Los Reyes Magos te van a traer carbón. Sí, otra vez.

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Tú y yo sabemos que no has sido la mejor de las personas y que un año más los Reyes Magos te van a  traer carbón. Eso es así, lo mires por donde lo mires. Se acerca la gran noche y tienes que enfocar tus objetivos en conseguir parecer un ángel caído del cielo para que te traigan todo lo que has pedido.

Yo, que siempre fui una niña modelo a la que nunca trajeron carbón – al menos que yo recuerde – te podría enseñar mis secretos ocultos para camelar a los Reyes de Oriente. Pero en esta vida no vas a tenerlo todo tan fácil; así que en lugar de eso te voy a mostrar todo lo que haces mal antes del gran día, que es mucho más divertido.

¿Sabes por qué te van a traer carbón los Reyes Magos?

Ya te lo dije anteriormente: escribir la carta es importante. Es difícil saber que quieres ese reloj de Cartier si no se lo mandas por escrito con suficiente antelación.

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Hay que llamar de vez en cuando. La época navideña es maravillosa porque junta a toda la familia y todo es felicidad, luz y amor. Pero tu familia – que tiene contacto directo con sus majestades – sabe perfectamente que el resto del año no les haces ni caso.

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Hacer la pelota no sirve si solamente lo haces el día 5 de enero. Las tiendas ya están cerradas y los Reyes Magos no van a perder más tiempo en tus caprichos. Ser un encanto hay que planificarlo año vista.

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Tu vestido de Nochevieja era demasiado corto y lo sabes. Recuerda que te están observando y que el objetivo es que te vean como un santo/a, no como un ángel de Victoria’s Secret.

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Todos los caramelos que tiran en la cabalgata no son para ti. Sé que piensas que Baltasar te está mirando fijamente, pero eso está solo en tu imaginación. Compartir es vivir.

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Aprovecha estos últimos días antes de la llegada de sus majestades para redimir tus pecados. Nunca se sabe, la magia de la Navidad puede conseguir que te traigan lo que has pedido.

Los Reyes Magos: cuando eres niño vs. en la actualidad

Los Reyes Magos de Oriente ya han terminado de aproximarse por el árido desierto siguiendo las indicaciones de cierta estrella, y han dejado en vuestras casas algo que probablemente no se parezca ni al incienso, ni al oro, ni a la mirra. Bueno, quizá a la mirra sí. Fundamentalmente porque no sé exactamente lo que es.

El caso es que la tradición es la que es. Los principios básicos nos quedan a todos mínimamente claros. No obstante, la cosa ha ido cambiando. Un poco, solamente. Pasados 2016 años –que por cierto, desde aquí aprovecho para desearos el feliz año nuevo– la noche de Reyes Magos tal y como la conocemos hoy no tiene nada que ver con la de entonces, ni si quiera con la de hace 10 años. Hace unas décadas apareció Papá Noel por ahí haciendo la competencia, los regalos estrella han pasado de ser las muñecas, los muñecos, o las peonzas (¿las peonzas?) a pues, qué sé yo, un smartphone, una tablet, un monopatín de éstos que van hacia delante o hacia detrás según hacia donde te inclines, o sabe Dios.

Podríamos decir, entonces, que hemos ido modificando lo que es la Epifanía en sí para adaptarla a nuestros tiempos, y esta afirmación también nos incluye a nosotros. Y de esto, amigos, va este artículo.

¿Recuerdas el pre-Reyes, Reyes y el post-Reyes de cuando eras pequeño? Mágico, ¿verdad? Y distinto, muy distinto. Ahora tienes 20 y tantos, quizá 30 y algo, y la película ya no es la misma. Ni tan si quiera parecida. ¿Cuál es la diferencia entre el colofón final de la Navidad que vivimos ahora, y el que vivíamos cuando hace 10, 15 o 20 años? Pues miren ustedes, les cuento:

–5 de Enero–

ANTES: Ojo, ojo, ojo, que ya vienen los Reyes. La espera ha sido larga, pero por fin están aquí. Nervios, ilusión, emoción a raudales. Además, a tus padres por fin se les ha agotado el arma de tiranía resumida en la omnipotente frase: “pórtate bien, que si no los Reyes te traerán CARBÓN”. Así ha crecido nuestra generación, amedrentada por la posibilidad de que unos señores magos nos regalen un saco de roca sedimentaria. Qué le vamos a hacer ya, a estas alturas. El caso es que TODO vale.

