Pixar: Lo mejor y lo peor de 20 años de animación inteligente

Es motivo de enhorabuena. Este viernes llega a nuestras pantallas una nueva producción de Pixar. A pesar de que la expectación no se encuentra al mismo nivel que en anteriores ocasiones, El viaje de Arlo promete ser otro alarde técnico de la compañía que revolucionó la animación hace ahora veinte años. Con la resaca todavía de Inside out, la filial de Disney nos introduce esta vez en un planeta Tierra en el que los dinosaurios jamás se extinguieron y en el que un apatosaurus entabla una bonita amistad con un pequeño humano. Las primeras críticas hablan de una impresionante factura pero de un guión un tanto decepcionante, dejando patente lo que ya es una realidad en la historia de los largometrajes de Pixar: tras su vitrina de grandes trofeos se esconden algunas decepciones. A continuación, un ejercicio de puro masoquismo, dolorosísimo y necesariamente subjetivo, con los mayores logros y los mayores desencantos que ha producido el estudio del flexo.


Las 5 mejores películas de Pixar

5. Up

pixar1Reúne prácticamente todos los méritos por los que Pixar se ha consolidado como el buque insignia de la animación, salvo quizá el de la innovación técnica, que aquí queda secundada por algo mucho mejor: un guión entrañable que contiene una de las mejores secuencias de apertura de la historia del cine. La relación de amor entre Carl y Ellie, tan tierna pero tan triste, tan reconocible y melancólica, es lo más adulto que ha plasmado Pixar en el género que ellos mismos han contribuido a madurar. Lástima que la llegada del pequeño Russell y un séquito de animales decanten la segunda mitad del filme hacia un tono infantil que enturbia en cierta manera su brillante introducción. Para el recuerdo queda, sin embargo, esa imagen icónica de una casa volando en libertad propulsada por un manojo gigante de globos.


4. WALL•E

pixar2Una nueva abertura digna de obra maestra. 40 minutos magistrales, sin apenas diálogos, que nos muestran el día a día de un pequeño robot cuya misión es limpiar la basura acumulada por los seres humanos en un planeta Tierra devastado y sin vida. Otro reto para el público habitual de la animación en el mundo occidental, los niños, y un estímulo para los adultos, que encontraron en este simpático e ingenuo robot (y en su amada EVE) a los iconos perfectos de la eterna dicotomía entre el pasado y el futuro, entre lo antiguo, lo aparentemente inservible, y lo moderno y supuestamente mejor. Una maravillosa reflexión, visualmente hipnótica, sobre el maltrato del hombre hacia su entorno vital.


3. Toy story 3

pixar3Difícil escoger entre la película con la que John Lasseter, el director creativo de Pixar, se dio a conocer en 1995 y su tercera entrega, esa que llegó quince años más tarde y que tanto temíamos. El mérito de Toy story es innegable. Fue la que cumplió el sueño de que los juguetes cobraran vida y la que nos proporcionó un impagable abanico de secundarios capitaneados por el vaquero Woody y el ultramoderno Buzz Lightyear. Pero es que la última secuela, a la espera de una cuarta, va mucho más allá de la ingenuidad e inocencia de la primera parte. La entrada de Andy en la universidad y, por tanto, en ese camino sin retorno que es la vida adulta, se convierte en un brillante ejercicio nostálgico sobre el paso del tiempo. Todo ello sin olvidar por un momento la acción y el sentido del humor que han convertido a esta saga en un valor seguro de la compañía.


2. Inside out

pixar4La última producción de Pixar dejó el listón por las nubes. Seria aspirante, no ya al Oscar a mejor largometraje de animación sino a la categoría madre, Inside out ha supuesto el regreso del estudio a sus mejores tiempos, después de una etapa negra plagada de secuelas y de apuestas fallidas. La cinta logra crear todo un universo, palpable, tangible, de algo tan abstracto como la mente humana. Ofrece la entrada a un apasionante parque temático donde las atracciones se inspiran en nuestros estados de ánimo. Un entorno idílico pero no utópico en el que confraternizan todos los sentimientos. Un viaje desde la infancia a la edad adulta que consiste en asimilar que la felicidad la conforman esos instantes en los que la alegría, el asco, el miedo, la ira y la tristeza logran ir de la mano.


1. Ratatouille

pixar5No hay ni una sola película de Pixar que no cuente con momentos brillantes. Algunos, ya mencionados, incluso están por encima de cualquier escena de Ratatouille. Sin embargo, esta fantástica aventura de una rata reconvertida en chef es impecable de principio a fin, consiguiendo la perfección de esa fórmula inimitable a base de acción trepidante, humor inteligente y mucha ternura. El mimo hacia los personajes secundarios es otra gran baza del estudio. Y el crítico gastronómico Ego es, sin duda, la mejor creación de reparto de estos genios de la animación. Sus ácidos comentarios y sus reflexiones sobre el mundo de la crítica, con una reflexión final absolutamente loable, manifiestan el alto nivel de un guión difícil de encontrar en tantísimos filmes con personas de carne y hueso.


