magdalenas decoradas con fondant de muchos colores. Eso sí, mientras consumimos cantidades ingentes de series o películas online. De hecho, llega un momento que hasta la propia plataforma nos pregunta de una forma indecente si todavía seguimos viendo contenidos audiovisuales en nuestro dispositivo electrónico.

Lo cierto es que, aunque diferentes medios de comunicación intenten vendernos los beneficios terapéuticos de no hacer nada; la verdad es que quedarnos anclados en nuestro ‘nido’ de una forma permanente puede estar bien para un rato, pero a la larga lo único que conseguiremos es convertirnos en un hikikomori. Es decir, en un aislado social agudo japonés. Del mismo modo, si vivimos con nuestros padres, y además, nos gustan las sopas de sobre, también podrían denominarnos como solteros parásitos.

Por otro lado, y en nuestra defensa, cabe destacar que muchos de nosotros apostamos por un ocio casero simplemente por no disponer de los suficientes ingresos económicos para poder seguirle el pulso a la calle. No hace falta recordar que la crisis económica sigue haciendo mella en nuestros delicados bolsillos. Por supuesto, esto no quita que sigamos estando muy ilusionados por todos vuestros enlaces, y como no, por todos esos niños y niñas que habéis decidido traer al mundo. Sin embargo, es hora que sepáis que no vamos a poder acudir a todas vuestras celebraciones; quizás porque no tengamos el dinero suficiente, o bien porqué definitivamente tenemos un problema de socialización que nunca, bajo ningún concepto, vamos a aceptar.

En este sentido, y pese a que en un principio nos cueste admitir que ya nos han tachado peyorativamente como seres antisociales en más de una ocasión; nos vamos a esforzar sin duda por rechazar vuestra invitación al más puro estilo ‘Obama’: con una tarjeta de felicitación totalmente sincera, estudiada y llena de buenos deseos. Asimismo, no está demás dar las gracias a Internet por la cantidad de páginas webs que nos permiten imprimir desde casa, y así no tener que socializar ni cuando nuestro objetivo es valga la redundancia, evitar el contacto humano.

Y es que como bien afirma nuestra compañera Irene Ramírez, hay hábitos que nunca deberíamos haber dejado de lado; desde una bonita tarjeta de felicitación en lugar de un triste WhatsApp, a comer sin esperar la foto de ‘Instagram’, pasar una tarde entera en el jardín con los amigos comiendo pipas, o sencillamente bailar como si nadie te mirase: ya es hora de redescubrir nuestro animal social por naturaleza.

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