Fiestas de pueblos: manual de supervivencia para forasteros

Si te gusta el riesgo y las emociones fuertes puedes fardar de muchas cosas. De haber hecho puenting, parapenting, o incluso planking. Sin embargo, son pocos los que pueden chulear de haber completado con éxito unas fiestas de verano. Sí, se de lo que hablo. Soy de un pueblo que celebra el Camino de Santrago, dónde la pretemporada de las fiestas dura casi tanto como las fiestas en sí, y en el que empiezas disfrutando y acabas luchando por sobrevivir. He perdido amigos por ello, pero aún así sigo invitando a la gente a que venga a conocer cómo nos las gastamos.

Por eso, y para ahorrarme alguna baja más, he decido escribir el manual definitivo para todo forastero que quiera salir con vida de unas fiestas de pueblo.

Nº1. Las gafas de sol son un must

El complemento imprescindible que no puede faltar en tu kit, además del vaso que acabará siendo una extensión de tu brazo, son las gafas de sol. Porque sí, porque sales de casa entonando un firme y convencido “Mamá, hoy volveré pronto…”, y al cerrar la puerta acabas la frase con “…pronto por la mañana”. No intentes convencerte de lo contrario, la cosa se va a liar. El primer gran acierto se toma antes de salir al terreno de juego aunque el tanto te lo marques a las ocho de la mañana, con ese sol justiciero con el que podrás ver las caras de chino dormido o desconfiado – según se mire – de todos los zombies con los que te encuentres por el camino.

Nº2. Come antes, durante y después

Las fiestas de pueblo son una carrera de fondo en las que hay que tener clara la estrategia desde el primer momento. No queremos el maillot de montaña ni el de la contrarreloj, hay que salir con la mentalidad de conseguir el maillot amarillo.

Alimentarse será igual o incluso más importante que hidratarse. No deberás olvidar hacer una parada en boxes – también llamada churrería – para comer unas patatas fritas, unos gusanitos, o cualquier tentempié rápido que te permita coger las energías necesarias para salir a por el primer puesto en la general. De la misma manera que antes de ir a dormir, deberás visitar el bar más cutre del pueblo – véase «La Lola», «Bar Paco» o «La Taberneta»- que es dónde te ponen las raciones más contundentes, para levantarte al día siguiente fingiendo demostrando que estás hecho un chaval.

Nº3. Estudia, entrena y evita 

Las 3 E’s que todo forastero deberá tener en cuenta si quiere convertirse en un fiestero profesional. Estudia las canciones populares típicas de orquesta, así como los éxitos del disco Estrella 2001 que no tardarán en sonar en la discomóvil (con mención especial a Flying free). Entrena los bailes más chorras que te darán un punto de expertise fundamental en todo corro de amigos: Paquito el Chocolatero, Saturday Night, el aspersor, el reparte cartas, el limpia cristales, o la mariposa que te servirá para complementar el paso anterior de Flying free. Y por último – y no por ello menos importante – evita hacer todo tipo de preguntas tratando de encontrar alguna explicación lógica a estos acontecimientos.

Nº4. Carga el móvil y ponlo en «modo avión»

Puede parecer una tontería, e incluso pienses “Bueno, tengo un 89% de batería”. Pero no. Si gastas toda la batería en notas de voz kilométricas y sin sentido, Whatsapps de los que te arrepentirás al día siguiente, y las diez veces que has intentado localizar a tus amigos porque te has perdido al volver del “WC-árbol”; no podrás llamar a tu padre para que te venga a rescatar de ese pueblo, que no habrías conocido si no fuese porque te liaron para ir a  las Fiestas Mayores.

Nº5. Por tu bien, ordena tu habitación

Despeja la entrada y el recorrido que tengas que hacer para llegar hasta tu cama y echar el ancla. Y no es que vuestras madres me hayan contratado para incluir la cuña de “Haz el favor de ordenar tu habitación que la tienes hecha un Cristo”. No. Simplemente es un consejo de amiga, que cuando llegues después de una noche intensa y no te suene ningún mueble de la casa, me lo vas a agradecer.