Las 5 peores películas de Pixar

5. Bichos

pixar6No es fácil encontrar cinco películas en la historia del estudio del flexo que puedan considerarse fallidas. Ésta es quizá la más injusta de la lista, dado que las siguientes sí que rompieron en cierta medida la buena racha y los principios de la productora. En este caso, el éxito de Bichos en 1998 se vio empañado por la guerra de la animación en la que se embarcaron Disney, que colaboraba por primera vez con Pixar, y Dreamworks, fundada por un despechado Jeffrey Katzenberg. Antz fue la primera respuesta de su división animada. Su coincidencia en el tiempo y sus más que evidentes semejanzas perjudicaron, aunque no económicamente, el resultado creativo de ambas. Las dos triunfaron pero ninguna caló hondo en el imaginario colectivo.


4. Cars

pixar7Hizo encender todas las alarmas. La primera producción de Pixar tras su matrimonio oficial (y multimillonario) con Disney, allá por 2006, nos hizo sospechar que el talento y la imaginación de la joven compañía quedarían engullidos por la poderosa maquinaria disneyniana. A pesar del mérito de lograr humanizar a unos coches, Cars se acercaba peligrosamente a la doctrina del estudio de Cenicienta, desprendiendo un cierto hedor a moraleja fácil. La cinta, claramente enfocada a un público infantil, recordaba demasiado a aquellos clásicos con los que Disney nos obsequiaba año tras año y que hacían de la bondad y la amistad bandera inquebrantable. Por suerte, tras este pequeño resbalón llegaron Ratatouille, WALL•E, Up y Toy story 3, para demostrarnos que Pixar seguiría manteniendo su espíritu de soltería.


3. Brave

pixar8Por el contrario, Brave formó parte de la época más oscura del estudio de animación, el que inició la secuela de Cars en 2011 y terminó justo este año con la necesaria llegada de Inside out. La compañía quiso fabricar su particular cuento de hadas con heroína de protagonista y logró justo lo que más temen sus incondicionales: la influencia (de nuevo) de Disney. Y es que esta historia sobre una princesa indomable no es tan distinta de las que en su día nos propuso el gigante del ratón, como Pocahontas o Mulan. El mensaje feminista y supuestamente revolucionario de Brave, por tanto, llegaba tarde. El talento de Pixar quedaba reducido así a un impresionante envoltorio tecnológico en forma de pelo cobrizo pero empañado por la simpleza de la trama, el infantilismo de su humor y la ausencia casi absoluta de riesgo.


2. Monsters University

pixar9Sullivan y Wazowski merecían algo mejor que una precuela simplona. El gran recuerdo de este simpático dúo dedicado a asustar a los más pequeños queda deslucido con este viaje al pasado de sus protagonistas. Pixar nos brinda su particular versión del género universitario, con sus fiestas, hermandades y demás, y aunque el abanico de nuevos monstruos es bastante acertado, la trama es de las más simplonas que se recuerdan. Monsters University es uno de los mejores ejemplos sobre los peligros que corre Pixar desde el momento que rompió una de sus reglas de oro: no adentrarse en el espinoso, pero fructífero, terreno de las secuelas.


1. Cars 2

pixar10He aquí el máximo exponente del poder insaciable de la industria de Hollywood. Aunque Cars forma parte de la vertiente menos talentosa del estudio de animación, su buena acogida y los enormes réditos del merchandising sobre Rayo McQueen y compañía, junto a la política recaudatoria de Disney, forzaron a Pixar a realizar una innecesaria secuela en la que el equipo de coches realizaba un campeonato internacional. Los animadores nos deleitaban así con las recreaciones de ciudades como París, Londres o Tokio. Y poco más. Por si fuera poco, ya se anuncia una tercera parte para 2017, junto a las secuelas de Buscando a Nemo y Los increíbles. De momento, sólo Toy story ha logrado apaciguar los peores presagios.

‘Del Revés’ — la banda sonora de tu cerebrito

Está científicamente probado que Pixar es una máquina de generar traumas y años de terapia en personas de todas las edades; desde los cinco minutos iniciales de Up (2009) al absolutamente desgarrador final de Toy Story 3 (2010), absolutas obras maestras apuñaladoras de emociones que dejan huella durante mucho tiempo.

La última en llegar a nuestras pantallas, y sin parecer esto nuestra maravillosa sección de Cine, ha sido Inside Out, traducida aquí como Soñando, soñando, triunfé patinando Del Revés, y ahí que nos fuimos cargados con nuestras palomitas y nuestras cajas de clínex.

En Del Revés, Pixar nos adentra al cerebro de una niña de once años y nos enseña cómo funciona ella (y cómo funcionamos nosotros), guiada por sus emociones, encarnadas por cinco entrañables bichicos; Alegría, Miedo, Asco, Ira y la Tristeza. Y si podemos verlas representadas en el cine, ¿por qué no llevarlas a la música? Después de lavarnos la cara y tirar todos estos clínex llorados os contamos qué canción guiaría cada una de nuestras emociones.