Estás que no cabes en ti de gozo. Entonces, tratas de matar el tiempo intentando evadirte liberando un poco de energía pues, de cualquier forma, como por ejemplo dando brincos por la casa, que es una opción que siempre está ahí. Más tarde, vas a la cabalgata a ver a sus majestades, recoges todos los caramelos que un niño pueda recoger, y te marchas a casa. Y a dormir porque, como es bien sabido por todos, si los Reyes Magos te pillan despierto no entran a dejar los regalos. El júbilo empieza a aproximarse a su punto álgido.

A los Reyes Magos se les deja una ofrenda gastronómica que bien pueden ser unas galletas con su vaso de leche o, como es tradición en mi hogar, una tarta de limón. O unas pastas. O una paella. Tus padres pueden permitirse un despreocupado freestyle para la ocasión. Y ojo, que la cosa no queda ahí; para los camellos TAMBIÉN hay degustación. Normalmente, o al menos en mi casa, un cuenco con agua y un manojo de perejil. Porque la base alimenticia de cualquier camello es el perejil, claramente. Ahora sí que sí; a la cama, QUE MAÑANA VIENEN LOS REYES.

HOY: El 5 de enero SE SALE. ¿Se sale? SE SALE. Porque cualquier festividad debe tratarse como lo que es, una festividad. Ni tú ni tus amigos tienen claro qué va a hacerse exactamente, sin embargo, algo habrá que hacer. Algunos, a los que podríamos denominar “clásicos”, deciden acudir a la reverberante llamada del eco de su infancia asistiendo a la cabalgata, pero en otro plan. Coger caramelos es una opción que está ahí, pero no es prioridad. Después, la fiesta puede continuar en la dirección que el grupo decida.

En teoría recogerse pronto es una obligación implícita a esta noche tan especial, aunque que cada año es más y más laxa. Tu madre ya te ha advertido que no te hagas excesivas ilusiones, que este año los Reyes traerán “un DETALLITO”, porque ya eres mayor. Sin embargo, en tu fuero interno de niño grande, aún resuena un ápice de ilusión por lo que pueda pasar y te da la sonrisilla del “¿Y SI ES UN JET PRIVADO?”. Cosas más alucinantes se han visto. El objetivo, en cualquier caso, es no abrir los más o menos regalos sin resaca, porque hasta feo estaría. Al llegar, intentas no hacer mucho ruido y prepararte para levantarte habiendo dormido, con suerte, un par de horas. 

Continuamos.

–La mañana del 6 de Enero–

ANTES: Seis y media de la mañana. 6 de enero. Ya te has despertado unas trescientas veintidós veces a lo largo de la noche, pero esta vez ya asoman por la ventana los primeros rayos de luz. Es hora de levantarse de la cama y despertar a tu unidad familiar al completo (si tienes un hermano, éste puede colaborar en la labor).

Los regalos, normalmente, te esperan colocaditos en el sillón. Cuando entras en contacto visual con ellos, ya no hay vuelta atrás. Alegría, correteos, incluso grititos de ansiedad juvenil. Vas corriendo hacia ellos y, una vez allí, se dice el orden de apertura. Primero tu madre y tu padre, o los últimos, o qué sé yo, todo depende. Quizá después tu hermano o hermana, quizá decidáis que lo más justo es que os vayáis turnando. Son muchos los factores que entran en juego a la hora de tomar este tipo de decisiones.

Cuando eres un niño y te dispones a abrir los regalos, lo primero que vas a hacer es apartar con desprecio todo aquel paquete que sugiera contener ropa. Los blandengues, los que no tienen consistencia. Esos, como si no fueran contigo. Los dejaremos para el final para que, además, tu madre te obligue a probarte una por una cada una de las prendas mientras tú miras de reojo todos los juguetes/artefactos que ardes en deseos de ir a explorar.

HOY: Según el nivel de expectativa, la historia cambia desde bien temprano. Puede que esta vez sean tus padres los que te despierten a ti, que acudirás a su reclamo entre legañas y con el hilillo de baba aún colgandero. En mi casa, en concreto mi hermana y yo, dos veinteañeros de a pie, seguimos siendo quienes arman la bulla. Porque las cosas hay que vivirlas con intensidad. Una vez llegas al salón –o dondequiera que estén ubicados los regalos–, un simple vistazo basta para notar que la forma de los paquetes poco se parece a la de los de entonces. Hay muchos más blandengues y, oye, incluso te hace ilusión. Sin lugar a dudas, abrir con emoción extrema un paquete que contiene ropa es un claro síntoma de que igual nos hemos hecho un poco mayores (y eso es bonito). 