Solo me queda invitaros a las fiestas de mi pueblo, que son en septiembre. Llamadme loca pero cada domingo pienso: “No volveré a salir…” mientras cierro la puerta con un “…hasta las próximas”.

La vida vista con los ojos de un hipocondríaco

La vida vista con los ojos de un hiponcondríaco

Los hipocondríacos. Creadores de historias. Sufridores crónicos. Lectores aférrimos del horóscopo. Hoy estos versos van dedicados a ellos, seres asustados por el devenir clínico que temen morir de tanto amor o de un leve dolor en el pecho, (que por cierto, eso son gases que ya googleé yo en un panic moment).

La vida vista con los ojos de un hipocondriaco

Sí amigos. Yo fui uno de ellos. Y de la hipocondría os digo yo que se sale. Llevo más de un año sin hacerme análisis de sangre y casi lo mismo sin teclear mis síntomas psicosomatizados en Internet. Esa palabra me la enseñó la gente que me tomaba por loca; gracias por tanto.

La vida vista con los ojos de un hipocondriaco

Están por todos lados. Seguro que tienes algún conocido que lo padece y tienes que ayudarle antes de que se vaya de misionero a alguna isla del Pacífico Sur.

La vida vista con los ojos de un hipocondriaco

Mens loca del coño in corpore sano

Y como no es lo mismo contarlo que vivirlo, vas a empaparte esta guía para ponerte en la piel de estos héroes del sistema inmunológico. Así es la vida vista con los ojos de un hipocondríaco.

1. Siente aversión hacia los hospitales, las series en hospitales y los testimonios sobre gente que está en el hospital.

La vida vista con los ojos de un hipocondriaco


2. El chequeo médico anual es un must. Tienen que hacer de tripas corazón y visitar un ambulatorio para saber si vivirán para ver pasar al Real Jaén a 2ºA.

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3. Se sienten seguros viviendo cerca de un centro de salud o teniendo un amigo que estudia medicina. Intentarán echárselo de novio. Solo lo conseguirán con el segundo.

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4. Automedicación qué bonito nombre tienes. Tienen un cajón en la cocina para las medicinas, un bolso anexo para los viajes y una balda en la puerta de la nevera para albergar sus medicamentos acumulados durante meses/años.

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5. Los excesos. No van a tomar nada que pueda perjudicar su frágil existencia; regla que solo se saltan en Navidad y cuando aprenden a hacer cupcakes ecológicos.

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6. Cuando hacen zapping y se topan con programas pertenecientes o relativos a Saber Vivir se quedan, arquean las cejas y archivan mentalmente miles de síntomas de enfermedades que, desgraciadamente, comenzarán a padecer ellos media hora después.

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7. No son amigos de las aglomeraciones. Son de desmayo fácil.

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8. Te juzgan y te miran con cara de preocupación. Tienen recursos testimoniales y documentados de gran fuste procedentes de la amiga de su tía/el vecino del quinto/el hijo bastardo de su primo lejano…

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9. Los deportes de aventura y riesgo, los parques de atracciones llevan la palabra muerte escrita en la letra pequeña.

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10. Exageran más que una madre andaluza y toda la culpa es de Yahoo respuestas. Cuando crea que le quedan dos meses de vida por ese dolor de cabeza sácale a pasear. Pero cuidado, si lo proteges demasiado querrá casarse contigo.

La vida vista con los ojos de un hipocondriaco

Respétales, son los únicos seres que guardan las dos horas de digestión pasados los 14 años.

 

10 formas de vencer al frí­o polar

Hace frí­o. Pero MUCHO, además. Supongo que ya os habréis percatado de la llegada de la rasca por detalles insignificantes como que cada vez haya menos pies en Instagram, que El Corte Inglés ya esté empezando a colgar las lucecicas de navidad, o que salir a la calle sin abrigo suponga correr el riesgo de perder alguna de vuestras extremidades más valiosas. No es ningún secreto; el fresquete ya está aquí­, y esta vez va en serio. Ni veranillo de San Miguel, ni veroño, ni nada. Cuanto antes lo asumamos, mejor.