Alegría

Vamos a poner de entreaviso que no vamos a mencionar Happy, de Pharrell, en este artículo, porque todos debemos como sociedad seguir adelante y dejar de estancarnos en el pasado. Y porque basta ya. Cuando pensamos en alegría, pensamos en esa sensación de abrir la nevera y encontrártela llena. En despertarse sin que suene la alarma. En encontrar pantalones de tu talla y llevar contigo dinero. En decírtelo todo con la mirada con tu mejor amigo cuando alguien se cae delante de vosotros. Esa sensación, a veces por todos infravalorada, de que todo está bien. Como de vivir en un anuncio de compresas.

Y si algo nos han enseñado la vida, la cultura pop y la película Rumores y Mentiras, es que no hay mejor canción que describa la felicidad que Pocketful of Sunshine, de Natasha Bedingfield. Cantadla en la ducha y me contáis.


Miedo

El miedo es un acto reflejo humano que nos ayuda, como mecanismo de defensa, a evitar ponernos en peligro. Como una especie de madre sobreprotectora, solo que en lugar de tirarte una zapatilla te da infartitos. Y cómo nos gusta pasar miedo, porque así somos, raritos. Ya sea por morbo, la atracción de lo desconocido, o que simplemente no nos daban abrazos suficientes de pequeños, lo terrorífico nos flipa. Hay temas icónicos como el Thriller, del Rey, que podrían definir perfectamente el terror como concepto, pero yendo un poquito más allá, a día de hoy, si hay alguien que nos aterroriza, es La Materialista son Die Antwoord, englobando perfectamente esa dicotomía de «están fatal de la chota, qué estoy haciendo con mi vida» y «no puedo parar de mirar» con la que nos llevan fascinando desde 2009.


Asco

Hay gente como yo que sufrimos de lo que me gusta llamar «la sempiterna cara de asco», que, por una genética de mierda casualidades de la vida, tenemos una cara de asco constante. Y no es que todo en la vida nos aburra y vivamos en una amargura infinita, sino que nuestra cara en reposo es así. Aprovecho el momento para hacer un llamamiento a todos los que sufrimos este serio problema: no estáis solos.

Y volviendo a la emoción que nos concierne, el asco es curiosamente difícil de definir, ¿qué nos causa repulsa y por qué reaccionamos así? Cosas como los Crocs, Desigual, Jessie J,… nos tiran para atrás y muchas veces no entendemos por qué -sí lo entendemos, pero este es un artículo para todo tipo de público, y no os juzgo demasiado-. Es algo subjetivo, que depende mucho de los criterios de belleza de cada uno. Así que musicalmente, cada uno tendríamos un tema, grupo o videoclip que nos tire para atrás. Sin embargo, si hay algo que nos une y nos hermana es esa interjección para expresar asco, fantásticamente usada por Lady Gaga en uno de los mejores bridges de su discografía; EW.


Ira

No nos vamos a engañar, hay gente muy pesada en el mundo. Y gente no tan buena. Y gente lenta en el Metro. Todos ellos motivos más que válidos para cabrearse, y querer llorar, patalear, grichar como Vega y acordarse de todo el patronato del pueblo de donde veranea esa gente estúpida. Es sano y va genial para evitar úlceras y piedras en los riñones.

Lamentablemente, no somos Mr. Wonderful vivimos en el mundo real donde vivir constantemente felices no es una realidad, y habrá cosas que nos frustren y que hay que sacar antes que se hagan un mundo. Pero debemos recordar que no vivimos solos, y que es mejor desahogarte en casa cantándole a la fregona que no ser la vecina pesada que toca el timbre porque «respiras demasiado alto». Y os reto a decirme alguna canción mejor para desahogarse contra todos los imbéciles que te has encontrado en tu vida que el bop de los bops de Kelly Clarkson.


Tristeza

Y llegamos a la emoción, quizás, más universal de todas, aquella que muchas veces tememos por dolorosa, otros se regodean en ella por parecer pequeñas nubes de algodón necesitadas de atención, esa de la que muchos hacen carrera discográfica, ésa que, a veces, causa los mejores abrazos o las peores despedidas. Vamos a ser francos, la tristeza es una hijaputa.

Pero, como bien hemos aprendido tras ver Del Revés, es una emoción más que necesaria, la que nos ayuda a valorar lo bueno, la que nos aporta el equilibrio. Y os lo digo yo, que soy Libra. Y a veces simplemente toca mirar por la ventana del autobús mientras llueve y escuchas a Adele, llorar en los brazos de tu mejor amigo o hacerse un ovillito en la cama y sollozar hasta quedarse dormido. Y como estoy en esos días del mes, en lugar de seleccionar algo más mainstream, comparto con vosotros la que para mí es una de las canciones más tristes del mundo, porque aquí, si hay que llorar, lloramos todos. De nada.



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