De este punto, el desafío más crucial que nos encontramos en las mañanas de 6 de enero actuales es que, conforme vas cumpliendo años, vas tomando conciencia de que los individuos de tu entorno tienen sentimientos, y que no está bien herirlos. Es decir, debes hacer lo posible por no marcarte un Chloe en «we are going to Disneyland!«, por evitar romper el corazón del regalador en cuestión, fundamentalmente. El mostrar agradecimiento es lo más importante de este día. Abrazos y palabras bonitas para todo el mundo, que es lo mínimo, oigar.

Por último, más breve pero no por ello menos emblemático, podríamos hablar del post-reyes, también conocido como la ruta del regalo. Consiste muy básicamente en visitar las casas de los diferentes familiares (donde además te reunías con muchos otros al coincidir en algún punto del camino) recolectando regalos. Cuando eras pequeño, no dejabas a nadie a salvo. Aunque fuera lo más pequeño del mundo, ahí debías estar tú para recogerlo. Actualmente, si vas a casa de tus abuelos y algún que otro tío, lo estarás petando. Además, tus familiares más cercanos, resignados a tus excéntricos gustos y a tu cambio de parecer constante, optarán probablemente por el clásico y siempre efectivo «dinero para las rebajas». Bendito sea.


Y estas serían, amigos, las abismales diferencias y estragos que causan unos años más en este mundo para con la noche y día de Reyes. Desde aquí os deseamos que os hayan traído muchas cosas, muy bonitas, y que la ilusión os siga removiendo por dentro éste y otros muchos años más, que al final es lo importante. ¡Hasta la próxima! 😀

¿Qué niños de las series de televisión se merecen carbón el Día de Reyes?

Tras la resaca de la noche más mágica del año y con el empacho de estas fiestas, toca abrir los últimos regalos que han dejado sus majestades de Oriente. Los Reyes Magos ya se han ido y no volverán hasta el año que viene pero nosotros hemos preparado una carta especial con un poco de malicia: ¿Qué niños de las series de televisión se merecen carbón?

Generalmente, los personajes de niños son muy queridos, básicamente por el hecho de ser niños. Sin embargo, algunos de ellos que se han ganado a pulso el título de odiosos. Aquí tienes nuestro ranking hater especial Reyes Magos:

Paula (El Internado)

paula_elinternadoDetrás de su melena rubia y ojazos azules se escondía una niña repelente. Paula era caprichosa y, a pesar de tener esa carita de mosquita muerta, hacía lo que le daba la gana. Siempre se estaba metiendo en líos y, aunque en un primer momento podrías llegar a pensar que era una niña adorable, en realidad era un incordio para todos los que vivían en el colegio Laguna Negra.


Henry (Once Upon a Time)

henry_onceuponatimeAunque habrá a quien le pueda parece un encanto, el hijo de Emma es bastante pesado e insulso. Y ahora que es un prepúber es para echarse a llorar cada vez que aparece en escena. Se puede decir que aporta tan poco, o nada, a la trama de la serie que nadie le echaría de menos si desapareciese mágicamente de la ficción. Bueno, Emma y Regina pondrían el grito en el cielo si eso ocurriese pero poco más. Demasiado meloso e inexpresivo para merecerse un regalo de los Reyes Magos de Oriente.


Dana Brody (Homeland)

dana_brody_homelandEs, sin lugar a dudas, el personaje infantil más insufrible del panorama televisivo. La hija de Brody y Jessica es caprichosa, sosa, petarda… ¿Alguien me puede explicar por qué le dieron tanta coba a esta aborrecida criatura? Por supuesto, rectificar es de sabios, de ahí que los guionistas hiciesen desaparecer del mapa a la familia de Brody en la cuarta temporada de la serie. Para darle de comer a parte.


Guille y Tete (Los Serrano)

guille-tete-losserranoEntre tanto lío de faldas y cruces de familias que hubo en Los Serrano, es difícil que alguien no salga mal parado. Los pequeños de la casa eran un poco toca narices por separado y la cosa empeoró cuando se liaron. Ella era una sabelotodo y él un intento de malote que se pasó media vida gastando bromas de mal gusto… ¡daban ganas de estrangularlos! Pese a quien le pese, esta pareja resultó ser muy cansina.