La clave está en la prevención que, aunque a priori pueda parecer sencilla, nada más lejos de la realidad. El precio de los edredones, la facturaza sorpresa de luz/gas por la gracia de la calefacción, ver que no entras en el abrigo del año pasado, o darte cuenta de que se acaba el año y sigues sin novio/a que te aporte calor humano, son algunos de los obstáculos más tí­picos que podremos encontrar en nuestra carrera hacia un invierno sin hipotermias. Aún así­, como estamos aquí­ para esto, existen algunos trucos que te ayudarán a luchar contra el biruji, y pueden resumirse en 10 sencillos pasos:

1. Abrí­gate

Bueno, fácil, ¿no? Pues nada, que no hay forma de que hagas caso. Tu madre te lo dice. Tu abuela lo corrobora. Tus amigos lo sugieren. La sociedad lo espera de ti. ¿Crees que cuando vas en manga corta por la calle la gente te mira fijamente por gusto? NO, te están juzgando por tu bien. Enfráscate en una buena chaqueta. De hecho, en cuantas más, mejor. Cuando sientas que te cuesta un poco respirar, estarás listo.


2. Bebe todo caliente

¿Café? Caliente. ¿Chocolate? Hirviendo. ¿Sopa? Que te queme la lengua. Ni si quiera desestimes la opción de meter el zumo de naranja en el microondas. Es importante que todo lo que ingieras esté ardiendo en pasión.


3.  Adiós al depilarse

Oye, eso que te ahorras. Pelito is the new sepsi.


4. Coge unos kilitos de más

Los osos lo hacen, y nosotros no estamos aquí­ para cuestionar a los osos. Los lí­pidos son una mantita natural, no dejes de aprovecharla.


5. No abras la ventana bajo ningún concepto

¿Sabéis esas personas que lo primero que hacen cuando llegan a un lugar es abrir las ventanas? ERROR. Nunca es una buena idea. Hay momentos que parece como que sí­, pero no. Nuestro objetivo es conservar el poco calor que pueda generarse en nuestro hogar.


6. Ve en metro

No hay mejor forma de entrar en calor que el roce con una manada de desconocidos con la calefacción a 47º y llevando encima el abrigo que te dio pereza quitarte antes de entrar. Los pingí¼inos lo hacen más o menos así­.


7. Dúchate con agua calentita 

Darte una ducha también es una de las opciones más rápidas y efectivas. Puedes crear un microclima en tu baño con el vapor del agua mientras sonrí­es felizmente. Es importante saber una vez más que los excesos no son buenos, así­ que si notas que tu piel empieza a perforarse ligeramente, rebaja un poco la intensidad.


8. Haz planes alrededor de una hoguera

Puedes quedar con tus amigos al calor de una pequeña fogata para echar una partida al Uno, contar historias de miedo y comer nubes (o marshmallows, de esos). Si vuestro piso compartido no viniera con chimenea de obra, siempre podéis echar mano de una estufa o un secador de pelo.

 


9. Usa el pijama para todo

Puedes proponer los viernes informales en la universidad, o proclamarte mesí­as del normcore. La cuestión es que quien tiene un pijama, tiene un tesoro. Es por eso que nuestro objetivo será llevarlo puesto el máximo número de horas posible. Para ir a a la compra, al trabajo, a clase… Personalí­zalo con tachuelas o parches y que sea lo que Dios quiera.


10. Tápate

Por último, y no por ello menos importante, lo que parece una obviedad: tápate (por Dios). Es la versión indoor de «abrí­gate». Al invierno no se puede sobrevivir sin mantas, y esto es así­. Aprovecha ahora que todaví­a se ve el sol para preparar un arsenal de mantas que tirarte por encima antes de irte a dormir en las noches más duras, a no ser que quieras despertarte cada mañana tal que así­:

 

Bueno, amigos mí­os, creo que si seguimos todos estos pasos es prácticamente imposible que pasemos frí­o. Habremos ganado la batalla. Pensad en la población de los paí­ses nórdicos, o en todas esas personas que ahora mismo están sintiendo los pies gélidos de su pareja clavados en su espalda. Nosotros no corremos esa suerte, pero también tenemos lo nuestro. Abrazaros a vuestra estufa y a pasarlo bien, ¡que tampoco es para tanto! Bueno, un poco. Pero no todo va a ser quejarse.

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