Joffrey (Juego de Tronos)

joffrey_juegodetronosEstá claro que Joffrey es el niño más odiado de la tele. Un pequeño villano egoísta, superficial y con un comportamiento claramente repugnante. ¿Quién no ha querido darle unas cuantas tortas cada vez que aparecía en pantalla? La culpa no es suya, es de los padres, pensarán muchos – o en este caso de los guionistas- pero, el malo malísimo de Juego de Tronos, es el candidato ideal para quedarse sin juguetes el Día de Reyes.

 

¿Quién serí­a el Baltasar perfecto?

Todaví­a no ha acabado el año y queda más de medio mes para la cabalgata de Reyes, pero antes de que llegue la tragedia, es necesario lanzar un mensaje a todo el mundo: España, el paí­s está lleno de negros. No hace falta que pintemos a blancos que, al final de la noche, acaban pareciendo el Ecce Homo.

Hoy, en BFace Magazine, a sabiendas de que son tiempos duros y la crisis no ofrece muchas oportunidades, traemos a 10 personajes televisivos de color (negro) que podrí­an recorrerse el paí­s con el fin de ver una cabalgata en condiciones… ¿Quiénes son?


Andalla - Gran Hermano - BFace Magazine

Andalla

El concursante de Gran Hermano 9 se definió en su edición como tolerante y abierto. Eso sí­, también era machista y homófobo. Un cuadro. Poco se ha vuelto a saber de él desde entonces, así­ que mucho no le costarí­a hacer el esfuerzo de sentarse sobre un camello y fingir felicidad. Y que sonrí­a, que sonrí­a mucho.


Coman - Adán y Eva - BFace MagazineComan

El participante más reconocido de Adán y Eva –a falta de confirmación oficial, entrará en la nueva edición de Gran Hermano VIP- serí­a uno de los favoritos en las cabalgatas debido a sus grandes dotes. No sabemos si el camello podrí­a sentirse incómodo, pero eso no importa.


Jimmy Castro - Los hombres de Paco - BFace Magazine

Jimmy Castro

Hemos crecido con él y no habrí­a mejor forma de volver a la infancia que verlo en una noche tan especial para todos. Es simpático, es alegre y está acostumbrado a dirigirse a los niños. Apunte: Resulta que Jimmy, el de Disney Channel, es el mismo que el de Los Hombres de Paco. Y yo sin saberlo.


Chipper - Operación Triunfo - BFace MagazineChipper

El regalo de las madres. Don Chipper enamoró a todas en Operación Triunfo -Noemí­ Galera babeaba por él- y, por una vez, las señoras no acabarí­an hartas de tanto caramelo. Los niños, sin embargo, deberí­an estar atentos. Es un poco «marica mala» y podrí­an terminar en el hospital con un ojo hinchado. La envidia.


Dinio - Gran Hermano - BFace Magazine

Dinio

Fue uno de los personajes más polémicos en su momento y nos dejó grandes momentos televisivos. Sólo por ello, Dinio es el Baltasar perfecto para aquellos pueblos o ciudades en los que el ambiente es bastante soso. Su biografí­a en Wikipedia está en inglés, lo que resulta bastante pertubador.


Tony Anikpe - BFace MagazineTony Anikpe

El exnovio de Raquel Mosquera -no, esto no es TVE- se encuentra actualmente en Nigeria, su paí­s de origen, pero moverí­a cielo y tierra para llegar a España y ayudar en lo que fuese. Quizás, sobre un camello, la española volverí­a a enamorarse de él y Sálvame les abrirí­a sus puertas sin pensarlo. El dinero es el dinero.


King Africa - BFace Magazine

King Africa

A riesgo de que el camello termine con serios problemas de huesos -al acecho, PACMA-, King Africa serí­a el perfecto rey de la fiesta. Su salero, su gracia y sus pintas de señor achuchable harí­an que los niños gritasen sin parar al verlo. Eso sí­, cuidado con los caramelos al grito de «¡bomba!».


Yotuel Romero - Orishas - BFace MagazineYotuel Romero

Yotuel nosotrosvosotrosellos Romero no es un personaje televisivo, pero Orishas marcó un antes y un después en la vida de todo ser de este planeta y no hay más que decir. El cubano animarí­a la cabalgata al ritmo de sus canciones y, para qué mentir, la fiesta nunca está de más. Mucho menos en España.


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